Un negro cimarrón (o simplemente cimarrón) era un esclavo «que se refugiaba en los montes buscando la libertad». La palabra, que originalmente designaba al animal doméstico que huía al campo y se hacía montaraz, pasó a aplicarse en América a los esclavos fugitivos a partir del siglo . En América y en las islas del océano Índico, los esclavos —principalmente de origen africano— que escaparon de la esclavitud, ya fuera mediante la fuga o la manumisión, establecieron asentamientos independientes que perduraron en algunos casos durante siglos. En inglés se les conoce como maroons, término que probablemente deriva del español cimarrón. Los descendientes de estas comunidades cimarronas perviven en países como Jamaica, Surinam, Colombia y Brasil, donde conservan elementos de su patrimonio cultural.

Las comunidades cimarronas estuvieron constantemente amenazadas por las sociedades esclavistas coloniales. Se ocultaron en entornos remotos —selvas densas, cuevas y pantanos— porque las autoridades coloniales intentaban erradicarlas. Los cimarrones emplearon con frecuencia tácticas de guerra de guerrillas para defender sus asentamientos, lo que generó un conflicto permanente con las autoridades; en ocasiones se aliaron con enemigos que atacaban una colonia determinada, y otras veces funcionaron como socios comerciales de colonos aislados o de pueblos indígenas.

Los asentamientos cimarrones desarrollaron con frecuencia culturas propias, diferenciadas de la sociedad colonial. Algunas comunidades crearon lenguas criollas al mezclar lenguas europeas con lenguas africanas, como el saramacano en Surinam. En otros casos, los cimarrones adoptaron variaciones criollas de una lengua europea local como lengua común.

En ocasiones, los cimarrones se mezclaron con pueblos indígenas, dando lugar mediante procesos de etnogénesis a culturas criollas diferenciadas, como los garífuna y los mascogos.

miniaturadeimagen|200px|Grabado de un esclavo fugitivo armado (1796)

miniaturadeimagen|Cimarrones sorprendidos por perros (1893) (Bruselas), obra de Louis Samain.

Etimología

La palabra inglesa maroon apareció hacia la década de 1590, procedente del adjetivo francés marron (salvaje o 'fugitivo'), que a su vez posiblemente derivaba del español americano cimarrón ('silvestre, indómito' o 'esclavo fugitivo'). A principios de la década de 1570, las incursiones de sir Francis Drake contra los españoles en Panamá contaron con la ayuda de «Symerons», grafía probablemente deformada de cimarrón. El lingüista Leo Spitzer escribió en la revista Language que, si existe una conexión entre el inglés maroon, el francés marron y el español cimarrón, España (o la América española) probablemente transmitió la palabra directamente a Inglaterra (o a la América inglesa).

El filólogo cubano José Juan Arrom rastreó los orígenes de la palabra más allá del español cimarrón, que se usó primero en La Española para referirse al ganado cimarrón, luego a los esclavos indígenas que escapaban a las montañas y, hacia principios de la década de 1530, a los esclavos africanos que hacían lo mismo. Arrom propuso que el término procedía en última instancia de la raíz arahuaca simarabo, interpretada como 'fugitivo' por el pueblo taíno nativo de la isla.

Definición y alcance del término

No existe una definición universalmente aceptada del término «cimarrón» aplicado a personas, y las fuentes lexicográficas y enciclopédicas presentan diferencias significativas en su alcance.

Fuentes en español

El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española define «cimarrón», en su quinta acepción, como un adjetivo aplicable a un esclavo «que se refugiaba en los montes buscando la libertad», y lo marca como uso histórico propio de las Antillas y varios países americanos. El Diccionario de Autoridades (1729), la definición más antigua conservada, solo recogía el sentido animal: «sylvestre, indómito, montaráz», referido al ganado que escapaba de las haciendas en las Indias. La Enciclopedia Universal Ilustrada de Espasa-Calpe lo define de forma más amplia como «esclavo o animal doméstico que huye al campo y se hace montaraz».Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, Madrid, Espasa Calpe, 1985, t. XIII, p. 230. Todas las fuentes en español emplean el tiempo pasado, tratando el fenómeno como exclusivamente histórico.

El etimólogo Joan Corominas, en su Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana, documenta el primer uso del término en 1535, en la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, donde se aplicaba tanto a animales como a indígenas y africanos que huían a los montes.

Fuentes en inglés

Las fuentes anglosajonas presentan un alcance diferente. El diccionario Merriam-Webster define maroon como «una persona negra de las Américas que escapó de la esclavitud y formó o se unió a un asentamiento libre y a menudo apartado, o un descendiente de tal persona». El Oxford English Dictionary define el término como «un miembro de un grupo de personas negras que viven en las montañas y bosques de Surinam y las Indias Occidentales, descendientes de esclavos fugitivos», empleando el tiempo presente. La Encyclopedia of Latin American History and Culture añade que hacia finales de la década de 1530 el vocablo ya tenía «fuertes connotaciones de fiereza, de ser indómito e inquebrantable».

Discrepancias

La principal divergencia radica en el alcance temporal y personal del término. Las fuentes en español lo circunscriben estrictamente al esclavo fugitivo histórico: la RAE emplea el pretérito imperfecto («se refugiaba») y no contempla a los descendientes. Las fuentes en inglés, en cambio, incluyen explícitamente a los descendientes de los esclavos fugitivos que viven en la actualidad y emplean el presente. La Enciclopedia de Columbia ilustra esta ambivalencia al definir maroon como «un esclavo fugitivo [...] o un descendiente de tales esclavos». Otra diferencia notable es que las fuentes en español no enfatizan la formación de comunidades independientes como rasgo definitorio, mientras que las enciclopedias en inglés sitúan la creación de asentamientos autónomos en el centro de la definición.

Historia

La Esclavitud en América sometió a millones de personas africanas a condiciones de explotación extrema: trabajos forzados, castigos corporales sistemáticos, violaciones y una mortalidad elevada tanto durante la travesía atlántica como en las plantaciones. Los esclavistas empleaban además la separación deliberada como instrumento de control: maridos y esposas eran vendidos a propietarios distintos, los hijos eran arrancados de sus madres y personas que compartían una misma lengua africana eran dispersadas a propósito entre diferentes plantaciones para impedir la comunicación, la solidaridad y la organización de revueltas. Frente a estas condiciones, los esclavizados desplegaron diversas formas de resistencia: sabotaje, revueltas, trabajo deliberadamente lento y cimarronaje. En los casos más extremos, algunos cautivos se arrojaron al mar durante la travesía atlántica o se suicidaron colectivamente antes que aceptar la esclavitud, como ocurrió en el episodio conocido como Igbo Landing (1803), en el que un grupo de personas igbo se adentró encadenado en las aguas de Dunbar Creek, en Georgia. El cimarronaje se distinguió de estas otras formas de resistencia por su objetivo no solo de escapar, sino de construir sociedades alternativas viables y duraderas al margen del sistema esclavista.

Época colonial

Ya en 1512, esclavos africanos del Nuevo Mundo escaparon de sus captores españoles y se unieron a pueblos indígenas o sobrevivieron por sus propios medios. Cuando los esclavos fugitivos y los amerindios se agrupaban y subsistían de forma independiente, se les denominaba «cimarrones». En las islas del Caribe formaron tanto bandas como campamentos armados.

Las primeras comunidades cimarronas de América se formaron en lo que hoy es la República Dominicana, tras la primera rebelión de esclavos del 26 de diciembre de 1522, en las plantaciones azucareras del almirante Diego Colón. Una comunidad cimarrona típica en sus etapas iniciales solía estar compuesta por tres tipos de personas:

La mayoría eran esclavos que huían inmediatamente después de desembarcar de los barcos. Se negaban a renunciar a su libertad y a menudo intentaban encontrar la manera de regresar a África. Algunos eran esclavos que habían trabajado en plantaciones durante un tiempo. Estos esclavos se habían adaptado en cierta medida al sistema esclavista, pero habían sido maltratados por los propietarios de las plantaciones —a menudo con brutalidad extrema—. Otros huían cuando eran vendidos repentinamente a un nuevo propietario. Algunos eran esclavos cualificados con una oposición particularmente firme al sistema esclavista.

Las comunidades cimarronas enfrentaron grandes dificultades para sobrevivir a los ataques de los colonos hostiles, obtener alimentos para su subsistencia y reproducirse e incrementar su número. A medida que los plantadores se apropiaban de más tierras para los cultivos, los cimarrones comenzaron a perder terreno en las islas pequeñas. Solo en algunas de las islas mayores las comunidades cimarronas organizadas pudieron prosperar cultivando alimentos y cazando. Allí crecieron en número a medida que más esclavos escapaban de las plantaciones y se unían a sus bandas. Buscando separarse de los colonizadores, los cimarrones ganaron poder en medio de las crecientes hostilidades. Asaltaban y saqueaban plantaciones, y hostigaban a los plantadores hasta que estos comenzaron a temer una revuelta masiva de los esclavos.

Hacia el siglo , muchas de las primeras comunidades cimarronas habían desaparecido o habían sido desplazadas de las islas más pequeñas. La supervivencia fue siempre difícil, ya que los cimarrones debían rechazar a los atacantes y al mismo tiempo producir alimentos.

Relación con las autoridades coloniales

El cimarronaje (la fuga de esclavos) fue una amenaza constante para las esclavocracias del Nuevo Mundo. Los castigos para los cimarrones recapturados eran severos: se les cortaba el tendón de Aquiles, se les amputaba una pierna, se les castraba o se les quemaba vivos. En ocasiones se cortaba un pie a los fugitivos recapturados para impedir nuevas fugas; a los hombres se les castraba y a las mujeres se les cortaban los pechos. Las comunidades cimarronas debían ser inaccesibles y estar ubicadas en entornos inhóspitos para ser sostenibles. Por ejemplo, se establecieron comunidades cimarronas en pantanos remotos del sur de Estados Unidos, en cañones profundos con sumideros pero con escasa agua o tierra fértil en Jamaica, y en las selvas profundas de las Guayanas. Las comunidades cimarronas convirtieron la severidad de sus entornos en una ventaja para ocultar y defender sus asentamientos. Senderos disfrazados, pistas falsas, trampas, caminos subacuáticos, ciénagas y arenas movedizas, así como accidentes geográficos naturales, se utilizaron para ocultar las aldeas cimarronas.

Para perseguir y recapturar a los fugitivos, las autoridades coloniales y los esclavistas desarrollaron un aparato represivo que incluyó patrullas de esclavos, milicias civiles y cazadores de esclavos profesionales —conocidos como rancheadores en Cuba y como capitães do mato en Brasil—. En las colonias inglesas de Carolina del Sur, estas patrullas se establecieron formalmente desde 1704. miniaturadeimagen|Grabado de un esclavo fugitivo (c. 1850)