thumb|300px|Barcino (1994), de Joan Brossa, Plaza Nueva de Barcelona.
El conjunto de monumentos y esculturas al aire libre de Barcelona constituye una muestra de arte público que otorga a la capital catalana, en conjunción con otros elementos como su arquitectura, su red de museos o su conjunto de parques y jardines, un particular sello artístico, que ha originado que la Ciudad Condal tenga el arte y la cultura como una de sus principales características identitarias.
El acervo de arte público de la ciudad es extenso, si bien la mayoría de monumentos y estatuaria situada en lugares públicos procede del en adelante. El primer monumento situado en la vía pública de forma expresa y por encargo municipal que se conserva es el Monumento a Santa Eulalia, en la plaza del Pedró, originaria de 1673; otras obras anteriores consideradas de arte público son o bien fuentes o bien estatuas situadas en hornacinas en las paredes de edificios públicos, si bien en muchos casos fueron encargos de carácter privado que han pasado a titularidad pública posteriormente. Cabe remarcar que hasta el la ciudad estaba encorsetada por sus murallas de origen medieval al tener la consideración de plaza militar, por lo que su crecimiento estaba limitado, y el poco espacio disponible se utilizaba preferentemente para las actividades diarias de la población, sin poder dedicar unos espacios adecuados para grandes monumentos.
La situación cambió con el derribo de las murallas y la donación a la ciudad de la Fortaleza de la Ciudadela, lo que propició la expansión de la ciudad por la llanura contigua, hecho que se plasmó en el proyecto de Ensanche elaborado por Ildefonso Cerdá, que supuso la mayor ampliación territorial de la ciudad. Otro aumento significativo de la superficie de la capital catalana fue la anexión de varios municipios limítrofes entre finales del y principios del . Todo ello supuso la adecuación de los nuevos espacios urbanos y un aumento de los encargos artísticos municipales en las vías públicas, que fueron favorecidos igualmente por diversos eventos celebrados en la ciudad, como la Exposición Universal de 1888 y la Internacional de 1929 o, más recientemente, por los Juegos Olímpicos de 1992 y el Fórum Universal de las Culturas de 2004.
Aspectos generales thumb|Monumento a Colón (1888), plaza del Portal de la Paz, uno de los monumentos más emblemáticos de Barcelona. El arte público barcelonés está a cargo del Área de Urbanismo, Transición Ecológica, Servicios Urbanos y Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona. Conjuntamente con el patrimonio arquitectónico de la ciudad goza de una especial protección en virtud de la Ley 9/1993 del Patrimonio Cultural Catalán, que garantiza la protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural, con diversos grados de cobertura: nivel A (Bien Cultural de Interés Nacional), nivel B (Bien Cultural de Interés Local), nivel C (Bien de Interés Urbanístico) y nivel D (Bien de Interés Documental). El órgano directamente responsable es el Consejo de Arte Público (Consell d'Art Públic), que es el que decide qué obras se instalan o quitan del espacio público.
La escultura pública monumental tiene una relevancia relativa en el contexto urbanístico de una ciudad de grandes dimensiones como es Barcelona, ya que las principales directrices urbanas son lógicamente la adecuación de espacios de uso público, las infraestructuras, los transportes, la vivienda, las medidas de higiene y seguridad públicas, la gestión del medio ambiente, y demás factores necesarios para la convivencia del ser humano en su entorno natural y social. Aun así, la natural sensibilidad del ser humano para el arte y la belleza ha motivado la habilitación de ciertos espacios de carácter estético en su entorno diario, para configurar un espacio vital propicio y agradable para la convivencia y las relaciones sociales. Otro factor a la hora de concebir monumentos y espacios públicos de naturaleza artística es la conmemoración de personajes y episodios históricos que por su relevancia ameritan un especial recuerdo en la población que los homenajea, y que a través de las instituciones públicas o por iniciativas privadas o asociativas promueven la creación de diversas tipologías de monumentos y estatuaria en el ámbito urbano.
En la planificación urbana intervienen diversas disciplinas, como la arquitectura, la ingeniería, la jardinería, las artes industriales y, en cierta medida, la escultura. Si la urbanística se ocupa de la ordenación del territorio y el urbanismo de su aplicación práctica, el diseño urbano se centra en los aspectos más sociológicos —incluyendo los estéticos— del desarrollo urbano de la ciudad. Por otro lado, el urbanismo se relaciona estrechamente con diversos ámbitos y disciplinas como la política, la economía, la historia, la geografía y la sociología, por lo que cualquier planificación de carácter urbano requiere la conjunción de múltiples estamentos e instituciones encargadas del desarrollo y mantenimiento del espacio público urbano. En el ámbito de convivencia urbana intervienen asimismo diversos factores, como los fisiológicos, los sociológicos y los psicológicos. En estos últimos cabría englobar las necesidades estéticas del individuo, la existencia en un entorno que procure una dimensión de retiro y descanso, de evasión de los problemas cotidianos, de un cierto componente de belleza que amortigüe la dureza de un entorno hostil como es a veces el ámbito urbano.
thumb|250px|left|Dragón del Parque Güell (1900-1903), de Antoni Gaudí, otro de los símbolos de la ciudad. En la concepción del monumentalismo urbano hay que tener en consideración diversos aspectos, como el emplazamiento: una obra de arte público ha de estar ubicada en un entorno de cierta relevancia, que realce la artisticidad de la obra, y ha de procurar tener una buena perspectiva, para la correcta visión del conjunto desde diversos ángulos. Generalmente, los espacios más usados para obras de arte público son los parques y jardines, las plazas y cruces de calles —especialmente si son paseos o avenidas—, o en el ámbito de edificios públicos, ya sea en sus puertas de acceso, en patios o en sus muros —generalmente en hornacinas—.
Los monumentos y obras de arte de consideración pública se pueden clasificar en diversas tipologías: hasta el las más utilizadas eran la columna, el arco de triunfo y la estatua ecuestre, tres tipos de monumentos conmemorativos heredados del arte romano; más tarde fueron surgiendo diversas modalidades, desde la escultura exenta o la situada en hornacinas, pasando por bustos, medallones, fuentes, estelas y pedestales, frisos, relieves, placas, lápidas y otros elementos, hasta variedades más modernas como instalaciones, obras integradas en la naturaleza (land art), obras realizadas con nuevas tecnologías (video, láser) o cualquier modalidad concebida con elementos multidisciplinares.
Otro aspecto a tener en cuenta es el material, del que dependen diversos factores como la apariencia, la perdurabilidad o la conservación, además de ser un punto esencial a tener en cuenta a la hora de concebir la obra, especialmente por lo que se refiere a su coste económico y al tiempo de ejecución. Entre los más utilizados se encuentran: la madera, el yeso, la terracota, la cerámica, la piedra, el mármol, el bronce, el hierro, el acero, el hormigón o el aluminio.
Por último, hay que tener en consideración la temática y la iconografía de las obras de arte público, con especial atención a los dos principales elementos constitutivos de un homenaje o dedicatoria: un personaje o un acontecimiento. En función de ello, se puede constatar que la mayor parte de personajes homenajeados son: santos o religiosos, dioses o personajes mitológicos, símbolos y alegorías de conceptos abstractos (Fama, Gloria, Industria, Justicia, Libertad, República), reyes y personajes históricos, políticos, militares, empresarios, médicos, científicos, escritores, artistas, músicos, etc. En cuanto a acontecimientos, se suelen rememorar los episodios más destacados de la historia de la ciudad, desde batallas, guerras y revoluciones hasta hechos trágicos, epidemias y desastres naturales, o en sentido contrario diversas efemérides de especial significación para la ciudad, como eventos culturales o deportivos. Todo ello tratado desde el estilo más realista hasta el más abstracto, ya que como es lógico la concepción de la estatuaria pública ha tenido la misma evolución histórica y artística que el resto de las artes en la ciudad, con consideración de su contexto tanto nacional como internacional.
Historia Edad Media thumb|San Rafael (1400), de Pere Sanglada, Casa de la Ciudad de Barcelona. Los primeros vestigios conservados de obras de arte situadas en vías o edificios públicos proceden de la Edad Media, época en que la ciudad formaba parte de la Corona de Aragón y era un importante eje marítimo y comercial del mar Mediterráneo. En el surgió el Consejo de Ciento, una de las primeras instituciones públicas de Barcelona. El recinto de la ciudad fue creciendo desde el primitivo núcleo urbano —lo que hoy día es el Barrio Gótico—, y en el surgió el barrio de El Raval. Barcelona tenía entonces unos 25 000 habitantes.
thumb|left|San Jorge (1418), de Pere Johan, Palacio de la Generalidad de Cataluña. De esta época no existe ningún monumento público propiamente dicho, sino algunas fuentes y esculturas colocadas en hornacinas en los edificios públicos de la ciudad. Cabría citar en ese sentido las esculturas colocadas en la fachada gótica de la Casa de la Ciudad —actualmente en una calle lateral respecto a la fachada principal—, confeccionadas alrededor del año 1400. Encomendada a Arnau Bargués, la fachada presenta los típicos elementos ornamentales góticos, y por encima de la puerta principal se situó una peana cubierta de dosel con una figura de san Rafael, obra de Pere Sanglada, realizada en piedra con las alas de bronce. Asimismo, en los laterales se colocaron sendas peanas con las figuras de san Severo, obispo de Barcelona, y santa Eulalia, patrona de la ciudad: la primera, de artista desconocido, era original de 1550, pero en 1888 se colocó una copia realizada por Joan Flotats; la segunda, igualmente anónima, data de la misma fecha y aún se conserva en su ubicación original. Otra figura colocada en un edificio público fue el San Jorge del Palacio de la Generalidad, confeccionado en 1418 por Pere Johan, una figura ecuestre en altorrelieve situada en un medallón enmarcado por una baranda coronada de pináculos y rodeada de gárgolas.
Por lo que se refiere a las fuentes, en este período se crearon varias en diversas zonas de la ciudad, para asegurar un suministro regular a la población, aunque su carácter utilitario no dejó mucho lugar a la creación artística. La primera que se conserva es la Fuente de Santa Ana, en la avenida Portal del Ángel con la calle Cucurulla, fechada en 1356, y que fue ampliada en 1819 y decorada con imágenes cerámicas en 1918. Otras fuentes de la época son: la de San Justo, en la plaza homónima, de 1367; la de Santa María, en la plaza homónima, de 1403, obra de Arnau Bargués; y la de San Jorge, en el claustro de la catedral de Barcelona, obra de 1449 del arquitecto Andreu Escuder con una imagen del santo a caballo del escultor Antoni Claperós, sustituida en 1970 por otra de Emili Colom —esta fuente es famosa por la fiesta de l'ou com balla—.
Edad Moderna
thumb|250px|Monumento a Santa Eulalia (1673), plaza del Pedró, el más antiguo que se conserva en la ciudad.