thumb|340px|Balcones de la Plaza Mayor de Madrid. Madrid galdosiano o Madrid de Galdós es el conjunto de escenarios geográficos, históricos y sociológicos que en la obra de Benito Pérez Galdós representan la ciudad y los habitantes del pueblo de Madrid. Una suma de grupos humanos tan diversos como las casas y calles que habitaron o los círculos y ocupaciones que compusieron su existencia literaria. El Madrid de Galdós, como el Londres de Dickens o el París de Balzac, conforma un entramado con una identidad propia en el contexto de la narrativa española del Realismo en la Literatura Universal. Un mérito que, si ha de considerarse como tal, Galdós, sin duda, jamás pretendió; pues antes que literarias sus preocupaciones siempre tuvieron como objetivo «adentrarse en el alma española... descubrir el ser español, saber ¿qué es España?». Y su laboratorio singular fue la ciudad y el pueblo de Madrid.

Quizá nadie mejor que María Zambrano, una de las más profundas analistas de la obra y persona de Galdós, para definir la importancia del concepto que encierran esas dos palabras, Madrid galdosiano, con estas otras, escritas pocos años antes de su muerte:

thumb|400px|"Costumbres populares de Madrid. La romería de San Isidro". Dibujo de Daniel Perea, publicado en La Ilustración Española y Americana en mayo de 1875.

Galdós, vecino madrileño

Benito Pérez Galdós llegó a Madrid en el tren que le traía desde Alcázar de San Juan, después de un largo viaje desde su Canarias natal. Ocurrió a finales de septiembre de 1862 y el joven aspirante universitario tenía 19 años. Lo recibió «el Madrid isabelino, agradable, atractivo, simpático, de vida fácil, donde, aunque sea inexplicable, se podía vivir sin trabajar». Recién llegado recaló por poco tiempo en el barrio de Lavapiés, en una pensión de la calle del Olivar; de allí se mudó a un segundo piso del número 3 de la calle de las Fuentes, a otra pensión más céntrica, cercana al Teatro de la Ópera de Madrid, donde se hospedaban sus paisanos Miguel Massieu y Fernando León y Castillo, compañero de colegio en Las Palmas de Gran Canaria, y que ya llevaba en la capital española dos años como estudiante de Derecho.Pérez Vidal, José. «En aquella casa.» CSIC/Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos. Consultado en agosto de 2014. Con el mayor de los León y Castillo acude el recién llegado a la capital española, a la tertulia de canarios que se reunía en el Café Universal de la Puerta del Sol, círculo en el que conoció a Luis Francisco Benítez de Lugo, atractivo personaje tinerfeño, octavo marqués de la Florida y seis años mayor que Galdós.Según refiere Pedro Ortiz-Armengol, citando el estudio que sobre Galdós publicó en 1948, el hispanista norteamericano Hyman Chonon Berkowitz: Pérez Galdós. Spanish Liberal Crusader (University of Wisconsin Press, Madison).Crisol, Cristina. «Redescubrir Madrid de la mano de Galdós.» 13 de noviembre de 2010. El País. Consultado en agosto de 2014. Otro "domicilio alternativo o lugar de peregrinación" del joven Galdós fue el paraíso del Teatro Real, a cinco minutos de la pensión, una novedad apasionante para el melómano provinciano.

Tras pasar el verano de 1863 visitando a su familia en Las Palmas de Gran Canaria, a su regreso a Madrid para matricularse —con retraso de un mes— en las asignaturas del primer curso de Derecho, Galdós cambió de hospedaje, mudándose a una pensión en la calle del Olivo, entre la Gran Vía y Arenal. El establecimiento, propiedad de Jerónimo Ibarburu y su esposa Melitona Muela, aparecerá más adelante en su novela El doctor Centeno (1883) presentado como "pensión de doña Virginia", donde a lo largo de su obra entrarán y saldrán personajes (como Alejandro Miquis, que morirá en ella).

Sin vocación por sus estudios de Derecho, el joven curioso callejeaba «día y noche los barrios de Madrid, principalmente los populares e históricos, con un deseo casi físico de adueñarse de ellos...» En ellos se convirtió Galdós en cirujano de barrios, gentes, edificios de la historia cotidiana madrileña de la segunda mitad del . Como un personaje apenas entrevisto se lo veía en el Café de Naranjeros, en la plaza de la Cebada, el Café de las columnas (en Sol esquina a Espoz y Mina), el café Imperial (luego Café de Montaña) y el gran hogar que fue para Galdós el viejo Ateneo madrileño, cuando se encontraba en la calle de la Montera núm. 22, como aquel que dice, «a dos minutos» de su nueva casa de huéspedes.

Refugiado con sus compañeros de pensión en la calle del Olivo, vivió Galdós, aún mozo y por tanto impresionable, la sublevación del Cuartel de San Gil la tarde del 16 de junio de 1866, que tras el efímero «gemido de la conciencia nacional, abrumada», dejó sobre las calles del centro de Madrid «los despojos de la hecatombe y el rastro sangriento de la revolución vencida».Pasajes de la autobiografía de Galdós Memorias de un desmemoriado, referidos por Pedro Ortiz Armengol, en su artículo "Galdós, vecino de Madrid", con motivo de la Exposición El Madrid de Galdós/Galdós en Madrid, organizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Madrid, en 1988. El joven idealista de 23 años ("con impulso maquinal que brotaba de lo más hondo de mi ser") dejó a un lado sus veleidades de dramaturgo incipiente y tomando unas cuartillas se lanzó por el largo y estrecho callejón que, sin él saberlo, lo llevaría a la gloria universal; en el encabezado podía leerse: "La Fontana de Oro, novela histórica".

Dos años después de aquella tarde aciaga pero reveladora, se iba a producir otro gran cambio en la vida madrileña de Galdós. Junto con una variopinta representación de familiares más o menos allegados, se instalan todos —los ocho— en el, entonces, número 8 de la calle Serrano, en un amplio y luminoso piso tercero de una de las primeras casas construidas en el barrio de Salamanca, justo frente al solar donde se estaba construyendo la Biblioteca Nacional. "Casas de Galdos en Madrid II" (artículo de Manuel Martínez Bargueño) Consultado en agosto de 2014 Allí vivió el colectivo familiar durante seis años, hasta que en octubre de 1876 se trasladó a otro lujoso piso en el número 2 de la plaza de Colón, esquina a la ronda de Santa Bárbara (obra del arquitecto Lorenzo Álvarez Capra), compartido con sus dos hermanas."Redescubrir Madrid de la mano de Galdós", artículo de Cristina Crisol, publicado en el diario El País (03.11.2010)

thumb|Vista de la fachada de la tienda-editorial de las obras de Galdós, en el núm. 32 de la calle de Hortaleza, hacia el año 1900. Foto de Christian Franzen. Gracias a una colección de letras mercantiles firmadas por Galdós y conservadas por su nieto, Benito Verde Pérez-Galdós, se enumeran una serie de domicilios relacionados con Galdós, que no fueron su vivienda habitual familiar, pero en los que de algún modo vivió, trabajó o pasó parte de su tiempo, por motivos comerciales u otros desconocidos aún para los biógrafos —al inicio del —; esas direcciones son: Hortaleza 29 (1881), Fuencarral 53 (1893), Santa Engracia 46 (1894) y San Mateo (1885). También aparece la calle de Hortaleza, como domicilio editorial, en el piso bajo del número 132, oficina conocida como la canariera y considerada el «consulado cultural canario en Madrid». Desde ella movió sus peones en la gran partida del ajedrez editorial, que Galdós, tan buen escritor como mal empresario, perdió en un jaque final frustrado y litigante, que a punto estuvo de llevarlo a la ruina.

El penúltimo domicilio familiar de Galdós, en un barrio más modesto como era el de Gaztambide, fue una casa en el número 46 de la que fuera paseo de Areneros y a partir de 1903 calle de Alberto Aguilera, casi haciendo esquina con la que luego sería trazada como calle Gaztambide. En el piso principal de esa casa con jardincito, en un barrio entonces apacible, vivió Galdós hasta 1914. Desde ella se desplazó hasta el Congreso como diputado republicano por Madrid (1906-1914), y en ella fue operado de cataratas en mayo de 1911. Sin salir del barrio, sus años seniles, sin embargo, los pasó en un hotelito de ladrillo rojo del número 7 de la calle Hilarión Eslava, en compañía siempre vigilante de su sobrino o de Pepe, su criado. Queda noticia de que el incansable vecino de Madrid, ya ciego, dio su último paseo en coche por esta ciudad el 22 de agosto de 1919. No volvería a salir de casa. La uremia lo retuvo en cama a partir del 13 de octubre. thumb|Placa dedicada a Galdós en el lugar donde estuvo su última casa, en la calle de Hilarión Eslava.

La muerte de un vecino

«Ha hecho mucho frío aquel 3 de enero de 1920...» Gregorio Marañón, amigo y médico (y que según los biógrafos lo visitaba a diario, como los médicos de cabecera de 'antes'), se ha retirado a las tres de la madrugada. En el vestíbulo de la casa, el poeta Enrique de Mesa habla por teléfono con un periodista curioso como un buitre. Un grito rasga el aire espeso de la casa al filo de las tres y media de aquella madrugada, última en la vida de don Benito.

«Cuando Galdós murió, el 4 de enero de 1920, el pueblo de Madrid, instintivamente, sintió que algo suyo desaparecía». Tras 48 horas de capilla ardiente, primero en su propia casa y luego en el Patio de Cristales del Ayuntamiento, el 5 de enero partió hacia el cementerio de la Almudena la comitiva oficial del entierro, una columna silenciosa y oscura que fue creciendo cuando medio pueblo de Madrid se unió a ella para acompañar al paseante en su último viaje.

Cronología de Galdós en Madrid