thumb|300px|Una propuesta de la ruta seguida por la expedición de Hernando de Soto, basada en el mapa de 1997 de Charles M. Hudson. thumb|300px|Mapa de La Florida, como fue descubierta/explorada por Hernando de Soto. Mapa grabado en Leide, de Pieter van der Aa.
La conocida como expedición de Hernando de Soto (1539-1543) fue una fracasada campaña española que tenía como fin colonizar la Florida española, dirigida por el extremeño Hernando de Soto. Fue la primera expedición europea que se internó profundamente en el hoy territorio de Estados Unidos, y la primera documentada por haber cruzado el río Misisipi. Persiguiendo los mismos objetivos que Juan Ponce de León (1513), Lucas Vázquez de Ayllón (1526) y Pánfilo de Narváez (1527-1536) fue una vasta empresa que con más 600 hombres vagó a lo largo del sudeste de los Estados Unidos en busca de oro, plata y de un pasaje a la China. De Soto murió en 1542 a orillas del río Misisipi, en lo que ahora es Arkansas y Luisiana.
Al mando de Luis de Moscoso Alvarado, y tras haber recorrido a pie buena parte del sur de lo que hoy son los Estados Unidos y luego navegar por la costa del golfo de México, los entre 300 y 350 supervivientes lograron regresar a la Ciudad de México en 1543.
Desde el punto de vista de los españoles la expedición, aunque reivindicó gran parte de América del Norte para España, fue un fracaso ya que no adquirieron ni oro ni prosperidad ni fundaron colonias, aunque los registros de la expedición contribuyeron en gran medida al conocimiento europeo de la geografía, biología y etnología del Nuevo Mundo. La expedición cambió la actitud de la Corona hacia el interior del continente y los españoles concentraron en adelante sus campañas en el actual estado de Florida y a lo largo de la costa del Pacífico.
Antecedentes thumb|200px|left|Grabado de la Library of Congress.«HERNANDO DE SOTO: extremeño, uno de los descubridores y conquistador del Perú: recorrió toda la Florida y venció a sus naturales invencibles hasta entonces; murió en su expedición: el año de 1543 a los 42 de su edad».
En 1536 Hernando de Soto ya era un conocido conquistador que había participado con éxito en la conquista del Perú y que había vuelto a España con muchas riquezas. Había ido a América en 1514 con Pedro Arias Dávila, con solamente un escudo y su espada, desembarcando en Panamá. En 1523 ya lideraba una unidad de la caballería y fue con Francisco Hernández de Córdoba en su viaje de descubrimiento y colonización a través de Nicaragua y de Honduras, donde ganó fama como jinete, y como combatiente de tácticas excelentes.
En 1528 de Soto condujo su propia expedición a lo largo de la costa de Yucatán, esperando encontrar la conexión por el mar directa, entre el Atlántico y el Pacífico. Luego acompañó a Francisco Pizarro, como capitán, en su empresa en Perú. De Soto descubrió la ciudad de Cajas y con un grupo de avanzada de cincuenta hombres, fue enviado por el gobernador Pizarro a la ciudad del Cuzco, la capital del imperio inca, con el fin de abrir camino para el resto de la tropa. En el trayecto se enfrentó numerosas veces al ejército de Quisquis, ganando varias batallas y perdiendo algunas. Fue socorrido por Diego de Almagro y juntos entraron en la ciudad imperial. Después de que Atahualpa hubiera sido arrestado durante la batalla de Cajamarca en 1532, de Soto le visitó a menudo durante el confinamiento, y allí surgió una amistad entre ambos. Fue enviado al norte a buscar al ejército de Rumiñahui y para unirse con Sebastián de Belalcázar, pero realmente lo que se buscaba era alejarlo con el fin de evitar la presencia de uno de los defensores del inca e impedir su ajusticiamiento. Finalmente, de Soto decide retirarse del Perú y regresar a España llevando con él aproximadamente 100.000 pesos de oro, su parte de la conquista del imperio inca.
Fue a Sevilla, donde se casó en 1537 con Inés de Bobadilla, la hija de Dávila, que pertenecía a una de las familias más respetables de Castilla, con influencia en la corte española. De Soto, habiendo visto los legendarios recursos del Perú, cuando leyó el informe escrito por Álvar Núñez Cabeza de Vaca —uno de cuatro sobrevivientes de la desastrosa tentativa de Pánfilo de Narváez para conquistar la Florida— sospechó que allí debía de existir una riqueza similar. De Soto vio su ocasión para realizar una conquista famosa como las de Pizarro o Cortés.
Gracias a sus contactos y fama, logró entrevistarse en 1538 con el emperador Carlos V, a quien solicitó autorización para una nueva expedición a La Florida, que costearía con sus propios medios y ofreciendo a la Corona la mitad de las ganancias de la empresa. El emperador le nombró adelantado, capitán general de todas las tierras descubiertas y gobernador de Cuba. De Soto vendió gran parte de sus bienes y se equipó para realizar la expedición en aquellas tierras casi inexploradas. Su misión sería conquistar, situarse, y «pacificar» los territorios desconocidos. Comprometía toda su fortuna, pero en caso de éxito, sería dueño de un inmenso territorio, prácticamente todo lo que había al norte del entonces virreinato de la Nueva España.
Preparativos de la expedición en Cuba Con la promesa de grandes riquezas, De Soto consiguió reunir fácilmente una tropa de soldados dispuestos a ir a América. Acompañado de Isabel, salió de Sanlúcar de Barrameda el 6 de abril de 1538 capitaneando la nao insignia San Cristóbal, con diez naves más y 950 hombres de armas, ocho sacerdotes, dos domínicos, un franciscano y un trinitario. La expedición llegó a Santiago de Cuba el 7 de junio de 1538, y en el mes de agosto partió Isabel con su familia y la infantería, en los cinco barcos que constituían la flota, rumbo a la villa de La Habana, mientras Soto, sus oficiales y caballerías, hacían el viaje por tierra. En las Navidades de aquel año ya se encontraba reunida en La Habana toda la familia.
Tras casi un año de preparativos y resolviendo asuntos de gobierno, el 17 de mayo de 1539 tras hacer testamento y dejar su cargo de administrador del archipiélago a su esposa Isabel —quien administró el archipiélago como Gobernadora y Capitán General entre 1539 y 1544, la primera y única mujer que ostentó la máxima autoridad de la Isla, durante el largo período colonial de cuatro siglos— de Soto partió de La Habana al frente de la expedición hacia La Florida, la mejor equipada de todas las que partieron de la isla.
La expedición En La Florida (1539 - principios de 1540) 250px|thumb|Hernando de Soto en Tampa Bay en 1539.James Smillie, Seth Eastman, De Soto -- Tampa Bay, Florida--1539, 1853 .
En mayo de 1539, de Soto desembarcó con nueve barcos y más de 620 hombres y 220 caballos en el sur de la bahía de Tampa, a la que dio el nombre de Espíritu Santo. Los barcos llevaban sacerdotes, artesanos, ingenieros, agricultores y comerciantes; algunos con sus familias, algunos desde Cuba, la mayor parte desde Europa y África. Pocos habían viajado antes fuera de España, o incluso de sus aldeas de origen. El objetivo de Soto era colonizar el área, preferiblemente buscando una ciudad como Cuzco o Ciudad de México y por ello llevaban varias toneladas de pertrechos, herramientas, armas, cañones, además de animales domésticos como mulas, vacas, cerdos y gallinas, además de algunos perros feroces que protegidos por armaduras provocarían el terror de los indios.
Cerca del puerto de Soto, la partida encontró a Juan Ortiz, un español, que vivía con los Mocoso. Ortiz había llegado a la Florida en un barco que pretendía avituallar a la expedición de Narváez y fue capturado por los Uzica, una tribu de Calusa. La hija del jefe Hirrihigua sirvió como precursora de Pocahontas pidiendo por la vida de Ortiz, ya que su padre había ordenado que lo quemaran vivo. Ortiz sobrevivió al cautiverio y a la tortura y más tarde se había escapado a Mocoso. Ortiz conocía el terreno y el idioma de los timucuas y sirvió a de Soto como guía e intérprete mientras atravesaba las zonas de habla timucua en su camino a Apalachee.DeSoto's Florida Trails - retrieved 5 September 2008
De Soto estableció un método único para guiar la expedición y establecer comunicación con varios dialectos tribales. Reclutó a guías de cada tribu a lo largo de la ruta y estableció una cadena de comunicación mediante la cual un guía que había vivido en las proximidades de otra área tribal era capaz de pasar información y lengua a otro guía de un área vecina. Debido a que Ortiz se negó a vestirse como un hidalgo español, otros funcionarios cuestionaron sus motivos. De Soto fue leal a Ortiz y le permitió vestirse libremente y vivir entre sus amigos. Otro guía importante fue Perico, o Pedro, de diecisiete años, que participó en la expedición desde la actual Georgia. Hablaba varios de las lenguas de las tribus locales y podía comunicarse con Ortiz. Perico fue tomado como guía en 1540 y fue tratado mejor que el resto de los esclavos, debido a su valía para los españoles.
La expedición viajó hacia el norte, explorando la costa oeste de Florida, encontrándose un país en el que abundaban los pantanos y que estaba plagado de mosquitos, serpientes y caimanes, siendo extremadamente cálido, húmedo y malsano. Sufrieron emboscadas y conflictos con los nativos en el camino. El primer campamento de invierno de De Soto estaba en Anhaica, la capital de los apalachee, cerca del lago Tallahas. Es uno de los pocos lugares de la ruta del que los arqueólogos han encontrado restos físicos de la expedición. Fue descrito como cercano a la "bahía de los caballos" de la expedición de Narváez. La bahía había sido nombrada porque los miembros muertos de hambre de la expedición de Narváez habían tenido que matar y comerse a sus caballos, mientras construían barcos para escapar de la región.
En Georgia, las Carolinas, Tennessee, Alabama y Misisipi (1540)
thumb|250px|Los hombres de De Soto incendian Mabila, ilustración de Herb Roe.
Desde su ubicación de invierno en el panhandle occidental de Florida, después de haber oído que se estaba extrayendo oro de minas «hacia donde nace el sol», la expedición reemprendió la marcha en marzo de 1540 y siguió hacia el noreste a través de lo que hoy es el moderno estado de Georgia. Recientemente se realizaron hallazgos arqueológicos en un sitio remoto, de propiedad privada, cerca del río Ocmulgee en el condado de Telfair. Estos hallazgos incluyen nueve cuentas comerciales de vidrio, algunas de las cuales llevan un patrón de chevron se cree era indicativo de la expedición de Soto. También se encontraron seis objetos metálicos, incluyendo un colgante de plata y algunas herramientas de hierro.
Oyendo hablar del famoso tesoro del oro de Cofitachequi (una jefa india), y acompañados por los ocutes, unos nativos amistosos, la expedición continuó de marcha durante semanas, con hambre y sed, con porteadores que no sabían la manera de atravesar los territorios de Cofitachequi. No obstante, a mitad de mayo, la expedición descubrió la capital de la tribu, situada en el sitio que hoy se conoce como Columbia, en Carolina del Sur. Recibieron a los españoles con una bienvenida relativamente amistosa y a cambio de perlas, les dieron alimentos y otros bienes. Los españoles exigieron ver el oro de la ciudad inmediatamente. Tras un examen más detenido el «oro» resultó ser simple cobre. Encontraron algunas armas y unas piezas de oro en la ciudad, procedentes de una expedición costera anterior (presumiblemente la de Lucas Vázquez de Ayllón, 1526).