La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG) es un organismo público descentralizado de México encargado de producir, imprimir y distribuir libros de texto y material complementario gratuito, a todos los alumnos y docentes de educación básica (preescolar, primaria, secundaria, telesecundaria y educación indígena), incluyendo versiones en lenguas originarias, braille, y macrotipo.
Creado en 1959 y adscrita a la Secretaría de Educación Pública (SEP), fue incluida como parte de la política educativaGarcía Leos, J.L. (2019). «Panorama de las reformas en educación básica. Del Plan de Once Años a la Nueva Escuela Mexicana (1970-2019)». En J.A. Trujillo Holguín, A.C. Ríos Castillo y J.L. García Leos (coords.), Desarrollo Profesional Docente: reflexiones de maestros en servicio en el escenario de la Nueva Escuela Mexicana (pp. 17-26), Chihuahua, México: Escuela Normal Superior Profr. José E. Medrano R. durante la presidencia de Adolfo López Mateos, con el objetivo de homogeneizar contenidos y asegurar igualdad educativa. Actualmente cuenta con un portal dentro del sitio web del Gobierno de México, en donde se puede acceder y descargar su catálogo digital.
Historia
Fundación y contexto La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos fue creada el 12 de febrero de 1959 mediante decreto presidencial durante el gobierno de Adolfo López Mateos y publicado en el Diario Oficial de la Federación, siendo secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet; presidente de la comisión, el escritor Martín Luis Guzmán; y secretario general Miguel Ángel Menéndez Reyes. El decreto estableció que la Comisión tendría como finalidad editar, imprimir y distribuir gratuitamente los libros de texto destinados a la educación primaria en todo el país con el propósito de enfrentar los retos estructurales y sociales de México a finales de los años cincuenta. Entre ellos destacaban la expansión demográfica acelerada, con millones de niños en edad escolar, y una cobertura educativa insuficiente.
Los altos índices de analfabetismo, especialmente en zonas rurales, hacían que muchos estudiantes carecieran de materiales básicos debido a su costo, lo que profundizaba la brecha entre sectores urbanos y rurales:
Se definieron las características de los texto, debiendo ser gratuito, único y obligatorio. Los niños en escuelas públicas o privadas, recibirían los mismos materiales y quedaba prohibido solicitar textos adicionales. Se lanzó una convocatorias para la redacción de los libros, pero con la restricción estricta de que los autores debían ser ciudadanos mexicanos por nacimiento, limitando la influencia de exiliados extranjeros (especialmente españoles).
Se seleccionaron 14 imprentas, destacando empresas como Novaro Editores-Impresores y La Prensa. En septiembre de 1959, se ordenó la impresión de 16 millones de ejemplares para la primera entrega en 1960, con los textos que correspondían a los cursos de primero a quinto grado de primaria; el de sexto grado se entregó un año después.Primera Generación de Libros de Textos Gratuitos Estos materiales abarcaban materias como español, matemáticas, ciencias naturales, historia, geografía y civismo, reflejando la orientación formativa del sistema educativo centrado en el desarrollo de competencias básicas de lectoescritura y cálculo, así como en la consolidación de una identidad nacional y la formación cívica para los estudiantes. Al ser diseñados de manera homogénea para todo el territorio nacional, se unificaba la pedagogía del sistema educativo, y al incorporar ilustraciones y elementos simbólicos, reforzaban los valores culturales y patrióticos.
Consolidación e identidad gráfica En 1962, para la portada de los libros se empleó la obra La Patria de Jorge González Camarena, lienzo que integra elementos simbólicos de la identidad nacional mexicana, de los pilares de su economía y de la educación como motor de progreso. La pintura se convirtió en un icono de los libros educativos y permanecería durante varias décadas, contribuyendo a la consolidación de una identidad visual asociada al proyecto educativo nacional. Actualmente la pintura se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México.
Los libros de texto evolucionaron de un diseño solemne y nacionalista hacia un estilo más didáctico y cercano a la infancia. A partir de la generación de 1972, con el cambio de planes de estudio, las portadas comenzaron a incluir juguetes y artesanías mexicanas, utilizando obras de Juan Ramón Arana y de Aníbal Angulo.Huerta, M. (1976). Los libros de ciencias sociales y los programas de 1972 y 1978. Secretaría de Educación Pública.
En 1982 y 1988 se incorporaron más ilustraciones narrativas y escenas cotidianas que retrataban flora, fauna y niños. Los colores eran más vivos y la diagramación menos rígida, lo que favorecía una mayor cercanía con la experiencia y un enfoque menos memorístico. En esos años se utilizaron las ilustraciones de Carlos Palleiro y Felipe Dávalos. Algunas portadas de estas generaciones fueron obras únicas realizadas por artistas invitados como Rufino Tamayo, Juan Soriano, Diego Rivera, Manuel Felguérez, Raimundo Martínez y Águeda Lozano.
La generación de 1993 se introdujeron personajes infantiles como Paco el Chato, del escritor Rafael Neftalí Zepeda, acompañados de ilustraciones centradas en la experiencia escolar enmarcadas en colores vivos. Los libros del 2008 destacaron por la influencia de la pedagogía constructivista; sus portadas fueron más modernas, con diagramación flexible y uso de fotografía. Incorporaron valores democráticos, equidad de género y multiculturalidad reflejada en sus imágenes. En 2010 se anunciaron las portadas conmemorativas del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, y en 2011 y 2014 las posdatas presentaban una estética contemporánea, con una diagramación dinámica y el uso de infografías. La generación 2018 y 2019 mostraron aumento en la apertura a nuevos artistas, con portadas elaboradas mediante ilustraciones digitales que abordaron temas como diversidad social y cultural, inclusión, equidad y derechos humanos. En la actualidad, se convoca a creadores visuales, artistas, docentes y estudiantes a participar en la elaboración colectiva de las portadas, integrando múltiples estilos y propuestas gráficas.
Educación Especial A finales de los años setenta, la SEP y la CONALITEG produjeron versiones especiales de los textos básicos de primaria en formato braille, lo que representó los primeros esfuerzos de educación inclusiva en el país y ampliando el acceso a materiales educativos para estudiantes con ceguera. El apoyo a la educación especial fue creciendo de manera progresiva, en paralelo con la evolución de las políticas educativas hacia la inclusión.
En 1990 se produjeron materiales adaptados y se comenzó a trabajar en guías para docentes de educación especial buscando integrar a los alumnos en el sistema escolar regular:
La ley estableció la necesidad de que en las escuelas se incluyera:
En el año 2000 la CONALITEG amplió su catálogo para atender a estudiantes con diferentes condiciones, incluyendo discapacidad auditiva, motriz e intelectual. Se desarrollaron materiales complementarios y se reforzó la distribución nacional. Posteriormente en 2004, también se incluirían libros en macrotipo, para estudiantes con debilidad visual. Actualmente, la educación inclusiva cuenta con materiales que buscan atender a niños y jóvenes con discapacidad, aptitudes sobresalientes, trastornos del espectro autista, TDAH, problemas de lenguaje y aprendizaje.
Emblema Institucional izquierda|miniaturadeimagen|302x302px|Emblema institucional de la Comisión Nacional de Libros de Texto GratuitosLa propuesta fue realizada por el entonces secretario general de la CONALITEG, Juan Hernández Luna; ilustrado por Juan Antonio Madrid Vargas, director del Departamento de Arte y Dibujo; y aprobado por Fernando Elías Calles, presidente de la Comisión en ese momento.
Titulares +Titulares de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos Titular Periodo Martín Luis Guzmán 1959 - 1976 Agustín Yáñez 1977 - 1979 Enrique González Pedrero 1979 - 1982 Miguel Huerta Maldonado 1982 - 1983 María Lavalle Urbina 1983 - 1984 Javier Wimer Zambrano 1984 - 1991 Fernando Elías Calles Álvarez 1991 - 1994 Francisco Javier Osornio Corres 1994 Miguel Antonio Meza Estrada 1994 - 1999 Humberto Blanco Pedrero* 2000 Jorge Velasco y Félix 2001 - 2006Miguel Agustín Limón Macías 2006 - 2013Joaquín Díez-Canedo Flores 2013 - 2017Arturo José Ancona García-López 2017 - 2018 Miguel Antonio Meza Estrada 2019 - 2021Marx Arriaga Navarro2021 - 2026 Victoria Guillén Álvarez 2026 - *<small>Encargado de la dirección.
Controversias y Críticas
Oposiciones religiosas y conservadoras Entre 1959 y 1962, el anuncio de la creación de la CONALITEG generó críticas en sectores conservadores. La Iglesia católica manifestó preocupación por el carácter laico y nacionalista de los contenidos. La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) sostuvo que los libros limitaban la libertad educativa de padres y maestros, lo que derivó en manifestaciones públicas en ciudades como Monterrey, donde grupos opositores se organizaron contra lo que consideraban una amenaza comunista. La Iglesia se opuso principalmente al carácter único y obligatorio de los textos, al considerarlo una violación a la libertad de enseñanza.
Durante el gobierno de Luis Echeverría (1970–1976) se introdujeron cambios pedagógicos en los libros de texto, particularmente en ciencias sociales y educación sexual. Por primera vez información sobre la pubertad, la eyaculación y la menstruación. La UNPF solía arrancar las páginas relativas a temas sexuales antes de que sus hijos las usaran, argumentando que la información debía transmitirse de forma individual y por los padres. La Iglesia católica rechazó abiertamente los libros, considerando “inaceptables” las ilustraciones de niños desnudos y las explicaciones sobre la gestación; además, acusó a la Secretaría de Educación Pública de intentar implantar un sistema “ateo, totalitario y antimexicano”. La UNPF solicitó formalmente retirar el libro de ciencias sociales de sexto año y sus guías didácticas, por considerar que su enfoque era “socializante” y basado en principios marxistas. Tras estas acusaciones, el gobierno aceptó realizar cambios en las ediciones.
En 1977, la UNPF y el Episcopado exigieron la eliminación de manuales escolares al considerar que su contenido era “marxista” y de “ideología liberal”, al advertir que podía corromper la formación de los niños.
En 1998 y 1999, los materiales de ciencias naturales y formación cívica abordaron temas de reproducción humana, métodos anticonceptivos, prevención de enfermedades de transmisión sexual y relaciones de género. Esto provocó críticas de organizaciones conservadoras y religiosas, que los consideraron inapropiados. Grupos conservadores intentaron imponer la patria potestad sobre el derecho de los menores a recibir información científica, alegando que estos temas eran prematuros y podían incitar a la curiosidad sexual.
Entre 2006 y 2009 se buscó matizar la educación sexual y la diversidad familiar bajo una óptica más conservadora, lo que generó resistencia de grupos progresistas. Organizaciones y padres solicitaron modificar o eliminar ilustraciones anatómicas y referencias al uso de anticonceptivos. Por su parte, especialistas en educación defendieron la inclusión de estos contenidos como parte de la formación científica y de salud pública.
Entre 2019 y 2023, uno de los mayores puntos de fricción fue la introducción del lenguaje inclusivo, considerado por algunos sectores como una distorsión de la lengua. Los contenidos sobre diversidad sexual e identidad de género fueron percibidos por muchos padres como una imposición ideológica contraria a sus creencias religiosas. Omisiones históricas