Modernismo madrileño es la denominación historiográfica de un estilo artístico desarrollado en la ciudad de Madrid y en algunos puntos de la actual comunidad autónoma a finales del y principios del , que se extiende a la arquitectura, la escultura, las artes pictóricas, las artes decorativas y el diseño. Existe también un modernismo madrileño en el terreno de la literatura, al situarse en la capital uno de los núcleos que dan origen a la literatura modernista española.

Forma parte de una corriente general que surge en toda Europa (denominada en cada país como modernismo, art nouveau, Jugendstil, sezession, etc.) y que en Madrid evoluciona con distintos grados de intensidad en función de cada disciplina artística. Mientras que en el ámbito arquitectónico se expresa superficialmente, en un sentido ornamental y ocasionalmente estructural, en la literatura, la ilustración y determinadas artes decorativas, como la vidriera artística y la cerámica, genera focos creativos propios, con una personalidad diferenciada.

Arquitectura

Características

La arquitectura modernista madrileña se define eclécticamente, no solo porque se amolda a las corrientes eclécticas que dominan en esos momentos el urbanismo de la ciudad, sino también por la confluencia de modelos franceses, belgas, italianos, vieneses y catalanes. Tales modelos alcanzan en Madrid una materialización preferentemente ornamental, limitada a fachadas e interiores, y apenas tienen una traslación en términos estructurales, de tal manera que, en la mayoría de los casos, los edificios se proyectan a partir de patrones tradicionales, pero con acabados modernistas.

A pesar de ello, se ponen en pie construcciones de gran interés, como el Palacio de Longoria, que Pedro Navascués define como una creación fundamental del movimiento modernista europeo; la Casa de Enrique Pérez Villaamil, que sigue las líneas del arquitecto belga Victor Horta; la Necrópolis del Este, una de las aportaciones más destacadas a la historia del modernismo español y uno de los mejores cementerios de su época; o, en el ámbito escultórico, el Panteón Guirao, obra cumbre del arte funerario.

El modernismo madrileño se caracteriza también por una menor profusión decorativa que en otras zonas, rasgo que ciertos autores vinculan a la sobriedad arquitectónica de la ciudad, heredada de la dinastía de los Austrias, sin olvidar la influencia clasicista de la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando o el sólido arraigo del eclecticismo arquitectónico.

Aunque el movimiento modernista ha dejado en Madrid numerosas obras, en gran parte desaparecidas, su historiografía ha quedado ensombrecida por la pujanza e importancia del modernismo catalán. En la actualidad se conservan unos doscientos inmuebles de este estilo, entre palacios, viviendas comunitarias, colonias (ciudades-jardín), edificios industriales y comerciales, puentes, infraestructuras hidráulicas, templos religiosos y recintos funerarios.

Evolución miniatura|Hotel-estudio de Félix de la Torre en la calle de Velázquez, ecléctico, con rasgos modernistas.

Para los investigadores Óscar da Rocha Aranda y Ricardo Muñoz Fajardo, la arquitectura modernista madrileña se desarrolla a lo largo de tres etapas bien diferenciadas, que cubren los últimos años del y las dos primeras décadas del XX. La primera de ellas, que puede fecharse desde 1896 hasta 1904, significa la tímida introducción y posterior clarificación del estilo, dentro de un entorno arquitectónico en el que prevalece el eclecticismo. Entre 1905 y 1914 se produce un periodo de apogeo, tras el cual sobreviene un modernismo pervivencial, que se extiende desde 1915 hasta 1923.

Primera etapa (1896-1904) miniaturadeimagen|derecha|Palacio de Longoria.

Las primeras manifestaciones modernistas en la capital surgen en 1883 en el seno de las artes pictóricas, con el aislado precedente de las pinturas del Salón de Actos del Ateneo de Madrid. Pero no es hasta finales del cuando el movimiento toma cuerpo, al levantarse en 1896 la sede de la revista Blanco y Negro, una de las primeras construcciones de la ciudad que incorporan una ornamentación modernista, y que, según Da Rocha y Muñoz, marca el arranque del modernismo madrileño, si bien todavía circunscrito al ámbito de las artes decorativas. Le sigue en 1899 el edificio situado en el número 22 de la calle del Barquillo, cuyo zaguán se adorna también con motivos art nouveau.

En los años siguientes las corrientes modernistas penetran en la arquitectura de manera aún más contundente, con proyectos que se inspiran tanto en el secesionismo como en modelos franceses y belgas (raras veces en el modernisme catalán), que se introducen en la capital a raíz de la Exposición Universal de París de 1900. A juicio de Pedro Navascués, este evento resulta decisivo para el desarrollo de la arquitectura modernista madrileña, no solo porque ejerce una influencia directa, sino también porque en él se designa a Madrid como sede del VI Congreso Internacional de Arquitectos, que tiene lugar en 1904, con el modernismo como tema principal.

Uno de los precursores es el arquitecto Antonio Farrés Aymerich, quien se adscribe al estilo a partir de 1901, si bien de un modo superficial, con tres edificios de viviendas ubicados en la calle de Valenzuela (la llamada Casa de Tomás Salvany), la calle de Alcalá con esquina a la de Pedro Muñoz Seca y la confluencia de las calles de Sagasta y de Francisco de Rojas. También en 1901 se diseña otro inmueble pionero, de autor desconocido, que se encuentra en el número 3 de la avenida de la Albufera y que destaca por los exuberantes adornos pétreos de su balaustrada y mirador central.

En 1902 se ponen en marcha tres obras fundamentales, de gran calidad arquitectónica, que, a diferencia de las anteriores, asumen los postulados modernistas de forma integral, con un sentido compositivo, espacial y estructural, y no meramente decorativo: el Panteón de José de la Cámara, de Benito González del Valle; la Casa de la marquesa de Villamejor, de Manuel Medrano Huetos; y el Palacio de Longoria, de José Grases Riera. A ellas se suma el desaparecido hotel-estudio que Félix de la Torre y Eguía construye entre 1902 y 1905, en la calle de Velázquez, donde se combinan influencias tradicionales con rasgos modernistas.

Da Rocha y Muñoz establecen el final de esta etapa en 1904, coincidiendo con la inauguración del Palacio de Longoria, sin duda la creación más relevante de este periodo, y con el citado Congreso Internacional de Arquitectos, al que se añaden otros dos eventos que, según se comenta más adelante, también resultan clave para la propagación del movimiento.

ObraAutorFechaDescripciónImagenPanteón de José de la Cámara (Madrid)Benito González del Valle(arquitecto)1902La arquitectura funeraria madrileña asimila los principios modernistas de manera muy temprana. En los panteones de Paula Bravo (1901), de la familia Esteban de la Peña (1901) y de José Mario Echarri (1902), todos ellos situados en la Sacramental de san Justo, se advierte un incipiente secesionismo, que ya se asume plenamente en el de José de la Cámara (1902), perteneciente también al citado cementerio. La fuerza expresiva de esta última obra radica en su contundente volumetría, conseguida por medio de una sencilla estructura que se cubre a dos aguas y en el tratamiento que realiza de los materiales pétreos. Además de la inspiración secesionista, hay una influencia francesa en el empleo de arcos arriñonados y el diseño de la rejería.centre|200pxCasa de la marquesa de Villamejor (Madrid)Manuel Medrano Huetos(arquitecto)1902-1904Ubicado en la calle del Maestro Victoria, este antiguo edificio de viviendas, promovido por la marquesa de Villamejor, casi no posee rasgos modernistas, debido a las radicales reformas llevadas a cabo para su conversión en hotel, que han supuesto la práctica desaparición de una de las obras clave del primer modernismo madrileño. En los planos originales se observa una composición simétrica, con un eje axial que articula todo el conjunto y del que arrancan distintos elementos vinculantes que envuelven la fachada. Del proyecto primitivo solo se conservan algunas rejas y la portada principal, labrada con formas vegetales.centre|150pxPalacio de Longoria (Madrid)José Grases Riera(arquitecto)1902-1904Emplazado en la calle de Fernando VI, este palacio se construye a iniciativa de José González Longoria, con una finalidad no solo residencial (planta alta), sino también comercial, como sede de su negocio bancario (planta baja). Se trata de una de las grandes obras del modernismo europeo, consideración que Pedro Navascués justifica en su capacidad para adaptar el lenguaje modernista a la arquitectura palaciega urbana; en su libertad expresiva a la hora de diseñar los alzados y perfiles de las fachadas; en el tratamiento intimista que reciben las fachadas posteriores, concebidas como una transición hacia el jardín, con sus curiosas columnas-palmera; y en el empleo del hierro a efectos tanto decorativos como estructurales. Mención especial merece la escalera imperial interior, influida por modelos franceses, que presenta un efectista desarrollo bífido a partir de la mezcla del mármol, el bronce, el hierro y el vidrio. centre|200pxCasa de Ruiz de Velasco (Madrid)José López Sallaberry (arquitecto) Francisco Andrés Octavio (arquitecto)1904-1906Francisco Andrés Octavio redacta el primer proyecto, a partir de patrones convencionales, que José López Sallaberry transforma posteriormente. Este último concibe una fachada decididamente modernista, que, no obstante, hereda del diseño inicial su gusto por el equilibrio y la simetría. Destacan los motivos naturalistas de la decoración, a base de flores y tallos entrelazados, junto con las formas ondulantes que se contornean sobre los vanos, las balaustradas, las cornisas, los pináculos, las columnas o los miradores de fábrica. El edificio, situado en la calle Mayor, toma su nombre de sus promotores, los empresarios textiles Bonifacio y Pablo Ruiz de Velasco, quienes se reservan la planta baja para instalar su tienda.centre|200px

Segunda etapa (1905-1914)

thumb|La Torre de los señores de Bofarull hacia 1913. thumb|Alzado del Palacio Central de la Exposición de Industrias Madrileñas [1907).

La segunda etapa comienza en 1905, un año después de concurrir en Madrid tres acontecimientos que contribuyen a la difusión del movimiento por toda la ciudad:

El VI Congreso Internacional de Arquitectos, que lleva hasta la capital a prestigiosos arquitectos de todo el mundo, para debatir, de manera casi monográfica, sobre el alcance y conveniencia del lenguaje modernista. Se celebra en el Ateneo de Madrid y entre los asistentes figuran el belga Franz de Vestel, el alemán Hermann Muthesius, el austríaco Hermann Helmer, el italiano Filippo Vivanet o los holandeses Pierre Cuypers y Hendrik Petrus Berlage, además de los españoles Josep Puig i Cadafalch, Ricardo Velázquez Bosco, José Urioste, Enrique María Repullés o Lluís Domènech i Montaner.

La Exposición Nacional de Bellas Artes, que, en su edición de 1904, reúne un importante número de obras modernistas de todas las disciplinas artísticas, que se dan a conocer en Madrid.

El concurso internacional para la construcción del Casino de Madrid, al que se presentan cerca de treinta proyectos de autores nacionales y extranjeros, entre ellos varios de corte modernista. Tras declararse desierto, se opta por fusionar las mejores ideas de cada uno de los diseños, dentro de una solución ecléctica, llevada a cabo por José López Sallaberry, en la que sobresale la escalera de honor, de inconfundible factura modernista.