miniaturadeimagen|300px|Fuente Mágica de Montjuic, plaza de Carles Buïgas, Barcelona. Las fuentes de Barcelona (España) constituyen un conjunto de diversos tipos de surtidores de agua que se utilizan, bien para el consumo público, o bien como elementos ornamentales, ya sean fuentes propiamente dichas, ya se trate de estanques, surtidores, cascadas, construcciones o elementos diversos de tipo arquitectónico o ingenieril. Pueden variar desde el más sencillo caño de agua o la fuente elaborada en serie, hasta complejos conjuntos de fuentes decorados con esculturas u otros elementos ornamentales. Por dicho motivo, junto con el conjunto de la estatuaria pública de la ciudad, constituyen una excelente muestra más del acervo de arte público de Barcelona, ya que la Ciudad Condal siempre ha apostado por el arte y la cultura como una de sus principales características identitarias. Muchas de las fuentes de la ciudad añaden a su carácter funcional un factor ornamental que, como el resto de obras de arte de sello municipal, ha variado con el tiempo y el devenir de tendencias artísticas, y ha dejado a la capital catalana un conjunto de obras admiradas tanto por los ciudadanos como por los visitantes que llegan a la ciudad. En Barcelona hay unas 1800 fuentes públicas, entre las cuales hay unas 600 que son de agua potable, mientras que unas 200 se consideran ornamentales.
Antiguamente, las fuentes solían instalarse en plazas o lugares céntricos de los pueblos para abastecer de agua a la población, siendo su primera función eminentemente práctica. Al tratarse de una necesidad básica, la provisión de agua solía reunir en ese lugar a sus habitantes, por lo que se convirtieron en lugares de encuentro y reunión que favorecían las relaciones sociales de la comunidad. Así, estos lugares fueron ganando cada vez más relevancia, por lo que empezaron a ser ornamentados y a convertirse en verdaderos monumentos del ámbito urbano.
Principalmente durante el , las fuentes dejaron de ser meras canalizaciones de agua para convertirse en piezas ornamentales que, como el resto de arte público de la ciudad, evolucionaron con los estilos artísticos que se iban sucediendo en el tiempo. Así, las fuentes podían ser monumentos dedicados a la memoria de algún personaje, o bien conjuntos ornamentales sin más justificación que su valor estético; o también podían tener un componente lúdico, como acompañamiento de lugares de ocio y recreo.
Las primeras fuentes que aún subsisten en Barcelona proceden de la Edad Media, y se sitúan en la parte vieja de la ciudad. La primera fuente de carácter monumental que se conserva es la fuente de Santa Eulalia, en la plaza del Pedró, construida en 1673; originalmente, se trataba de un monumento escultórico, que fue convertido en fuente en el . Desde entonces se ha creado un gran número de fuentes ornamentales, al lado de los simples pilones de agua que también cumplen su misión con modestia, siendo recurso vital para el funcionamiento de la ciudad.
Las fuentes de Barcelona han ido surgiendo con el devenir histórico y artístico de la ciudad, y en ese sentido cabe resaltar que muchas proceden de importantes procesos urbanísticos y eventos celebrados en la Ciudad Condal, como el Ensanche de Barcelona, la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, los Juegos Olímpicos de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas de 2004.
Historia Edad Media miniaturadeimagen|250px|Fuente de Santa Ana (1356), avenida del Portal del Ángel con Cucurulla. Los primeros vestigios conservados de fuentes situadas en vías o edificios públicos proceden de la Edad Media, época en que la ciudad formaba parte de la Corona de Aragón y era un importante eje marítimo y comercial del mar Mediterráneo. El recinto de la ciudad fue creciendo desde el primitivo núcleo urbano —lo que hoy día es el Barrio Gótico—, y en el surgió el barrio de El Raval. Barcelona tenía entonces unos 25 000 habitantes.
Por entonces el uso industrial del agua estaba asegurado con la Acequia Condal y la canalización del agua de Montjuic hasta el Pla de la Boqueria, mientras que el consumo doméstico se efectuaba principalmente a través de pozos, que dependían de la pluviometría y provocaban escasez de suministro en épocas de sequía. Así, para paliar esta carencia y asegurar un suministro regular a la población, en este período se abrieron fuentes en diversas zonas de la ciudad, la mayoría de carácter eminentemente utilitario, por lo que no hubo mucho lugar para la creación artística.
La primera que se conserva es la fuente de Santa Ana, en la avenida del Portal del Ángel con la calle de Cucurulla, fechada en 1356. Era una fuente sin ornamentación, que al principio servía también como abrevadero de caballos. Originalmente tenía forma octogonal, pero luego fue adosada al Palacio Pignatelli —actual sede del Real Círculo Artístico de Barcelona—, y solo quedaron a la vista cinco de sus lados. En 1819 fue reformada y ampliada, y en 1918 fue decorada con unos plafones de cerámica de estilo novecentista, así como cuatro jarrones de cerámica vidriada, todo ello obra de Josep Aragay. Las imágenes contienen figuras femeninas, hidras y guirnaldas florales, y la central presenta también el escudo de Barcelona.
Le siguió la fuente de San Justo, en la plaza homónima, de 1367. Situada delante de la iglesia de los Santos Justo y Pastor, como esta es de estilo gótico, obra de autor desconocido. Tiene planta trapezoidal, con tres mascarones que vierten el agua sobre una pila, mientras que en la parte superior figura una imagen de san Justo situada entre los escudos de Barcelona y la Corona de Aragón. En un lateral que da a la calle de la Palma de San Justo hay también esculpido un halcón con una perdiz entre sus garras. En 1831 se le añadió una balaustrada en su parte superior.
miniaturadeimagen|250px|izquierda|Fuente de San Jorge (1449), de Andreu Escuder, Catedral de Barcelona. De esta época es también la fuente de Santa María, en la plaza homónima, construida en 1403 por Arnau Bargués, maestro de obras, autor del cimborrio de la Catedral de Barcelona y de la fachada antigua de la Casa de la Ciudad. Se halla frente a la Basílica de Santa María del Mar, en una zona antaño aristocrática, por lo que se la conocía también como Fuente de los Señores. Tiene planta trapezoidal, adosada a un edificio contiguo, cuyos antiguos moradores tenían un huerto encima. En la parte que da a la basílica está la fuente propiamente dicha, sobre la cual hay un rosetón circular de tracería calada; en el lado de la calle de la Argenteria hay dos gárgolas zoomórficas, un dragón y un león actualmente decapitados, y los escudos de la ciudad y el reino; el tercer muro es liso y sin decoración.
En el claustro de la Catedral de Barcelona se construyó en 1449 la fuente de San Jorge, en sustitución de una del siglo anterior que proveía agua procedente de Collserola. Fue obra del arquitecto Andreu Escuder, quien construyó una fuente en forma de aljibe de 16 lados, sobre el que se halla una taza de forma octogonal con mascarones que vierten agua en cada lado, todo ello enmarcado por un templete de estilo gótico en cuya clave de bóveda se esculpió una imagen del santo patrón de Cataluña, obra del escultor Antoni Claperós. En 1970 se situó sobre el surtidor de la fuente una estatuilla del santo a caballo, obra de Emili Colom. Esta fuente es famosa por la fiesta de l'ou com balla, celebrada el día de Corpus, en que se hace bailar un huevo sobre el chorro de agua.
De esta época procede igualmente la fuente de San Jorge ubicada en el Patio de los Naranjos del Palacio de la Generalidad de Cataluña. Está formada por un surtidor de forma octogonal, en cuyo centro se yerguen cuatro columnas que sostienen una taza que aloja una imagen ecuestre de san Jorge, obra de 1926 de Frederic Galcerà.
Entre finales del y principios del el arcediano Lluís Desplà i d'Oms mandó reformar la conocida como Casa de l'Ardiaca situada junto a la Catedral de Barcelona. En el centro del patio se colocó una fuente compuesta por una taza cuadrangular con una columna que alberga una segunda taza de forma circular a media altura, y que, como en el claustro de la Catedral, el día de Corpus se festeja con l'ou com balla.
Edad Moderna miniaturadeimagen|250px|Fuente de Portaferrissa (1680). En este período Barcelona pasó a formar parte del nuevo reino de España surgido de la unión de las coronas de Castilla y Aragón. Fue una época de alternancia entre períodos de prosperidad y de crisis económicas, especialmente por las epidemias de peste en el y por conflictos sociales y bélicos como la Guerra dels Segadors y la Guerra de Sucesión entre los siglos y , aunque en este último siglo repuntó la economía gracias a la apertura del comercio con América y al inicio de la industria textil. La ciudad seguía encorsetada en sus murallas —la única ampliación fue en la playa, el barrio de la Barceloneta—, pese a que al final del período tenía casi 100 000 habitantes.
miniaturadeimagen|250px|izquierda|Fuente de Santa Eulalia (1673), plaza del Pedró. En cuanto a fuentes públicas únicamente se conserva la de Puertaferrisa, en la calle homónima, original de 1680 y de autor desconocido. Sustituía a una fuente situada en la esquina de la Rambla con la calle del Carmen, junto al colegio jesuita de Belén, cuyo rector quería construir una capilla en su lugar. Se situó entonces junto al Portal de la Ferrisa, una de las puertas de acceso junto a la muralla de la ciudad, cuyo nombre provenía de una barra de hierro situada en esa ubicación, que servía para establecer medidas longitudinales. En 1959 fue decorada con unos plafones de cerámica confeccionados por Joan Baptista Guivernau, con una imagen de la zona ambientada en el con la presencia de san José Oriol sobrevolando la muralla, y un texto escrito por Pere Voltes sobre la historia de la fuente.
miniaturadeimagen|200px|Fuente de Neptuno (1784), de Joan Enrich. Litografía de Chapuy, sección de Grabados de la Biblioteca de Cataluña. Del procede también la fuente de Santa Eulalia, dedicada a la patrona de la ciudad. Inicialmente fue un monumento escultórico, erigido en la plaza del Pedró en 1673, y más tarde reconvertido en fuente. Fue realizada por el maestro de obras Benet Parés, con una imagen de madera de la santa realizada por Josep Darder, que en 1685 fue sustituida por otra de mármol de Llàtzer Tramulles y Lluís Bonifaç. En 1826 la base del monumento fue convertida en fuente, remodelación efectuada por Josep Mas i Vila. En 1936 el monumento fue derribado en el inicio de la Guerra Civil, pero en 1951 fue reconstruido con una nueva imagen, obra de Frederic Marès. La base del monumento es una fuente cuadrada sobre la que se levanta un obelisco rematado por la estatua de santa Eulalia, que lleva los atributos de su martirio: la palma y la cruz en aspa. Está considerada como el monumento público más antiguo que se conserva en la ciudad en su emplazamiento original, pese a que la obra en sí ha sido restaurada varias veces y ya no puede considerarse como la original.
En 1784 se construyó la fuente de Neptuno (o fuente de la Aduana), obra de Joan Enrich promovida por el conde del Asalto. Estaba situada junto a la Aduana, en la ubicación de la actual Estación de Francia. Representaba al dios Neptuno de pie sobre unos delfines y un pedestal con bajorrelieves, en medio de una taza de agua. La estatua fue destruida en la revuelta popular de 1843 y sustituida por una copia efectuada por un picapedrero, hasta que en 1877 la fuente fue desmontada; solo se conservó el bajorrelieve del pedestal, que se encuentra en el Museo de Historia de Barcelona.