La intervención francesa en Odesa y Crimea tuvo lugar entre finales de 1918 y principios de 1919. Escasa de fuerzas y de simpatías entre la población de la región, supuso un fracaso que acabó con la evacuación del territorio en abril de 1919.
Las fuerzas capitaneadas por Francia desembarcaron en Ucrania en diciembre de 1917. Escasas de personal, de oficiales y de pertrechos, desmoralizadas y receptivas a la propaganda bolchevique, pronto tuvieron que abandonar el plan ofensivo inicial y adoptar una estrategia defensiva ante las fuerzas bolcheviques. Gracias a la llegada de refuerzos a lo largo de diciembre de 1918 y enero de 1919, los Aliados lograron tomar en control de diversas ciudades en Ucrania y Crimea: Jersón, Mykolaiv, Sebastopol y Tiraspol, algunas cedidas por acuerdo por el Directorio de Ucrania.
Con tropas escasas y desmoralizadas, contrarias a arriesgar la vida en Rusia por una causa que no comprendían, los mandos franceses vieron escaso futuro a la campaña. Las fuerzas bolcheviques parecían numerosas, bien mandadas y respaldadas por la población que recibió, por el contrario, con hostilidad a las de la Entente. Las antibolcheviques, por su parte, fueron incapaces de forjar una alianza, separadas por profundas diferencias que causaron frustración a los franceses. Las derrotas en Jersón y Mykolaiv en marzo convencieron a los mandos franceses de la conveniencia de llegar a un acuerdo con las autoridades bolcheviques y poner fin a la expedición. Este se aprobó a finales de marzo y se llevó a cabo a comienzos del mes siguiente. El atamán Nikífor Grigóriev, formalmente sometido al mando bolchevique de Vladímir Antónov-Ovséyenko, había logrado expulsar a las fuerzas aliadas de las ciudades costeras ocupadas a finales de 1918 y principios de 1919.
Antecedentes Primeras acciones en Rusia Georges Clemenceau, primer ministro francés que decidió intervenir militarmente en el guerra civil rusa en favor de las fuerzas antibolcheviques, en parte por motivos económicos.|thumb|right El 23 de diciembre de 1917, los Gobiernos británico y francés habían dividido la región en zonas de operaciones: Crimea, la cuenca Donéts y Ucrania quedaron en la parte francesa. Además, el primer ministro francés, Georges Clemenceau, aprobó un crédito de cien millones de francos para financiar actividades antibolcheviques en Rusia. La idea de Clemenceau era utilizar el control de Ucrania —rica en cereal— y la industria de Donetsk para tratar de recuperar las pérdidas de los inversores franceses en Rusia una vez que el nuevo Gobierno bolchevique hubo rechazado el pago de la deuda rusa. Durante el primer año de gobierno bolchevique, la ayuda francesa a sus enemigos se limitó a financiación y el envío de algunos asesores militares. Este no era, sin embargo, el plan original de Clemenceau, que preveía el envío de varias unidades aliadas a Rusia una vez terminados los combates en los Balcanes y en Oriente Próximo. El cuerpo expedicionario aliado debía servir como núcleo aglutinador de las fuerzas antibolcheviques rusas. Estas tropas debían facilitar la instauración de un nuevo Gobierno ruso favorable a los intereses políticos y económicos de la Entente. Poco antes de la Revolución de Octubre, el alto mando francés en París había diseñado planes para intervenir en Rusia, mantener el frente oriental y evitar que zonas de interés económico estratégico cayesen en manos alemanas.
Tras la firma de la firma de la paz entre Rusia y los Imperios Centrales en marzo de 1918, el Ministerio de Exteriores francés, apoyado por su antiguo embajador en Rusia, Joseph Noulens, abogó por la ruptura total de relaciones con el Sovnarkom —no reconocido oficialmente por París como Gobierno—, mientras que los mandos militares defendían el acuerdo con Lenin para limitar el avance alemán. Noulens y el ministerio propusieron, por el contrario, sostener a los grupos antibolcheviques empeñados en el derrocamiento del Gobierno bolchevique. A finales del verano de 1918, París adoptó la posición hostil a Moscú que recomendaban sus diplomáticos. Clemenceau decidió enviar una expedición militar a Rusia, a pesar del escepticismo de los mandos militares sobre sus posibilidades de éxito.
Planes franceses El general francés Henri Berthelot, veterano del frente oriental, quedó al mando de la intervención militar en Ucrania y Crimea. Desilusionado con sus resultados, solicitó el relevo poco antes del final de la campaña.|thumb|right El primer indicio de la intención del Gobierno de París de intervenir en el sur del antiguo Imperio ruso fue el nombramiento el 7 de octubre de 1918 del general Henri Berthelot —veterano del frente oriental— al frente de una misión militar que cubría Rumanía y Ucrania. Su misión no solo era asegurarse de la retirada de las fuerzas de los Imperios Centrales de los dos territorios, sino también «llevar a cabo el cerco económico del bolchevismo y provocar su caída». Berthelot debía servirse de las unidades aliadas desplegadas en los Balcanes en una intervención militar que combinaba objetivos políticos y económicos, al estilo de las expediciones coloniales. Para calmar las suspicacias de Denikin, que consideraba a Berthelot demasiado prorrumano, y asegurar la seriedad de los planes franceses, el general francés aseguró al representante de Denikin, el general Shcherbachev, que los Aliados estaban dispuestos a emplear doce divisiones en el sur de Rusia y a colaborar con sus fuerzas en la lucha contra los bolcheviques. Estas promesas se basaban en información oficiosa que Berthelot había recibido en Francia antes de partir en su misión y resultaron exageradas, aunque alimentaron las ilusiones del Ejército de Voluntarios.
Por su parte, el general Franchet d'Espèrey, de cuyas fuerzas debían salir las de Berthelot y que se hallaba en malas relaciones con Clemenceau, criticó severamente los planes de intervención. Según Franchet d'Espèrey, las fuerzas previstas para la operación eran muy insuficientes, parte de las unidades que debían marchar al este se encontraban muy debilitadas y algunas, como las senegalesas, resistirían mal el duro clima de la región. Advirtió además del desánimo y hartazgo de la guerra que se había extendido entre algunas unidades. Pronto Berthelot comenzó a compartir el escepticismo de Franchet d'Espèrey sobre la campaña: en vez de las doce divisiones previstas, solo pudo obtener tres y una de ellas se hallaba debilitada por la extensión de la gripe en sus filas.
Tras varias semanas sin recibir más instrucciones sobre su misión, Berthelot finalmente obtuvo más información el 21 de noviembre: la operación debía ir más allá de la ocupación de Odesa y para ello contaría con tres divisiones francesas y otras tantas griegas, además de un contingente rumano que se le enviaría más tarde. Berthelot, que consideró estas fuerzas insuficientes para garantizar el éxito de la misión, sugirió la inclusión de quince regimientos rumanos, encuadrados en divisiones mixtas franco-rumanas, lo que hacía necesario el aumento de las fuerzas francesas en unos siete o nueve regimientos. Tanto las unidades de apoyo como la artillería o la financiación de estas unidades tendría que correr a cargo de Francia. En diciembre, advirtió de nuevo de la probabilidad de fracasar si las fuerzas asignadas a la campaña resultaban exiguas, opinión que compartía Franchet d'Espèrey —quien prefería armar a las fuerzas locales antibolcheviques y limitar la participación francesa al envío de asesores—. Finalmente el Gobierno francés, deseoso de desmovilizar unidades y con otras regiones a las que atender, no aprobó el plan de Berthelot, al que solo envió parte de una división francesa y algunas unidades griegas. La inclusión de estas se debió al deseo de Clemenceau de utilizar tropas aliadas en vez de francesas en lo posible y a la disponibilidad de fuerzas griegas relativamente frescas a cambio de promesas del trato favorable a las reclamaciones territoriales griegas en la Conferencia de Paz de París.
En efecto, las autoridades griegas prometieron la participación de cuarenta y dos mil hombres, encuadrados en tres divisiones del I Cuerpo de Ejército, aunque solo dos de ellas —la 2.ª y la 13.ª— se desplegaron finalmente en territorio ucraniano. A las tropas de tierra, se unió una escuadra aliada formada por buques franceses, británicos y griegos.
Situación de la región en vísperas de la intervención En noviembre de 1918, la 7.ª División alemana llegó a Odesa —ciudad con gran mezcla de población, apenas un quinto ucraniana y con gran cantidad de rusos y judíos— para sustituir a las fuerzas austrohúngaras que se retiraban. Pronto la unidad quedó aislada del resto del país por las fuerzas del Directorio de Ucrania, que la cercaron. Buques de guerra británicos y franceses atracaron en el puerto (17 de diciembre), pero no desembarcaron tropas. La presencia de estos barcos, sin embargo, animó a oficiales polacos y rusos a crear unidades de voluntarios. Con la llegada de fuerzas del directorio a los suburbios de la ciudad el 24 de diciembre estas unidades se refugiaron en el puerto, bajo protección aliada. La ciudad quedó en manos de las unidades de Petliura, que mantenían una tregua precaria con los seguidores de Denikin.
Ocupación de Odesa y extensión por la costa Soldados franceses desplegados en Odesa.|thumb|right Un cuerpo expedicionario francés desembarcó en la ciudad una semana más tarde de la llegada de las unidades del directorio y, con ayuda de los oficiales polacos y rusos y tras duros combates, las expulsó de la ciudad. Los alemanes se mantuvieron neutrales en el conflicto, mientras trataban con relativo éxito de abandonar la ciudad. La 15.ª División alemana destacada en Mykolaiv se encontraba en una situación similar a la 7.ª atrapada en Odesa.
El objetivo inicial del Gobierno francés era lograr la derrota militar de los bolcheviques y hacerse a la vez con una zona de influencia en la zona que pudiese aportarle beneficios económicos. Una vez controlada Odesa, el general Borius, al mando de las fuerzas francesas que la habían ocupado, la declaró bajo protección francesa, pero nombró al general Grishin-Almazov, representante local de Denikin, gobernador militar de la ciudad, lo que intensificó la impresión de que los franceses respaldaban a este. Mykolaiv a principios del . Fue una de las diversas poblaciones que el Directorio de Ucrania entregó al control militar aliado a comienzos de 1919.|thumb|left
Mientras contingentes polacos, rusos y rumanos se mantenían en Odesa, unidades griegas desembarcaron en Jersón. Otras unidades aliadas se desplegaron por Sebastopol el 25 de diciembre. El mando conjunto quedó en manos del general francés Philippe d'Anselme a partir de enero. Este ordenó a la 15.ª División alemana mantener el orden en Mykolaiv. Esta ciudad, junto con Tiraspol y Jersón, quedó controlada por los Aliados. D'Anselme negoció la entrega pacífica de Jersón y Mykolaiv con los delegados de Petliura. Estas conversaciones disgustaron a Denikin, a pesar de que D'Anselme le recordó que sus órdenes indicaban que debía cooperar con todas las fuerzas antibolcheviques y que los tratos con el directorio no tenían carácter político, sino únicamente militar. Las negociaciones con el directorio continuaron infructuosamente hasta febrero, cuando los bolcheviques lo expulsaron de Kiev. Este se había mostrado dispuesto a aceptar la práctica totalidad de las exigencias francesas a excepción de la dimisión de Petliura, pero esto no bastó para que se alcanzase un acuerdo entre la Entente y aquel. Además, cuanto mayor era la debilidad del directorio, menor resultaba el interés francés para pactar con él. Las conversaciones, sin embargo, habían permitido ampliar el perímetro bajo control francés en torno a Odesa y facilitar el dominio de una franja de territorio que llegaba hasta el Dniéper sin necesidad de combatir.