thumb|Imagen de una trinchera cerca de Ovillers-la-Boisselle durante la batalla de Somme en julio de 1916.
La guerra de trincheras, guerra de posiciones o guerra de fuertes es un tipo de guerra terrestre que utiliza líneas ocupadas que comprenden principalmente trincheras militares, en las que las tropas están bien protegidas del fuego de armas pequeñas del enemigo y están sustancialmente protegidas de la artillería. Surgió a partir de una evolución en las armas de fuego. La guerra de trincheras se asocia típicamente con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando la «carrera del mar» expandió rápidamente el uso de trincheras en el frente occidental a partir de septiembre de 1914.. Otros conflictos destacables en los que se dieron guerra de trincheras fueron la guerra de Secesión (1861-1865), la guerra ruso-japonesa (1904-1905) o la guerra entre Irán e Irak (1980-1988).
La guerra de posiciones proliferó cuando una revolución en la potencia de fuego no fue acompañada por avances similares en la movilidad, lo que resultó en una forma de guerra extenuante en la que el defensor tenía la ventaja. En el frente occidental en 1914-1918, ambos bandos construyeron elaborados sistemas de trincheras, subterráneos y refugios opuestos entre sí a lo largo de un frente, protegidos del asalto por alambre de púas. El área entre líneas de trincheras opuestas (conocida como «tierra de nadie») estaba totalmente expuesta al fuego de artillería de ambos lados. Los ataques, incluso si tenían éxito, a menudo sufrieron graves bajas.
El desarrollo de la guerra blindada y las tácticas de armas combinadas permitió eludir y derrotar las líneas estáticas, lo que en general provocó el declive de la guerra de posiciones después de la Primera Guerra Mundial.
Después de la Primera Guerra Mundial, la «guerra de trincheras» se convirtió en sinónimo de estancamiento, guerra de desgaste, asedios y ataques inútiles en los conflictos.
Origen Los edificios fuertes son casi tan viejos como la propia guerra. Sin embargo, debido al tamaño relativamente pequeño de los ejércitos y al poco alcance de las armas, tradicionalmente no era posible defender más que una distancia corta o una fortaleza aislada. Las grandes fortificaciones del mundo antiguo, tales como la Gran Muralla china o la Muralla de Adriano, eran excepciones a la regla general y en cualquier caso no se habían diseñado para evitar completamente que el enemigo cruzase al otro lado, sino para hacer de frontera que establecía el momento en el que el enemigo había cruzado el límite. También servían para evitar o entorpecer su huida.
Aunque avanzaron grandemente tanto el diseño de fortificaciones como el de armas en la segunda mitad del segundo milenio, la invención del arco largo, la aparición del mosquete e incluso la de la artillería no cambiaron substancialmente la regla de que una fortificación necesitaba de una gran cantidad de tropas para defenderla. Un pequeño número de tropas simplemente no podían mantener un volumen de fuego suficiente como para repeler un ataque decidido.
La guerra de asedio
right|thumbnail|Representación del asedio de Constantinopla, capital del imperio bizantino, por el imperio otomano. La mayoría de las técnicas utilizadas en la guerra de trincheras habían existido ya muchos años antes para la guerra de asedio. Lo novedoso fue el empleo de dichas técnicas en campo abierto entre dos ejércitos.
En su guerra de las Galias, Julio César describe cómo las legiones romanas levantaron dos inmensas paredes fortificadas alrededor de la ciudad durante la batalla de Alesia. En la muralla interna, de unos , mantenían a Vercingétorix y a sus fuerzas dentro de la ciudad, mientras que la muralla externa les protegía de los refuerzos, que les superaban en número y trataban de romper el asedio. Los romanos lograron mantener sus posiciones entre las dos paredes; y los galos, enfrentándose a la muerte por hambre, finalmente se rindieron una vez que sus refuerzos fueron derrotados por César. Tucídides describe un asedio similar, aunque sin éxito, en el sitio de Siracusa por los atenienses durante la guerra del Peloponeso.
Una vez que se inventaron las armas de fuego, las técnicas fueron evolucionando hasta convertirse en el muy conocido ritual denominado siège en forme. El ejército atacante rodeaba una ciudad y luego emplazaba a la ciudad a rendirse. Si respondían negativamente, el ejército rodearía la ciudad con fortificaciones temporales para impedir contraataques del ejército defensor y la llegada de refuerzos. Los atacantes entonces construirían una serie de trincheras, paralelas a las defensas, y justo a la distancia de la artillería defensiva. Luego construían una trinchera en dirección a la ciudad haciendo un recorrido en zigzag, para evitar que quedase expuesta al fuego enemigo. Una vez estuviese dentro del alcance de la artillería, se cavaría otra trinchera paralela con emplazamientos para cañones. Si fuese necesario se utilizaría la primera artillería como cobertura, y el proceso se repetiría hasta que los cañones estuviesen lo suficientemente cerca como para acertar de pleno y abrir una brecha en las fortificaciones. De esta forma, las tropas de avanzadilla y las de apoyo podrían aproximarse lo suficiente como para explotar la brecha, a la vez que el proceso proseguía desde varios puntos y buscando una mayor aproximación. Después de cada paso del proceso, los asaltantes emplazarían a los defensores a la rendición, pero una vez que las tropas hubiesen alcanzado con éxito la ciudad a través de la brecha, los defensores no podrían esperar ninguna piedad. Estas técnicas fueron muy usadas por los tercios españoles, siendo un ejemplo clásico el sitio de Breda de 1625.
Los Pa māori Los maoríes de Nueva Zelanda construyeron barricadas denominadas Pā en colinas y penínsulas pequeñas, siglos antes del contacto con pueblos europeos. Se asemejaban a las pequeñas fortalezas de la Edad del Hierro que aparecen en los paisajes británicos e irlandeses. Cuando los maoríes se encontraron con los británicos, desarrollaron el Pā, convirtiéndole en un efectivo sistema de trincheras, que sirvió de predecesor de desarrollos similares en América y Europa. En las guerras maoríes, el Pā moderno logró neutralizar durante un tiempo la gran diferencia entre los ejércitos, tanto en número como en armamento. En Ohaeawai Pā en 1845, en Rangiriri en 1864 y otra vez en Gate Pā en 1864, las fuerzas británicas y coloniales descubrieron que un ataque frontal sobre un Pā resultaba inefectivo y sumamente costoso.
En Gate Pā, durante la Campaña Tauranga (21 de enero-21 de junio de 1864), los maoríes soportaron un bombardeo de un día de duración en sus refugios. Una vez destruida la empalizada, los británicos penetraron en el Pā, en donde los maoríes comenzaron a disparar desde trincheras escondidas, matando a 38 e hiriendo a muchos más en la batalla más costosa para los Pākehā de la guerra. Los maoríes abandonaron entonces el lugar.
Los maoríes desarrollaron sus ideas del diseño del Pā en muy poco tiempo, desde la Edad de Piedra hasta el nivel de la Primera Guerra Mundial en poco más de 30 años.
Desarrollo thumb|Guerra de Secesión: tropas de la Unión esperando en trincheras antes del avance en la segunda batalla de Fredericksburg (Virginia, Estados Unidos, mayo de 1863).
El primer desarrollo crítico para la aparición de la guerra de trincheras fue la introducción de los ejércitos de reclutamiento masivo, que aparecieron en la Revolución francesa y en las Guerras Napoleónicas. Antes de esto, los ejércitos consistían en un pequeño número de tropas que eran incapaces de defender un amplio territorio durante mucho tiempo. Las batallas eran breves, o degeneraban en guerras de asedio. La aparición de los grandes ejércitos hizo mucho más difícil que uno pudiese sobrepasar el flanco del otro, aunque todavía podía conseguirse, mediante cargas de caballería e infantería, que uno de ellos acabase rompiendo la formación del otro a través de un asalto directo. Un ejemplo de línea militar fortificada que se alargaba durante muchos kilómetros eran las líneas de Torres Vedras (1810), construidas por los portugueses bajo la dirección de los Ingenieros del Ejército británico, durante la guerra contra Napoleón Bonaparte.
Lo que hizo que esta táctica fuese cada vez más suicida fue el desarrollo de armas de fuego de cada vez mayor poder a mediados del . Cuando comenzó la guerra de Secesión, en 1861, se luchó con las mismas tácticas utilizadas en la era de Napoleón y durante siglos antes. Cuando la contienda llegaba a su sangriento final en 1865, se había convertido en un previo de la Primera Guerra Mundial, con trincheras, ametralladoras, fortificaciones de campo y bajas masivas. La batalla de Petersburg, cercana al final de la guerra, con sus trincheras y formaciones estáticas, contrasta con las primeras batallas, como la primera batalla de Bull Run, en donde las maniobras todavía eran posibles. Las famosas cargas de infantería, como la carga de Pickett en la batalla de Gettysburg, demostraron la inutilidad de un asalto directo contra una línea enemiga bien colocada.
thumb|left|Una ametralladora Gatling. Ilustración en una enciclopedia suiza de 1885.
Dos factores principales iniciaron el cambio. En primer lugar, hubo una proliferación de fusiles de avancarga, que en la época se fabricaban por miles. Estos eran efectivos al doble de distancia que los fusiles de avancarga de la era Napoleónica y eran capaces de matar a enemigos a una distancia de 1 km. Además, permitían al tirador mantenerse a cubierto en una trinchera o detrás de algún obstáculo improvisado para poder disparar a un cuerpo de atacantes desde una distancia mucho mayor que la anterior. Los atacantes eran incapaces de cruzar lo suficientemente rápido como para evitar bajas en un número prohibitivo. Por otro lado estaba la persistencia en las tácticas en columna de las Guerras Napoleónicas, que incrementaban las bajas. Solo a finales de la guerra se corrigió este error táctico de forma generalizada, disponiendo las tropas en abierto. Por ello, la primera respuesta al incremento en el poder de fuego, la cobertura, o la segunda, la dispersión, acabaron adoptándose. La tercera, la armadura, no era una opción contra las nuevas armas. No sería una opción válida hasta la invención del motor de combustión interna y los vehículos blindados.
También influyeron otros factores que fueron apareciendo después de la guerra de Secesión. El primero fue el desarrollo del alambre de púas o de espino (inventado en 1874), que en sí mismo no causaba un gran daño a nadie, pero que podía ralentizar de forma crucial a una fuerza de ataque, y permitir a los defensores, con ametralladoras emplazadas estratégicamente, infligir graves pérdidas al enemigo. La segunda fue la mejora de la artillería, que de una u otra forma, había formado parte de la guerra desde la época clásica, y que desde la aparición de la pólvora hasta el desarrollo de la guerra de trincheras se había convertido en la mayor causa de bajas en la guerra. Fue suplantada solo brevemente por el fusil. Con el desarrollo de los cañones de acero de retrocarga por Krupp, se recuperó gran parte de su capacidad de matar (como se demostró gráficamente en la guerra franco-prusiana de 1870-1871).
En tercer lugar está la introducción de las balas explosivas y, por último, los mecanismos hidráulicos de recarga, inventados por los franceses en el cañón M1897 de 75 mm, que incrementaron significativamente la cadencia de disparo. Estos cambios aumentaron la efectividad de la artillería hasta un grado inimaginable en la década de 1870. Se creó una zona entre el atacante y el defensor, un espacio de «tierra de nadie» demasiado letal como para cruzarlo.