Juan Hortensio Quijano (Curuzú Cuatiá, Corrientes, 10 de junio de 1884 – Buenos Aires, 3 de abril de 1952) fue un abogado, empresario agropecuario y político argentino. Fue presidente de la Sociedad Rural del Chaco, fundador de la Sociedad Rural de Goya y dirigente de la Unión Cívica Radical y de la UCR Antipersonalista. Tras ocupar brevemente el Ministerio del Interior durante el gobierno de Edelmiro J. Farrell, acompañó a Juan Domingo Perón como vicepresidente de la Nación en el período 1946–1952. En 1951 fue nuevamente electo en la fórmula presidencial, pero falleció antes de asumir el nuevo mandato.
Primeros años Juan Hortensio Quijano nació en la estancia “La Ley”, cercana a la ciudad de Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes, el 10 de junio de 1884. Sus padres fueron Crescencio Quijano y Teresa Balaguer. Realizó sus estudios iniciales en Goya y luego en el colegio “La Fraternidad” de Concepción del Uruguay (Entre Ríos). Posteriormente se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el título de abogado en 1908 y el de doctor en Jurisprudencia en 1916.Universidad de Buenos Aires
Inicios en la política Proveniente de una familia de tradición liberal de Goya, Quijano participó a partir del año 1909 en la Unión Cívica, partido político que agrupaba al mitrismo del país para apoyar la candidatura presidencial de Guillermo Udaondo en las elecciones de 1910, y que en Corrientes rechazaba los pactos con los autonomistas del gobernador Juan Ramón Vidal. Quijano formó parte de la Junta Directiva Provisional de la UC en 1910, junto a otros dirigentes mitristas del Partido Liberal de Corrientes. La agrupación se disolvió poco después en la provincia, y Quijano continuó en el liberalismo disidente, siendo candidato a diputado provincial en 1913. En 1914 se incorporó a la Unión Cívica Radical, donde se alineó con el sector antiyrigoyenista. Durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se integró al grupo de los “disidentes rojos”, opuestos a la intervención federal en Corrientes, y en 1919 fue candidato a vicegobernador en fórmula con Miguel Sussini.
Antipersonalismo En 1922 se alineó con la Unión Cívica Radical Principista que rechazaba la candidatura presidencial de Marcelo T. de Alvear impuesta por Yrigoyen y que impulsó la fórmula presidencial Miguel Laurencena-Carlos Francisco Melo. Dentro de la UCR Principista también actuaba un joven José Tamborini, que sería candidato presidencial en 1946 por la Unión Democrática. Durante los años de la presidencia de Alvear llegó a presidir el Comité Ejecutivo de la UCR en Corrientes, y se convirtió en el hombre de confianza del presidente en la provincia de Corrientes. En 1927 se unió a la Unión Cívica Radical Antipersonalista y en 1928 fue delegado en la Convención Nacional que eligió la fórmula presidencial integrada por Leopoldo Melo y Vicente Gallo para las elecciones presidenciales de ese año. Sin embargo, en 1930, cuando el antipersonalismo de Corrientes decidió unirse al autonomismo de Juan Ramón Vidal y presentar una lista común de candidatos a diputados nacionales, Quijano se alejó del partido y en una carta que le envió a Alvear, que se encontraba en París, le fundamentó su decisión, aunque le aclaró que no se había pasado al yrigoyenismo. En esa misma carta, le comentaba su visión acerca de la crítica situación que estaba viviendo el país, que el yrigoyenismo se estaba desintegrando y que su líder perdía popularidad y prestigio. Denunciaba la audacia y la incapacidad de quienes desempeñaban funciones públicas y definía las inevitables consecuencias. Al mismo tiempo, le pedía que no regresara hasta que la “situación hiciera crisis” pues la caída del presidente era para él inevitable.
En la Década Infame Durante los años de la Década Infame, Quijano se convirtió en un importante dirigente del partido, muy cercano a Alvear. Con el retorno de Alvear a la Argentina, en abril de 1931, se inició la reorganización del partido, y Quijano, como otros tantos antipersonalistas, regresó al radicalismo. A principios de octubre, fue elegido representante por Corrientes en la Convención Nacional. Posteriormente, y como consecuencia de la anulación de los resultados de las elecciones de ese año el 5 de abril en la provincia de Buenos Aires —que habían dado una clara victoria al radicalismo— y el veto a la candidatura de Alvear para los comicios nacionales de ese mismo año, las autoridades partidarias nacionales proclamaron la abstención electoral en octubre de 1931, retomando viejas prácticas del partido. Posteriormente, Quijano fue uno de los tantos dirigentes radicales que bregó por el levantamiento de la abstención electoral. En la Convención Nacional del partido reunida en Santa Fe en diciembre de 1934, se discutió este tema y la mayoría votó por levantar la abstención y presentarse nuevamente a las elecciones
En las elecciones provinciales de septiembre de 1935 en Corrientes, Quijano fue elegido candidato a elector de gobernador. Los primeros resultados mostraron un claro triunfo del radicalismo, sin embargo, en el escrutinio definitivo y luego de una serie de denuncias cruzadas por actos fraudulentos, La Concordancia nuevamente resultó ganadora. En esas elecciones, se había implementado una nueva ley electoral que habilitó el denominado “voto transeúnte”, que facilitó la realización del fraude. Luego de esa situación, el radicalismo de Corrientes decidió volver a la abstención tanto para las elecciones provinciales como para las nacionales.
Entre 1936 y 1940, Quijano fue delegado por Corrientes en el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, pero ese último año se le quitó dicha representación porque no pudo conseguir el apoyo del partido al pedido de intervención en la provincia. Resulta de interés destacar aquí algunas de las ideas que Quijano defendió como banderas radicales durante esos años y que aparecen con claridad en el discurso que brindó en el Luna Park el 2 de marzo de 1940 con motivo de celebrarse la clausura de la campaña electoral de Capital Federal. Según Quijano el radicalismo nutría sus raíces en la Constitución de 1853 y estaba identificada con la economía técnica, el federalismo, un moderado nacionalismo, la economía social, la educación técnica, la atención a los trabajadores rurales y el fomento de la actividad agropecuaria. Tras la muerte de Alvear, el 23 de abril de 1942, la crisis interna en el radicalismo se agudizó. En diciembre de ese año, las dos posturas dentro del partido (intransigente y unionista) se habían institucionalizado al constituirse formalmente el Movimiento Intransigente que cuestionaba los procedimientos internos y las posiciones del partido con relación a la futura lucha por la presidencia del país. Los frentistas, por su parte, estaban a favor de acordar con otros partidos, resolución que se aprobó finalmente, aunque el golpe del 4 de junio de 1943 derivó el conflicto hacia adelante. Quijano formaba parte del grupo unionista.
Surgimiento del peronismo A fines de 1943, el gobierno militar decretó la disolución de los partidos políticos, por lo que el radicalismo se vio impedido de continuar su reorganización. Paralelamente, Juan Domingo Perón, flamante secretario de Trabajo y Previsión, inició algunas tratativas de acercamiento al radicalismo que fueron planteadas por su dirigencia. Sin embargo, eso no impidió que algunos radicales aceptaran colaborar con el gobierno. El 3 de mayo de 1945, el mayor Martín Martínez invitó a Quijano a una reunión con el ministro del Interior, Alberto Teisaire, “para tratar asuntos de actualidad”. Antes de asistir a la reunión con el mencionado —a quien no conocía—, Quijano decidió entrevistarse con el coronel Juan Filomeno Velazco (un militar correntino que se encontraba como Jefe de la Policía Federal). En esa reunión, Velazco le preguntó qué pensaba sobre la posibilidad de realizar elecciones y presentar una fórmula presidencial con un representante de las fuerzas armadas en primer término. Quijano respondió que eso le correspondía a los partidos políticos, y que eran ellos los que debían decidir sobre un futuro gobierno. A la consulta sobre la posibilidad de que el radicalismo apoyase una fórmula de ese tipo, Quijano respondió que lo veía difícil en ese momento, que una alianza lo que convenía era conversar con algunos peronistas y exponerles el programa que se pretendía desarrollar. Entonces, le mencionó cuáles podían ser, según su criterio, algunos puntos a tener en cuenta para una futura negociación con el radicalismo: 1) levantar el estado de sitio parcial o totalmente en parte o en todo el país; 2) liberar a los presos políticos que no estuvieran procesados por delitos; 3) restringir la libertad de prensa dentro de las restricciones que imponía el estado de Guerra; y 4) entregar el curso de ministerios a radicales, para llevar al país y al partido la impresión de que el gobierno se respaldaba en el sector mayoritario de la opinión pública; 5) llegar a un acuerdo sobre el Estatuto de los Partidos Políticos para evitar disensos que pudieran convertirse en obstáculos; 6) fijar plazos fijos para elecciones; y 7) llevar a las intervenciones de las otras doctrinas a hombres radicales e independientes que fueran una garantía de honestidad, capacidad y respeto.
Velazco le respondió que no creía que hubiera obstáculos para llevar adelante ese programa. Posteriormente, Quijano le solicitó lo mismo al ministro del Interior, quien se mostró también favorable. Más tarde, se reunió personalmente con Perón, quien le señaló que conocía lo que había conversado con el ministro y con Velazco, y que estaba de acuerdo con todo ello. Además, volvió a insistir en que consideraba fundamental el apoyo del radicalismo en las futuras elecciones. Posteriormente, Quijano se reunió con algunos dirigentes radicales. Honorio Pueyrredón, Eduardo Laurencena, Enrique Mosca, Ernesto Boatti y José Tamborini se mostraron contrarios a aceptar ese acuerdo con el gobierno. En cambio, Elpidio González, Mario Guido, Parra, Zara, López Merino y otros referentes de Capital Federal y provincia de Buenos Aires se manifestaron a favor. Quijano creía que si no se aceptaba este ofrecimiento del gobierno, el radicalismo terminaría disgregándose, que su electorado obrero se iría con el sindicalismo y que la juventud se iría con el comunismo. Consideraba que la etapa mística y dogmática del partido había desaparecido con Yrigoyen y que las jerarquías se habían terminado con Alvear. Creía, también, que se estaba abriendo una posibilidad al radicalismo que no se podía rechazar.
Como parte de estas tratativas, el 2 de agosto de 1945 Quijano fue designado ministro del Interior, cargo que asumió dos días más tarde. En un comunicado que dio a conocer a la prensa, señaló que aceptó el cargo solamente con su conciencia, porque estaba a favor de las libertades sociales y reconocimientos que venía implementando el gobierno y que según su interpretación, venía a cumplir con los principios de democracia integral sancionados en la Constitución de 1853. Inmediatamente, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical procedió a cancelar su ficha de afiliación por haber violado la disposición del 25 de junio que prohibía a los radicales colaborar con el gobierno.