La segunda batalla de Al Quseir comenzó el 19 de mayo de 2013, como parte de la Ofensiva de Al-Quseir, lanzada en abril de ese año por las tropas del ejército gubernamental de Siria, con apoyo de Hezbolá. El objetivo de dicha operación era recapturar la ciudad de Qusair y sus alrededores, ya que constituía una importante línea de abastecimiento tanto para los rebeldes que estaban asediando la ciudad de Homs como para el gobierno, dado que se halla justo entre Damasco y la costa (ambos bastiones del gobierno).

Antes del inicio de la ofensiva, la Fuerza Aérea había lanzado panfletos en los que se alertaba a la población de la inminente avanzada gubernamental. Esto condujo a que miles de civiles abandonaran la urbe, aunque unos 25 000 se quedaron. El general Salim Idris, del Ejército Libre Sirio (ELS), advirtió sobre una «masacre» si el ejército sirio y Hezbolá ingresaban a Al Quseir.

Durante los últimos días de la batalla, Hezbolá y los rebeldes negociaron un plan de retirada, en el que se les proveía salvoconducto tanto a estos últimos como a los civiles. El 5 de junio, las fuerzas gubernamentales y Hezbolá se hicieron con la totalidad de la ciudad, mientras se retiraban los últimos contingentes rebeldes.

Desarrollo Primera semana

El 19 de mayo, tras de dos días de calma, al-Qusair fue objeto de bombardeos aéreos y ataques con artillería y morteros. Alrededor de 20 personas, entre ellas 11 rebeldes, murieron durante las primeras horas. Ese mismo día, las fuerzas leales irrumpieron en la ciudad desde varias direcciones. Los intensos combates se concentraron en las entradas a la urbe. Los helicópteros fueron grabados mientras bombardeaban un barrio ya de por sí destruido, y el vídeo fue subido a Internet. Se reportaron enfrentamientos en nueve puntos en y alrededor de al-Qusayr durante el día.

Las tropas gubernamentales ingresaron al centro de la ciudad más tarde, tomando la plaza principal y la municipalidad, según una fuente militar. Un militante opositor negó que el bando leal hubiera hecho avance alguno y afirmó que la municipalidad ya había sido destruida seis meses antes. También informó de que 17 casas habían sido destruidas en los bombardeos de la mañana. Sin embargo, sobre el final del día, otro opositor confirmó el Ejército había capturado el edificio de la municipalidad y se habían hecho con el control del 60% de la ciudad.

Las fuerzas progubernamentales habían atacado desde el sur, este y noreste. Según un soldado, después de duros combates, se apoderaron rápidamente la parte sur de la ciudad, la municipalidad y los edificios cercanos, antes de avanzar hacia la periferia occidental. Durante la operación hubo que desactivar minas y bombas colocadas por los rebeldes en las entradas a la ciudad. El ataque pareció sorprender a los rebeldes, ya que estos esperaban que el Ejército penetrara desde el norte, atacando varias localidades en manos rebeldes antes de asaltar la propia ciudad. Hezbolá desplegó sus fuerzas desde la zona de Al Tal, al oeste del río de Assi, desde donde tenía una posición con vistas a lo largo de al-Qusayr. Varios combatientes rebeldes acusaron a algunos de sus comandantes de huir de la zona de Al Tal después de haber comprado su salida de al-Qusayr, justo antes de que el asalto a la ciudad comenzara. Según los informes, muchos combatientes lograron romper el cerco, escapando a través de una ruta secreta hacia Josías y las montañas de Qalamoun, en el sur. Sin embargo, las fuerzas leales habían descubierto la ruta de escape casi una semana antes y la bloquearon, matando e hiriendo a unos 30 combatientes. El ELS afirmó que el comandante que lideraba a Hezbolá al-Qusayr era Mustafa Badreddine, acusado de haber participado en el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri. «Se ha confirmado que Mustafa Badreddine está presente en la parte frontal de Qusayr, donde lidera las operaciones de Hezbolá», rezaba el comunicado.

Un combatiente de Hezbolá aseguró que sus fuerzas habían despejado dos tercios de al-Qusair y se movían hacia la parte norte de la misma, cuando los rebeldes atacaron por la retaguardia. La milicia libanesa sufrió una varias bajas, muchas de ellas por disparos en al espalda. Más tarde, un análisis realizado por Associated Press determinó que el bando leal se había hecho con más de la mitad de la ciudad a pocas horas del inicio de la batalla, precisamente las regiones del sur y el este de al-Qusair, mientras que los rebeldes permanecieron atrincherados en el norte y oeste.

En el segundo día de la batalla, los medios estatales afirmaban que se había restaurado la estabilidad en el este de la ciudad, y que todavía se estaban buscando terroristas remanentes en algunas partes del norte y el este. Las zonas que se reportaron como bajo control del bando leal fueron: «El área del estadio local, algunas partes de la zona occidental, la municipalidad, el centro cultural, la iglesia, la rotonda al-Baladiya y área de al-Ghitta.» Una fuente opositora informó que Hezbolá había sufrido 28 bajas ese día, y que los combates se concentraban en la parte norte de la urbe.

El OSDH reportó que el ejército había rodeado al-Dab'a, al norte de la ciudad, y que existían informes contradictorios sobre si el ejército combatía dentro de al-Qusair o no. Sin embargo, otros reportes confirmaban que el bando leal estaba concentrando sus fuerzas en el oeste con el fin de sitiar la ciudad. Además, las fuerzas progubernamentales intentaban recapturar la base aérea.

Un militante afirmó que el ejército y Hezbolá habían sido empujados hasta sus posiciones iniciales. Por otro lado, un portavoz del ELS señaló que los esfuerzos de las fuerzas leales por entrar a al-Qusayr estaban siendo bloqueados por los rebeldes, y acusó al gobierno de llevar a cabo una política de tierra quemada en la batalla. Simultáneamente, otro militante opositor aseguró que el ejército había capturado la municipalidad y el centro de la ciudad, y que la mayoría de las unidades rebeldes habían sido expulsadas de la urbe. Un corresponsal de Reuters en Beirut también afirmó que buena parte de la ciudad estaba en poder del ejército.

En el tercer día de la batalla, refuerzos de élite de Hezbolá llegaron a al-Qusayr tras cruzar la frontera con Líbano. El OSDH reportó que, para este punto, buena parte de la ciudad había sido destruida. También confirmó por primera vez que se estaban produciendo enfrentamientos dentro de la urbe. Los combatientes de Hezbolá ya no actuaban como infantería convencional, sino que se dividieron en células y llevaron a cabo una guerra de guerrillas, rol para el cual habían sido originalmente entrenados.

Un funcionario del Departamento de Estado de EE. UU. afirmó —citando varias fuentes rebeldes— que existía la presencia de soldados iraníes, sin aclarar su participación o no en los combates.

El 22 de mayo, el presidente de la Coalición Nacional Siria, George Sabra, realizó un llamado en el que pedía el envío de refuerzos a al-Qusayr, declarando: «Todo aquel que tenga armas o municiones debería enviarlas a Qusair o a Homs para fortalecer su resistencia.» La Brigada al-Tawhid envió 30 vehículos desde Alepo. Más tarde, un representante de dicha brigada afirmó que más de 300 unidades de apoyo habían llegado a al-Qusayr, añadiendo que se habían enviado una ambulancia, un cañón antiaéreo y municiones. El OSDH reportó que el ejército había emboscado a una columna de refuerzos provenientes de la localidad de Ind Shamseen, con un saldo de dos rebeldes muertos. Días después, un militante opositor negó que los rebeldes hubieran recibido apoyo alguno, y declaró que «nadie está ayudando a al-Qusayr más que sus propios hombres».

Una fuente rebelde afirmó que el bando leal había cortado la mayor parte de las líneas de abastecimiento rebeldes hacia al-Qusayr, y otras reafirmaban que las fuerzas del gobierno se habían hecho con el 60% de la ciudad. Por otro lado, un funcionario del gobierno comentó a la Associated Press que tenían bajo su poder el 80% de la misma. Otras fuentes opositoras afirmaron que el ejército controlaba el 40%, mientras que los rebeldes retenían el centro y el oeste.

Las tropas del gobierno avanzaban con cautela en medio de intensos combates que, en gran medida, destruyeron la ciudad. La moral de los soldados creció tras el anuncio de la muerte de Abu Omar, un comandante del Frente al-Nusra. Los mandos militares reportaron que la batalla por al-Qusayr estaba aún lejos de terminar y que tomaría una semana más recapturar la parte norte de al-Qusayr, donde los rebeldes se habían atrincherado. Mientras tanto, el bando opositor retenía la base aérea de al-Dabaa. Se informó que el Ejército había descubierto túneles rebeldes que conectaban diversas áreas alrededor de la ciudad. La moral también fue alta entre los combatientes de Hezbolá, a pesar de la gran cantidad de bajas que sus filas había sufrido.

El 24 de mayo, los rebeldes lanzaron un contraataque, en el que afirmaron haber capturado tres posiciones del ejército y Hezbolá. El OSDH reportó que dos de ellos habían muerto. Abu Sakkar, el llamado comandante caníbal —quien se hizo famoso por haber aparecido en un vídeo mientras comía el corazón de un soldado muerto—, se unió a los rebeldes. Según fuentes progubernamentales, el ejército estaba avanzando en la cercana ciudad de Hamidiya, en un intento pro cortar la última línea de abastecimiento rebelde. Un comandante del ELS declaró que el ataque en Hamidiya había sido repelido, pero el OSDH desmintió el hecho.

Un periodista de la Agence France Presse afirmó que la parte este de la ciudad se había convertido en un cuartel militar. Un oficial del ejército le comentó al periodista que el bando leal estaba en la anteúltima etapa de la batalla. De acuerdo al OSDH, el ejército y Hezbolá estaban rodeando y bombardeando a los rebeldes en el norte de la ciudad, hacia donde las fuerzas leales los empujaban deliberadamente. Otro oficial reportó que los rebeldes estaban confinados en un triángulo que une Arjun, al-Dabaa y la parte norte de la ciudad. Una gran cantidad de combatientes rebeldes se replegaron hacia la base aérea de al-Dabaa. El avance del ejército fue descrito como lento y metódico, capturando pequeñas áreas y consolidándolas antes de atacar de nuevo. Dado que el gobierno controlaba las rutas desde y hacia al-Qusayr, la posibilidad de enviar refuerzos a las zonas rebeldes fue casi nula, cosa que fue reafirmada cuando un militante opositor declaró que las unidades en la ciudad no habían recibido apoyo alguno.

Al amanecer del 25 de mayo, el ejército lanzó el más fuerte ataque de artillería desde el inicio de la batalla, dirigiendo sus proyectiles a Hamdiyeh y la base aérea de al-Dabaa. El bombardeo duró entre seis y siete horas, con un promedio de 40 proyectiles cayendo por minuto en la urbe. las fuerzas leales también emplearon al menos dos misiles tierra-tierra. Según fuentes militares y medios estatales, el ejército lanzó un ataque por tres frentes en la ciudad, que fue avanzando bien y causó muchas bajas rebeldes. Un combatiente de Hezbolá comentó a Reuters que los avances se habían ralentizado debido a que los rebeldes plantaban minas antipersona, llegando a decir que «hasta las neveras están minadas».

Según fuentes militares, el ejército y Hezbolá penetraron las líneas de defensa rebeldes en la base aérea de al-Dabaa desde el noroeste e ingresaron a las instalaciones. El OSDH informó que los combates se llevaban a cabo alrededor de la base, mientras que los rebeldes seguían manteniendo el control de la misma, a pesar de que estaba siendo fuertemente bombardeada por las fuerzas leales. Se reportó que se estaba haciendo uso de lanzacohetes múltiples.