thumb| Localización aproximada de los antiguos corrales de comedias de Madrid en el plano de Frederic de Wit y Antonio Marcelli, hacia 1622-1635. Los corrales de comedias de Madrid fueron el marco teatral donde se desarrolló la dramaturgia española del Siglo de Oro. Funcionaron entre la segunda mitad del siglo y el primer cuarto del siglo , siendo algunos de ellos convertidos en teatros. En sus tablas se representaron obras de autores fundamentales de la literatura española del Barroco, desde precursores como Lope de Rueda, actor y dramaturgo, a genios como Lope de Vega o Calderón de la Barca. En sus instalaciones disfrutó el pueblo de Madrid junto a reyes, nobles y prelados.

En el último cuarto del siglo había seis corrales abiertos en la capital española, los más reconocidos: el corral de comedias de la Pacheca, el de la Cruz y el del Príncipe. Todos dependientes de sus cofradías, instituciones de beneficencia pública que obtenían sus fondos de las representaciones teatrales en los corrales. thumb|Placa del Ayuntamiento de Madrid en recuerdo del Corral de comedias de La Cruz, colocada en calle de la Cruz cerca de su confluencia con la plazuela del Ángel. Historia

Del espacio medieval al renacentista

El propio Lope de Rueda muestra con su vida la evolución de los espacios teatrales durante la primera mitad del siglo . El sevillano, a la zaga de otros autores como Juan del Encina, Gil Vicente, Juan de Timoneda o Bartolomé de Torres Naharro, llegó a Madrid al frente de una compañía de teatro de tipo ambulante y no muy lejana de las experiencias de los cómico de la legua.

La herencia del teatro medieval, recluido en los templos o viajando de un pueblo a otro y de ciudad en ciudad, cambió su suerte cuando la Iglesia católica consideró la posibilidad de usar el fenómeno teatral para reforzar sus influencias y enseñanzas.Montoliu Camps, Pedro, "Enciclopedia de Madrid", p. 150 De paso se atajaban las libertades y excesos propios del teatro callejero que tendía a mezclar en el repertorio la seriedad de los autos o la popularidad de farsas y entremeses con piezas más atrevidas y una colección de bailes (graves y serios como el turdión o picantes como el polvillo y la zarabanda, además de otros como la pavana la chacona, la gambeta, la capona, o el popular zapateado) que solían provocar la ira de los eclesiásticos y algunos nobles.

Finalmente, y con el apoyo del gobierno, se encontró un medio de control contando con la colaboración de un nuevo gremio: las cofradías. Los corrales madrileños fueron consecuencia —al menos en su aspecto administrativo— de la autorización decretada por Felipe II en 1565 para establecer con carácter permanente en Madrid unas cofradías que dispusiesen de edificios para la representación de comedias.

Cofradías de autores y representantes

Hay noticia de dos cofradías (hermandades religiosas de inspiración gremial) controlando la explotación de los primeros corrales: la de la Pasión o Santa Pasión, constituida en 1565,En cuyos estatutos se obliga a "vestir a doce pobres y a una niña, y dar comida dos veces al año a los pobres de la cárcel", solicitando del Consejo de Castilla, a cambio, el monopolio de las actividades teatrales, que se le concedió a condición de que la cofradía construyese un hospital. Precisamente en el patio de ese edificio se llevó a cabo la primera representación en un local cerrado, de la que ha quedado noticia documentada el 5 de mayo de 1568. y la Cofradía de la Soledad, establecida el 21 de mayo de 1567.Ángel Fernández de los Ríos—, "Guía de Madrid", p. 546

La cofradía de la Pasión puso en marcha tres corrales habilitados para el teatro, dos de ellos en la calle del Príncipe (el corral de la Pacheca y el Corral de Burguillos) y otro en la calle del Sol.No ha sido confirmada la exacta ubicación de la mencionada "calle del Sol". Según Peñasco y Cambronero, así se llamó a un tramo de la calle del Casino, entre la calle de Embajadores y la del Ventorrillo, tramo que aparece sin nombre en el plano de Texeira, pero que en el dibujado más tarde por Espinosa, queda nombrado como parte de la calle del Tribulete. Así lo informa María Isabel Gea en su Diccionario Enciclopédico de Madrid.

Por su parte la hermandad de la Soledad gestionó otros tres corrales: el corral de la Cruz y otros dos en ubicación desconocida.Quizá uno de ellos fuese el Corral de Puente, por ser propiedad de Cristóbal de la Puente, situado en la calle del Lobo (más tarde calle Echegaray), esquina a la carrera de San Jerónimo, desaparecido antes de finalizar el siglo XVI. Se especula que el otro fuese el de Valdivieso, asimismo por ser ese el apellido de su propietario.

En un principio, los corrales no fueron un gran negocio, de ahí que ya en 1574 se uniesen las dos grandes cofradías con permiso real, Pasión y Soledad, para la explotación comercial de varios corrales de comedias en diferentes corralas de la ciudad con cierta tradición dramática.

Un rosario de desgracias en el seno de las familias reales de Felipe II y Felipe III paralizaron la actividad de los corrales en sucesivas ocasiones entre 1595 y los primeros años del siglo . Con fecha de 5 de mayo de 1598, Felipe II, un año antes de morir, ordenó al Consejo de Castilla que expidiese una orden prohibiendo las comedias "para siempre", no solo en los corrales, calles y plazas, sino aún más en iglesias y conventos.Ángel Fernández de los Ríos, "Guía de Madrid", p. 546Montoliu Camps, Pedro, "Enciclopedia de Madrid", p. 151En 1600, Felipe III consintió en la reapertura de los corrales, pero con importantes restricciones y prohibiciones: además de seguir vetadas las representaciones en Cuaresma y Semana Santa y limitados ciertos bailes en los corrales, se prohibió actuar a las mujeres, se obligó a ensayar a puerta cerrada y se separaron a hombres y mujeres en los bancos del público, como durante siglos ha sido preceptivo en las funciones eclesiásticas. Por esas fechas, además, la explotación de los corrales dejó de ser privilegio de las Cofradías, y de ahí quizá que los dos más importantes, el del Príncipe y el de la Cruz, se vendiesen al Ayuntamiento de la Villa.

Gestión y organización

Hasta la reforma administrativa de 1623, los corrales fueron gestionados por las cofradías. En 1615, las recaudaciones no cubrían las necesidades del creciente número de hospitales creados y acogidos a los fondos de aquellas. El rey ordenó que el ayuntamiento de la villa se hiciese cargo de los corrales, les asignara una subvención fija y los arrendase en subasta pública.

La quiebra del arrendador Francisco Garro de Alegría y la morosidad de los nobles en el pago de sus aposentos privados, provocó una reforma importante en la administración de los corrales. En 1623 se formó una nueva comisión que excluía a los hospitales de beneficencia (que pasaron a ser subvencionados por el ayuntamiento en 1638). Se cambió y amplió la reglamentación del teatro en los corrales, especificando las tareas del "protector de comedias" (procedente del Consejo de Castilla), los alguaciles (uno o dos por corral) y comisarios (dos por cada cofradía, además del "comisario de libro"), para vigilar el orden durante las representaciones.

Desde el primer reglamento -de 1608, al que siguieron los promulgados en 1615 y 1641- se marcaban los cometidos de los censores sobre el texto y la escenificación, y los bailes complementarios a las representaciones.

Interesa mencionar la complicada contaduría del corral de comedias. Todo espectador que quiera reservar asiento en bancos o gradas debía pagar una triple entrada (para la compañía de actores, para el arrendador del corral y para la reserva de asiento). Por su parte, los arrendadores facilitaban a los autores o directores una cantidad a cuenta, a fin de que pudieran cubrir parte del montaje del espectáculo y la compra de textos.

Todas estas disposiciones cambiaban con el tiempo y podían no corresponderse con las adoptadas en corrales de comedias de otras ciudades españolas, como los de Barcelona, Málaga, Segovia, Sevilla, Valencia, Valladolid, Zaragoza o, al otro lado del océano Atlántico, los de México.

Felipe IV

La gran apoteosis teatral fue uno de los mayores logros quizá del reinado de Felipe IV; hasta tal punto fue identificado este monarca con la farándula que se le atribuyó la posibilidad de que fuese seudónimo suyo Un ingenio de esta corte,Ángel Fernández de los Ríos, "Guía de Madrid", p. 547 fórmula que usaban los dramaturgos para firmar carteles sin que su nombre fuera expuesto a las iras de mosqueteros u otros sicarios de la competencia.Deleito, José, "También se divierte el pueblo", p. 215

Ya en 1620, un año antes de que el Rey Planeta subiera al trono, la plaza Mayor de Madrid se habilitó como espacio escénico para representaciones muy diversas, incluidas mascaradas y danzas. En cuanto al gremio de autores y compañías teatrales, la situación casi se "profesionalizó" en la primavera de 1631 con la fundación, el 2 de abril, de la Cofradía de autores y representantes, bajo el patronazago de Nuestra Señora de la Novena.Ángel Fernández de los Ríos —en su Guía de Madrid de 1876— sitúa la fundación de la cofradía de Nuestra Señora de la Novena, el 24 de julio de 1624, por los comediantes y comediantas de la villa, en la parroquia de San Sebastián (donde consta que se depositaron los restos mortales del "Fénix de los Ingenios", Lope de Vega). En sus estatutos se especificaba que solo podían pertenecer a ella los actores y sus familiares más directos, como esposas o hijos sin emancipar, pero no otros parentescos cercanos, incluidos los padres."Cláusulas, condiciones, estatutos, etc, para crear una congregación de Autores y representantes..." A.C.N (Archivo de la Cofradía de la Novena) Légajo 1. Carpeta 12. thumb|En el Madrid de los primeros Austrias el espectáculo teatral fue trasladándose de las iglesias y las plazas a los corrales de comedias. En la imagen, una representación del auto de Calderón de la Barca, La Divina Filotea, ante la casa consistorial de Madrid en 1681, obra de Joaquín Muñoz Morillejo Con la protección del nuevo gremio, la mejora de las salas estables, y la habilidad de dramaturgos como Lope de Vega (que redujo la duración de sus obras a tres únicos actos) y el notable aumento de calidad en la producción, los corrales madrileños vivieron sus mejores días. En sus 'carteleras' figuraban los nombres de Pedro Calderón de la Barca, Antonio Hurtado de Mendoza, Agustín Moreto, Juan Pérez de Montalbán, Francisco de Quevedo, Francisco de Rojas Zorrilla, Juan Ruiz de Alarcón, Tirso de Molina, Lope de Vega, Luis Vélez de Guevara, entre los más distinguidos.La mayoría de estos autores gozaron del apoyo incondicional de Felipe IV, cuya afición teatral le llevó a construir un coliseo junto al Real Alcázar de Madrid, en las llamadas Casas del Tesoro, que sirvió de teatro de la Corte hasta la conclusión del Buen Retiro, en cuyo complejo se inauguró un teatro italiano en 1640, con el estreno de Los bandos de Verona, de Rojas Zorrilla.

Los Borbones: últimos corrales

La afición del primer borbón, Felipe V, por la ópera italiana, sirvió de pretexto para la construcción del último gran corral de comedias madrileño: el coliseo de los Caños del Peral, así llamado por levantarse en un solar cercano a los lavaderos con ese nombre conocidos. Con el rumor de sus 57 pilas, el escenario de los Caños sirvió de albergue a las compañías italianas en los primeros años del , hasta la construcción en 1713 del primero de los teatros levantados en la plaza de Oriente (sustituido en 1737 por otro mayor que se mantuvo en pie hasta 1817). Así, a lo largo del siglo de las Luces, la transición de corral a teatro de estilo italiano alcanzó finalmente a todos los corrales madrileños que habían podido subsistir.Montoliu Camps, Pedro, "Enciclopedia de Madrid", p. 152

Distribución de localidades

thumb|Corral del Príncipe en 1730. Dibujo esquemático de José Antonio de Armona.