La minificción es un término usado por algunos críticos literarios para designar un género literario breve mayormente narrativo y lúdico, irónico, metaficcional e híbrido.
Según Lauro ZavalaLauro Zavala. “Minificción contemporánea. La ficción ultracorta y Literatura posmoderna”, pág. 32: http://laurozavala.info/attachments/Notas_Minificcin.pdf : [Consultado el 1 de junio de 2013]. surgió a principios del y sus raíces se encuentran en las vanguardias. Fue hasta las dos últimas décadas del mismo siglo, gracias a los estudios introductorios de Dolores M. Koch sobre el tema en 1981, que se le valoró como género autónomo y posmoderno.
Probablemente la minificción cobró verdadera importancia gracias a la brevedad de expresión en algunos sitios de Internet y los alcances de este en espacios como Twitter, por ejemplo. Aun así, es importante destacar que la supuesta novedad de una escritura que se hace breve como consecuencia del medio en que aparece no es un fenómeno (pos)moderno. Esto ocurre ya en la literatura funeraria como se evidencia, por ejemplo, en los Textos de los Sarcófagos egipcios y los epitafios griegos.
Nomenclatura El género de la minificción, al ser de naturaleza híbrida e inestable, ha sido estudiado bajo diversos nombres, los cuales provocan cierta confusión al momento de clasificarla. Algunos de los apelativos utilizados son minicuento, microcuento, microrrelato, ficción breve, cuento breve, microtextos, microficción, nanoficción, entre otros.
Antecedentes miniaturadeimagen|Fábulas de Esopo Las formas de ficción breve han sido constantes desde las primeras manifestaciones literarias. Esto se remonta a las civilizaciones antiguas, como la cultura grecolatina en donde aparecen sentencias, fábulas y aforismos; un ejemplo de ello son las fábulas de Esopo que no rebasan las diez líneas. Sumado a lo anterior, están los epitafios funerarios, los cuales encierran un carácter ficcional al relatar alguna de las hazañas de los personajes célebres combinando realidad con ficción, o al resumir la vida del difunto en un breve comentario.
En la Edad Media, la función didáctica y moralizante del discurso se apoyó en los exempla y bestiarios, ambos subgéneros literarios de pocas palabras. En el caso del primero, la sentencia moralizante se inscribe al final del ejemplo como la moraleja clásica, la cual podría funcionar independientemente y resume el motivo de todo el texto, tal como se puede observar en las obras anónimas Calila e Dimna o Sendebar.
Entre los siglos XVI y XVIII, el cultivo de la ficción breve se dejó de lado pues se valoró más la poesía, el drama y el discurso ensayístico, como es el caso de la Enciclopedia durante la Ilustración. Sin embargo, escasos fueron los escritores que ejercitaron los subgéneros literarios breves, de donde se rescatan a los fabulistas neoclásicos españoles Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego. Respecto a los precursores del cuento moderno, a fines del sobresalen los cuentos reunidos en la tradición oral por el francés Charles Perrault, los cuales incluirían unos de los principales tópicos parodiados por distintas minificciones, como es el caso de Cenicienta o Caperucita Roja.
Posteriormente, principiando el , durante los primeros años del Romanticismo, el cuento tradicional y el cuento de hadas, con una tradición recogida desde el medievo, recobran fuerza gracias a los trabajos de recopilación de los hermanos Grimm y a las creaciones de Hans Christian Andersen.
A finales del mismo siglo, el norteamericano Edgar Allan Poe presenta su poética sobre lo que se conocería como cuento moderno. En su ensayo “Unidad de impresión”Edgar Allan Poe. “La unidad de impresión” y “El objetivo y la técnica del cuento” en Teorías del cuento I. Teorías de los cuentistas, Lauro Zavala (comp.). México: UNAM, 1995. págs. 13-18. el autor expone que el concepto alude a la totalidad de un cuento y la brevedad de éste para provocar en el receptor un impacto estético, el cual debe efectuarse en un acto de lectura ininterrumpido, es decir, de una sola vez.
A partir de Poe, en Hispanoamérica, se cultiva el género en figuras como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Macedonio Fernández, entre otros, mismos que experimentan con ficciones más breves, más lúdicas y más transgresoras que las habituales.
En las últimas décadas del , bajo la estética de las vanguardias y los diversos ismos, en relación con el boom latinoamericano y con los cambios en la institución literaria tales como la difusión, los medios masivos, el lenguaje virtual y las redes sociales, la minificción tomó mayor auge y dinamismo. De esto se han percatado un gran número de escritores contemporáneos, por ejemplo: Ana María Shua, Raúl Brasca, Marco Denevi y Luisa Valenzuela, quienes en mayor o menor medida han incursionado en el género apoyándose en que las empresas editoriales emprendieron la producción de múltiples antologías, los concursos de creación aumentaron y los estudios críticos empezaron a promoverse, entre los que se destacan los ensayos del mexicano Lauro Zavala, del argentino David Lagmanovich y de la venezolana Violeta Rojo.
Características Brevedad La principal característica de la que parten todos los estudiosos es la brevedad. Por una parte, esta propiedad parece inherente a la estética del cuento y alude a la extensión espacial, razón por la cual se ha llegado a clasificar según la cantidad de palabras: cuento corto (1000 a 2000 palabras), cuento muy corto (200 a 1000 palabras), cuento ultracorto (1 a 200 palabras).Lauro Zavala, Cartografías del cuento y la minificción, España: Renacimiento, 2004, págs. 86-98. Por otro lado, la brevedad implica un alto grado de concisión, manejo de un lenguaje preciso y una anécdota comprimida, empleando intertextualidad, con la intención de producir imaginación, agudeza, sutileza y un impacto en el receptor.Violeta Rojo, Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos, Venezuela: Equinoccio, 2009, pág. 58. Respecto a lo anterior, Julio Torri, pionero del género, dice:
En otro punto, la brevedad determina la intensidad y tensión; el tema y el tratamiento del mismo. Violeta Rojo postula que la brevedad resulta el rasgo más importante de los minicuentos, primero por ser el carácter diferenciador más evidente, y segundo porque de ésta devienen todas las características posteriores.Violeta Rojo, Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos, Venezuela: Equinoccio, 2009, pág. 61. En síntesis, la extensión de una minificción debe ser de unas cuantas líneas que no rebasen la página.
Condensación La condensación, el lenguaje preciso y la economía son imprescindibles, pues el autor, al tener que utilizar un número exiguo de palabras, describir situaciones rápidamente y definir personajes en escasas alusiones, debe utilizar palabras exactas y efectivas que proporcionen la significación. Junto a esto, devienen cualidades estilísticas como la ironía, el humor, el sarcasmo y la parodia por un lado; y rasgos estructurales como la fractalidad, epifanía, finales abiertos, hipertextualidad y espacios vacíos, por el otro.Ibídem. págs. 63-68.
Carácter proteico Éste alude a la naturaleza híbrida de la minificción moderna, es decir, del microrrelato, que en ocasiones puede confundirse con otras formas discursivas como el poema en prosa, el chiste, las anécdotas, las fábulas, el ensayo, los palíndromos y las biografías. Tal característica provoca la complicada clasificación del género.Véase. Ibídem. pp. 78-93.
Elipsis La elipsis es la estrategia narrativa de la que se vale la minificción para eliminar aquello que el lector debe suponer para apropiarse del texto y resemantizarlo en función de una interpretación propia.Lauro Zavala. “Minificción contemporánea. La ficción ultracorta y Literatura posmoderna”, pág. 54: http://laurozavala.info/attachments/Notas_Minificcin.pdf : [Consultado el 1 de junio de 2013].
Principales posturas teóricas David Lagmanovich David Lagmanovich, en El microrrelato. Teoría e historia, inserta al microrrelato dentro del marco general de los microtextos. Lagmanovich distingue entre los términos microtextualidad, minificción y microrrelato, donde el primero es el más amplio y el último "una especificación de todos los anteriores."David Lagmanovich. El microrrelato. Teoría e historia, 2006. pág. 26. El microtexto es todo texto breve, literario o no. Los microtextos, a su vez, pueden ser no ficcionales y minificción. Los primeros abarcan los meramente informativos, como las micronoticias, los telegramas y grafiti. En tanto al segundo, estas brevedades deben cumplir con dos puntos esenciales: uno, la literariedad que según este teórico es "producto de ciertas características estructurales y de ciertos rasgos que trasmiten el significado, todo ello aceptado en virtud de condiciones estéticas que el lector reconoce como tales".Ibídem. pág. 21. Y dos, el rasgo minificcional con el cual se percibe la función estética y ficcional de un texto breve. Entonces, la minificción se subdivide a su vez en dos campos: los géneros próximos, en los que se engloban los microtextos dramáticos, haikús, aforismos, poema en prosa, fábula, anécdota, bestiarios y discursos miméticos; y el microrrelato o minicuento. Para Lagmanovich, el microrrelato debe cumplir con el carácter narrativo, por escueta o apenas insinuada que sea, a partir de la intensa brevedad y concisión de su escritura. Así, este autor explica: Como se desliga de las observaciones de Lagmanovich, microrrelato no es lo mismo que minificción; el primer término está contenido en el segundo. Como explica él mismo:
Dolores M. Koch Dolores M. Koch piensa a la minificción como un subgénero experimental del cuento que se ha extendido por los campos literarios durante el . La tendencia al cuento corto no es precisamente una novedad en la literatura mundial, dado su origen oral, de donde surge una variedad de minificciones, cuya abundante producción demanda una mayor atención crítica. Estos estudios fueron iniciados por la cubanoestadounidense, cuya tesis doctoral de 1986, El micro-relato en México: Torri, Arreola y Monterroso, recoge el término “micro-relato” propuesto ya en 1977 por José Emilio Pacheco. La autora reconoce entre dos variantes: el minicuento y el microrrelato. Sus diferencias radican en el tipo de desenlace:
Esta posición ha sido cuestionada por, entre otros, David Lagmanovich quien observa:
Lauro Zavala Las principales investigaciones de Lauro Zavala consideran que la minificción es el género por excelencia del ampliamente relacionado con la posmodernidad. Su aportación principal al campo de la minificción es la teoría para el análisis de factores posmodernos en narrativa y la creación de modelos de análisis textual e intertextual. Según este académico, en sus notas tituladas “Minificción contemporánea. La ficción ultracorta y Literatura Posmoderna”(usadas en el curso universitario de minificción contemporánea en 2011 en la Universidad Autónoma de Guanajuato), la minificción, como género literario, puede subdividirse en tres tipos:
1. Minicuento: Se trata de la minificción en su aspecto clásico, lo cual significa que este texto breve se constituye de las tres partes imprescindibles del cuento tradicional: un inicio introductorio; un desarrollo o clímax; y un desenlace. Aunque la construcción de personajes, atmósferas, escenarios y argumentos resultan demasiado breves, en este tipo de minificción es posible encontrar dichos rasgos desarrollados en pocas líneas, con respeto al orden preestablecido y con un final sorpresivo.
Se caracteriza por narrar en una extensión menor a 400 palabras con un sentido paródico, alegórico o parabólico.