thumb|286px|Siderúrgica SICARTSA. thumb|286px|Playas de Lázaro Cárdenas.Lázaro Cárdenas, de manera abreviada L.C., es una ciudad mexicana, cabecera del municipio homónimo, en el estado de Michoacán. Se ubica al sur del estado, justo en la frontera con el estado de Guerrero, que está delimitada por el río Balsas. Según el más reciente Conteo de Población y Vivienda, realizado en 2020 por el INEGI, Lázaro Cárdenas contaba en ese año con una población de 83 637 habitantes.

Cabe mencionar que la ciudad de Lázaro Cárdenas está totalmente conurbada con Las Guacamayas y La Orilla (ambas en el mismo municipio), por lo que es la cuarta área urbana de Michoacán con una población de 196 003 esto sin tener en cuenta áreas metropolitanas. La ciudad toma su nombre del ilustre general Lázaro Cárdenas del Río, quien fue presidente de México del 30 de noviembre del año 1934 al 1 de diciembre del año 1940.

Lázaro Cárdenas es punta de lanza del gran proyecto industrializador de la costa michoacana denominado, en su conjunto, «Cuarto Polo de Desarrollo», el cual empezó a cristalizarse a partir de la década de los años 70. Dicho proyecto fundamentó su viabilidad en los yacimientos ferríferos de Las Truchas.

Toponimia La ciudad Lázaro Cárdenas ha sido conocida con diferentes nombres al pasar de los años. En el período de la colonia a la región ocupada por lo que hoy es Lázaro Cárdenas le llamaban «Hueytlaco», que significa ‘en el llano’ o ‘el lugar grande’, razón por la cual se cree que ese es el origen del nombre que tomaría posteriormente la ciudad: «Los Llanitos», formando parte del municipio de Arteaga. En 1932 se le otorgó la categoría de tenencia, con el nombre de «Melchor Ocampo».

El 12 de abril del año 1947, siendo gobernador del estado José María Mendoza Pardo, el Congreso de Michoacán decretó la creación del municipio de «Melchor Ocampo del Balsas». Tiempo después, tras la muerte del general Lázaro Cárdenas del Río, ocurrida el 19 de octubre de 1970, el Congreso de Michoacán decretó que, a partir del 17 de noviembre de 1970, el municipio y la localidad de Melchor Ocampo se llamarían Lázaro Cárdenas, dado que ya existía un municipio con el nombre de Ocampo en honor al ilustre héroe de la Reforma.

Historia Los españoles llegan a Hueytlaco miniaturadeimagen|288x288px|Puente Albatros Alrededor del año 1446, la provincia de Zacatula (que comprendía desde Petatlán hasta Colima), por ser una zona rica en minerales y producción agrícola, representó en la época prehispánica, un punto de disputa entre los imperios purépecha y mexica, sin que se definiera un grupo dominante. Sin embargo, años después, tras la llegada de los españoles, esta región se convirtió en un territorio codiciado por ellos, ya que al enterarse de la riqueza de estas tierras, Hernán Cortés envió un pequeño grupo de hombres encabezado por Gonzalo de Umbría a investigar las minas de oro del señorío de Zacatula (llamada en esa época Zacatotlán), el cual llevó a su regreso, además de oro, a dos «principales» a ofrecerse como «servidores de su Majestad».

Más adelante, Cortés ordenó al Capitán Juan Álvarez Chico ir a Zacatula recorriendo Tecoantepec, y en la ruta ir plantando algunas cruces en señal de que la Corona española había tomado posesión del litoral. Posteriormente, en 1523, Juan Rodríguez de Villafuerte y Ximón Cuenca, fundaron la «Villa de Concepción de Zacatula», y fue ahí mismo en la «Barra de Zacatula», donde por órdenes de Hernán Cortés, se construyó el primer astillero que hubo en tierras mexicanas. Así, esta zona se convirtió en un centro de importancia comercial y marítima, ya que gracias a su ubicación los españoles lo construyeron con la finalidad de seguir explorando el llamado «Mar del Sur», casi desconocido para ellos, y, por otro lado, lo utilizaron como punto de salida en sus expediciones a lo largo de todo la costa, en su afán de explorar el norte y el sur del continente.

Al establecerse los españoles en México, instauraron el sistema de encomiendas con el objetivo de adoctrinar a los indígenas, despojarlos de sus tierras y utilizarlos como mano de obra. Conjuntamente llegaron los misioneros agustinos encabezados por fray Juan Bautista Moya fundando doctrinas en Ajuchitlán, Coyuca, Pungarabato y otros lugares de menor importancia; avanzando luego hasta Coahuayutla, Petatlán, Técpan y Acapulco. Detrás de ellos habían dejado una cadena de misiones que iniciaban en Tiripetío y que continuaban por Tacámbaro, Ario, La Huacana hasta el Balsas.

En 1533, la Corona española estableció los Corregimientos y Alcaldías Mayores. Estas últimas ejercían vigilancia sobre los encomenderos, y la que controlaba la región, tenía su sede en Zacatula. La explotación desmedida de los recursos de la región, riqueza que en su mayoría, era enviada a España, trajo como consecuencia la casi total desaparición de zonas auríferas en estas tierras. Los encomenderos, debido a las enfermedades, pestes de procedencia europea y al trabajo esclavizante a que sometían a los indígenas, vieron al poco tiempo disminuida la raza que habitaba estos lugares, siendo reemplazados por nativos de África, cuyo comercio estaba autorizado por los monarcas españoles, y les reportaba además grandes dividendos a ellos y a sus favoritos.

Es a partir del año 1567 que se le empezó a conocer como «La Orilla», a la parte de la desembocadura del Río Balsas sobre el Océano Pacífico. La región permaneció sin movimiento hasta que en 1797, Manuel Antonio Otero, un minero de Guanajuato, adquirió la hacienda de La Orilla, que abarcaba los pueblos de Acalpicán, Piche, San Blas, Marmolejo, El Capire y La Orilla, con una extensión total de 14 000 ha. A finales del , la Hacienda constituía un latifundio de 93 000 ha, siendo propietario Agustín Luna.

Mediados del y principios del Durante el , en 1855, la región de La Orilla, Acalpicán, Los Coyotes, Los Amates y El Naranjito, pasaron a la jurisdicción de la Unión Guerrero. Michoacán lo reclamó y se inició un conflicto por las tierras, hasta que en 1901, el presidente Porfirio Díaz resolvió que el río Balsas es la división entre Michoacán y Guerrero, luego de que Michoacán reivindicara para sí, como territorio propio, el latifundio de la Orilla.

En 1906 Salvador Luna vendió La Hacienda de la Orilla, la cual fue adquirida por una empresa denominada «Compañía de La Orilla» con el propósito de explotar la minería de Las Truchas y así mismo dedicarse a la crianza de animales y la siembra a gran escala de cítricos, algodón, ajonjolí y tabaco, ocupando en los campos a peones que pronto empezaron a llegar, especialmente de la costa de Guerrero. Debido al comienzo de la Revolución Mexicana, a finales de 1910 y principios de 1911, las fuerzas revolucionarias suspendieron las actividades en la hacienda. miniaturadeimagen|288x288px|Palacio Municipal de Lázaro Cárdenas En 1907, otra compañía llamada «Minas y Fierros del Pacífico», obtuvo la concesión para explotar los yacimientos de Las Truchas. Posteriormente, el presidente Venustiano Carranza decidió revocarle los derechos de explotación por incumplimiento de obligaciones fiscales.

Cardenismo En el período comprendido de 1928 a 1932, el gobernador del estado Lázaro Cárdenas del Río emprendió una serie de recorridos por la región de La Orilla para pacificar esta comarca y dar facilidades a la población. Fue en 1936 que se dieron los primeros remates fiscales a pobladores de la zona y a vecinos de Arteaga, siendo hasta 1939 el mismo Cárdenas, ya como presidente de la República, quien firmó las primeras resoluciones presidenciales que afectaron terrenos del latifundio de La Orilla, dotando de ejidos a los núcleos de población formados en la región. En noviembre de 1937, un representante de la «Cía. La Orilla, S. A.», vendió lo que quedaba de la Hacienda (algunas porciones habían sido rematadas, embargadas, vendidas o expropiadas), a Avelino del Río, por mandato del entonces presidente de la República Lázaro Cárdenas.

En ese mismo año, el propio Cárdenas encomendó la construcción de la carretera a Avelino de Río. Los trabajos de construcción duraron 4 años, al término de los cuales, se puso en servicio una extensión de 150 km de carretera, que une aún actualmente a la región de la Costa con la carretera de Uruapan, Apatzingán, pasando por Arteaga. Con este apoyo y con camiones de carga, el gobierno estatal, incrementó el programa de obra pública para la región.

Proyecto industrializador de la costa michoacana En 1926 se llevó a cabo uno de los estudios más antiguos de que se tiene conocimiento y que dan pie a la posible idea de establecer un puerto en la región del Balsas. Dicho estudio fue un levantamiento hidrográfico de la zona costera frente a los estados de Guerrero y Michoacán, incluyendo por supuesto la parte frente a la desembocadura del río Balsas. El estudio fue levantado únicamente con fines de navegación. La oficina hidrográfica de los Estados Unidos, fue la que llevó a cabo dicho proyecto.

Tiempo después, con el objetivo de verificar la existencia de una fosa submarina que aparecía en el levantamiento efectuado por los norteamericanos, el ingeniero Tomás Marín, en 1938, teniendo como base la batimetría de la zona y los fenómenos observados, diseñó y localizó la ubicación de un muelle en «T», en la bahía de Petacalco, para las maniobras de alijo que se venían llevando a cabo por medio de canoas. En esta misma zona, y con la finalidad de localizar un puerto se efectuaron diversas campañas de medidas en diferentes años tales como 1951, 1954 y 1959.

Aunque en Melchor Ocampo existía ya una pista de aterrizaje, fue en 1940, cuando se hizo el primer campo de aviación. A la región llegaban avionetas que transportaban pasaje y mercancías, en una ruta que se originó en Morelia y se extendió a la Unión y Zihuatanejo. 20 años después se establecería el primer vuelo directo a la Ciudad de México.

En 1951, se realizó la primera campaña de medidas que consistió en el levantamiento hidrográfico de una pequeña área frente al estero de calabazas con el propósito de una posible localización del puerto en aquel lugar. Tres años más tarde, en 1954, la Secretaría de Marina inició estudios frente al estero del Pichi, que consistieron en el levantamiento topohidrográfico de la zona, analizando teóricamente el oleaje y llegando posteriormente a la proposición de la disposición de las obras exteriores e interiores del futuro puerto.

Hasta 1958 el gobierno aprovechó los yacimientos ferríferos de Las Truchas confiscados por los gobiernos revolucionarios. La propiedad de estos yacimientos y los de carbón en Coahuila dieron la posibilidad de construir una siderúrgica posiblemente en Guanajuato, Querétaro o Michoacán; sin embargo, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto de Cárdenas, quedó inconcluso, debido a la falta de presupuesto y que gran parte de los posibles clientes y proveedores de maquinaria se encontraban en los países beligerantes ahora cerrados a la inversión.

En 1959, con el auge del desarrollismo, la Secretaría de la Marina complementó los estudios realizados en 1951 y 1954 definiendo la localización aproximada del puerto que coadyuvaría al desarrollo de la zona económica del bajo río Balsas y lugares circuncidantes. Estos estudios abarcaron una amplia zona comprendida entre la desembocadura del río Acalpican y la ensenada de Petacalco, quedando incluido el estero de Pichi y la propia ensenada de Petacalco.