thumb|Información parcial del plano de Ventura Seco (1738). Señalado en rojo el edificio ya desaparecido de la Casa Pía de la AprobaciónLa Casa Pía de la Aprobación fue un establecimiento benéfico destinado a dar amparo a aquellas mujeres prostitutas que, voluntariamente o bien inducidas por terceras personas, querían cambiar su modo de vida para finalmente entrar en un convento, pudiendo elegir también otras opciones. También sirvió de cárcel para las mujeres gitanas debido a que no les eran válidas para remar en galeras. Se fundó en la ciudad de Valladolid (España) durante la última década del , en unos terrenos situados en el entonces Campillo de San Nicolás —conocido después como plaza de San Nicolás—. Su principal impulsora y protectora fue Magdalena de San Jerónimo, una mujer muy religiosa y muy apreciada en la corte de Felipe II y Felipe III. La Casa Pía se fue manteniendo con algunos altibajos, como tal casa de arrepentidas hasta el año 1812 momento en que las dos únicas monjas residentes pasaron a vivir al convento de Santa Catalina. Sin embargo el edificio quedó en pie albergando sucesivamente otros destinos hasta su ruina total y derribo en 1932. En 1956, en su solar a la sazón raso y sin vestigio alguno se construyó el colegio público de Isabel la Católica que todavía subsiste.

El edificio llamado Casa Pía de la Aprobación —su recuerdo y su historia— pasó a formar parte del Patrimonio Desaparecido de Valladolid. Algunos de los enseres y obras de arte de su iglesia están localizados, formando parte del patrimonio disperso de Valladolid.

Distintos nombres a lo largo del tiempo Tanto de manera oficial como popular, el establecimiento tuvo a lo largo de su vida diferentes nombres, incluso se llegó a definir como convento, cuando en realidad nunca lo fue e incluso así se advierte en sus constituciones de 1594.

Casa Pía de la Aprobación Casa Pía de Santa María Magdalena Convento de la AprobaciónCon este nombre aparece en el AHN, leg. 7928 y en el AMVA, caja 39, 16 Edificio de las Arrepentidas, denominación de los organismos civiles y del propio pueblo en el Convento de la Probación Casa Religiosa de las Roponas

Contexto y antecedentes históricos thumb|Recorte sobre el plano de Valladolid de 1738, de Ventura Seco. En rojo puede verse el edificio del Hospital de la Resurrección ocupado anteriormente por la mancebía de la ciudad.Durante el y siguientes la prostitución en Valladolid era tolerada y estaba regulada por las autoridades.Este régimen de tolerancia y protección duró hasta 1623 cuando Felipe IV ordenó el cierre de las mancebías. Existían casas públicas custodiadas y regidas por el Ayuntamiento o por instituciones particulares e incluso religiosas que imponían sus normas a seguir. De esta manera se tenía controlado, en bien de la salud pública, un oficio considerado necesario para la sociedad. Una de las mancebías más importantes fue la situada en el espacio del Campo Grande, fuera del Arco de Santiago o Puerta del Campo, que fue desmantelada en 1553 para dejar paso al edificio del Hospital de la Resurrección, en cuyo solar se levantó más tarde la casa modernista llamada Casa Mantilla, edificio que se conserva.

Cuando Felipe III trasladó la Corte a Valladolid movió consigo grupos de ciudadanos de toda clase y condición, desde los oficios más ilustres hasta los más bajos entre los que se encontraban las prostitutas; este colectivo amplió en gran número la población ya existente. El problema se agravó cuando corrió la noticia de que la mayoría de estas mujeres estaban enfermas «de llagas y males contaxiosos», problema que alertó a los alcaldes de Casa y Corte que tuvieron que intervenir en pro de la salud pública; el cirujano de la cárcel, según costumbre, inspeccionó la prostitución legal y consentida entregando los consiguientes informes para tomar medidas. Uno de los mandatos pregonado decía:

Es decir, que se visitaran sólo aquellas que estaban bajo control, las de la calle del Barranco y las de la casa pública reconocida.

En esta época se distinguía entre las cortesanas enamoradas —mujer pública que vive en su propia casa y sólo acepta regalos—, mujeres cantoneras —que no forman parte de la mancebía y viven en casas privadas que rige una alcahueta— mujeres públicas que son las únicas aceptadas de forma legal. La preocupación por el destino y régimen de vida de estas mujeres prostitutas no legalizadas, tanto desde un punto de vista de moral religiosa como de problema social, cundió entre personas principales que decidieron hacer algo positivo al respecto.

thumb|Calle de Francos (después calle de Juan Mambrilla). Todavía se conservan en esta calle portalones con dovelas de los siglos y .El origen de la institución de la Casa Pía está en la calle de Francos, durante el reinado de Carlos I de España. El predicador dominico R.P.F. Bernardino de Minaya vio la necesidad de recoger aquellas prostitutas que, al parecer, querían cambiar de vida y no tenían dónde ir y casi ni podían alimentarse. Para ello pidió ayuda al licenciado Medrano que proporcionó una casa en la calle de Francos —actual calle de Juan Mambrilla— donde fueron admitidas algunas recogidas desde el año 1530. Estaban asistidas por la comunidad dominica del convento de San Pablo, y quedó la casa constituida en régimen de convento a partir de 1540. Desde el principio tuvo buena acogida por parte del vecindario que ofreció su ayuda desinteresada. Pero al cabo del tiempo la casa se quedó pequeña y ante este problema buscaron amparo en la Corte, respondiendo positivamente el emperador Carlos y su hijo Felipe que despacharon una petición al Ayuntamiento de Valladolid para que se ocupara del asunto. El Ayuntamiento proporcionó un solar próximo a la puerta de Teresa Gil —puerta de la muralla—, en el Campillo de San Andrés, —actual plaza de España—, más otro espacio que es la actual plaza de Madrid, y otro que es ahora la calle de Divina Pastora más la calle Panaderos. Teresa de Zúñiga, señora principal, donó además unos terrenos contiguos. Enseguida comenzaron las obras del convento con su iglesia, que tomó el nombre de San Felipe de la Penitencia; se le consagró a San Felipe en agradecimiento a las gestiones hechas por Felipe II.

thumb|left|Recorte sobre el plano de Valladolid de 1738, de Ventura Seco. En rojo pueden verse los edificios que componían el monasterio o convento de San Felipe de la Penitencia, en el lugar llamado Campillo (que es la Plaza de España actual).En 1541 ya estaba terminado el edificio y se verificó el traslado desde la calle de Francos. La primera priora fue María de Acuña, enviada desde el monasterio Sancti Spiritus el Real de la ciudad de Toro. Desde el primer momento, allá en la casa de la calle de Francos, Magdalena de Ulloa, mujer de Luis Quijada se interesó por el proyecto siendo la bienhechora principal. San Felipe de la Penitencia representó para ella una causa social muy importante y llegó a donar una renta anual de 1.000 ducados más unas tierras de labranza que rentaban bastante. Las condiciones para poder disfrutar de estas donaciones eran que se recibiesen como monjas en este convento sólo aquellas mujeres que demostraran arrepentimiento y vocación.

Si no se cumplía este requisito, las donaciones pasarían al colegio jesuita de San Luis en Villagarcía de Campos, institución fundada tiempo atrás por la propia Magdalena de Ulloa. Por estas cuestiones se vio la necesidad de crear un centro que sirviera de conexión, donde las mujeres prostitutas que se decían arrepentidas pasaran unas pruebas de contrición antes de ser enviadas como monjas a San Felipe. Magdalena de Ulloa estuvo muy interesada en este proyecto y lo trató con el prior de San Pablo y los padres fray Hernando del Castillo y fray Antonio de Arce, en 1589.

Casa Pía de la Aprobación. Evolución En efecto, en 1573 Magdalena de San Jerónimo había fundado en el Campillo de San Nicolás, una casa Pía bajo la advocación de Santa María Magdalena que pasó a llamarse Casa Pía de la Aprobación o de Santa María Magdalena. En 1588 hubo la necesidad de ampliar el establecimiento para lo que Magdalena de San Jerónimo compró a Suero de Quiñones unas casas en muy mal estado. Para poder finalizar las obras fundó un censo de 600 ducados junto con Juana de Acosta. Esta señora tenía 4 hijos jesuitas. Los jesuitas ayudaban y protegían este tipo de instituciones. Cfr: AHPV, Protocolos Notariales Caja 20.823, ff 1395 y sig, 1.400 y sig, 1.668 y sig.

En 1592 tuvo lugar el legado testamentario de Isabel Díez, vecina de Valladolid y persona muy rica. Sus deseos fueron que se aplicara el remanente de su testamento en una obra de caridad u hospital, con tal de que fuera algo permanente; los testamentarios pensaron que el objetivo bien podía ser esta Casa Pía, alegando que:

La donación llevaba consigo una serie de condiciones a seguir que fueron aprobadas el 9 de agosto de ese mismo año por el abad de Valladolid. A cambio del refuerzo económico otorgado, los testamentarios se reservaban el gobierno de la casa, el derecho a nombrar patrones y trabajadores, el de redactar nuevas constituciones, el derecho al enterramiento de Isabel Díez y sus maridos —a la sazón enterrados en la iglesia de la Antigua—. También se nombrarían nuevos capellanes; se estipulaba lo que había que rezar, dónde y cuando, amén de otros puntos. Como consecuencia de tanto cambio y tanta intervención ajena, pasado un tiempo —en 1594— Magdalena de San Jerónimo renunció a sus derechos y obligaciones, aunque dejó sus bienes y usufructos como ayuda para la institución. Tras su ausencia, los testamentarios buscaron para el gobierno de la casa a tres religiosas y en septiembre de 1595 entraron tres dominicas: Sor María de San Bernardo como priora; Sor Laureana de la Concepción como maestra; Sor Antonia del Nacimiento como portera. Estas tres monjas tomaron posesión solemnemente, con procesión a la que asistieron curas, beneficiados, algunas cofradías y el Regimiento de la villa. Sin embargo la cofradía llamada del Amor de Dios y de Santa María Magdalena, la que se había ocupado desde los comienzos en buscar y asistir a estas mujeres prostitutas fue relegada a segundo lugar por los testamentarios. Los cofrades decidieron renunciar a sus derechos pero esto trajo consigo muchos problemas por lo que los testamentarios quisieron llegar a un acuerdo: la cofradía seguiría siendo la encargada de presentar ante el prior de San Pablo las mujeres descarriadas que, a su juicio, debían ingresar en la casa Pía.

thumb|Real Monasterio de Santa Isabel, anteriormente Casa de Recogimiento de Santa Isabel.|leftPor su parte Magdalena de San Jerónimo se trasladó a Madrid para ocuparse de otra obra pía encomendada por el rey Felipe III: Casa de Recogimiento de Santa Isabel de niñas huérfanas y desvalidas. En octubre de 1598 se integró como gobernanta de la servidumbre en el séquito de la infanta Isabel Clara Eugenia que marchaba a Flandes como gobernadora. En junio de 1604 regresó a Valladolid portadora de reliquias muy valiosas entre las que se encontraban los cuerpo de algunos mártires de la legión tebana, el cuerpo de San Pascual y otras pertenecientes a Santa Susana —compañera de Santa Úrsula— y varias cabezas de las Once Mil Vírgenes, todo lo cual fue entregado como regalo y para custodia en la Casa Pía de la Aprobación.