El retablo de la Resurrección es una obra realizada por Francisco de Castro Canseco entre 1718 y 1719. Está ubicado en la Catedral de Orense (Galicia, España).

Historia Deambulatorio La construcción del deambulatorio de la seo, en cuyo extremo suroriental se encuentra la capilla que acoge el retablo, supuso la modificación del triple ábside original del testero, obra imprescindible para la yuxtaposición de esta área del templo. El principal cometido de dicha labor fue la instalación de una serie de capillas así como de ventanales en la sección superior para dotar de iluminación a la girola, todo ello acorde a la traza de Simón de Monesterio, cuya muerte en 1624 supuso la paralización de las obras, las cuales serían retomadas en 1626 por los maestros Alonso Rodríguez, Gonzalo Baquero, Juan de Solaeza y Andrés Lorenzo, concluyendo entre 1630 y 1633 con Pedro Gómez de la Sierra y Rodrigo de la Hoz. Esta labor, además de variar por completo la primitiva planta de la catedral y de provocar la total e irreparable destrucción de la antigua cabecera (pérdida lamentada por Manuel Sánchez Arteaga), no buscó armonizar la arquitectura manierista con la románica original de los siglos y . Inicialmente estaba proyectada la construcción en esta parte de un pequeño recinto circunvalado, destinado a atrio o claustro, que se iba a extender un poco más allá de la cabecera; este espacio recibía el nombre del santo patrón de la seo, San Martín, y en él fueron sepultados numerosos prebendados, varios de los cuales contaban con monumentos o sarcófagos, albergando el resto simples lápidas con inscripciones.

En el cabildo celebrado el 15 de junio de 1615 se acordó la construcción del deambulatorio, disponiéndose cédulas en todas las partes donde hubiese oficiales con el fin de que fuesen convocados para ajustar la obra. El 18 de mayo de 1618, ante el escribano Gregorio López de Cárdenas, se otorgó la escritura de contrato entre el cabildo y Monesterio, fijándose el precio en 7400 ducados. Las obras comenzaron en 1620, año en que fueron demolidas las capillas absidales menores, dedicadas la del norte a los santos Facundo y Primitivo (anteriormente al papa San Eleuterio) y la del sur a Santa Eufemia, la cual fungía como parroquia y fue en consecuencia trasladada a la Capilla de San Juan,La parroquia sería trasladada a su actual sede, la Iglesia de Santa Eufemia (anteriormente de la Compañía de Jesús), el 27 de mayo de 1770. si bien las reliquias de la mártir permanecieron en el sarcófago original, situado en el paramento exterior sur de la capilla mayor, frente a la sacristía, mientras que las reliquias de los santos Facundo y Primitivo se dejaron en los lucillos correspondientes: uno en lo alto del muro situado junto a la puerta lateral norte de la capilla mayor y el otro en el paramento exterior sur de la Capilla del Santo Cristo (los restos de los tres mártires serían trasladados el 23 de junio de 1720 a su emplazamiento actual por disposición del obispo Juan Muñoz de la Cueva).Pese al traslado los sarcófagos fueron dejados intactos en su ubicación original, datando el de los santos Facundo y Primitivo del siglo y el de Santa Eufemia, el cual contuvo también las reliquias de quienes murieron con ella, de 1505. Cinco de las siete capillas de la girola fueron levantadas siguiendo un mismo diseño, motivo por el que arquitectónicamente son idénticas y tan solo se diferencian en la decoración; las otras dos, ubicadas en los extremos y dedicadas respectivamente a San José (antes a la Anunciación)Esta capilla, con una decoración en estilo rococó, fue enajenada el 5 de julio de 1629 por el cabildo, mediante escritura ante Gregorio López de Cárdenas y por un precio de 400 ducados, a Pedro Boán y Landecho, dueño del pazo de San Damián en Fontefría (Amoeiro). La imagen de San José que la preside, procedente del ático del retablo de la Virgen del Carmen (hoy presidido por una talla de San Francisco de Asís), es del siglo y se halla próxima al estilo de José Ferreiro. y a San Antonio,Esta capilla, junto con algunas sepulturas, fue vendida por el cabildo en 1658, mediante escritura ante Juan de Cárdenas y por un precio de 400 ducados y cinco de renta anual para la fábrica, al arcediano de Limia y canónigo cardenal Pedro de Lemos Pereira, quien quedó obligado a instalar en ella un altar, si bien poco después, en 1662, la traspasaría por el mismo precio y con la misma condición al regidor Álvaro Salgado Sotelo y a su mujer Clara de Deza y Lemos. constituyen realmente arcosolios, motivo por el que son diferentes de las cinco capillas restantes además de poseer unas dimensiones mucho menores.

Capilla En cuanto a la capilla que cobija el retablo, denominada Capilla de la Resurrección y Capilla del médico Prada, esta fue enajenada en 1649 por el cabildo, mediante escritura ante el escribano Antonio González, al médico Juan de Prada y su esposa Clara Flores junto con las sepulturas situadas tanto dentro como fuera de la capilla, hasta la pared de la capilla mayor: estas sepulturas estaban destinadas no solo a Prada y su mujer, sino también a su parentela e incluso a sus amistades. Tal y como consta en la escritura contractual, la capilla vendida fue la segunda del deambulatorio, la «que está al salir de la sacristía mayor […] en el precio de setenta ducados de renta perpetua cada año, cobrados desde el fallecimiento de ambos cónyuges […]. Hasta que esto suceda, pagarán únicamente treinta ducados al año y si falleciere antes el médico Prada, su esposa solo pagará veinte ducados». El cabildo vendió esta capilla para que «funden sus memorias y misas perpetuas y tengan entierros», figurando en el documento de concierto que Prada, en su nombre y en el de su esposa, quedaba obligado a instalar unas rejas de madera policromada, amén de otros adornos; al pago a la fábrica de los setenta ducados anuales no solo por la capilla sino también en concepto de ornatos y oblata; y a dar sesenta ducados adicionales de renta para un capellán que debía nombrar el cabildo con el cargo de asistir al coro y oficiar tres misas semanales en la capilla, fundando Prada a mayores dos interpresentes, para los cuales asignó quince ducados:

Con el fin de cumplir todas estas disposiciones, y para asegurar a perpetuidad la renta de setenta ducados anuales, Prada entregó en traspaso para siempre a la fábrica de la seo los siguientes bienes propios:

Prada falleció entre julio y diciembre de 1649, adueñándose de la capilla el cabildo 73 años después a causa de que las rentas en su momento estipuladas «se han perdido, no se pagan o son muy difíciles de cobrar», aunque la fábrica decidió respetar la paga del capellán tal y como consta en el Índice General de Acuerdos Capitulares (1527-1777) de 1772:

Respecto a la pérdida de las rentas, cabe destacar lo contenido en el tomo XII del Diversorum Rerum:

La reja de madera policromada que Prada tenía la obligación de instalar ya no se conserva, datando la reja actual de 1842 tal y como consta en el acta capitular del 28 de septiembre de ese año: en dicha acta se consignó que habiendo desmantelado el ayuntamiento el cementerio anexo a la cara norte de la Iglesia de Santa María Madre con el fin de destinarlo al levantamiento de la actual plaza de la Magdalena, la corporación municipal deshizo también el atrio, compuesto por tres tramos abalaustrados con rejas de hierro que la iglesia poseía rumbo a la plaza mayor, lugar donde se construyó la escalinata que hoy conduce al templo. Esta reja sería destinada por el cabildo a la Capilla de la Resurrección, elaborándose a su vez una nueva para la Capilla de Santa Isabel; esta costó 1948 reales y 22 maravedíes, suponiendo la instalación de ambas, junto con los zócalos, pinturas, etc., un desembolso de 1366 reales.

Retablo Tal y como señaló José Couselo Bouzas: «En las cuentas de Fábrica de la catedral de 1716 se consignan 7236 reales para cuenta de los dos retablos de la capilla mayor dedicados a los Santos Mártires; y en las de 1717-18, 4774, resto de los 12 000 en que fueron ajustados los retablos de San Facundo y Primitivo. En las de 1718-19 hay una data de 1300 reales por la hechura del altar de la Resurrección; y en la misma fecha aparece hecho el de Santa Eufemia». Por su parte, Cándido Cid Rodríguez había apuntado con anterioridad que en el folio 391 del libro de cuentas de la fábrica de 1670 a 1721 figuraba Castro Canseco como autor del retablo: «A Francisco de Castro por tallar el retablo de la Resurrección se le pagaron 1300 reales». En lo tocante a la policromía, realizada en 1721, en el folio 398 consta lo siguiente: «Al pintor Pedro Carballal, vecino de Santiago, por pintar el retablo de la Resurrección, 2000 reales». Último trabajo de Canseco para la catedral, estas cuentas permiten situar la obra en la etapa final del escultor, quien en su hechura siguió, en cierta medida, la pauta marcada por Mateo de Prado en otras capillas del deambulatorio: la Capilla de la Conversión de San Pablo y la Capilla de la Asunción.

Descripción Retablo Arquitectura El retablo se compone de un cuerpo con tres calles, banco y ático. La hornacina central, con arco rebajado e intradós artesonado, está enmarcada por pilastras coronadas por florones y pequeñas ménsulas de rocalla y flanqueada por columnas corintias las cuales presentan relieve en escamas en el tercio inferior y en la zona central (donde son más pronunciadas) y fuste estriado en diagonal en el tercio superior. A ambos lados, en las calles laterales, se hallan superficies planas decoradas con arcos rebajados en relieve y rocalla en la zona superior, estando los extremos del cuerpo del retablo cerrados con columnas idénticas a las que enmarcan la calle central. La cornisa que divide el cuerpo del ático es escalonada y se apoya en peanas trapezoidales las cuales descansan sobre ménsulas que a su vez enmarcan el rostro de un ángel en bajorrelieve en el entablamento de la calle central. El ático alberga una hornacina con arco rebajado coronada por un enorme motivo ornamental de rocalla, estando el nicho flanqueado por pilastras ricamente ornamentadas junto a las que se ubican dos aletones rematados en los extremos por pequeñas columnillas de base cuadrada con dos cuerpos y coronadas por pináculos. Bajo el retablo, sin formar parte del mismo, se halla un altar pétreo con superficie de madera decorado en los extremos del frontal con ménsulas. Destaca el hecho de que la estructura se aleja en gran medida del estilo de Canseco, lo que podría responder a un intento del escultor por innovar mediante la complicación del entablamento, las impostas y las molduras, amén de adoptar otro tipo de columnas para las que debió de buscar inspiración en los pilares entorchados y de estrías helicoidales del siglo y la primera mitad del .

Imaginería