La Compañía de Nueva Zelanda () tiene sus orígenes en Londres en 1837 como la Asociación de Nueva Zelanda con el objetivo de promover la colonización sistemática de Nueva Zelanda. La asociación, y más adelante la compañía, tenía la intención de seguir los principios colonizadores de Edward Gibbon Wakefield, quien concibió la creación de una nueva sociedad modelo inglesa en el hemisferio sur. La Compañía de Nueva Zelanda luego establecería asentamientos en Wellington, Nelson, Wanganui y Dunedin y posteriormente estuvo involucrada en la fundación de Nueva Plymouth y Christchurch. Llegó al apogeo de su eficiencia cerca de 1841, pero se enfrentó a problemas financieros a partir de 1843, de los cuales nunca se recuperó y finalmente la obligaron a cesar operaciones en 1858.
La compañía se hizo famosa por sus elaboradas y ostentosas publicidades y sus vigorosos ataques a los que consideraba sus oponentes -el Ministerio de las Colonias, posteriores gobernadores de Nueva Zelanda, el misionero Henry Williams y la Church Missionary Society en Nueva Zelanda y en Londres. Se opuso estridentemente al tratado de Waitangi y como consecuencia de ello fue criticada a menudo por el Ministerio Colonial y los gobernadores neozelandeses por sus "engaños" y mentiras. La compañía también se vio a sí misma como un posible casi-gobierno de Nueva Zelanda y en 1845 y 1846 propuso dividir la colonia en dos sobre una línea desde Mokau en el oeste hasta Cape Kidnappers en el este, con el norte reservado para maoríes y misioneros mientras que el sur se convertiría en una provincia auto-gobernada, conocida como "Nueva Victoria" y administrada por la Compañía con ese propósito. El Secretario Colonial Británico rechazó la propuesta.
Primeros intentos de colonización El primer intento organizado de colonizar Nueva Zelanda tuvo lugar en 1825, cuando una organización bajo el nombre de la Compañía de Nueva Zelanda fue formada en Londres, con el parlamentario John George Lambton a la cabeza. La asociación no tuvo éxito en su solicitud al gobierno del Reino Unido para recibir los derechos exclusivos de comercio por 31 años y el mando de una fuerza militar, anticipando que se podían obtener grandes ganancias del lino de Nueva Zelanda, kauri, madera y la caza de focas y ballenas. Al año siguiente despacharon dos barcos al mando del capitán James Herd para explorar los prospectos comerciales y posibles lugares de asentamiento en Nueva Zelanda.
En septiembre u octubre de 1826 los barcos Lambton e Isabella (o Rosanna), llegaron a Te Whanganui-a-Tara (actualmente la bahía de Wellington), que Herd llamó Bahía Lambton. Herd exploró el área e identificó la tierra en el suroeste de la bahía como el mejor lugar para un asentamiento europeo. Los barcos luego zarparon hacia el norte en búsqueda de posibilidades de comercio, comprando tierras -más adelante estimadas en 4.000 km²- de los maoríes locales en Hokianga, Manukau y Paeora en el camino. La compañía decidió no establecer relaciones comerciales ni colonizar la zona y cesó actividades, luego de gastar ₤20.000 en el proyecto.
Los barcos llegaron a la Bahía de Islas en noviembre de 1826. Henry Williams escribió que el capitán Herd abandonó la idea de desembarcar con colonos porque los maoríes que encontraron eran hostiles. Henry escribiría: «Han acusado a los misioneros de crear un prejuicio en los nativos contra ellos, olvidando que esos nativos estaban en guerra con nuestra gente; por eso mismo fuera de nuestro alcance, incluso si así lo hubiésemos querido... el capitán Herd parece estar muy ansioso de cargar con gran parte de la culpa al Sr. Madsen». Henry Williams Journal, 4 November 1826 Cuando tuvo su primer contacto con la asociación, Williams no parecía haber formado una opinión sobre las consecuencias de la colonización extensiva de Nueva Zelanda; no obstante, para 1838, tras leer un panfleto explicando los planes de la Compañía de Nueva Zelanda, comenzó a oponerse activamente a las actividades de la Compañía de Nueva Zelanda.
Edward Gibbon Wakefield thumb|right|Edward Gibbon Wakefield Edward Gibbon Wakefield revivió los planes para la colonización de Nueva Zelanda durante los años 1830. Wakefield, quien había crecido en una familia con raíces en la filantropía y la reforma social, había publicado en 1829, mientras se encontraba en prisión por el rapto de una heredera de 15 años, un panfleto y una serie de artículos de periódicos —que más adelante fueron republicados como un libro— promoviendo la colonización de Australasia. El plan de Wakefield consistía en comprar tierras de los residentes indígenas por precios muy bajos, y luego venderlas a especuladores y "colonos caballeros" por un precio mucho más alto. Finalmente podrían comprar sus propias tierras, pero los altos precios de las mismas y las bajas tasas de retorno asegurarían que primero las tengan que trabajar por muchos años.
Muchas de las personas que habían estado involucradas con la Compañía de Nueva Zelanda de 1825 adoptaron las ideas de Wakefield y las utilizaron como base para la colonización de Australia Meridional en 1834, en donde sus seguidores propusieron recrear "una sociedad inglesa perfecta". No obstante, Wakefield consideró la experiencia de Australia Meridional como un fracaso, y en 1836 puso su mira sobre Nueva Zelanda, en donde sus teorías sobre la colonización sistemática podía ser puesta en práctica. Un año después lideró la primera reunión de la Asociación de Nueva Zelanda. Sus miembros poco después incluyeron a los parlamentarios William Hutt y Sir William Molesworth, Robert Stephen Rintoul de The Spectator y el banquero londinense John Wright. Wakefield preparó un borrador de ley para llevar a cabo los planes de la asociación.
Sin embargo, la propuesta fue recibida con una fuerte oposición de los funcionarios de la Oficina Colonial y la Church Missionary Society, quienes objetaron el "poder ilimitado" que tendrían los fundadores de la colonia y lo que consideraron como la inevitable "conquista y exterminación de los actuales habitantes". Los misioneros anglicanos y wesleyanos se alarmaron en especial por el hecho que uno de los objetivos de la colonización era "civilizar un pueblo bárbaro" que "apenas podía cultivar la tierra". El maorí, escribió, "desea" la colonización y admira al inglés "como un ser tan eminentemente superior a él mismo, que la idea de encontrar su propia independencia igualitaria nunca se le pasa por la cabeza". Wakefield sugirió que una vez que los jefes maoríes vendan sus tierras a los colonos por una suma muy modesta, sería "adoptados" por las familias inglesas y sería instruidos y corregidos.
La Compañía de Nueva Zelanda Para finales de 1837 la asociación había comenzado a ganar simpatía en círculos gubernamentales, y se le ofreció una Carta Real en diciembre para hacerse cargo de la administración, y los asuntos legislativos, judiciales, militares y financieros de la colonia de Nueva Zelanda, sujeto a controles por parte del Gobierno del Reino Unido. No obstante, para recibir la carta, el Secretario Colonial lord Glenelg informó a la asociación que debía convertirse en una sociedad por acciones, condición que la asociación rechazó inicialmente. Pero en agosto de 1838 la asociación fue abolida y reemplazada por dos organizaciones, la Compañía de Colonización de Nueva Zelanda y la Compañía de la Tierra de Nueva Zelanda. En mayo de 1839 ambas organizaciones fueron fusionadas con la Compañía de Nueva Zelanda de 1825 para formar la Compañía de la Tierra de Nueva Zelanda y en diciembre el nombre de Compañía de Nueva Zelanda fue elegido como nombre único y la única compañía que enviaría emigrantes a Nueva Zelanda. Una vez más, Edward Gibbon Wakefield proveería el ímpetu, aunque para ese entonces la oferta de la Carta Real había sido retirada.
Al mismo tiempo, dentro del gobierno británico había una creciente preocupación por el bienestar de los maoríes y la creciente anarquía entre los 2000 británicos en Nueva Zelanda, que estaban concentrados en la Bahía de Islas. Debido a la importante presencia de británicos allí, el gobierno consideraba que la colonización era ya algo inevitable y para finales de 1838 se tomó la decisión de designar a un cónsul como un preludio a la declaración de la soberanía británica sobre Nueva Zelanda. Los directivos de la Compañía de Nueva Zelanda sabían que una declaración de este tipo significaría un congelamiento de todas las ventas de tierras hasta el establecimiento de un control británico efectivo, además de un control sobre la compra de tierras maoríes por parte de europeos. Ellos tenían otros planes, los cuales incluían considerar a Nueva Zelanda como un país extranjero y comprar la tierra directamente de los maoríes, sabiendo que esto les garantizaría un mejor trato.
Expedición de 1839 y compras de tierras La Compañía de Nueva Zelanda organizó una expedición para la compra de tierras, la cual partió hacia Nueva Zelanda en el Tory el 12 de mayo de 1839, al mando del hermano menor de Wakefield, el Coronel William Wakefield y con Edward Main Chaffers como capitán del barco."SHIPS, FAMOUS", from An Encyclopaedia of New Zealand, edited by A. H. McLintock, originally published in 1966. Te Ara - The Encyclopedia of New Zealand, Manatū Taonga Ministry for Culture and Heritage, updated 18 September 2007 URL: http://www.TeAra.govt.nz/1966/S/ShipsFamous/en Retrieved 5 March 2008 Un segundo barco, el Cuba, con un equipo de agrimensores liderados por el capitán William Mein Smith, R.A., partió en agosto, seguido un mes después del primero de nueve barcos con inmigrantes, incluso antes de que las noticias del éxito del Tory y el Cuba hubiera llegado a Londres. La flota inmigrante tenía órdenes de dirigirse a Port Hardy en la isla D'Urville, en donde se les indicaría su destino final.
Con la ayuda del cazador de ballenas y comerciante Dicky Barrett, quien hablaba maorí y había vivido en Taranaki entre los maoríes desde 1828 antes de emigrar con un grupo de ellos al área de Wellington en 1832, William Wakefield comenzó a negociar la compra de tierras de los maoríes en las zonas aledañas a Petone en el área de Wellington ni bien llegó a Nueva Zelanda. Para finales de 1839 había cerrado varias compras de tierras que se extendían al norte hasta Patea, las cuales rápidamente se vieron manchadas de controversia por su legitimidad.
El asentamiento era muy diferente de lo que había sido planeado en Inglaterra: entre las muchas falsedades en los folletos y publicidades de la compañía sobre la naturaleza del lugar, Wellington había sido descrito como un lugar de planicies onduladas aptas para el cultivo de vino, aceitunas y trigo. Los planos preparados en Inglaterra mostraban calles y secciones paralelas que no guardaban ninguna relación con los contornos físicos del área. Las calles y secciones, los parques y los cementerios habían sido dibujados para un área que consistía de un delta pantanoso o altas colinas y barrancos empinados.