La Medicina del Aprendizaje (Medicine of Learning) es una disciplina académica propuesta por el médico, docente e investigador colombiano Dúmer Antonio Pedraza Ordóñez (Popayán, Colombia, 15 de junio de 1963), cuya finalidad es establecer puentes entre diversos campos del conocimiento (teóricos y prácticos) relacionados con las funciones mentales superiores y su recíproca influencia con los procesos corporales y medio ambientales.
Desde el punto de vista epistemológico se ubica en la intersección de las ciencias biomédicas y del comportamiento y tiene entre sus propósitos investigar, comprender, resolver preguntas y construir conocimiento alrededor de la manera por la cual la estructura y función del sistema nervioso produce y regula algunos de los principales aspectos de la conducta humana (p.e. aprendizaje y memoria, lenguaje y comunicación). Busca aplicación práctica en los procesos de formación intelectual del ser humano y se fundamenta, entre otras premisas, en que "el aprendizaje es una condición inherente a la vida" teniendo en cuenta que las personas hacemos parte de un entramado ecosistémico del universo (próximo, contextual y lejano), por lo que todo lo que nos ocurre está en relación directa o inversa entre la estructura biológica, diversos fenómenos culturales y naturales. Centra su interés en una visión actualizada y holística de la relación existente entre la genética, el ambiente y la perturbación de los procesos intelectuales de las personas que, a su vez, afectan el desarrollo humano con mayor afectación en las niñas, niños y adolescentes. Este fascinante campo del conocimiento aglutina hoy no solamente a médicos, psicólogos y educadores, sino a profesionales de otras disciplinas científicas estudiosos de los mecanismos neuronales, la cognición y el medio ambiente.
El interés por este campo del conocimiento surge a partir de la observación, el seguimiento y el análisis del fenómeno de la repitencia y la deserción escolar, asociado a contextos de violencia y criminalidad en Colombia. Este proceso ha sido desarrollado por el autor a lo largo de más de veinte años de ejercicio profesional e investigativo en los ámbitos de la salud y la educación.
Las consecuencias de dicho fenómeno, cuya magnitud permite considerarlo como un problema de salud pública, motivaron la formulación de un modelo teórico orientado a conceptualizar una nueva categoría patológica, denominada por el autor como Síndrome de Distrés Escolar (School Distress Syndrome). Otro aspecto que será objeto de análisis posterior, y que complementa lo aquí expuesto, es el relacionado con la calidad educativa en contextos pospandemia. Los cambios sociales, tecnológicos y culturales (especialmente aquellos derivados de la crianza en entornos mediados por redes sociales) han transformado de manera significativa las formas en que los estudiantes aprenden y se relacionan con el conocimiento.
En Colombia, al igual que en muchos otros países, los docentes reportan crecientes niveles de desinterés, baja motivación y mayores dificultades socioemocionales en la población estudiantil. En este contexto, la calidad educativa tiende a sustentarse menos en el incremento de mecanismos de control y más en la capacidad del docente para generar ambientes de aprendizaje significativos, retadores y emocionalmente seguros (Robinson & Aronica, 2016; Darling-Hammond et al., 2020).
Como resultado, se produce una desvinculación progresiva del sistema educativo, que culmina en la expulsión -explícita o implícita- de miles de niñas, niños y adolescentes. Esta trayectoria de exclusión trasciende el ámbito escolar, ya que muchos de estos jóvenes terminan incorporándose a dinámicas de desempleo, subempleo e informalidad, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a contextos de violencia.
A este panorama se suma el hecho de que, una parte del cuerpo docente, aún desconoce o subestima las transformaciones asociadas a la crianza mediada por redes sociales, las cuales han configurado nuevos intereses, formas de interacción y expectativas en los estudiantes. En este sentido, las realidades juveniles tienden a desarrollarse cada vez más en entornos virtuales, mientras que sus espacios tradicionales de socialización se reducen o se perciben como anclados a referentes culturales que ya no consideran significativos. Como consecuencia, el estudio ha ido perdiendo centralidad como proyecto de movilidad social y económica, debilitando su valor simbólico en la construcción de futuro.
En este contexto, el Síndrome de Distrés Escolar se manifiesta a través de desmotivación frente al aprendizaje, diversas alteraciones psicopedagógicas y apatía hacia las responsabilidades académicas. A ello se suman el bajo rendimiento escolar, conductas de indisciplina, irritabilidad, actitudes hostiles y comportamientos agresivos dirigidos tanto hacia otros como hacia sí mismos (incluyendo prácticas de autolesión como cutting, risuka o self-injury). Asimismo, se evidencia una transgresión reiterada de las normas institucionales, acompañada de sentimientos de desesperanza que, en la mayoría de los casos, derivan en procesos de repitencia y, finalmente, en la deserción escolar.
Es importante recordar que el aprendizaje, en condiciones que comúnmente han sido llamadas "normales" (aunque en sentido estricto la normalidad se refiere a datos estadísticos mayoritarios), garantizan el desarrollo del conocimiento útil y operativo con el cual nuestra especie resuelve los problemas de supervivencia y mejoramiento. Sin embargo, como cualquier otro sistema humano, los procesos de aprendizaje y las estructuras biológicas que los sustentan están expuestos a sufrir variaciones (naturales o accidentales) que modifican sus patrones de conducta operativa. Es importante, por lo tanto, aclarar que las perturbaciones causadas por estas variaciones no significan perdida de la función de aprender, sino que corresponden en realidad a un problema de adaptación o de las personas que las padecen o, lo que es más común, del entorno (el estereotipo del sistema en el que se de desarrollan determinadas actividades).
En todo caso, esas variaciones del aprendizaje se evidencian desde la niñez y no constituyen imposibilidad sino dificultad para afrontar ciertos retos académicos o (laborales en el adulto). El diagnóstico y manejo erróneos generan una situación contextual estigmatizante que finalmente no permite a los individuos la adecuada satisfacción de sus necesidades cognitivas, socio/afectivas y físico/creativas, genera dificultades de adaptación al entorno y además se constituye en causal de fracaso sistemático en sus tareas o responsabilidades que en muchos casos se manifiesta inicialmente por inapropiadas actitudes en su conducta personal y social.
El objeto de estudio de esta disciplina, enfocado desde el quehacer médico, está referido a la prevención e intervención de situaciones escolares o académicas y de los signos y síntomas del paciente, para evitar que por falta de un diagnóstico adecuado se confunda y oriente su manejo hacia entidades como el trastorno oposicionista desafiante, trastorno específico de aprendizaje, trastorno de hiperactividad con déficit de atención y otras condiciones de salud o que simplemente se califiquen como mala actitud o irresponsabilidad del estudiante o la familia, planteando soluciones que en realidad no explican ni resuelven de manera adecuada el problema, desorientan a los pacientes y sus familias, creando un escenario que afecta el ambiente escolar y la calidad de vida de todos los miembros de la comunidad educativa.
La visión de la Medicina del Aprendizaje parte de la comprensión ecosistémica de la fisiopatología de estos mal llamados "trastornos" con el fin de desarrollar métodos, medios y mediaciones orientados a la prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las personas. Su campo de acción se centra en el diseño individualizado de estrategias para el manejo apropiado de las consecuencias que produce la alteración en las rutas cognitivas que, en la mayoría de los casos, se derivan de entornos de hipoxia cerebral tales como sufrimiento fetal agudo, traumatismo encefálico, enfermedad vascular cerebral y algunas demencias, entre otras circunstancias. Por esta razón esta disciplina fundamenta su labor en la articulación de saberes de diferentes ciencias, biomédicas, sociales y humanas como la neurociencia, biología, psicología, sociología y pedagogía, entre otras. Tiene aplicación además de los procesos educativos y de formación humana, en múltiples actividades de rehabilitación de diversas patologías que han afectado los procesos cognitivos.
Perfil Ocupacional El médico especialista en el aprendizaje y sus dificultades desarrolla su trabajo en el ámbito asistencial, de docencia y la investigación a nivel de consulta privada o en instituciones de salud y educación. Realiza actividades preventivas encaminadas a disminuir la morbilidad resultante de patologías o situaciones de contexto que afectan el desarrollo apropiado de las rutas cerebrales implicadas en los procesos de aprendizaje, prioritariamente en niños y jóvenes, interviniendo en forma apropiada al paciente, el entorno familiar y educativo.
En el ámbito asistencial orienta el diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los procesos cognitivos en pacientes que han sufrido enfermedades o accidentes que afectan la velocidad de las funciones mentales superiores. Tiene formación específica de postgrado en esta especialidad y complementaria en pedagogía, fundamental para la comprensión de estos procesos, desplegando su labor en la consulta privada, los servicios hospitalarios de pediatría, medicina interna, neurocirugía y las áreas de bienestar estudiantil en instituciones de educación básica, media y superior.
Ejerce la docencia a nivel de pregrado enseñando a los futuros profesionales de la educación procesos y rutas de aprendizaje, sus variaciones y su relación con el contexto. A nivel de postgrado profundiza en estos conocimientos orientando a profesionales de la educación y la salud interesados en este apasionante campo de conocimiento, en la apropiación e investigación de estrategias para el abordaje de las situaciones que afectan el proceso enseñanza-aprendizaje. La investigación científica surge como resultado normal de su actividad clínica y de docencia, para lo cual tiene formación avanzada de maestría o doctorado, en un amplio espectro que abarca desde las ciencias básicas biomédicas hasta la investigación científica del proceso pedagógico.
Síndrome de Distres Escolar (SDS, School Distress Syndrome) Constituyen criterios de inclusión del Síndrome de Distres Escolar, la existencia de un comportamiento divergente en algunas niñas, niños y adolescentes que no encaja en el esquema tradicional de su contexto familiar, aunque si puede ser común en la escuela, y se entremezcla en algún momento con una o varias de las siguientes actuaciones o situaciones: dolencias abdominales imprecisas (los más pequeños), desmotivación estudiantil, diversas alteraciones psicopedagógicas, apatía por los deberes, resultados académicos por debajo de lo esperado, indisciplina, estado de ánimo irritable, actitudes hostiles, conductas agresivas ( o incluso violentas) hacia los demás o hacia sí mismos (cutting, risuka, o self injury), transgresión sistemática de los reglamentos, desesperanza y, finalmente, en la mayoría de los casos, repitencia y deserción (drop out) institucional.