Menorca bajo dominio británico es el periodo de casi un siglo —el XVIII— de la historia de Menorca durante el que esta isla del archipiélago de las Baleares (España) estuvo bajo la soberanía de Reino de Gran Bretaña, desde su conquista en 1708 por una escuadra anglo-holandesa en plena guerra de sucesión española —y que por el Tratado de Utrecht de 1713 pasó a soberanía británica, así como Gibraltar— hasta el Tratado de Amiens de 1802 en que volvió a la soberanía de la Monarquía de España, excepto durante la guerra de los Siete Años (1756-1763) que estuvo ocupada por los francesesEn 1756 la flota francesa del almirante Glassionaire derrotó a la flota del inglés John Byng —a quien el Almirantazgo británico lo sometió a un consejo de guerra por cobardía y fue fusilado-, lo que permitió el desembarco de las tropas francesas al mando del duque de Richelieu que ocuparon la isla. Tras la paz de París que puso fin a la guerra de los Siete Años, Menorca volvió a soberanía británica (González-Arnao). y entre 1782 y 1798 en que volvió momentáneamente a soberanía española. En agosto 1781, en nueva guerra contra Inglaterra, una flota francoespañola mandada por el duque de Crillon atacó Menorca y después de seis meses de asedio consiguió que capitulara el 5 de febrero de 1782. Menorca permanecería bajo soberanía española durante los dieciséis años siguientes (González-Arnao).
En total, entre 1713 y 1802 la isla estuvo 66 años bajo dominio británico, 7 años en dominio francés y 16 años bajo dominio español
Menorca durante la guerra de sucesión española
El alineamiento del Reino de Mallorca con la causa austracista (1706-1708) El 27 de septiembre de 1706 tuvo lugar la toma austracista de Mallorca cuando el Gran i General Consell del reino de Mallorca decidió rendirse ante la presencia en el puerto de Palma de una flota angloholandesa de la Gran Alianza que apoyaba al Archiduque Carlos en sus pretensiones a ocupar el trono de la Monarquía Hispánica frente al borbón Felipe V, que había sido designado como sucesor un mes antes de morir por el último rey de la Casa de Austria, Carlos II. Con el alineamiento del reino de Mallorca a favor de la causa austracista, todos los estados de la Corona de Aragón se habían decantado por el Archiduque, mientras que la Corona de Castilla apoyaba a Felipe V. Una semana antes había capitulado Ibiza.
Tras desembarcar en Mallorca, el conde de Savellà, ministro plenipotenciario del Archiduque Carlos, reunió al Gran i General Consell que aprobó las capitulaciones, entre las que figuraba la confirmación de «todos los privilegios, prágmáticas, franquezas» concedidos a la Ciudad y al Reino en tiempo de Carlos II. El 4 de octubre de 1706 el Archiduque fue proclamado rey de Mallorca con el título de Carlos III.
La noche del 11 de octubre tuvo lugar una insurrección austracista en Menorca iniciada en Ciudadela que se hizo con el control de toda la isla. Joan Miquel Saura fue nombrado gobernador por el conde de Savellà, quien juró en nombre de Carlos III los privilegios de la isla. Pero el dominio austracista duró solo tres meses, porque en cuanto la flota aliada abandonó las islas Baleares, se presentó una flota francesa en Mahón y recuperó Menorca para los borbónicos el 1 de enero de 1707. La represión contra los austracistas fue muy dura y se convirtió en una ola de terror cuando en febrero fue descubierta una nueva conspiración en favor de Carlos III el Archiduque. Treinta y tres personas fueron ejecutadas. En noviembre de 1707 el gobernador borbónico, el castellano Diego Leonardo Dávila, "suprimió los privilegios de la isla, restringió el sistema de representación y ordenó que los jurados mayores de las villas [equivalentes a los jurats del Reino de Valencia] fueran nombrados por el rey".
El 14 de septiembre de 1708 una flota anglo-holandesa al mando del almirante inglés John Leake bombardeó los fuertes de Menorca y desembarcó las tropas al mando del general inglés James Stanhope, que en nueve días se hicieron con el control completo de la isla de Menorca. Así todo el Reino de Mallorca quedó bajo control austracista.
El interés británico por Menorca y el Tratado de Utrecht de 1713 thumb|James Stanhope, conquistador de Menorca y autor de la propuesta de anexión a la Corona británica. El propio James Stanhope, que había tomado Menorca en octubre de 1708, convenció a su gobierno de que se apropiara de la isla —dado el innegable valor estratégico que tenía para la flota británica que operaba en el Mediterráneo Occidental no solo la isla sino el magnífico puerto natural de Mahón— como compensación por el apoyo militar y económico prestado por Gran Bretaña al Archiduque Carlos —«lo que pedimos es tan natural que el mundo entero estima deberíamos quedárnoslo y se sorprenderá de nuestra modestia si no deseamos otra cosa», escribió—. Así el 18 de mayo de 1709 el propio Stanhope le escribió al Archiduque argumentando que con el fin de recuperar
thumb|250px|left|Vista de Mahón y de su puerto natural, en la actualidad La respuesta negativa no se hizo esperar. El secretario de Despacho Universal, Ramón de Vilana Perlas, entre otras cosas le recordó a Stanhope el «solemne juramento» que había hecho Carlos III el Archiduque «en Cataluña, Aragón y Valencia de no desmembrar por cualquier motivo o pretexto de la Corona de Aragón las Islas Baleares, pues cuando el vínculo del juramento fuese disoluble, necesitaría siempre del consentimiento de los Reinos». Aunque se llegó a redactar un documento de venta de Menorca a la reina Ana de Inglaterra por valor de 200 000 doblones que era la cifra de la deuda que supuestamente tenía el Archiduque con Gran Bretaña, Stanhope no aceptó los requisitos que figuraban en él que eran casi imposibles de cumplir —como conservar la religión católica «sin novedad, ni alteración», o que los ministros fueran católicos, naturales de la isla o de los reinos de Aragón— y retiró de Barcelona un regimiento inglés que estaba a punto de entrar en combate, lo que mereció la reprimenda del rey Carlos III. Tampoco los holandeses apoyaban la pretensión británica.
Los británicos acabaron consiguiendo Menorca por otra vía. En las conversaciones secretas que mantuvieron con Luis XIV en las que ofrecieron poner fin a la Guerra de Sucesión Española y reconocer a Felipe V como rey de España a cambio de importantes concesiones, incluyeron la isla de Menorca y la plaza de Gibraltar. El acuerdo fue oficializado en el Tratado de Utrecht de 1713, por el que tanto Gibraltar como Menorca pasaron a la soberanía de Jorge I.
Menorca británica
El mantenimiento de las leyes, instituciones y lengua propia de Menorca Como el interés británico por Menorca era estrictamente militar —tener una base naval en pleno Mediterráneo Occidental en el que Mahón constituía un excelente puerto natural, de ahí que pasara a ser la nueva capital de la isla frente a la aristocrática Ciudadela—, la Corona británica mantuvo las instituciones y leyes propias de Menorca, excepto la Inquisición española que fue abolida. Así los municipios continuaron siendo universitats gobernadas por los históricos jurats que representaban a los diferentes estamentos. En Ciudadela eran cuatro: un cavaller (noble), un ciutadá (burgués), un pagès (campesino) y un menestral (artesano).
La lengua propia siguió siendo la oficial y de uso público. "Contrastaba, por ejemplo, la Societat Maonesa de Cultura fundada en 1778 donde todo se hacía en catalán, con la Real Sociedad de Amigos del País del Reino de Mallorca fundada el mismo año en Palma que competía en celo con la Real Audiencia y con el obispado en materia de campañas sistemáticas de extirpación del «dialecto mallorquín» e imposición del castellano". Esto redundó en el florecimiento de la literatura en catalán en la isla con figuras como Joan Ramis i Ramis (1746-1841) o Antoni Febrer i Cardona (1761-1841) hasta tal punto que algunos estudiosos han llamado al último tercio del el "periodo menorquín de la literatura catalana".
En el prefacio de una obra anónima —atribuida en la actualidad a Febrer i Cardona— titulada Principis Generals de la Llengua Menorquina se decía lo siguiente:"Jo he intitulat aquesta obra Principis Generals de la Llengua Menorquina no perquè considerie que aquesta llengua deguia el seu origen a Menorca, sabent molt bé que aquesta illa fou fundada de valencians, catalans, etc., el quals hi portaren la seua llegua que es la mateixa que nosaltres usam... sinó perque essent feta a Menorca i per un menorqui és adequat a la pronuncia que s'usa en aquesta illa, que en certes paraules es algun tan diferent de la valenciana, catalana i mallorquina
Esta política les ganó a los británicos el apoyo de los menorquines, como lo prueba el hecho de que en 1778, en el inicio de una nueva guerra contra las Monarquías borbónicas de Francia y de España, aliadas por el pacto de familia, el gobernador James Mostyn concediera la patente de corso a 56 naves menorquinas, que armadas con más de 500 piezas de artillería y con dos mil hombres a bordo, capturaron 236 embarcaciones. En 1740, durante la Guerra de Sucesión de Austria ya se habían concedido patentes de corso a barcos menorquines que lograron apresar 52 naves.
El gobierno británico de la isla thumb|Sir Richard Kane, primer gobernador británico de Menorca El primer gobernador británico fue sir Richard Kane, que estuvo en el cargo entre 1712 y 1736, en los que dejó un legado de entidad. Entre las obras que impulsó destaca la construcción de la carretera entre Mahón y Ciudadela, el camí d'en Kane o Kane Road. Otras aportaciones fueron el desecamiento de muchos aiguamolls, zonas pantanosas, o la introducción en la isla del cultivo de la trepadella ('esparceta') y otras plantas forrajeras, como una variedad de manzana todavía hoy se llama poma d'en Kane. Asimismo, la presencia de la guarnición y de flota británica acabó con las incursiones de los piratas berberiscos, del norte de África, con lo que la población a partir de entonces pudo instalarse en la costa sin temor a ser atacada.
Uno de los problemas al que tuvieron que hacer frente los gobernadores británicos fue la oposición del clero menorquín a la tolerancia hacia las creencias no católicas que profesaban los propios ingleses —anglicanos— y las minorías griega —ortodoxos— y judía establecidas en Menorca durante los años del dominio británico. miniaturadeimagen|Estatua del sacerdote Pere Camps Janer de Es Mercadal en San Agustín, Florida. La obtención de la soberanía británica de La Florida (1763) supuso la creación de la colonia de Nueva Smyrna (1768-1777) sobre la concesión otorgada a Andrew Turnbull. La mayoría de los 1.400 colonos, que viajaban en régimen de servidumbre no abonada, eran menorquines, dando lugar a la variedad de menorquín de Florida. Las precarias condiciones en las que vivían los colonos y los abusos por parte de Turnbull fueron denunciados el sacerdotes Pere Camps y el agustino Bartomeu Casasnovas.
Durante el dominio británico Menorca pasó de 16 000 habitantes en 1723 a más de 31 000 en 1790, la mitad de los cuales eran los de la capital Mahón, y experimentó un importante expansión agrícola y ganadera —el gobernador Kane también importó rebaños de Cerdeña y del norte de África—. Se pasó del monocultivo del trigo a una agricultura diversificada, con el cultivo de verduras, legumbres y viñas y la producción de vino, que en su mayor parte eran consumidos por los 3000 soldados de la guarnición británica. En cuanto a la ganadería se duplicó el número vacas, se multiplicó por diez el de cerdos y las exportaciones de lana pasaron de 487 quintales en 1775 a 1600 en 1784. También se desarrolló una marina mercante que comerció con trigo comprado en Levante, África del Norte y el Mar Negro, que luego vendía en los puertos del Mediterráneo Occidental, junto con muebles de fabricación menorquina influidos por los estilos ingleses. Estos barcos en tiempo de guerra eran reconvertidos en barcos corsarios.