Rubén González Cárdenas (Capacho Viejo, Táchira, Venezuela; 14 de marzo de 1875-Caracas, 26 de agosto de 1939) fue un abogado venezolano con una intensa vida política en su estado natal entre 1899 y 1908. Fue Secretario General de Gobierno; también destacó como Diputado al Congreso de la nación; Presidente de la Asamblea Legislativa; Ministro de Instrucción Pública (1922-1929) y Ministro de Relaciones Interiores (1929-1931).
Biografía
Infancia
Hijo de Don Nicolás González Cárdenas (1847-1902), de profesión ganadero; y de Doña Eufrasia Cárdenas Cárdenas (1858-1920), siendo el cuarto hijo de este matrimonio.
Dos meses después de su nacimiento, su hogar queda destruido por un terremoto. Toda la familia se salva. A raíz de este acontecimiento, Don Nicolás figura en el acta de fundación del nuevo pueblo de Capacho, hoy día llamado Capacho Nuevo, capital del Municipio Independencia. La familia cede, generosamente un lote de tierras para levantar la población y la familia González Cárdenas decide mudarse a Rancherías, otra propiedad camino a San Cristóbal donde en los próximos siete años, la familia crecerá con el nacimiento de tres hermanos más.
Ningún suceso trascendente perturba la vida campesina de Rubén. Apenas aprende las primeras letras, ingresa en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, en La Grita donde queda interno. Allí se forjará, formará y egresará como Bachiller. De esta etapa de su vida sobresalen tres variables fundamentales que lo acompañaran el resto de sus días: su extraordinario desempeño académico hasta llegar a considerarlo un alumno excepcional; su indoblegable carácter rebelde y su relación con el Director del colegio, el padre Jesús Manuel Jáuregui Moreno, quien lo marcará de manera definitiva por su “verdadero sentido pedagógico”. “Tal vez por esa extraordinaria condición del Padre Jáuregui, su recuerdo en Rubén González fue perenne. El retrato del maestro estuvo siempre en su escritorio y un busto de bronce, que mandó a ejecutar por el año de 1925. Jáuregui influyó más que nadie en el espíritu y en la mente de Rubén González”.
Juventud
González Cárdenas parte a Mérida, apoyado por un gran esfuerzo económico de sus padres, para emprender estudios de Derecho en la Universidad de Los Andes (ULA). Allí mantiene su condición de estudiante excelso. En 1895 es escogido por los estudiantes, con motivo del centenario del nacimiento del Mariscal Antonio José de Sucre, para pronunciar un discurso en el Paraninfo de la universidad. Su intervención fue de gran resonancia en todo el estado. Egresa como abogado con las máximas calificaciones en 1897. Se regresa a Táchira donde ejerce como jurista en San Cristóbal. Ávido por conocimiento, adquiere parte de la biblioteca del connotado Pedro María Morantes(Pío Gil).
Hijos
El 26 de febrero de 1904, contrae matrimonio en San Cristóbal con su pariente lejana Vicenta de los Dolores Martínez Vivas, mejor conocida como Dolores, quien es una mujer reconocida por su gran inteligencia, su singular tacto y agudo decir. Doña Dolores sobrevivirá a Rubén González Cárdenas 26 años hasta su muerte el 19 de enero de 1965, de este matrimonio nacen: César, Blanca, Tulia, Elvia y Ana Clotilde.
Vida política
Aunque no participa en las luchas políticas regionales, Rubén se mantiene muy activo en la contienda regional. Analiza la situación del estado y como avizora que nada práctico se conseguirá, se niega rotundamente a participar en partidos políticos. Gracias a amigos comunes entabla relación con el General Cipriano Castro, quien para la época se encontraba exiliado en Colombia.
Durante 1899 permanece en el estado sumándose al movimiento de la Revolución Liberal Restauradora y levanta las banderas: “nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”. De esa época, hay evidencia de la asesoría que le prestó al general Celestino Castro, hermano del caudillo tachirense. Cuando asume como Presidente provisional del estado, nombra a González Cárdenas como Secretario General de (1900-1908) lo cual lo convierte potencialmente en el encargado de la administración del estado Táchira. “Redacta documentos, los comunica, exige el cumplimiento de las órdenes, vigila el escaso presupuesto del Estado (menos de Bs. 200 mil); está atento de los partidos políticos y a los descontentos; desconfía de la frontera”.
Se ve obligado a tomar fuertes medidas fiscales con motivo de la renta de aguardiente y afecta a gente poderosa, incluyendo al presidente Castro, quien en un telegrama le ordena a Celestino Castro separar del cargo a González Cárdenas. Y este responde al telegrama diciéndole: «Si yo no tengo autoridad ni siquiera para nombrar mi Secretario General, ahí te queda tu Presidencia…» Rubén pone el cargo a la orden, pero no es aceptada su renuncia. Castro, desde Caracas, replica diciendo que no se trataba de una orden sino más bien de una “recomendación” y que y le pide a Celestino Castro que deje a González en su cargo. Este evento le da mucha más autoridad al abogado.
Rubén se muestra como un político visionario, con un amplio sentido nacional. En el informe redactado para el presidente Cipriano Castro hace gala de una mente brillante cuando se mantiene “atento a los peligros inminentes de las revueltas; de invasiones tales como la colombiana, acaecida un año más tarde”. De igual forma se preocupa por la “presentación de Venezuela en el exterior, la intervención de capitales extranjeros en el país al analizar el capital alemán en el Táchira, el deseado ferrocarril en el Táchira, las líneas telegráficas y su necesidad imperiosa; el problema del contrabando por los ríos Zulia y Catatumbo y, especialmente enfoca el problema político del país, empeñándose en la necesidad de formar hombres jóvenes que reemplacen a los gastados de los viejos partidos”.
A la caída del gobierno de Cipriano Castro, González Cárdenas se mantiene en San Cristóbal donde es acusado infundadamente de participar en un movimiento conspirativo. Es apresado en el Cuartel San Carlos en 1910 y ocho meses después es dejado en libertad gracias al General Régulo Olivares, Comandante de Armas, quien luego de investigar se convence de la inocencia de González Cárdenas. Inmediatamente el presidente Gómez ordena su libertad. Parte a Colombia donde se exilia en El Escobal, pueblo limítrofe en la frontera colombo venezolana; donde permanecerá hasta 1917. En este tiempo su lucha política no se detiene, desde su exilio descarga su ideario político en "El Gañan de La Mulera", una serie de folletos donde hace frente al gobierno de Juan Vicente Gómez.
“Años más tarde, me confesó (a su hijo, César González) que su error había sido irse a Colombia, en lugar de viajar a Caracas, porque el presidente Juan Vicente Gómez había demostrado que no había sido suya la obra de haberlo remitido preso (…), pero su juventud, su carácter impulsivo, su resolución lo hicieron tomar aquella determinación”.
No mucho tiempo después Rubén González concluye, haciendo gala de su sagaz visión analítica, que el tiempo de las guerras civiles en Venezuela ha terminado y según demuestra la historia no se equivocó. Esta posición lo separa radicalmente de los grupos castristas en el exilio que preparaban un alzamiento contra el gobierno gomecista. Todas estas circunstancias más su deplorable condición económica al borde de la miseria le hace tomar la decisión de pedirle garantías al gobierno de Gómez por intermedio de Román Cárdenas, un pariente quien era Ministro de Hacienda.
A su llegada a Caracas en 1917, González visita al General Gómez, presidente de Venezuela en ejercicio y este le hace ver que no fue suya la iniciativa de encarcelarlo en el Castillo de San Carlos. Le participa además que conoce sus puntos de vista acerca del gobierno y le demuestra que tenía perfecto conocimiento de la oposición en el exterior, pero las posiciones de González, siempre apegadas a la constitucionalidad, hacen que el mandatario confié plenamente en él.
“Comienza haciendo algunos trabajos jurídicos para el Ministerio de Hacienda, entre ellos uno que fue la base de los alegatos para sostener ante la Corte Federal y de Casación la constitucionalidad de las Leyes de Hacienda, legajo que había sido impugnada ante ese alto Tribunal”.
Se desempeña como Diputado al Congreso en representación de su estado natal (1919-1922) y Presidente de la Cámara de Diputados en dos ocasiones (1920 y 1922). En este mismo período, ejerce como Consultor Jurídico del Ministerio de Hacienda y redacta la interpretación de las nuevas leyes fiscales, particularmente la relacionada con la fiscalización de los hidrocarburos.
Como Diputado no destacó como un hombre de debates. Se entrega al trabajo en la Comisiones de estudio de proyectos de las leyes y elabora personalmente algunas. Destacan la primera Ley de Sanidad Nacional que apareció con los fundamentos y principios básicos y constitucionales de esa rama de la Administración Pública.
Su gran labor en el Congreso de la nación y en el Ministerio de Hacienda permitió que se le reconociera como un político eficaz y de temple. Es considerado como una ficha política nacional y por tanto pasa a formar parte del Gabinete Ejecutivo. “Parece que hubo la intención de nombrarlo Ministro de Fomento en 1922 cuando asume nuevamente la presidencia el general Juan Vicente Gómez”, pero al morir José Ladislao Andara, el 5 de septiembre 1922, Rubén González Cárdenas fue nombrado Ministro de Instrucción Pública (hoy Ministerio de Educación) por el gobierno de Gómez.
Ministerio de Instrucción Pública
La estrategia llevada a cabo durante la estadía de González Cárdenas en esta cartera representó un hito en la política educativa en Venezuela por su gran repercusión en el sector.
Los problemas educativos en el gobierno gomecista eran los mismos que se venían arrastrando de administraciones anteriores: carencia de locales adecuados y de escuelas graduadas; escaso material de trabajo y mobiliario, a tal punto que "el alumno debía, por lo general, cargar con su silla o banquito para la escuela". Es todavía una escuela que "se limita a suministrar conocimientos elementales como consecuencia de una enseñanza rutinaria y carente de interés para los educandos". (Mudarra, 1978, p. 97)
González Cárdenas entendió que se necesitaba "algo más fundamental que corregir vicios en la aplicación de las leyes y hacer que éstas se cumplan estrictamente, para lograr una verdadera y completa organización del ramo". (González, cit. por Fernández Heres, 1981, p.943)
Dentro de tal línea de pensamiento reorganizó el Ministerio y desde allí impartió espíritu de orden, carente en todos los institutos oficiales. Dignificó la labor del maestro dándole seguridad y estabilidad. Una pequeña muestra de ello fue que en 6 años de gestión (1922-1928) aumentó los salarios en más de 140%, pero exigió reciprocidad y obligó la profesionalización de los maestros, que hasta el momento, tenían un conocimiento llano y rudimentario. Esta acción fue fundamental para impulsar el Magisterio Venezolano.
thumb|left|Óleo de Marcos Bontá, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela
Emprendió un nuevo, difícil, pero exitoso camino que definiría el sistema educativo venezolano; tras el plan propuesto por Felipe Guevara Rojas. La reforma impulsada por González Cárdenas a la legislación estuvo vigente por 16 años, hasta 1940. Esta reforma giró en torno a la separación de la función docente y la función examinadora implementada en 1914, pero “con mejor perspectiva y criterio jurídico. Rubén González hace que la Ley Orgánica de la Instrucción Pública declare expresamente que la función examinadora para el otorgamiento de Certificados y Títulos Oficiales, corresponde únicamente al Estado”.