La Exposición Universal de Barcelona tuvo lugar entre el 8 de abril y el 9 de diciembre de 1888 en la ciudad de Barcelona. Además de la sección oficial, concurrieron un total de 22 países de todo el mundo, y recibió unos 2 240 000 visitantes.
La exposición se llevó a cabo en el Parque de la Ciudadela, anteriormente perteneciente al ejército y ganado para la ciudad en 1851. Las obras de la exposición supusieron la rehabilitación de toda una zona (el barrio de la Ribera) hasta entonces poco estimada por el pueblo barcelonés, a causa de la represión que los militares habían ejercido sobre la ciudad en numerosos momentos de su historia. Además, el incentivo de los actos feriales conllevó la mejora de las infraestructuras de toda la ciudad, que dio un enorme salto hacia la modernización y el desarrollo. Asimismo, supuso el banco de pruebas de un nuevo estilo artístico, el modernismo, que hasta principios del fue el que imperó en las nuevas construcciones de la ciudad, especialmente entre la burguesía, y que dejó obras de gran valor artístico y monumental, convirtiendo a la Barcelona modernista, junto con la gótica, en el estilo más definitorio de la ciudad condal.
Historia thumb|300px|left|Acto de inauguración de la Exposición, el 20 de mayo de 1888. La organización de la Exposición en la capital catalana fue el punto culminante de una larga y venturosa evolución en la sociedad catalana del , que tras los desastres políticos y económicos del empezaba una nueva singladura de progreso y prosperidad que hacía ver el futuro con optimismo. Cataluña fue pionera dentro de España de la Revolución Industrial, y en muchos casos fue la primera del territorio español en introducir las nuevas mejoras tecnológicas que iban surgiendo en el continente europeo: en 1818 se creó la primera empresa de diligencias; en 1836 el primer «vapor» (fábrica mecanizada); en 1848 el primer tren; en 1857 el primer barco de hierro. Barcelona fue la primera ciudad española en tener gas y electricidad, y fue sede de importantes industrias como la España Industrial y la Maquinista Terrestre y Marítima. En el ámbito de la cultura, igualmente, se produjo una revitalización de la lengua catalana, así como de su literatura, arte, música y demás expresiones culturales, en un fenómeno conocido como Renaixença.
En 1888 Barcelona tenía 450.000 habitantes y era la segunda ciudad más importante de España en el plano político —el país vivía entonces el período de la Restauración borbónica—, aunque la primera a nivel industrial. Por aquel entonces gobernaba Práxedes Mateo Sagasta bajo la regencia monárquica de María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda del rey Alfonso XII (fallecido en 1885) y madre de Alfonso XIII. Se suele considerar que la organización de la Exposición Universal de 1888 fue el reflejo de la buena relación entre la restaurada monarquía y la burguesía industrial catalana, que había apoyado el regreso monárquico, en busca de una paz social que permitiese el desarrollo económico.
Las Exposiciones Universales, iniciadas en Londres en 1851, vivían un momento de gran apogeo. Eran consideradas los mayores eventos políticos, económicos y sociales del mundo, en los que cada país exponía los avances tecnológicos, y hacía gala de su potencial económico e industrial. Organizar una Exposición era una oportunidad de desarrollo económico para la ciudad organizadora y de gran prestigio internacional. Entre las exposiciones celebradas anteriormente a la de Barcelona destacaron: la de Londres, de 1851; París, 1855; París, 1867; Viena, 1873; Filadelfia, 1876; París, 1878; y Melbourne, 1880.
La idea inicial de organizar una Exposición Universal en Barcelona la tuvo el empresario gallego Eugenio Serrano de Casanova. Pero ante la imposibilidad de Serrano de llevar a cabo el evento en solitario, asumió el proyecto el alcalde de Barcelona, Francisco de Paula Rius y Taulet, que se rodeó de un grupo de empresarios de la ciudad que, junto al alcalde, formaron el llamado Comité de los Ocho: además de Rius y Taulet (presidente) figuraban Elías Rogent (director general de las obras), Lluís Rouvière (director de los servicios públicos), Manuel Girona (comisario de la Exposición), Carles Pirozzini (secretario del certamen); y tres vocales: Manuel Durán y Bas, José Ferrer y Vidal y Claudio López Bru, Marqués de Comillas. Para tal propósito se inició la edición de un periódico que era el órgano oficial del comité organizador, llamado La Exposición, dirigido por Salvador Carrera, que surgió por primera vez el 27 de agosto de 1886 y se editó hasta el año de la Exposición.
thumb|300px|Vista general de la Exposición. El certamen fue proyectado inicialmente para 1887, pero el retraso en la organización del evento provocó pasarlo al año siguiente, fecha que incluso fue un poco ajustada para concluirla satisfactoriamente, pero al estar prevista para 1889 una nueva exposición en París no se pudo relegar más. Aun así, la Exposición fue un éxito, gracias al buen hacer de la junta directiva, que supo difundir con inteligencia la idea del proyecto por toda Europa y América, creando una serie de delegaciones en diversas ciudades tanto de España como del extranjero. También llegaron a Barcelona desde 1886 numerosas comisiones extranjeras, especialmente de periodistas interesados en la organización del evento. Así se fue forjando un clima de gran optimismo por el éxito de la Exposición, como se demuestra en un artículo publicado en el diario madrileño La Época el 12 de agosto de 1886: «desde el momento en que Cataluña entera apoya tan elevado pensamiento, no puede dudarse ya del éxito. Los catalanes, cuyo carácter emprendedor, laborioso y reflexivo, es justamente celebrado, sabrán dar ahora un nuevo testimonio de su incansable perseverancia».
thumb|250px|left|Revista pasada por S.M. la Reina Regente Doña María Cristina a las escuadras nacionales y extranjeras, reunidas en el puerto de Barcelona con motivo de celebrarse la Exposición Universal en mayo de 1888, óleo de Antonio de Caula y Concejo, Palacio del Senado de España (Madrid). La Exposición fue abierta al público el 8 de abril de 1888, con la presencia de las autoridades barcelonesas y una bendición efectuada por el obispo de Barcelona, Jaime Catalá y Albosa. Sin embargo, la inauguración oficial tuvo lugar el 20 de mayo de 1888, y fue presidida por el rey Alfonso XIII —que entonces tenía dos años—, la reina regente María Cristina, la princesa de Asturias María de las Mercedes, el presidente del gobierno Práxedes Mateo Sagasta y el alcalde de Barcelona Francisco de Paula Rius y Taulet. Otras personalidades asistentes al acto fueron: el duque de Edimburgo, el duque de Génova, los príncipes Eduardo de Gales y Ruperto de Baviera, los ministros de la Guerra, Fomento y Marina, el capitán general Marqués de Peña Plata, y diputados, senadores, miembros del Ayuntamiento de Barcelona y delegaciones diplomáticas.
Durante el transcurso de la Exposición, además de lo expuesto en el recinto ferial, se celebraron numerosos actos y eventos públicos, fiestas, conciertos, representaciones teatrales y operísticas, desfiles militares, procesiones religiosas, carreras de caballos y otros eventos deportivos, actos culturales (los Juegos Florales de ese año se celebraron en el Palacio de Bellas Artes), y demás celebraciones. También se celebraron diversos congresos, como el Jurídico, el de Economía, Pedagogía, Arqueología, Farmacia, Ciencias Médicas, etc.
La clausura tuvo lugar el 9 de diciembre de 1888, iniciada con un Te Deum oficiado en la Catedral, seguido de una comitiva oficial que se trasladó desde el Ayuntamiento hasta el recinto ferial, donde se celebró el acto final del evento, en el Palacio de Bellas Artes, con varios discursos leídos por el alcalde Rius y Taulet y el comisario y el secretario de la exposición, Manuel Girona y Carles Pirozzini. Posteriormente, en el Palacio de la Industria, el cónsul de Francia leyó un discurso en agradecimiento de las delegaciones extranjeras. Por último, el secretario Pirozzini entregó la llave de la puerta principal del Palacio de la Industria al comisario Girona, y la de la Exposición al alcalde Rius y Taulet, tras lo que sonó el himno de la Exposición y se lanzaron fuegos artificiales. La clausura finalizó con una cena para las autoridades servida en el Consistorio.
El evento fue un éxito indudable, con un total de 12.223 expositores y una afluencia de público de 2.240.000 visitantes. El certamen demostró una gran capacidad organizadora por parte de las autoridades y las instituciones y empresas públicas y privadas de la ciudad condal, y sentó las bases de una ciudad moderna e integrada con Europa, a la altura de las grandes ciudades que habían celebrado exposiciones hasta aquel entonces. Económicamente también fue un éxito: 5.624.657 pesetas de gastos, frente a 7.657.000 de ingresos.
El recinto thumb|300px|Exposición Universal de Barcelona 1888: plano general y vistas de las principales construcciones. La Exposición se desarrolló en un recinto de 450.000 m² que englobaba la superficie desde el Arco del Triunfo (construido como entrada al recinto), el Parque de la Ciudadela, el zoológico, y parte de la actual Estación de Francia hasta el lugar donde hoy se ubica el Hospital del Mar, en La Barceloneta. El precio de la entrada era de una peseta, y había abonos de 25 pesetas para entrar durante toda la Exposición.
La parte central de la Exposición se ubicaba en la zona de la antigua Ciudadela, una fortaleza construida por orden de Felipe V para dominar la ciudad tras la Guerra de Sucesión Española, en la que Cataluña había estado en el bando del contrincante de Felipe, Carlos de Austria. El proyecto fue encargado al ingeniero militar de origen flamenco Joris Prosper Van Verboom, y realizado entre 1716 y 1718. Para su construcción fue necesario derrocar parte del barrio de la Ribera, para lo que se derribaron 1200 casas y se desalojó a unas 4500 personas, que no recibieron indemnización alguna y fueron abandonadas a su suerte, de ahí la posterior inquina de la población a este baluarte. En el Barcelona dejó de ser considerada plaza fuerte y por fin, gracias a la Revolución de 1868, se procedió a la demolición de la Ciudadela, de la que solo quedaron la capilla (actual Parroquia Castrense), el palacio del gobernador (actualmente un instituto de educación secundaria, el IES Verdaguer) y el arsenal, que fue restaurado por Pedro Falqués y actualmente es sede del Parlamento de Cataluña.
El proyecto de remodelación del parque de la Ciudadela se encargó a José Fontseré en 1872, quien proyectó unos amplios jardines para esparcimiento de los ciudadanos, bajo el lema «los jardines son a las ciudades lo que los pulmones al cuerpo humano». Fontseré se inspiró en jardines europeos como los de William Rent en Inglaterra, André Le Nôtre en Francia, o las villas de recreo de Roma y Florencia, y junto con la zona verde proyectó una plaza central y un paseo de circunvalación, así como una fuente monumental y diversos elementos ornamentales, dos lagos y una zona de bosque, además de diversos edificios auxiliares e infraestructuras, como el Mercado del Borne, un matadero, un puente de hierro sobre las líneas de ferrocarril y varias casetas de servicios.
thumb|300px|left|Cascada Monumental del Parque de la Ciudadela.