El retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna es una obra de estilo plateresco realizada en madera dorada y policromada y ubicada en la capilla mayor de dicho templo, que se halla en la localidad de Fuente Obejuna, provincia de Córdoba (España).
Cronología Aunque se desconoce la fecha exacta en que fue realizado, algunos autores aseguran que podría haber sido tallado en algún momento comprendido entre los años 1523 y 1537, ya que en una de las claves de la bóveda de la capilla mayor que lo cobija está colocado el escudo de armas de fray Juan Álvarez de Toledo, que fue obispo de Córdoba en esos años y que posteriormente llegaría a ser cardenal.José Valverde Madrid, basándose en una escritura de 1580 del Archivo de Protocolos de Córdoba, afirmó que el retablo fue realizado por el escultor cordobés Guillermo de Orta, ya que en esa escritura el mencionado artista concedió un poder notarial para poder iniciar una demanda judicial contra el doctor Juan Escobar, que era en esos momentos el vicario y obrero de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna, por no haber abonado el coste de una obra de arte. Pero Rivera Mateos afirmó que en la escritura no se menciona «ni siquiera» la obra que causó el pleito y que la fecha de 1580 en que fue otorgada parece ser «muy tardía» para situar en ella la realización de este retablo. Cfr. Rivera Mateos (1987), pp. 34-35.
Descripción Estilo e imaginería Está realizado en madera dorada y policromada y Rivera Mateos señaló que es un destacado ejemplar del estilo plateresco en la provincia de Córdoba, que tiene numerosas similitudes con algunos retablos de las escuelas de los célebres escultores Damián Forment y Pedro Berruguete, y que es una obra de composición «plana» y sin partes sobresalientes y de «poca movilidad», ya que según otros autores su esquema fue diseñado para adaptarse a las particularidades del muro de la capilla mayor, que tiene forma rectangular.230px|thumb|Relieves de San Pedro y San Pablo en el retablo mayor.
El retablo consta de cuatro cuerpos que se subdividen en cinco calles, aunque la central y las dos de los extremos son ligeramente más anchas que las restantes, separadas con pilastras coronadas por capiteles corintios y adornadas a semejanza de «brocados florísticos».
En el retablo, que está decorado en estilo a candelieri, hay dieciocho hornacinas cuadradas y típicamente platerescas rematadas por veneras, que fueron ya empleadas por otros escultores como Damián Forment, aunque en ellas también aparecen cabezas aladas y rosetas en sus enjutas. Los fondos de las hornacinas están dorados y decorados a imitación de algunos tejidos, y los frisos y el fondo de las hornacinas también están decorados a candelieri.
En los dos extremos del cuerpo inferior del retablo hay dos puertas doradas y policromadas a semejanza del resto en las que están talladas unos relieves con las imágenes de San Pedro y San Pablo, en el lado del Evangelio, y de la Virgen María y de San Juan en el de la Epístola, aunque conviene señalar que estos últimos son obra del , ya que fueron tallados durante una restauración en 1956 llevada a cabo en los talleres Granda de Madrid. Los cuatro relieves mencionados anteriormente tienen una forma muy alargada que en opinión de Rivera Mateos era muy frecuente en la época en que fueron tallados, ya que con ella se pretendía dar respuesta a un «deseo de expresividad espiritual», aunque otros autores, como George Weise, aseguran que esas formas alargadas no solo intentaban dar respuesta a «causas externas», como podrían ser la melancolía gótica o la nostalgia por el «impulso ascensional» presente en dicho estilo, o a imitación de modelos florentinos, sino al resurgimiento en el de las doctrinas platónicas que reconocían la soberanía de la belleza espiritual.
Todo lo anterior está relacionado con las semejanzas entre las proporciones y el tratamiento dado a los ropajes y a los cabellos de los personajes en este retablo y en otras obras de esa época, como los relieves que en 1516 tallaron varios escultores para la capilla de San Acisclo y Santa Victoria de la Mezquita-catedral de Córdoba.Pedro de Ribera, Juan de Castillejo y Simón López realizaron en 1516 varios relieves para la capilla de San Acisclo y Santa Victoria de la Mezquita-catedral de Córdoba, y de ellos se han conservado dos que representan el Nacimiento de Cristo y la Adoración de los Reyes Magos, aunque también han sobrevivido dos esculturas en bulto redondo de San Acisclo y Santa Victoria realizadas por dichos escultores y procedentes también de la mencionada capilla. Cfr. Ortiz Juárez et al (1986), pp. 45 y 102.
La puerta en la que se hallan los relieves de San Pedro y San Pablo mencionados anteriormente permite el acceso a un espacio que en siglos pasados albergó un sagrario, por lo que algunos autores, para justificar la falta de esculturas o relieves en el centro de la parte inferior del mismo, argumentan que tal vez esa ausencia obedezca al ordenamiento promulgado en 1586 por Rodrigo de Castro, arzobispo de Sevilla, en el que dicho prelado dispuso lo siguiente:
En la mayoría de las hornacinas del retablo hay relieves, pero otras albergan esculturas exentas de una calidad muy inferior a la de aquellos, ya que muestran, en palabras de Rivera Mateos, un relativo «desorden y achaparramiento», no tienen un tamaño proporcional con respecto a las hornacinas que las acogen, e incluso parecen ser de finales de la Edad Media y no del Renacimiento, por lo que la mayoría de los historiadores, como Rafael Ramírez de Arellano y Juan Miguel Larios Larios, coincidieron en que tal vez formaran parte de un retablo desaparecido en la actualidad aunque no demasiado anterior a este.
Escenas 335px|thumb|Vista general de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna. En el retablo aparecen representados los acontecimientos más destacados de la vida de Cristo y sobre todo aquellos relativos a su infancia y a su pasión y muerte, según fueron narrados en los evangelios canónicos y apócrifos, en La Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, y en otras compilaciones de vidas de santos, aunque no están ordenados cronológicamente. Y Rivera Mateos ya advirtió que si se empezara a contemplar el retablo desde el lado del Evangelio al de la Epístola y desde el cuerpo superior al inferior, como tal vez estuvieran ordenadas en un principio, las escenas serían las siguientes:
1. Anunciación de María. Está inspirada en el Evangelio de San Lucas, en el Protoevangelio de Santiago y en el Evangelio armenio de la infancia, y en el relieve, que muestra el interior de la casa de la Virgen María en Nazaret, esta aparece meditando, como era frecuente en la iconografía occidental al representar esta escena, las palabras del profeta Isaías. Y una cama situada al fondo del relieve proporciona a la escena, como señalaron algunos autores, un ambiente íntimo y familiar, y a los pies de la Virgen aparece de rodillas el ángel mensajero enviado por Dios portando un «bastón de embajador» con una cartela o banderola en la que pueden leerse las palabras iniciales del saludo del ángel a la Virgen. 2. Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel. Se basa en lo relatado en el Evangelio de San Lucas, y según algunos autores el único símbolo que permite conocer que se está haciendo referencia a la casa del sacerdote Zacarías, esposo de Santa Isabel, es la puerta que aparece en el relieve. Y algunos autores destacaron que esta visita de la Virgen a la madre de Juan el Bautista, cuyas figuras destacan por su «gravidez», es un acontecimiento de escasa importancia en la vida de Cristo, pero otros en cambio le conceden más valor si se tiene en cuenta, por ejemplo, la revelación que tuvo Santa Matilde de Magdebourt, ya que según la interpretación de esta última la casa de Santa Isabel fue el primer lugar sobre la Tierra visitado por Cristo y de ahí su importancia. 3. Circuncisión de Jesús. Al igual que la anterior, está inspirada en el Evangelio de San Lucas, pero diversos historiadores han advertido que al desarrollarse la escena en el interior del Templo de Jerusalén se cometió un grave error histórico, aunque extremadamente frecuente en el arte, ya que la ceremonia de la circuncisión se llevaba a cabo entre los judíos en la casa del recién nacido y ocho días después del alumbramiento y no en el Templo. Y, como contraste, el escultor justificó la presencia de la Virgen María en el Templo antes de haber sido purificada «adornando su manto con flores de lis», que según Beda el Venerable representan su «triple virginidad». 4. Huida a Egipto. Se inspira en el Evangelio de San Mateo y en el Evangelio del pseudo-Mateo, ya que en este relieve del retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna aparece, junto a los tres individuos citados por San Mateo, un ángel inclinando una palmera para que San José pudiera alcanzarlos, siendo dicho milagro únicamente narrado en los capítulos XX y XXI del Evangelio del pseudo-Mateo. 5. Jesús entre los doctores. Está basado en el Evangelio de San Lucas y en el Evangelio apócrifo de Tomás, y Cristo aparece en el centro del relieve junto a una cátedra, mientras que los ocho doctores judíos, que están divididos en dos grupos de cuatro, se hallan a ambos lados del eje simétrico del relieve, en el que se halla el Niño Jesús. 6. Oración en Getsemaní. Se basa en tres de los Evangelios sinópticos, los de San Marcos, San Lucas y San Mateo, y Cristo, que aparece junto a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, aparece a su vez suplicando a Dios Padre que aleje de él un cáliz, que representa su pasión y muerte, que un ángel le ofrece. 7. Jesús ante Caifás. Se basa en los mismos evangelios que el anterior, y Cristo aparece atado con una cuerda y siendo arrastrado por los soldados y guardias del Sanedrín para conducirlo ante la presencia del sumo sacerdote Caifás, que es representado rompiendo sus vestiduras tras haber oído proclamar a Cristo que era el hijo de Dios. 8. Jesús atado a la columna. Está inspirado en los cuatro Evangelios sinópticos, y el escultor combinó dos pasajes de la vida de Cristo en este relieve, ya que junto al Señor, que está atado a la columna y sufriendo la flagelación, se halla el apóstol San Pedro de rodillas implorando su perdón por haberle negado tres veces, y diversos autores señalan que hay una destacada falta de proporción entre las figuras de uno y otro personaje.348px|thumb|Altar mayor y presbiterio de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. 9. Coronación de espinas. Se basa en los Evangelios de San Marcos, San Mateo y San Juan y en las Revelaciones místicas de Santa Brígida de Suecia, y muestra a Cristo sentado y vestido ya con el manto purpúreo y en el eje simétrico del relieve. Y junto a Cristo hay dos sayones o verdugos, cuya bestialidad se ha subrayado mediante la técnica de exagerar notablemente su tamaño con respecto a la figura del Salvador, que valiéndose de unos bastones intentan colocar una corona de espinas sobre su cabeza y hacérsela llegar hasta los ojos, ya que así fue consignado por Santa Brígida en una de sus Revelaciones. 10. Ecce Homo. Su única fuente de inspiración es el Evangelio de San Juan, y este relieve muestra a Cristo sentado y vestido con un manto purpúreo, al igual que el anterior, pero coronado ya de espinas y siendo mostrado al pueblo judío con las manos atadas. 11. Jesús llevando la cruz. Los autores del Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba se contradijeron al describir este relieve, ya que por una parte afirmaron que se inspira en los cuatro Evangelios sinópticos, pero al mismo tiempo indicaron que solo se basa en los Evangelios de San Marcos, San Mateo y San Lucas, ya que en ellos se menciona, al contrario que en el de San Juan, que un individuo llamado Simón de Cirene ayudó a Cristo a llevar su cruz hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado.