Diego del Corro y Santiago (Sanlúcar de Barrameda, 17 de septiembre de 1706 - San Jerónimo de Jauja, 28 de enero de 1761) fue un sacerdote católico español que llegó a ser el 19° obispo de Popayán (1752-1758) y 14° arzobispo de Lima (1758-1761).
Empezó su carrera religiosa en la catedral de Sevilla, donde fue racionero. Se destacó por sus conocimientos teológicos y polemizó con la intelectualidad religiosa, escribiendo al respecto dos libros. Pasó luego a América tras ganar una canonjía en el cabildo metropolitano de Lima, pero debió esperar algún tiempo para ocuparlo. Entretanto, fue cura en Cajacay y luego en Tauca. En 1752 fue nombrado obispo de Popayán, cuya visita pastoral realizó, constatando el maltrato a la población negra e indígena, así como la relajación del clero. En 1758 fue promovido como arzobispo de Lima. Allí inauguró la remodelada catedral de Lima y se mostró muy estricto con la formación moral y el rigor doctrinario de los aspirantes a clérigos, tanto diocesanos como regulares. Cuando recién empezaba su visita pastoral a su arquidiócesis, falleció repentinamente en un pueblo del valle de Jauja, habiendo apenas gobernado dos años.
Biografía Nacimiento y formación Nació en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, siendo hijo del capitán Diego del Corro y de Josefa Santiago. Sus abuelos paternos provenían de Ayamonte.
Pasó su niñez en una rural Sanlúcar hasta que un sacerdote le descubrió indicios de vocación religiosa. Fue enviado a Roma, donde estudió en el afamado seminario jesuítico y en la Universidad de Redivivos, y cuando volvió a España ingresó a la Universidad de Sigüenza, donde se licenció y doctoró en Teología.
Carrera eclesiástica miniatura|izquierda|250px|Vista histórica de la fachada occidental de la catedral de Sevilla en 1738. Grabado de Pedro Tortolero. La Real Sociedad de Sevilla lo nombró como uno de sus socios revisores teólogos. Se dedicó a investigar en los archivos de la Catedral de Sevilla. En reconocimiento a sus méritos, recibió dos prebendas en el cabildo de dicha catedral, en la que permaneció por trece años. Incluso polemizó con la intelectualidad religiosa y publicó en 1739 dos obras: Disertación sobre la autoridad de los hechos del breviario romano e Historia del primer siglo de la Iglesia.
Emprendió viaje al Virreinato del Perú luego de obtener una canonjía en el cabildo metropolitano de Lima, así como el comisariato de la Cruzada. Pero al llegar a Lima, se encontró con que dicha canonjía no estaba vacante porque el que la ocupaba había retirado su renuncia. Decidió entonces renunciar a dicha prebenda. Se le ofrecieron en compensación dos dignidades en Tucumán, pero las rehusó sucesivamente, por el largo y costoso viaje que eso implicaba. Aceptó finalmente ser coadjutor del curato de Cajacay, en el partido de Cajatambo, y alcanzó después en concurso el curato de Tauca en Conchucos.
En 1749 asumió por fin una canonjía de la catedral de Lima, al ser nombrado nuevamente por el rey. En 1750 pasó a ser tesorero, y en 1751, maestrescuela. Con 1500 pesos de costas viajó hasta Santa (costa del actual Áncash) para presentar el saludo de la iglesia limeña al nuevo arzobispo Pedro Antonio Barroeta y Ángel, en abril de 1751.
Episcopado Obispo de Popayán El rey Fernando VI lo propuso como obispo de Popayán, en Nueva Granada (actual Colombia), y la Santa Sede ratificó su nombramiento mediante bula de Benedicto XIV fechada el 24 de enero de 1752. Fue consagrado obispo el 11 de julio del mismo año.
Realizó la visita pastoral, alcanzando hasta el Chocó, Cali y Buga, lo que no habían hecho sus predecesores. Constató los abusos cometidos contra los esclavos negros, así como la mala situación de los indígenas. Se dedicó también a depurar del clero a sus miembros poco ejemplares y denunció ante el rey a los que se dedicaban a negocios fraudulentos.
Gobernó la diócesis de Popayán durante seis años, hasta que fue promovido a la arquidiócesis de Lima, en el Perú. Se llevó consigo el oro y piedras preciosas que le donaron algunos ricos propietarios, con los cuales hizo construir en Lima, a su costa, una hermosa y rica custodia que envió a la catedral de Popayán, la cual tiempo después sería hurtada.
Arzobispo de Lima miniatura|250px|La Catedral de Lima, tal como quedó luego del terremoto de 1746. La reconstrucción de sus torres se concluiría décadas después. Propuesto por real cédula del 7 de diciembre de 1757 para ocupar la sede arzobispal de Lima, vacante por la retirada de Pedro Antonio Barroeta, fue preconizado por el papa Benedicto XIV, el 13 de marzo de 1758.
Llegó a Lima el 27 de noviembre de 1758, pero no tomó posesión de su sede hasta el 16 de mayo de año siguiente, cuando recibió las bulas y el palio. Realizó las siguientes obras: Inició su gobierno publicando un edicto en el cual exhortaba a los feligreses a que se uniesen a él para pedir a Dios su auxilio a fin de que bendijese a su gobierno. Señaló como día en que se habría de ganar la indulgencia plenaria que concedía el primer día de la pascua del Espíritu Santo. Para este fin dispuso una misión en la catedral que encomendó a los padres jesuitas; él mismo predicó el día primero y el último. Inauguró el interior renovado de la catedral de Lima, el día 8 de diciembre de 1758. Esta obra había empezado a consecuencia de la destrucción ocurrida en el terremoto de 1746. Atendió a la formación moral y el rigor doctrinario de los aspirantes a sacerdotes. Dispuso que una vez al mes el clero tuviese conferencias morales. Redactó un nuevo plan de estudios en el seminario de Santo Toribio y nombró como rector a Agustín de Gorrichátegui. Dictó un edicto extenso sobre los candidatos a las órdenes religiosas y las cualidades de que habían de estar revestidos.
Fallecimiento Luego de visitar las parroquias y monasterios de Lima, el 1 de setiembre de 1760 salió de la ciudad para iniciar la visita pastoral del resto de su arquidiócesis, enviando previamente a misioneros para que preparasen su llegada a los pueblos. En este recorrido trató de rectificar los límites de las doctrinas corrigiendo las deformidades de la antigua demarcación.
A los pocos días, llegó al pueblo de San Jerónimo del valle de Jauja, en la sierra central peruana. Se alojó en la casa del cura José de Cepeda. Celebró misa en la mañana, realizó confirmaciones en el resto del día, y parte de la noche se dedicó a predicar al pueblo. Cuando rezaba el Rosario a coros con los fieles, le aconteció un recio accidente y tuvo que suspender el rezo. Se acostó, pero deseando terminar lo iniciado, se levantó y llamó a los familiares para reanudar el rezo en coro. Al momento de retornar las palabras: "Ruega Señora, por nosotros, ahora y en la hora de mi…" se desvaneció y acabó falleciendo. Era el 28 de enero de 1761. Tenía cincuenta y cinco años de edad, habiendo gobernado brevemente en el Perú: apenas dos años, dos meses y cinco días. Su muerte fue muy sentida por el pueblo. El virrey Conde de Superunda le dedicó un elogio especial.
Pasados nueve años de su fallecimiento fueron trasladados sus restos a Lima y depositados en la cripta de la Catedral, el 23 de agosto de 1770, día en que se le hicieron magníficas exequias costeadas por la gratitud de Agustín de Gorrichátegui (que ya por entonces era obispo del Cuzco), predicando en ellas el maestrescuela diputado Esteban José Gallegos, orador distinguido.
Sucesión
Publicaciones Disertación sobre la autoridad de los hechos del breviario romano (1739) Historia del primer siglo de la Iglesia (1739) Sermones que dixo… para implorar… el acierto en su gobierno (1759) Carta Pastoral… a los que pretenden ordenarse (1759).
Referencias
Bibliografía
Categoría:Nacidos en Sanlúcar de Barrameda Categoría:Fallecidos en el departamento de Junín Categoría:Arzobispos de Lima Categoría:Obispos de Popayán Categoría:Sepultados en la Catedral de Lima Categoría:Obispos nombrados por Benedicto XIV