Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara (Padrón, 1390-Monasterio de Herbón, 1450) fue un soldado, poeta, prosista y fraile gallego del .
Biografía Nació en Padrón en el seno de la Casa de la Cámara, una conocida familia de la hidalguía del Reino de Castilla, originarios de Alcalá de Henares en el , y asentados en Galicia y en el Reino de Portugal. Los datos que conocemos acerca de él ni son muchos, ni podemos asegurar su veracidad, pues tradicionalmente se ha relacionado su vida con su ficción amorosa. Parece ser que pasó de ser soldado de Juan II a tomar el hábito franciscano. Es inevitable aproximarlo a Macías, el Enamorado, al que admiraba profundamente, así lo demuestran las constantes referencias a su figura. Su faceta como escritor hizo que pasara a la historia de la literatura como iniciador de un género que, aún tomando cosas de otros pasados, no deja de evolucionar dando pie a obras que llegaron a constituir lo que hoy conocemos por ficción sentimental. Su obra no se reduce a la prosa y, además de unos tanteos con la traducción, también es reconocido por su poesía. Esta dualidad la veremos conviviendo en unos escritos donde no solo encontraremos narración, sobre odo en el Siervo libre de amor.
Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara fue un escritor español del . Pertenecía a la familia Collazo, por lo que gozó de una sólida posición económica y gran reputación social. Se sabe que nació en los últimos años del en Padrón, localidad gallega, concretamente en la Rocha iriense, donde sitúa su obra Siervo libre de amor. El haber nacido allí era motivo de orgullo, pues consideraba un honor compartir el lugar de nacimiento con el trovador Macías, quien influyó en su estilo de escritura. En su obra son fundamentales los conceptos de novela cortés, de la que tomará la forma, y cortezia, virtud que un hombre adquiere por medio del amor y que le otorga un carácter aristocrático. Algunos de los miembros de su familia paterna estaban cercanos a la Orden Franciscana Reformada. Es difícil reconstruir su vida, puesto que de sus versos nació una leyenda personal que engendró incluso biografías apócrifas como cierta Vida del trovador Juan Rodríguez del Padrón que fue editada a comienzos del por Pedro José Pidal (Revista de Madrid, 2.ª serie, n. º 2 (noviembre de 1839) y de la que existen al menos dos copias manuscritas del . Hay que tener en cuenta que esta no se trata de una biografía real, sino de una novelización de su vida a partir de sus poemas.
Fue clérigo secular, familiar del Cardenal Juan de Cervantes, de la orden de los franciscanos, compañía en la que coincidió con Gonzalo de Medina. Su larga estancia en Italia con Cervantes y sus múltiples viajes le permitieron conocer la literatura italiana y las cortes europeas. Además, gozó de beneficios eclesiásticos como clérigo secular, tales como un canonicato o prebendas en la catedral de Santiago de Compostela, rentas de una canonjía y prebenda en la catedral de Tuy y una octava parte de un beneficio simple de la Parroquia de Sta. María de Gualdo, diócesis de Lugo. Sin embargo, los abandonó en 1441 para retirarse como fraile menor franciscano a Jerusalén. Sabemos que sus últimos años los pasó en el cenobio padronés de Herbón. No existe ningún dato concreto sobre la fecha de su fallecimiento, pero la información sobre él termina en 1450, así que estimamos que murió hacia esa fecha o en años algo posteriores.
Sobre su vida amorosa se han realizado muchísimas especulaciones, atribuyéndole amores trágicos. La aparición a finales del de la obra anónima Vida de Juan Rodríguez del Padrón en tiempo de Henrique IV hizo habitual relacionar sus obras con sus amoríos. De ella aparecieron dos versiones, por lo que sabemos que tuvo cierta difusión. En la Vida se cuentan las apasionadas historias sentimentales entre Rodríguez del Padrón y la reina de Castilla y, más tarde, la de Francia. Sobre el primer amor se cuenta que la relación tenía tal alto grado de secretismo que ni siquiera sabía la identidad de la amada hasta que ella misma se la descubrió. Tras desvelárselo a un amigo suyo, traicionando la confianza de la reina, esta lo rechazó inmediatamente. Es entonces cuando el escritor se retiró a Francia y conoció a su reina. Se dice que la dejó embarazada mientras su marido estaba en la guerra y que, al ver su vida peligrar, intentó huir a Inglaterra, pero lo apresaron y lo mataron. A pesar de que muchos historiadores modernos rechazan estas historias, se insiste en que, en cierta medida, la obra es autobiográfica. Hernández Alonso acepta la veracidad de las historias de amor con damas de alta alcurnia, pero no todo lo demás. Así, se podría concluir que esta obra es ficción disfrazada de autobiografía.
La falta de datos hace que desconozcamos sus primeros años de vida, pero sí sabemos que recibió una muy buena educación en Salamanca. Lo demuestra mencionando en el Siervo libre de amor a autores clásicos antiguos como Ovidio o Virgilio y modernos como Dante. En la Cadira de honor también se menciona a Petrarca y a Andreas Capellanus. Además, en toda su obra es perceptible la influencia de la poesía cortesana coetánea, especialmente la de los decires narrativos del Marqués de Santillana, el Infierno de los enamorados y El Sueño.
Producción poética
Bursario El Bursario de Juan Rodríguez del Padrón es una traducción de las Heroidas ovidianas. La temática es el amor expresado como ausencia, dolor, abandono o pérdida de la amada al amado. El interés de este texto radica en los añadidos textuales secundarios: el prólogo, un epígrafe introductorio a cada una de las cartas, un excurso tras la epístola XIX y, especialmente, tres cartas originales del padronés. En el prólogo, llama la atención la orientación que se otorga a la obra, se presenta como un tratado medieval con valor didáctico. En cuanto a las tres epístolas autógrafas, el autor las atribuye a Ovidio, queriendo demostrar la compenetración que tenía con el autor latino. Las dos primeras son las cruzadas entre Troilo y Briseida, y la tercera, la carta de Madreselva a Mausolo.
Poesía de cancionero No hay ninguna influencia latina, francesa o italiana en su obra poética, sino una tradición lírica gallego-portuguesa. Así, sus poesías son más cercanas a la tradición provenzal y a la poesía de cancionero, tanto en espíritu como en forma. En total son 14 poemas, 11 de ellos canciones. Cabe destacar las múltiples alusiones a los grandes escritores de la Antigüedad. Las referencias mitológicas son abundantes y las utiliza no solo como recurso didáctico, sino que «observa frente a ellos una muy medieval pluralidad de actitudes que coinciden en un rasgo: desconocerle su esencial sentido religioso y folklórico» (Lida de Malkiel, 1952: 338). Toda su producción poética se ha conservado, por una parte, en su obra en prosa Siervo libre de amor, en la que aparecen 6 de ellas, y por otra, en varios cancioneros: el General, el de Stúñiga, el de Herberay des Essarts y en dos de la Biblioteca de Palacio.
Dentro del primer bloque, el de las canciones del Siervo, encontramos 6 poesías de las que hablaremos en orden de aparición. No tendrán un tema común, pues se encuentran insertas en el devenir narrativo de la obra.
Sí, sin error pudo dezir es un villancico importante por su intención imprecatoria. Paz a paz, gentil señor aparece como enunciado de una canción que le canta el corazón al amor. Recebid alegremente es una copla de pie quebrado que envía Juan Rodríguez del Padrón, aconsejado por su amigo, a su dama. Es una canción ágil y amena en cuanto a contenido, el cual se puede dividir en tres secciones: el ofrecimiento de la canción a su dama, el saludo y envío del corazón encadenado y la petición de ser admitido como sirviente. Será otra poesía imprecatoria Alegre del que vos viese. En ella el autor, herido por el rechazo de su dama, le desea que no la quiera nadie, aunque en la última estrofa se intuye su anhelo por obtenerla. Encontramos en Aunque me vedes así una sucesión de concatenaciones, es decir, el último verso de una estrofa se repite en el primero de la siguiente. La canción comienza y se cierra con un pareado que actúa como leitmotiv: aunque me vedes así/cativo, libre nací. Todo este poema gira en torno a la queja de la falta de libertad, que sacrifica al ponerse al servicio del amor de su dama. Cerca del alva, cuando están, última poesía del Siervo, son en realidad dos canciones. De la primera, llama la atención la métrica, dividimos el poema en tres bloques: el primero se compone de una sextina y una redondilla octosilábica, el segundo de dos redondillas hexasílabas y el tercero de catorce versos irregulares. Su carácter descriptivo-narrativo pone en contexto a la segunda parte de la canción. Esta alude a dos poemas de Juan Rodríguez del Padrón: Pues que Dios y mi ventura y Ya, señora, en quien fiança. De métrica mucho más regular, está compuesta, por una parte, por una redondilla, y por otra, por redondillas y cuartetas, todas octosílabas. Con ella se pretende evocar la figura y la poesía de Macías.
Fuera del Siervo libre de amor, pero siguiendo su misma línea amorosa, Rodríguez del Padrón cuenta con una pequeña producción poética repartida en varios Cancioneros. En el Cancionero General se encuentran ¡Ham, ham! Huid que ravio, Cuidado nuevo venido y Fuego del divino rayo, canto al desengaño de las vanidades humanas y del amor. Se cree que esta última es posterior al Siervo pues viene provocada por el cambio de vida que le supuso un desengaño importante. En el Cancionero de Herberay encontramos otras dos composiciones suyas: Tan fuertes llamas de amor y Bive, Leda, si podrás, que complementa a la canción O desvelada sandía. El Cancionero de Stúñiga guarda, además de la canción Bive, Leda, si podrás, otros dos poemas con tintes galaicoportugueses: O desvelada sandía y Bien amar, leal servir (Hernández Alonso,1982: 86-89).
De carácter alegórico sacro-profano encontramos otras dos composiciones: los Diez Mandamientos del amor y Los Siete gozos. Ambos se encuentran en el Cancionero General.
Los Siete gozos está compuesto de 23 estrofas, de las cuales la mayoría son décimas de diversa rima y acentuación irregular, aunque también podemos encontrar estrofas de nueve versos de cuartetas, quintillas y algunos de doce. En cuanto al contenido, cada uno de los gozos expresa un estadio por el que pasa el autor hasta llegar a la correspondencia del amor. El primero cuenta el estado de locura en el que queda el autor tras su primera impresión sobre la dama. El segundo gozo expresa la tristeza del amado por la frialdad de la señora, así que, en el tercero, el autor explica que no quiso ofender al amor. En el cuarto expone su concepción del fuego del amor: se refiere a una mujer mayor y enumera sus virtudes. En el quinto empieza a recibir cierta atención por parte de su dama, a quien ofrece sus servicios y suplica la piedad o la muerte. Esta atención lleva a que el sexto gozo sea el de la esperanza y la férrea voluntad, que mantienen la llama del amor viva en el amado. Finalmente, el séptimo gozo expresa una súplica encubierta a la dama, un deseo de amar y ser amado. Conforman el cierre del poema una estrofa refiriéndose a Macías y visiones de la muerte y de las cinco plagas: los celos, el amor, el partir, el bien amar sin ser correspondido y el no poder desenamorarse.