thumb|upright|Chaparreras modernas Las chaparreras son un tipo de sobrepantalones o calzas resistentes de origen español, hechos de cuero, sin asiento, compuestos por dos perneras separadas que se sujetan a la cintura con correas o cinturones y forman parte del atuendo del vaquero español. Se usan sobre los pantalones y originalmente estaban diseñadas para proteger al jinete de la lluvia y el lodo. Se crearon para reemplazar a las armas de agua, o simplemente armas, un conjunto de piezas de cuero que colgaban de la silla de montar mexicana para proteger de la lluvia las piernas del jinete. Se cree que la palabra «chaparreras» proviene de «chaparrón», un aguacero o una lluvia repentina e intensa, o de «chaparros», un nombre coloquial mexicano para la maleza y un tipo de arbusto. Debido a la dificultad de la pronunciación, los estadounidenses acortaron la palabra a Chaps, que originalmente se escribía y pronunciaba schaps o shaps. Chivarras, de chivo y chaparreras, es el nombre de las chaparreras hechas de pieles de cabra curtidas con pelo.

Existían otras prendas similares usadas por los rancheros mexicanos, entre ellas las botas huastecas, unas calzas anchas de origen prehispánico utilizadas en las tierras bajas a lo largo del Golfo de México; las mitazas, calzas similares a las chaparreras pero que no se sujetaban a la cintura, llegando únicamente hasta el muslo, y la cuadrilera, un pequeño delantal, predecesor de las chaparreras, hecho de cuero que sólo cubría la cadera y parte del muslo, utilizado para enlazar.

Más tarde, conforme la cultura vaquera mexicana se fue expandiendo hacia el norte, y a lo que hoy es Estados Unidos y Canadá, a la costa del Pacífico y el norte de las Rocosas, fueron adoptadas por los vaqueros estadounidenses, los cowboys. En el mundo moderno son usados tanto con fines profesionales y prácticos como para su exhibición o presentación de su uso.

Etimología La etimología más aceptada de «chaparreras» es que proviene de «chaparros», un nombre genérico coloquial mexicano para la maleza, y un tipo específico de arbusto, el chaparral (matorral espeso, espinoso y bajo), de donde se cree que fueron diseñados para proteger las piernas al montar a caballo. Otra etimología igualmente plausible es que proviene de chaparrón, que significa aguacero, una lluvia intensa, a su vez de la onomatopéyica «chap», que es el sonido de la lluvia al caer al suelo. En la mayoría de los textos del , las chaparreras se describen como pantalones que se usan para proteger las calzoneras o pantaloneras de la lluvia y el fango. Debido a la difícil pronunciación, los estadounidenses acortaron la palabra a chaps, originalmente escrita y pronunciada shaps. Chaparejos, mal escrito por los estadounidenses como «chaparajos», es otro nombre menos usado y es una mezcla de las palabras chaparreras y aparejo (equipo para montar a caballo).

Historia thumb| 150px|left|Charro vistiendo unas chaparreras (ca. 1860). thumb|right|160px|Don Alonso Peón de Regil vestido de charro y con chaparreras (1865) thumb|right|150px|Ranchero mexicano vistiendo chivarras (1867) thumb|left|150px|Charro chinaco, un charro liberal, vistiendo chaparreras (1866). El origen e historia precisa de las chaparreras es incierta. Aparecieron en México entre finales de la década de 1830 y principios de la de 1840. La primera mención que los historiadores han podido encontrar data de 1843. Antes de esta fecha, no hay evidencia de su existencia, ya que no se encuentran en escritos, textos, ni pinturas de esa época. Antes de la aparición de las chaparreras, los jinetes mexicanos usaban un conjunto de piezas de cuero llamados armas o armas de agua que colgaban de la cabeza las sillas vaqueras mexicanas. Estas armas o «escudos» se usaban para proteger de la lluvia los pantalones y botas de los jinetes, de ahí su nombre «armas de agua». Las armas también tienen una historia reciente, ya que no hay evidencia de su existencia antes del , ni en escritos ni en pinturas.

La primera evidencia documentada de las chaparreras se encuentra en un artículo de 1843 titulado «Cartas Sobre México: Alameda y Bucareli» en la revista El Museo Mexicano acerca de la Alameda Central de la Ciudad de México, aunque el autor no entra en detalles sobre ellas. Sería el año siguiente, 1844, en el artículo «Costumbres y Trajes Nacionales: Los Rancheros» sobre las costumbres de los rancheros mexicanos, que los lectores tendrían una descripción más detallada. El escritor, Don Domingo Revilla, afirma que las chaparreras están «de moda en todas partes» en México, lo que implica que eran algo nuevo y reciente. Revilla describe las chaparreras como «pantalones con botones a los lados y sin asiento» y agrega que son «ampliamente usadas en El Jaral y en Tierra Adentro», refiriéndose a la gran hacienda «El Jaral de Berrio» en Guanajuato y «Tierra Adentro» o interior del país. Una canción popular de aquella época cuenta que la gente iba a «El Jaral» a comprar chaparreras. El Jaral de Berrío, conocido por su fina producción de cuero, podría ser un posible lugar de origen de las chaparreras.

Las primeras chaparreras eran, en realidad, pantalones de cuero sin asiento, con botonadura a los lados, como describió Revilla, que se usaban sobre las calzoneras o pantaloneras de tela o gamuza de los charros para protegerlos de la lluvia y el lodo. Don Carlos Rincón Gallardo afirma que aquellas primeras chaparreras se diferenciaban de las más recientes () en que nunca se desabrochaban, de modo que, para ponérselas, el jinete debía quitarse los zapatos y colocar una pierna a la vez en cada pernera del pantalón, como cualquier otro pantalón. Estas primeras chaparreras quedaron en desuso en México a principios del , siendo reemplazadas por un nuevo modelo que sigue siendo el estándar en la actualidad: dos perneras de cuero separadas, unidas en la parte superior por una correa o broche que sirve de cinturón, con botones o cordones laterales que se podían desabrochar, lo que permitía usarlas sin tener que quitarse las botas.

Una creencia común hoy en día es que las chaparreras derivan de los zahones españoles, un delantal de paño o cuero usado por pastores, cazadores, trabajadores y otros, para proteger de las rasgaduras la parte delantera de los pantalones, pero no hay evidencia de esto. La hipótesis sostiene que las chaparreras son zahones que fueron altamente modificados para adaptarse mejor a las necesidades de los jinetes de México; por ejemplo, se alargaron para cubrir toda la pierna. Pero para que las chaparreras hayan descendido de los zahones o sean versiones modificadas de ellos, estos tendrían que haber existido antes, pero en México no se ha encontrado mención de nada parecido a los zahones en ningún texto, documento o pintura, ni del ni antes, por lo que su conexión con las chaparreras es imposible.

Y en todas las descripciones de las chaparreras hechas por extranjeros nunca las compararon ni las vincularon con los zahones españoles. En los relatos de los viajeros españoles en México que describieron las chaparreras, nunca mencionaron ninguna similitud con los zahones ni infirieron que derivaran de ellos y nunca indicaron que fuera una prenda conocida en España; por el contrario, siempre dieron a entender que las chaparreras eran algo desconocido o «exótico» para ellos. El escritor y poeta español, Juan Martínez Villergas, quien visitó México en la década de 1850, encontró las chaparreras interesantes o graciosas, sugiriendo que eran desconocidas para él como español, y criticó la opulencia, afirmando:

Asimismo, el periodista e historiador español Niceto de Zamacois nunca mencionó que las chaparreras derivaran de los zahones españoles ni afirmó que fueran similares a ellos al describirlas a los lectores españoles, insinuando que eran desconocidas en España, al afirmar:

Además, los zahones no son ni han sido nunca pantalones como las chaparreras, sino más bien delantales, conocidos también como «delanteras», dos piezas de cuero o tela que solo protegen la parte frontal de cada pierna y se atan alrededor de la cintura. Antes del , los zahones eran más cortos y cubrían solo la parte delantera del muslo hasta las rodillas. En todos los diccionarios españoles del , los zahones se definen como delantales de cuero o tela o calzones cortos abiertos que se atan alrededor de la cintura y detrás de cada muslo cubriendo la parte delantera hasta las rodillas o nunca pasando de las pantorrillas. Los zahones, de origen árabe, son también más antiguos que las chaparreras, remontándose al menos al y eran originalmente gregüescos (zaragüelles), muy distintos de los estilos de los siglos y . Las chaparreras, por el contrario, no son delantales sino pantalones que cubren toda la pierna, por delante y por detrás, y originalmente estaban destinadas a proteger de la lluvia los pantalones del jinete y, a diferencia de los zahones, se introdujeron en el y no tienen conexión conocida con los gregüescos.

thumb| 220x220px|left|Emperador Maximiliano de México vestido de charro con chaparreras hechas, posiblemente, de piel de oso (1865). thumb|150px|Dos hombres con trajes de charro y chaparreras. El hombre de la derecha lleva chaparreras de piel de jaguar (ca. 1866). Un posible origen de las chaparreras podría ser las calzas prehispánicas que usaban los indígenas de México. Las calzas de cuero hechas de piel de venado o de perro salvaje, formaban parte del atuendo tradicional de los chichimecas del centro de México. Las botas huastecas, calzas anchas de cuero que se sujetaban a la cintura, usadas por los jarochos de Veracruz, también podrían ser un posible origen, ya que eran similares a las chaparreras y las precedían. El nombre «huastecas», que hace referencia a los huastecos y su peculiar método de fabricación: pieles de venado curtidas con sesos putrefactos y ahumadas con olotes de maíz quemadas para generar un olor acre que repelía insectos y otros bichos, indica un origen indígena. Las mitazas, un conjunto de calzas similares a las chaparreras, pero que no se sujetaban a la cintura, sino que solo subían hasta cada muslo, también se atribuyen a las calzas indígenas.

También existe evidencia en Estados Unidos de que ciertas características de diseño podrían derivar de los hombres de montaña, quienes las copiaron de las calzas que usaban los nativos americanos (indígenas estadounidenses). Según David Hackett Fischer (1989), los pantalones de cuero que usaban los colonos tenían predecesores escoceses-irlandeses e ingleses del norte, lo que evidencia registros del de polainas de piel de oveja en Westmorland y polainas conocidas como «medias de cuero» en Carlisle. Se desarrollaron diferentes estilos para adaptarse al clima, el terreno y los peligros locales. Los diseños también se modificaron con fines puramente estilísticos y decorativos. Se desconoce la fecha de la aparición real de la prenda en los vaqueros estadounidenses. Sin embargo, a finales de la década de 1870, la mayoría de los vaqueros tejanos las usaban a medida que la industria ganadera se desplazaba hacia el norte.

Las primeras chaparreras se hacían con cuero de vaca o de cabra curtido con todo y pelo, siendo esta última la más codiciada porque el pelo repelía mejor el agua. Estas chaparreras de piel de cabra se llaman chivarras, un acrónimo de chivo y chaparreras. Las más caras se fabricaban con piel de jaguar, oso y nutria. Muchas estaban repujadas con intrincados diseños y patrones y ricamente decoradas con botones, broches y hebillas de oro y plata.

Poema del poeta y dramaturgo español José Zorrilla titulado «CABALGATA MEJICANA» acerca de los atuendos mexicanos para montar:

Armas thumb|left|160px|El charro, a caballo, carga un par de armas de piel de jaguar en su silla. Cuando no se usaban, simplemente colgaban delante de las piernas del jinete. thumb|right|160px|Al ser utilizadas, las Armas se extienden sobre las piernas y pies del jinete y se atan detrás de la cintura (1849).