La guerra del Brasil o guerra argentino-brasileña o guerra rioplatense-brasilera; () fue un conflicto armado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata —que recientemente se habían independizado del Reino de España— y el Imperio del Brasil —que a su vez también se había independizado del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve—, por la posesión de los territorios que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur y que tuvo lugar entre 1825 y 1828.
En 1816, numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión luso-brasileña de la Provincia Oriental —anteriormente llamada la Banda Oriental— y de la casi totalidad de Misiones, realizando también incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos. La resistencia, liderada por José Gervasio Artigas, duró hasta principios del año 1820, en que sus fuerzas fueron definitivamente vencidas en la Batalla de Tacuarembó.
En 1821, tras la declaración de la independencia del Imperio del Brasil, la Provincia Oriental fue anexada a éste con el nombre de Provincia Cisplatina.
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales y de otras provincias, llamado los Treinta y Tres Orientales y liderado por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. Con la posterior ayuda de Fructuoso Rivera, en pocos meses logró obligar al ejército brasileño a encerrarse en la ciudad de Montevideo, y el 25 de agosto, en el Congreso de Florida, declaró la independencia de la Provincia Oriental del Brasil y su unificación con las demás provincias que conformaban las Provincias Unidas del Río de la Plata o Argentina. Brasil declaró la guerra a la Argentina.
Si bien al comienzo de las hostilidades las fuerzas imperiales eran mayores a las republicanas, a lo largo de tres años las Provincias Unidas derrotaron a Brasil en numerosas batallas terrestres, la más importante de las cuales fue la batalla de Ituzaingó. En cambio, pese a algunas victorias argentinas notables, la superioridad marítima del Brasil no pudo ser contestada por los argentinos. Como resultado, la sitiada Montevideo no pudo ser capturada por los argentinos, mientras que su propia capital, Buenos Aires, era bloqueada por la escuadra brasileña estacionada en el Río de la Plata. Pese a algunos intentos en esa dirección, tampoco se pudo penetrar profundamente en territorio brasileño. En 1827, con la lucha completamente estancada, la situación general era mucho más crítica para la Argentina que para el Brasil, pese a que éste sólo controlaba Montevideo y el pequeño puerto de Colonia del Sacramento.SCHEINA, Robert Latin America's Wars: the age of the caudillo, 1791-1899, Brassey's, 2003.
Mientras tanto, la Argentina acumulaba problemas internos: el rechazo de la Constitución de 1826 y del presidente Bernardino Rivadavia por la mayoría de las provincias, de las cuales las únicas leales afrontaban una guerra civil. Ni siquiera en Buenos Aires los grupos dirigentes respaldaban la continuación de la guerra: el enorme crecimiento de la economía de la provincia hasta 1825 había dependido fundamentalmente del mercado exterior, el cual se veía muy perjudicado por el bloqueo —pese a que los buques británicos lo ignoraban.
En 1827, el ministro plenipotenciario argentino Manuel José García fue enviado a negociar a la capital imperial, Río de Janeiro. En condiciones desventajosas, se excedió en el cumplimiento de las instrucciones recibidas y negoció una derrota que no fuera excesivamente costosa para la provincia de Buenos Aires, y terminó firmando una Convención Preliminar de Paz de 1827 en la que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Provincia Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. Cuando se conoció el texto de la Convención, la opinión pública de la Capital argentina y el Congreso Nacional estallaron de indignación, obligando al presidente a rechazar el tratado, al que llamó «deshonroso». No obstante la rapidez de su reacción, al día siguiente del regreso de García, Rivadavia se vio obligado a renunciar a la presidencia.
El conflicto continuó hasta el 27 de agosto de 1828, cuando los representantes del gobierno de la provincia de Buenos Aires, en nombre de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y los del Emperador del Brasil, Pedro I, firmaron la Convención Preliminar de Paz de 1828, que acordó la independencia de la Provincia Oriental o Cisplatina, con el nombre de Estado Oriental del Uruguay, y el cese de las hostilidades.
Antecedentes
España y Portugal en la Cuenca del Plata En 1494, poco después del Descubrimiento de América, el Tratado de Tordesillas fijó los límites entre los dominios de España y Portugal en América del Sur a lo largo de una línea que, en la práctica, resultó muy difícil de determinar, aunque distintos autores coincidieron en fijarla alrededor del meridiano 46° O.Henry Harrise, The Diplomatic History of America, Ed. B.F. Stevens, Londres, 1897, pág. 91-108 y 138-139. Por ello las fundaciones portuguesas en la costa del Brasil se extendieron hasta São Vicente.História da Capitanía de São Vicente de Pedro Taques, artículo en Dominio Público consultado el 16 de agosto de 2010. En la práctica, la colonización portuguesa del Brasil nunca respetó totalmente ese límite, y en el interior la colonización se extendió mucho más al oeste, sobre todo en la región de São Paulo, y continuando a partir de la década de 1540 hacia el Sur, llegando hasta la localidad de Laguna.
Desde principios del , los colonizadores portugueses consideraron como su límite natural al Río de la Plata. En fecha tan temprana como el año 1631 ya existía cartografía que consideraba que la margen izquierda de este río era de soberanía portuguesa.Plano del Río de la Plata de 1631, por João Teixeira Albernaz el viejo; citado por Ariadna Islas, en Límites para un Estado, en Ana Frega (coord.), Historia regional e independencia del Uruguay, Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, 2009. ISBN 978-9974-1-0629-1 En 1680, aprovechando la ausencia de colonización española en la región, el Maestre de Campo Manuel de Lobo fundó la Colonia del Sacramento en la costa norte del Río de la Plata, fijando la pretensión de Portugal de extender su dominio hasta aquella región. Si bien fue inmediatamente expulsado por fuerzas españolas provenientes de Buenos Aires al mando del gobernador José de Garro, la Corona española prefirió conservar la paz con Portugal y devolver la Colonia.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 6. Durante casi un siglo, la Colonia fue varias veces capturada por fuerzas españolas y otras tantas, rápidamente devuelta a Portugal.Santiago Gómez, Guerras entre España y Portugal en la cuenca del Río de la Plata. Consultado el 16 de agosto de 2010.
En el marco de la Guerra de Sucesión Española (1701-1713), a fines de 1704 el Virrey del Perú Melchor Portocarrero Lasso de la Vega ordenó al maestre de campo Juan Valdez la captura de Colonia que, tras un prolongado sitio, fue ocupada en marzo de 1705. El tratado de Utrecht, que puso fin a la guerra, estableció que esa ciudad volviera a la soberanía portuguesa.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 9.
Un nuevo intento de colonización portuguesa fue frenado por la fundación de la ciudad de Montevideo en 1724.Fundación de Montevideo, en La Escuela Digital Consultado el 16 de agosto de 2010. A ello respondieron los portugueses con la ocupación de la actual Río Grande del Sur en 1737.A antiga capital nasceu duas vezes, en Página do Gaúcho (en portugués) Consultado el 16 de agosto de 2010.
En 1750, el Tratado de Madrid, también llamado Tratado de Permuta, anuló la Línea de Tordesillas y fijó un nuevo límite entre las colonias portuguesas y españolas en América del Sur: en el tramo correspondiente a la margen izquierda de los ríos de la Plata y Uruguay, la línea dejaba gran parte de esa área para España, incluida la ciudad de Colonia. Pero también se adjudicaban a Portugal las Misiones Orientales fundadas y gobernadas por los jesuitas españoles, como forma de pago por la desposesión portuguesa de Colonia. El Tratado trajo serios conflictos en la región, ya que los guaraníes resistieron la ocupación portuguesa, dando lugar a la Guerra Guaranítica entre 1754 y 1756.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 10. El pacto de Madrid se revirtió en 1761, y Colonia retornó bajo la soberanía portuguesa.
En 1762, España y Francia estaban en guerra contra Inglaterra y Portugal. Una escuadra anglo-portuguesa, bajo el mando del comodoro O'Meara, se encontraba en el Río de la Plata. A pesar del peligro, el gobernador de Buenos Aires, Brigadier Pedro Antonio de Cevallos, organizó una expedición de unos 2700 hombres que llegó por sorpresa a Colonia,J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 11. y logró la capitulación el día 2 de noviembre. Se capturaron 26 barcos y 150 piezas de artillería, que fueron dispuestos para la defensa de la ciudad ante el inminente ataque de la escuadra británica.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 12.
El ataque británico llegó el día 6 de enero de 1763. Durante tres horas se produjo un feroz bombardeo hasta que el disparo de un artillero porteño impactó en el arsenal de la fragata Lord Clive, en la que estaba O'Meara. Se produjo una explosión que destruyó inmediatamente la embarcación. Ante semejante pérdida, el resto de la flota británica se retiró. Cevallos continuó su marcha por Brasil ocupando Santa Tecla, Chuy, y San Pedro de Río Grande, la capital del estado portugués. Un tratado de paz nuevamente anuló los avances españoles en la región y Cevallos retornó a España decepcionado. En su lugar quedó como gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 13.
En noviembre de 1776, el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata y nombró virrey a Cevallos. Este último zarpó al mando de 9300 hombres, y entre febrero y marzo de 1777 ocupó todo lo que hoy es el sur del Brasil: Santa Catarina, y Río Grande do Sul, además de Colonia. En el Tratado de San Ildefonso, firmado ese año, España devolvió solo Santa Catalina y Río Grande; de modo que Colonia, Montevideo y Santa Tecla quedaron bajo su dominio.J. A. Baldrich, Historia de la Guerra del Brasil, Buenos Aires 1905, página 14.La Herencia Misionera, en Territorio Digital. Consultado el 15 de agosto de 2010. Los virreyes del Río de la Plata se esforzaron en fundar pueblos en lo que ya se llamaba la Banda Oriental para asegurarse la soberanía efectiva de España sobre ese territorio.Francisco A. Berra, Estudios históricos acerca de la República O. del Uruguay, Ed. A. Rius, Montevideo, 1882. La ciudad de Montevideo fue amurallada, contaba también con una fuerte guarnición militar, y se convirtió en un poderoso apostadero naval.
Los dos tratados parecían dejar en claro que ambas potencias aceptaban la ocupación de territorio como fuente para reclamar la soberanía,Islas, Límites para un Estado, en Frega, Historia regional e independencia del Uruguay. pero las recurrentes guerras entre Portugal y España causaban la inestabilidad de los límites, y ningún tratado logró estabilizarlos: durante la Guerra de las Naranjas, en 1801, tropas portuguesas ocuparon las Misiones Orientales, sin que las fuerzas españolas del Virreinato del Río de la Plata pudieran hacer nada para impedirlo o recuperarlas.
Ocupación portuguesa de la Banda Oriental