La cruzada de los barones, también llamada cruzada de 1239, fue una expedición organizada por la nobleza francesa siguiendo el llamamiento del papa Gregorio IX, para proteger Jerusalén. Bien preparada militarmente, mal preparada diplomáticamente y dirigida por el conde de Champaña, que carecía de sentido político, no trajo ningún resultado a los cruzados. Por razones que no se conocen bien —tal vez porque consistió solo en parte de la nobleza de un solo país—, no se considera a veces totalmente una cruzada como tal. Estaba compuesta por un ejército imponente, pero las cifras son aproximadas y a menudo diferentes
En términos territoriales, fue la cruzada más exitosa desde la Primera Cruzada, y se extendió ampliamente desde 1234 hasta 1241 y encarnó el punto más alto del esfuerzo papal «para hacer de las cruzadas una empresa cristiana universal». Gregorio convocó a una cruzada en Francia, Inglaterra y Hungría con diferentes grados de éxito. Aunque los cruzados no lograron ninguna victoria militar gloriosa, utilizaron la diplomacia para enfrentarse con éxito a las dos facciones también enfrentadas de la dinastía musulmana ayubí (As-Salih Ismail, en Damasco, y Al-Salih Ayyub, en Egipto), oponiendo una contra otra para obtener aún más concesiones que las logradas por FedericoII en la más conocida Sexta Cruzada. Durante unos pocos años, la cruzada de los barones devolvió al reino de Jerusalén a su extensión mayor desde 1187.
Esta cruzada a Tierra Santa se considera a veces como si fueran dos cruzadas separadas: la del rey Teobaldo I de Navarra, que comenzó en 1239; y, la hueste separada de cruzados bajo el liderazgo de Ricardo de Cornualles, que llegó después de que Teobaldo partiera en 1240. Además, la cruzada de los barones se describe a menudo en conjunto con el viaje concurrente de Balduino de Courtenay a Constantinopla y la captura de Tzurulum con una fuerza separada y más pequeña de cruzados. Esto se debe a que GregorioIX intentó brevemente redirigir el objetivo inicial de su nueva cruzada de liberar Tierra Santa de los musulmanes, a proteger el Imperio latino de Constantinopla de los cristianos heréticos.
A pesar de las fuentes primarias relativamente abundantes, los estudiosos que se han ocupado de ella hasta hace poco han sido pocos, debido, al menos en parte, a la falta de importantes enfrentamientos militares. Aunque GregorioIX fue más allá que cualquier otro papa para crear un ideal de unidad cristiana en el proceso de organización de la cruzada, en la práctica el liderazgo dividido de la cruzada no reveló una acción o identidad cristiana unificada en respuesta a tomar una cruz.
Contexto thumb|left|180px|FedericoII negociando con Al-Kamil
Al final de la Sexta Cruzada en febrero de 1229, el emperador FedericoII y el sultán de Egipto y Siria Al-Kamil firmaron mediante el Tratado de Jaffa y Tell Ajul una tregua de 10 años. Usando solo la diplomacia y sin un enfrentamiento militar importante, Federico recibió el control de Jerusalén y otros lugares santos como Nazaret, Sidón, Jaffa y Belén. El acceso de los musulmanes y los judíos a la ciudad de Jerusalén quedó vedado, excepto para los sitios sagrados musulmanes de la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa. Los cristianos no habían recobrado Jerusalén desde la conquista de Saladino de 1187, y por lo tanto al-Kamil no permitió que las murallas fuesen reconstruidas, para que no se volviese un centro de poder cristiano. Sin embargo, muchos musulmanes y cristianos se opusieron a este acuerdo, incluyendo el patriarca latino de Jerusalén, quien emitió un interdicto sobre la ciudad más santa de la cristiandad (FedericoII lo soslayó). En ese periodo de diez años, hubo paz con los cruzados, pero al-Kamil tuvo que luchar contra losselyúcidas y los corasmios.
Sin embargo, el tratado expiraba en 1239, lo que ponía en peligro el control cristiano de los territorios. Además, la Sexta Cruzada había sido muy impopular entre los líderes cristianos nativos porque el excomulgado Federico los dejó indefensos, aliado con sus enemigos musulmanes, e intentó obtener el control de Tierra Santa para la Casa de Hohenstaufen en lugar de restaurar los territorios a los barones locales del reino de Jerusalén. Por lo tanto, en 1234, el papa GregorioIX proclamó que una nueva cruzada debería llegar a Tierra Santa en 1239 para garantizar el control cristiano. En su esfuerzo por unir a los cristianos para defender el control territorial de los cruzados en Tierra Santa, Gregorio emitió la bula papal Rachel suum videns, que fue utilizada activamente por frailes mendicantes para promover la cruzada en todos los rincones de la cristiandad. Rachel suum videns reforzó el uso de la política del voto de redención iniciada por el anterior papa InocencioIII en su bula Quia maior durante su campaña por la Quinta Cruzada. Sin embargo, Inocencio no pidió a todos los cristianos que redimieran sus votos después de haber tomado la cruz. Para hacer universal esta cruzada, Gregorio obligó a todos los cristianos a asistir a sermones cruzados, con el objetivo de orar por el resultado exitoso y donar para la empresa una gran cantidad de dinero, un céntimo semanal durante una década. La campaña de predicación tuvo un éxito diferente. Mientras que Italia, Alemania y España mostraron poco entusiasmo por la cruzada de Gregorio, en Hungría, algunos nobles y funcionarios eclesiásticos se involucraron más activamente en la campaña. También apoyaron inicialmente la empresa del papa caballeros y nobles ingleses y franceses.
Aproximadamente un año más tarde, en diciembre de 1235, Gregorio comenzó numerosos intentos para redirigir total, y luego parcialmente, esa planeada cruzada fuera de Tierra Santa e ir a combatir en cambio la propagación de la herejía cristiana en la Grecia latina. Gregorio hizo un llamamiento a los cruzados franceses para que luchasen en Constantinopla en lugar de en Tierra Santa. El 16 de diciembre, el papa ordenó al franciscano Guillermo de Cordelle que predicara una cruzada en la Grecia latina. Teobaldo de Champagne respondió a la llamada debido a su necesidad de apoyo papal, pero terminó negándose a conmutar su voto por Jerusalén. El intento de desviar la cruzada para ayudar al Imperio Latino de Constantinopla no tuvo éxito. El emperador latino, Juan de Brienne, el partidario papal más vigoroso de los otros gobernantes, permitió en Constantinopla la presencia de un patriarca latino, que prometía una posibilidad de unificar las iglesias griega y latina. La elite militar húngara encabezada por su rey Bela I renunció a ir a Constantinopla para luchar contra los cismáticos invasores Juan III Ducas Vatatzés de Nicea e Ivan Asen II de Bulgaria.
En diciembre de 1238, Teobaldo recibió fondos de Gregorio para su cruzada a Jerusalén. Los grupos desconectados de barones franceses viajaron por separado a Tierra Santa, donde finalmente enfrentaron una derrota militar seguida de un éxito diplomático. Los barones ingleses, incluidos los cuñados Ricardo de Cornualles y Simon VI de Montfort, también fueron divididos y llegaron allí un año después.
El emperador FedericoII, que había encabezado la cruzada anterior que había terminado con un tratado de paz, consideraba que era imprudente y desleal reanudar las hostilidades sin intentar negociar con la corte de El Cairo, y temía que los musulmanes tomarán pretexto de la nueva cruzada para recuperar Jerusalén. A cambio de su participación o de la de su hijo Conrado —que era el rey de Jerusalén desde la muerte de su madre IsabelII de Jerusalén— pidió a los cruzados que pospusieran su partida en un año, dejando tiempo a los diplomáticos para actuar. Pero un nuevo conflicto lo opuso al Papa, que lo excomulgó en marzo de 1239, impidiéndole llevar a cabo ese proyecto. Consecuencia de ello fue que los cruzados ya no podrían usar el puerto de Brindisi, que estaba en territorio imperial, debiendo embarcarse se embarcaron en Marsella.
En el verano de 1239, el rey húngaro Bela sí permitió que el heredero del imperio latino, Balduino de Courtenay, cruzara la frontera húngara, pero se negó a unirse a Balduino en su camino hacia Constantinopla. Simultáneamente, el papa Gregorio escribió una carta al prior de los dominicos en Hungría pidiéndole que predicara la cruz dentro del imperio y que intercambiara los votos por Jerusalén entregados a los cruzados por otros a Constantinopla a cambio de indulgencia: el papa prometió indulgencia a cada soldado, así como a cualquier persona que contribuyese con dinero a la cruzada. En febrero de 1241, Gregorio ordenó redirigir los ingresos recaudados en Hungría para una nueva campaña militar contra FedericoII, el emperador alemán. Balduino de Courtenay, llegó a Constantinopla primero, mientras que otros caballeros europeos y la nobleza, no unificados, se dirigían hacia Jerusalén.
La Cruzada
Hueste de Teobaldo de Navarra En Francia, muchos señores respondieron a la llamada: TeobaldoIV de Champaña, rey de Navarra, Philippe de Nanteuil, HugoIV, duque de Borgoña, PedroI, duque de Bretaña, Roberto de Courtenay, el Gran Mayordomo de Francia (que no debe confundirse con RobertoI, Emperador latino, también de Courtenay); AmauryVI, conde de Montfort, Guigues IV de Forez, conde de Nevers, EnriqueII, conde de Bar, GuillermoII de Joigny, EnriqueVI de Grandpré, LuisI, conde de Sancerre, SimonII de Clermont, señor de Nesle, Raul Clermont, RaulI, conde de Soissons, Robert de Boves, MathieuIII, barón de Montmorency... Se reunieron en Lyon y Teobaldo de Navarra fue designado líder de la expedición..
La fuerza principal de Teobaldo contaba con unos 1500 caballeros, incluidos algunos cientos de navarros. Se embarcaron en agosto de 1239 en Marsella la mayoría de ellos, aunque una pequeña parte eligió Aigues-Mortes (y un número menor los puertos de FedericoII en el sur de Italia). Teobaldo llegó a Acre el 1 de septiembre;. pronto se le unieron aquellos cruzados que habían sido dispersados por una tormenta mediterránea en tránsito. Allí se encontraron con un consejo de potentados cristianos locales, siendo los más prominentes Gualterio de Brienne, Odo de Montbéliard, Balián de Beirut, Juan de Arsuf y Balián de Sidón. A Teobaldo también se le unieron algunos cruzados llegados del reino de Chipre. Teobaldo pasó demasiado tiempo pensando que hacer en el agradable Acre, donde incluso escribió un poema a su esposa. Haciendo caso omiso de los consejos de FedericoII y cediendo al romanticismo de las cruzadas sin preocuparse por la política local, los cruzados no pudieron utilizar en su beneficio las divisiones entre los musulmanes y las peleas entre los herederos de al-Kamil. Los cruzados y la nobleza de Oriente, deliberaron para determinar cuál sería el objetivo de la cruzada, dudando entre Egipto y Damasco, y sobre qué pretendiente a la sucesión ayubí podría ser su aliado. Pero Teobaldo, rechazando cualquier alianza con los musulmanes, decidió ocupar las ruinas de Ascalon y elevar las fortificaciones, que habían sido demolidas por Saladino décadas antes, y luego marchar sobre Damasco, alienando a la dinastía ayubí de Egipto y Siria. Los cruzados salieron finalmente de Acre el 2 de noviembre en dirección a Jaffa y Ascalon, un grupo de unos 4000 caballeros (más de la mitad de ellos de los barones locales y de las órdenes militares).
Dos días después de la marcha, e 4 de noviembre, Pedro I de Bretaña y su teniente Raul de Soissons se separaron para llevar a cabo un raid. Dividieron sus fuerzas y cada uno esperó emboscado a lo largo de la posible ruta que seguían las caravanas musulmanas que remontaban el río Jordán hacía Damasco. La partida de Pedro chocó con los musulmanes fuera de un castillo, y después de algunos combates, hizo sonar su bocina para convocar a Raul. Los musulmanes fueron derrotados y huyeron hacia el interior del castillo, donde los hombres de Pedro los siguieron, matando a muchos y tomando a algunos cautivos y apoderándose del botín y de los animales comestibles de la caravana.