Terraja es el segundo álbum de estudio de la banda uruguaya de rap rock El Peyote Asesino, publicado el 31 de agosto de 1998 por los sellos Universal Music Group y SurCo. La obra representó un punto de inflexión en la trayectoria del grupo, tanto por su proyección internacional como por la consolidación de una propuesta estética basada en la fusión de géneros, la experimentación sonora y una identidad discursiva provocadora. Tras el impacto de su álbum debut homónimo (1995), que los posicionó como una de las bandas más relevantes del rock uruguayo de mediados de la década de 1990, Terraja amplió ese alcance y situó a Peyote Asesino dentro del circuito del rock latino. El disco se grabó entre septiembre y diciembre de 1997 en Can Am Studios (Los Ángeles), luego de un extenso proceso de preproducción desarrollado en un estudio casero montado por la propia banda en el barrio Villa Española (Montevideo). La producción estuvo a cargo del músico y productor argentino Gustavo Santaolalla, quien aportó una metodología de trabajo inédita para el grupo y un estándar técnico poco habitual en la industria discográfica uruguaya de la época. Esta experiencia permitió una grabación meticulosa, con sesiones prolongadas y un abordaje fragmentado de las bases instrumentales y vocales, lo que dio como resultado una arquitectura sonora compleja y cuidadosamente ensamblada. El álbum incluyó catorce pistas, tres de ellas regrabaciones de canciones del primer disco, seleccionadas con el objetivo de presentarlas en nuevos mercados, después de que Santaolalla intentase llevar a la banda a la internacionalidad en reeditar su primer disco, sin éxito.
Desde el punto de vista estilístico, Terraja profundizó la mezcla de hip hop con elementos del heavy metal, el funk y disco, al tiempo que incorporó referencias explícitas a tradiciones musicales uruguayas como el tango, la milonga y el candombe. Esta combinación se articuló mediante el uso de instrumentos y recursos sonoros asociados tanto al rock internacional como a expresiones rioplatenses, lo que reforzó una identidad híbrida y deliberadamente heterodoxa. La banda adoptó el spanglish como recurso expresivo en varias canciones y desarrolló letras de tono mordaz, cargadas de referencias a la cultura popular sudamericana y estadounidense, comentarios sociales y provocaciones políticas, en línea con la tradición del hip hop pero sin limitarse a sus convenciones formales.
Al momento de su lanzamiento, Terraja recibió críticas mayoritariamente positivas y se consolidó rápidamente como una de las obras musicales más revolucionarias del rock uruguayo. La prensa especializada lo elogió por su densidad musical, producción profesional —impulsada por el trabajo de Santaolalla— y letras cargadas de referencias culturales e identidad local. Publicaciones como El País lo ubicaron en el puesto 20 de su lista de Los 50 mejores discos de la historia de la música uruguaya, y destacaron su carácter clásico y su avance respecto al debut. Revistas como Lacarne Magazine lo incluyeron entre los diez discos fundamentales del rock uruguayo de los 80 y 90, mientras que críticos como Gabriel Peveroni —en Posdata— lo vieron como una confirmación del potencial del grupo y su alineación con el rock latino emergente, alabando la cohesión sonora y la integración de influencias diversas sin caer en la parodia. Otros analistas, como Andrés Torrón en 111 discos uruguayos o reseñadores en Dark Side of Yoruguai, resaltaron su homogeneidad estilística, la complejidad letrística con rimas y juegos de palabras, y su capacidad para sonar futurista y alejado de los estándares locales de la época, consolidándolo como un trabajo influyente y singular en el Cono Sur. En términos comerciales, Terraja superó ampliamente las cifras de venta de su antecesor y alcanzó cerca de once mil copias distribuidas en países de América Latina y Estados Unidos. La difusión de los videoclips de «Mal de la cabeza» y «Cable pelado» en MTV Latino contribuyó a su visibilidad regional, mientras que una extensa gira por Uruguay, Argentina, Chile y México consolidó su recepción en vivo.
En mayo de 1999, la banda se disolvió en pleno auge de su carrera, después de varias discrepancias que los miembros tuvieron con el vocalista líder del grupo, Fernando Santullo; como consecuencia a este acontecimiento, todas las copias tanto de Terraja como las de su primera obra quedaron descatalogadas de las disquerías uruguayas, y su segundo álbum es considerado un artículo «difícil de conseguir». En 2018, en conmemoración al vigésimo aniversario del disco, la banda lo publicó a través del servicio de streaming Spotify y tenían planeado reeditarlo en disco de vinilo; sin embargo, no llegó a concretarse.
Antecedentes El Peyote Asesino, banda uruguaya de rap rock formada en 1994, debutó el 28 de agosto de ese año en el pub «El Perro Azul». Tras el lanzamiento de su primer disco en 1995, que en pocos meses superó las 1000 copias vendidas en Uruguay, convirtiéndose en el álbum de rock nacional más vendido del momento. Carlos Dopico, en su libro Hoy como ayer: Apuntes de colección. Anécdotas de la música uruguaya 1968-2004 señaló que esta obra le otorgó al grupo un éxito inmediato y proyección internacional. En enero de 1996, los lectores de Rock de primera los eligieron como el «Grupo revelación de rock nacional en 1995». El 18 de junio de ese año, el tema «El Peyote Asesino» alcanzó el puesto número 1 en el ranking de X FM —estación de radio de la revista de música uruguaya Generación X— y se mantuvo allí durante dos semanas. En agosto se presentaron en Buenos Aires (Argentina), en el Centro Cultural Rojas, junto con la banda de rap rock mexicana Molotov y Tintoreros. Casacuberta afirmó: «Es la primera vez que nos pasa, ya que en Montevideo los espectadores presencian nuestros shows de pie y muchos de ellos haciendo pogo y bailando».
Posterior a la gira para promocionar su primer disco, Alfonso Carbone, fundador del sello discográfico uruguayo Orfeo —compañía que editó el disco debut de la banda—, le entregó al productor argentino Gustavo Santaolalla una caja de discos compactos, entre ellos, iba uno de Peyote. Santaolalla descubrió el potencial que la banda poseía, e inicialmente planeó remezclar su disco anterior y publicarlo a nivel internacional; sin embargo, el proyecto no se concretó, y en su lugar regrabó tres canciones de su primera obra: «El Peyote Asesino», «L. Mental» y «La concha». Santaolalla comentó que la canción que lo terminó de convencer en reclutarlos era «La concha»: «Me impactó la banda en si, a todo nivel, no solamente por los arreglos, [sino también] por esta búsqueda que esta más clara, que tiene que ver con la identidad». Por aquella época, principalmente en Uruguay, Santaolalla era muy poco conocido; Fernando Santullo —apodado por su alias «L. Mental»—, vocalista de la banda, dijo que lo conoció por los trabajos que hacía con Café Tacvba, Maldita Vecindad y Divididos, en aquel momento estaba en México poco antes de formar el grupo: «el era el productor, venía con todas esas cosas y dijimos: “Bueno, sabe chapar bandas con sonidos distintos y a la vez más alternativos”. Toda esa escena en México era popular pero marginal». Ya en 1997 firmaron un contrato discográfico con Universal Music Group para su próximo álbum que lo iban a registrar en el exterior.
Desarrollo
Grabación
Terraja se grabó desde septiembre hasta diciembre de 1997 en Can Am Studios, ubicado en el barrio de Tarzana (Los Ángeles) después de meses de preproducción en un estudio casero en Villa Española (Montevideo), y un concierto de despedida en Zorba antes de partir hacia Estados Unidos. En un principio, antes de su estadía en Los Ángeles, armaron un estudio casero bajo sus propias reglas en la casa del bajista de Peyote Asesino, Daniel Benia; durante una entrevista para Teledoce él mismo explicó: «Construimos el estudio con nuestras propias manos, cortamos madera, pero eso fue por nuestra cuenta; creo que lo hubiéramos hecho de todas maneras porque la idea de montar un home studio y poder experimentar lo que nos cantara a la hora que nos cantara era algo que estaba hablado». Santaolalla estuvo involucrado en la producción del disco y le sugirió a Peyote de grabar en Estados Unidos ya que les resultaba más económico. Santullo argumentó que la experiencia de registro era diferente en Estados Unidos que en su país natal: «Cuando grabamos el otro disco teníamos que ver cuándo mierda estaba libre el estudio y ahí nos metíamos. Era una cosa súper irregular. Acá estuvimos seis, siete días grabando las bases. Todas esas cosas benefician al producto. Vos escuchás el disco de los Deftones y ellos no pidieron cuarenta horas prestadas en un estudio». Para la revista Brecha revelaron que el tiempo diario de estudio eran de aproximadamente doce horas. Algunas pistas fueron grabadas en el estudio casero de Villa Española donde lograron ser masterizadas y remezcladas por completo, como «Cama biónica»: este proceso permitió ensayar varias canciones y desarrollar ideas durante un mes en el estudio casero. Algunas composiciones conservaron en gran medida la estructura y los arreglos definidos en esa instancia, que luego se remezclaron y masterizaron. Después del lanzamiento del disco Santullo reveló más detalles sobre su experiencia, dijo que «fue una cosa totalmente increíble, ya que la cosa en EE. UU. es totalmente distinta a grabar acá [Uruguay] o en Argentina, técnicamente y por nosotros mismos ¿no? Además la producción de Santaolalla le dio todo un profesionalismo que no tuvo el primero y que obviamente se nota mucho en el producto final». Juan Campodónico elogió a Gustavo Santaolalla como productor musical y destacó tanto su alta calidad profesional como el valor de la experiencia de grabar por primera vez con un productor externo. Asimismo, subrayó que el trabajo conjunto resultó especialmente satisfactorio para la banda; y Santullo lo consideró uno de los productores de música más importantes del rock latino. Las bases de guitarra, bajo, batería y voz se registraron por separado; Campodónico lo recordó como si fuera el estilo de un collage debido a que cada miembro de la banda grababa sus partes por separado en distintos días. Benia utilizó tres pedales para la grabación de bajo: un Giannini Envelope Follower, un Tube Works 901 Real Tube y un DOD Digital Delay/Sampler DFX91. Estilo musical