El Reino de Nicoya , también llamado Cacicazgo o Señorío de Nicoya, fue una nación amerindia que ocupó gran parte del territorio de la actual provincia de Guanacaste, en el Pacífico Norte de Costa Rica. Su centro político, económico y religioso fue la ciudad de Nicoya, ubicada en la península homónima, de la cual dependían varias provincias ubicadas a los márgenes del golfo de Nicoya, así como numerosos pueblos tributarios. En el , previo a la llegada de los europeos, era el cacicazgo más importante del Pacífico norte de la actual Costa Rica.
La región de Nicoya se constituyó en la frontera sur de Mesoamérica, cuando fue ocupada en el año 800 d. C. por grupos inmigrantes que procedían del norte, del Valle de México, y que huían de la dominación de los olmecas. Estos grupos, conocidos como chorotegas, se instalaron en el istmo de Rivas, en Nicaragua, y gran parte del territorio de Guanacaste, en especial la península de Nicoya, desplazando a grupos previos de cultura del Área Intermedia. Las sucesivas llegadas de los nicaraos al istmo de Rivas produjeron, a su vez, que los chorotegas se desplazaran y ocuparan la mayoría de las islas y la banda oriental del golfo de Nicoya, lo que hizo que entraran en contacto y tuviesen relaciones culturales con los grupos indígenas de la zona central y sur de Costa Rica, permitiendo un mayor vínculo de la región con Mesoamérica, pero sin eliminar las bases locales.
En términos arqueológicos, el territorio de Guanacaste forma parte de la región arqueológica de la Gran Nicoya, la cual se extiende desde el golfo de Fonseca en Honduras, recorriendo todo el Pacífico de Nicaragua, hasta el Pacífico norte de Costa Rica. La Gran Nicoya ha sido dividida, para su estudio, en dos subregiones: la subregión norte o nicaragüense (Pacífico de Nicaragua) y la subregión sur o Guanacaste (Península de Nicoya, la cuenca del río Tempisque, el piedemonte y las tierras altas de las cordilleras de Guanacaste y Tilarán en Costa Rica). En esta última subregión es donde se ubicó el Reino de Nicoya.
En la Gran Nicoya existió un centro cultural constituido que floreció durante aproximadamente 2000 años. Las investigaciones arqueológicas demuestran que la sociedad nicoyana logró alcanzar una compleja organización social y un elevado grado de desarrollo cultural. A la llegada de los españoles a Nicoya en el , encontraron ciudades y gobiernos complejos, agricultura especializada que incluía la irrigación, artes y artesanías, destacándose la tríada de la cerámica policromada (cuya tradición ha sido heredada por artesanos guanacastecos hasta nuestros días), la elaboración de joyería de jade y la manufactura de metates de piedra, con diversos estilos regionales. Por 1200 años, la tradición cultural nicoyana en Guanacaste se estableció claramente como una entidad distintiva.
Toponimia thumb|Metate ceremonial nicoyano. Nicoya era el nombre del monarca que gobernaba esta nación al momento del contacto con los europeos. Como ocurrió con la mayoría de los cacicazgos en suelo costarricense, los españoles dieron al territorio el nombre de su gobernante. A este rey se le ha denominado como Nicoa, Nicoya, Nicoián o Nicoyán, de todos modos, la palabra parece ser una españolización de un nombre indígena.
Se han dado varias teorías acerca del significado de la palabra Nicoya. Uno de los significados es que Nicoya proviene de la palabra náhuatl Nekokiaw, de nekok, «a ambos lados», y iaw, «su agua», denotando la condición peninsular de la región («país con agua a ambos lados»). Otra teoría dice que Nicoya era en realidad el nombre con que se denominaba a los reyes nicoyanos, y que proviene del náhuatl Nekok Yaotl, «con enemigos a ambos lados», puesto que los chorotegas tenían constantes conflictos bélicos con sus vecinos norteños, los nicaraos, con los huetares ubicados al este, y con los aborígenes de la isla de Chira, que les disputaban el control de la península y el golfo.
Nekok Yaotl es también una advocación del dios mesoamericano Tezcatlipoca, quien en la cosmogonía mesoamericana era, entre otras características, dueño de las batallas, y a quien los chorotegas y todos los pueblos nahuas veneraban. Una de las formas de representar a Tezcatlipoca era el jaguar u hombre-jaguar (Tepeyollotl), tema frecuente en el arte nicoyano.
Historia
Poblamiento del territorio
Los indicios más antiguos de poblamiento del territorio por grupos de cazadores-recolectores datan de entre 8000 a 5000 a. C., principalmente en las inmediaciones del lago Arenal y las faldas de los volcanes Rincón de la Vieja, Arenal y, especialmente, del volcán Miravalles, donde se han encontrado gran cantidad de petroglifos. Los primeros indicios de agricultura aparecen entre 2000 a 300 a. C. en las tierras altas de Tilarán, cerca del lago Arenal, y las tierras bajas entre Cañas y Liberia, especialmente fértiles por los depósitos de ceniza de las erupciones volcánicas. De este periodo provienen los objetos de cerámica más antiguos (tecomates y vasijas) de la provincia de Guanacaste. thumb|170px|left|Pilar antropomorfo con petroglifos, hecho de ignimbrita, de la cultura Corobicí, encontrado en la zona de Cañas-Liberia, provincia de Guanacaste, Costa Rica. Se utilizaron para marcar cementerios o como ofrendas dentro de las tumbas. 300-800 d. C.
Las primeras sociedades cacicales aparecen entre 500 a. C. y 300 a. C. en los alrededores del cauce del río Tempisque, así como en zonas costeras como Bahía Culebra. Existen hallazgos arqueológicos que confirman la utilización de los cerros y partes altas para rituales funerarios, así como también el litoral costero. Ya para este periodo se pueden hallar artefactos hechos de jade, piedra preciosa no hallada de forma natural en la región, lo que implica que tuvo que existir algún tipo de intercambio comercial para su obtención, especialmente con los mayas. Las sociedades de este periodo también muestran destreza en la manufactura de cerámica bicroma y metates trípodes, con decoraciones especialmente de animales. Los poblados, que anteriormente se caracterizaban por casas dispersas cercanas a los campos de cultivo, empiezan a concentrarse en aldeas de mayor tamaño, con diferentes obras de infraestructura, tales como basamentos, calzadas y montículos funerarios, que indican la capacidad de los dirigentes para movilizar la población en la realización de dichas obras.
A partir del año 300, empiezan a formarse grandes poblados en la península de Nicoya, ocupando diversas zonas del territorio, como la costa, los valles internos y el mismo interior de la península. Es durante esta fase que más posiblemente se halla poblado la aldea que después sería la ciudad prehispánica de Nicoya. En la zona de Cañas y Liberia, el crecimiento de las aldeas habría estado limitado por la calidad de los suelos de cultivo y la disponibilidad de agua. La sobreexplotación de los suelos y las condiciones climáticas adversas, como sequías, redundaron en el abandono de estas áreas. Por esta causa, las principales poblaciones se habrían desplazado a orillas del río Tempisque, Bahía Culebra, Bolívar, Tilarán y varios sitios de Bagaces y alrededor del río Cañas, hasta las faldas del volcán Orosí. En la zona de Bahía Culebra, habría destacado la aldea de Nacascolo, donde se han encontrado, entre otros hallazgos, figuras de piedra con formas de llama, lo que indica contacto cultural del Área Cultural Andina sobre el territorio.
Los pueblos más antiguos que habitaron la región de Guanacaste eran grupos de lenguas chibchas, los cuales compartían aspectos culturales similares con otros pueblos que habitaron los actuales territorios de Nicaragua, región central de Costa Rica, Panamá y norte de Colombia, espacio cultural que se ha denominado región istmo-colombiana o Área Intermedia.
A partir de 800 d. C., el inicio de la decoración policroma de la cerámica y la presencia de elementos iconográficos mesoamericanos indica un estrecho contacto con las culturas de Mesoamérica, sobre todo con los mayas. La cerámica nicoyana se vuelve un preciado bien de valor comercial que es intercambiado por jade y obsidiana proveniente de las ciudades mayas asentadas en Honduras y Guatemala. Los jades mayas, decorados con glifos y dibujos, fueron retrabajados por los artistas nicoyanos, jugando esta piedra un papel importante como símbolo de rango, hasta que a finales del periodo, hacia 800, su uso se vería traslapado por el uso del oro. El cambio del estilo bicromo a policromo en la manufacturación de la cerámica se vio relacionado con la llegada de grupos de inmigrantes provenientes de México, probablemente de cultura teotihuacana e que intercambiaron ideas con los mayas.
Migraciones mesoamericanas thumb|170px|Vasija globular nicoyana con motivos mesoamericanos. Museo Nacional de Costa Rica. Antes de la llegada de los chorotegas a la península de Nicoya, el territorio se hallaba ocupado por pueblos de lenguas chibchas. Hacia 800 d. C., una etnia de lengua mangue abandonó la región de Soconusco, en la costa de Chiapas (México), migró hacia el sur, asentándose un grupo en Nequepio (El Salvador), la costa del golfo de Fonseca (Honduras), y otro grupo, siguiendo aún más hacia el sur, se asentó en la costa pacífica de Nicaragua, ocupando el istmo de Rivas entre el Pacífico y el lago de Nicaragua, y de allí, desplazándose por las llanuras del Pacífico noroeste de la actual provincia de Guanacaste (Costa Rica) hasta el golfo de Nicoya. Este grupo norteño venía huyendo de la conquista de Cholula (de allí el nombre cholultecas o churutecas) por pueblos nahuas, y por eso, se les ha llamado históricamente chorotegas (del náhuatl, choloa, «huir», y ochololti, «que emprendió la fuga»).
A la llegada de los chorotegas, los asentamientos nicoyanos de cultura del Área Intermedia (corobicíes y otros) eran numerosos, y ocurrió un efecto de desplazamiento de estos pueblos hacia la costa en algunos casos (Diriá, Zapandí) y en otros, como en el caso de los corobicíes, cruzaron la cordillera de Guanacaste hacia las llanuras del norte de Costa Rica, donde su contacto con grupos de lengua rama dio origen a los maléku. thumb|left|120px|Escultura de andesita de la cultura nicoya de Costa Rica. 500-1200 d. C. Museo de América, Madrid. Los chorotegas, a su vez, fueron seguidos por grupos nahua-pipil-nicarao también provenientes de Soconusco y Cholula, pero que se vieron fuertemente influenciados, a lo largo de sus migraciones, por las culturas de El Tajín y Teotihuacán. Hacia 400-500 de nuestra era, hubo una migración de un grupo nahua pipil teotihuacano hacia parte de la costa del golfo de México, hacia la zona de El Tajín y el cerro de las Mesas, donde se han encontrado celtas de jade nicoyanas. Tras el despoblamiento de la gran urbe de Teotihuacán en 650, varios de estos grupos ocuparon algunas regiones de Centroamérica, ocurriendo una segunda ola migratoria de grupos teotihuacanos que partió entre 700 y 900 de nuestra era para establecerse, entre otros sitios, en Guatemala y El Salvador. Se dio una tercera migración hacia 1000 a 1100, de otro grupo nahua-pipil-nicarao que huía del dominio olmeca y de una gran sequía de cuatro años que asoló su hogar original.