En la colonia penitenciaria (In der Strafkolonie) es un cuento escrito por Franz Kafka en octubre de 1914 durante unas vacaciones en las cuales quería trabajar en la novela El Proceso.Literaturwissen, Franz Kafka, Carsten Schlingmann Reclam, p. 93

En noviembre de 1916, como parte de una serie de conferencias literarias expresionistas, Kafka presentó el cuento en Múnich a una pequeña audiencia, a la cual pertenecía Rainer Maria Rilke. Según la leyenda, varios de los oyentes se desmayaron ante las atrocidades que narró. La respuesta a la obra, tanto del público como de la crítica, fue en general negativa. Un crítico periodístico calificó a Kafka de "libertino del horror."Alt, p. 477 Kafka planeó originalmente publicar La colonia penal junto con El juicio y La metamorfosis bajo el título Penas, su editor, sin embargo, consideró el argumento invendible.Alt, p. 476 Fuera de ello, se presentaba el problema de exponer el tema de los consejos de guerra en esa época.Kaul, p. 279 Debido a varios retrasos provocados por el escepticismo de Kurt Wolff, su editor, no se publicó como cuento separado hasta 1919. En una carta del 11 de octubre de 1918, Kurt Wolff escribió a Kafka “…esta fantasía, que yo amo extraordinariamente, si bien con cierto pavor y horror ante la aterradora intensidad de las cosas narradas..."Kurt Wolff, Briefwechsel eines Verlegers, 1911-1963, Büchergilde Gutenberg, p. 49 El joven periodista Kurt Tucholsky se sintió muy conmovido por la historia y escribió: "Desde Michael Kohlhaas, no se ha escrito ninguna novela alemana que parezca suprimir conscientemente cualquier simpatía interna y, sin embargo, esté tan empapada de la sangre del su autor".Alt, p. 192

Trama

El poder judicial de la colonia penal Un explorador muy respetado visita una isla remota, que es una colonia penal de un país poderoso no especificado. Es invitado a asistir a una ejecución pública, la cual se realiza por medio de un extraño aparato ideado por el difunto comandante de la isla. La máquina, que es operada por un oficial que aparentemente ejerce una función judicial, consiste en un complicado mecanismo. Su propósito es grabar el texto de la ley quebrantada por el criminal más y más profundamente en su cuerpo, en un procedimiento largo y sangriento, que finalmente conduce a su muerte. Si bien el oficial a cargo es partidario del aparato. desde la muerte del antiguo comandante ésta forma de castigo ha encontrado cada vez más opositores, entre los cuales se encuentra el nuevo comandante. Él espera probablemente comentarios críticos del viajero, un experto en el campo de las prisiones, para acabar con este método de castigo técnico y al mismo tiempo arcaico. Es un método que ni siquiera le comunica al acusado la sentencia antes de que se lleve a cabo, y mucho menos la oportunidad de defenderse. Es sólo durante las doce horas de tormento que el condenado tiene que soportar, donde supuestamente reconoce el significado de las letras, que la máquina infernalmente chirriante graba repetida- y profundamente en su cuerpo. En la ejecución venidera, un soldado simple y algo ingenuo, que fue asignado para servir como sirviente y que supuestamente desobedeció a su amo, debe ser grabado con las palabras "Honra a tu superior". Otro soldado es asignado como custodia. Se desarrolla una especie de camaradería entre los dos, lo que conduce a pasajes grotescos.

La actitud indiferente del viajero Después que la estructura y función del dispositivo han sido explicadas al viajero con gran detalle, y el convicto desnudo ya ha sido atado a la máquina para la ejecución, el oficial se vuelve hacia el viajero antes de poner el aparato en movimiento y le pide que vuelva más tarde, para hablarle positivamente al nuevo comandante sobre la máquina de castigo. El viajero se niega, pero asegura al oficial, que espera poder garantizar la existencia futura de la máquina y que no hará comentarios negativos en público sobre ella. Sólo desea manifestarle al comandante su disgusto por la máquina en privado. Aunque desaprueba la inhumanidad de todo el proceso, como ciudadano de otro país no está autorizado a juzgar el procedimiento.

La ejecución del oficial Cuando el oficial se percata de que no puede convencer a su visitante, hace que el perplejo reo sea liberado. Tomando su lugar, se desviste y acuesta desnudo en la máquina, cuyos engranajes reajusta para que las palabras "Sé justo" se graben en su espalda. Luego de que el soldado y el reo se den cuenta que no está atado lo amarran a la máquina. Esta súbitamente se pone en marcha, pero funciona de manera completamente diferente a la prevista. Sin chirriar, sino completamente silencioso, sin el más mínimo zumbido, el mecanismo arranca y se torna cada vez más rápido. Los engranajes se levantan de las cajas de control y todo el artefacto parece a punto de desgarrarse y hacerse añicos. Incluso las agujas de la llamada rastra no escriben como deberían, sino que penetran más y más profundamente en el cuerpo empapado de sangre. Como consecuencia de ello, toma sólo unos minutos en lugar de muchas horas para que la víctima sea ejecutada y cuelgue sobre el pozo de basura con una larga punta de hierro en la frente. Su rostro muerto no muestra signos de salvación, como había descrito con entusiasmo anteriormente, sino que simplemente mira al explorador "con calma y confianza". Después de éste macabro espectáculo de autodestrucción del hombre y la máquina, el viajero, acompañado de los dos soldados, visita la tumba del anciano comandante antes de emprender el retorno, evitando con éxito que los soldados lo sigan y abandonen también la isla.

Personajes El viajero a quien se le asigna una función de juez sobre el sistema penal y la aplicación de la ley de la isla, es un investigador frío y dubitativo, que se comporta de manera ambivalente y, a la larga, casi sucumbe a la horrible atracción de la máquina y del viejo comandante,Alt, p. 489 cuya pericia técnica parece respetar, ya que en la tumba del comandante siente "el poder de tiempos anteriores". Si bien está en contra de la tortura y del sistema legal que la permite, se trata en definitiva de una negativa puramente formal. A pesar de que el sistema legal de la isla no cumple con sus criterios, el viajero no parece conmovido o genuinamente disgustado por la crueldad del castigo y las características de la ejecución.Alt, p. 138 Lo que más le impresiona es como el oficial, con plena fe en el sistema, deja que la máquina le juzgue. De hecho, es esa adhesión a los principios lo que reconoce e incluso admira. Comparado con el oficial, es taciturno y reticente: la injusticia es indignante, pero no quiere anunciar su rechazo en voz alta, solo comunicárselo en privado al nuevo comandante. El viajero no es un hombre de acción, sino un intelectual que no quiere asociarse con los dos simples, el presidiario y el soldado, ni quiere ayudarles a abandonar la isla.

El oficial, en contraste con el viajero, está lleno de pervertido entusiasmo por la máquina de tortura, a cuyo inventor y constructor, el viejo comandante, adoraba incondicionalmente. Incluso ha intentado varias veces exhumar su indigno cuerpo enterrado y lleva siempre los dibujos de control del aparato en el bolsillo del pecho, tal es la importancia que les atribuye. Llama la atención la frecuencia con la que entabla contacto físico con el viajero de una forma poco militar. Le agarra las manos, se cuelga de su brazo, incluso le abraza. Con inquietas palabras, quiere transmitir su entusiasmo al viajero y le implora que aporte lo que pueda para la preservación del aparato. El viajero, sin embargo, rechaza la esperada aprobación de forma lacónica, aún cuando muestra cierta simpatía: "Tu honesta convicción me conmueve, aunque no puedas convencerme". El oficial, que cree genuinamente que la máquina es un instrumento de justicia, se somete sin vacilar al cruel procedimiento previamente destinado al condenado; su actitud suplicante y voluntad de sacrificio parecen casi más humanas que la distancia pasiva e impasible del viajero neutral. Su "muerte, como a menudo ocurre con la tortura, es solo un efecto colateral del descubrimiento de la verdad.”Agamben, p. 39

Los comandantes no aparecen personalmente en la historia, sólo se mencionan en la descripción del oficial; para él, el antiguo comandante era un colega cercano, pero el nuevo es inaccesible. Este último no apoya la antigua práctica jurídica, pero tampoco se opone a ella de manera decisiva. Transmite una imagen poco militar, caracterizada sobre todo por las mujeres que le rodean. De este grupo tampoco hay protesta ni consternación por las crueles prácticas de tortura. El viejo comandante era una personalidad cautivadora. No solo lanzó un hechizo sobre el oficial, sino también sobre muchos otros. Un oscuro secreto yace sobre su obra y su muerte, ya que el clérigo no permitió su entierro en suelo consagrado. Dado que su lápida habla de resurrección, aparentemente se le atribuye un significado religioso. Sus seguidores son una hermandad secreta que espera que regrese y los ayude a recuperar su antiguo poder.

El sistema y el aparato