thumb|325px|Detalle de La batalla de Almansa, óleo de Buonaventura Ligli, Museo del Prado.

La guerra de sucesión española en el Reino de Valencia es el relato de lo sucedido en el Reino de Valencia durante la guerra de sucesión española, donde en 1705 se produjo una insurrección en favor del archiduque Carlos que fue proclamado como rey, como en el resto de los estados de la Corona de Aragón, con el título de «Carlos III de España». Sin embargo, el dominio austracista, como en el Reino de Aragón, duró apenas dos años como consecuencia de la derrota de las fuerzas aliadas en la batalla de Almansa del . Como castigo por su rebelión el rey Felipe V promulgó dos meses después el Decreto de Nueva Planta que abolió las leyes e instituciones propias del Reino de Valencia, lo que supuso, en palabras de la historiadora Carme Pérez Aparicio «el golpe de gracia para el Reino de Valencia», convertido a partir de entonces, por «la imposición de una ley y una administración hasta entonces extranjera» —de nuevo en palabras de Carme Pérez Aparicio—, en una provincia del Reino de España.

La guerra de sucesión española

thumb| Felipe de Borbón, duque de Anjou, en 1701

El muere el «Rey Católico» Carlos II de España, sin descendencia. En su testamento, dictado unas semanas antes, nombra como su sucesor a Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto de Luis XIV de Francia, «Rey Cristianísimo» de la Monarquía Francesa, descartando al otro candidato, el archiduque Carlos, segundo hijo del emperador Leopoldo I de Habsburgo. Una solución de compromiso, consistente en el reconocimiento del príncipe José Fernando de Baviera como heredero, se había frustrado por la prematura muerte de este el año anterior.

Felipe V, de diecisiete años de edad, llega a Madrid el acompañado de una cohorte de consejeros franceses que su abuelo, Luis XIV, le había proporcionado, y donde es proclamado solemnemente como rey de Castilla. Poco después jura los fueros de Aragón en Zaragoza, siendo proclamado rey de Aragón, y a continuación es proclamado en Barcelona como nuevo conde de Barcelona por las Cortes catalanas tras jurar las Constitucions.

Pero en el mismo mes de febrero en que llegó a Madrid, se ratifican en París los derechos de Felipe al trono francés, contraviniendo así el testamento de Carlos II, que prohibía la unión de las dos Coronas en una misma persona. Este hecho junto con la creciente injerencia de Francia en los asuntos de la Monarquía Hispánica y de su imperio, da nacimiento a una «Gran Alianza», constituida en septiembre de 1701 en La Haya e integrada por el Imperio, el Reino de Inglaterra y las Provincias Unidas —a la que más tarde se sumarán el Reino de Portugal, el Ducado de Saboya y el Reino de Prusia—, para evitar que Luis XIV, con el apoyo de su nuevo aliado, rompa el «equilibrio europeo». Estalla así la guerra por la sucesión de la corona de Carlos II, que en realidad es una lucha por la hegemonía en Europa —de hecho las primeras batallas se libran en Italia y en los Países Bajos, mientras la península ibérica permanece en paz—. En septiembre de 1703 el emperador Leopoldo I hace coronar en Viena a su hijo, el archiduque Carlos de Austria, como rey de España con el nombre de Carlos III.

En 1704 los «aliados» ponen en marcha una doble estrategia: utilizar Portugal como base de operaciones para conquistar Madrid —Carlos III se traslada a Lisboa— y alentar la rebelión de los partidarios «austracistas» de los estados de la Corona de Aragón mediante la presencia de una poderosa armada anglo-holandesa en el Mediterráneo —flota que se apodera, el , de Gibraltar, que se revelará como un importante punto estratégico para controlar la navegación entre el Mediterráneo y el Atlántico—. Así, en 1705 un ejército aliado desembarca en el Reino de Valencia, primero, y en el Principado de Cataluña, después, y a finales de año el archiduque Carlos es reconocido como su rey en ambos estados —el nuevo Carlos III instala su corte en Barcelona—. Lo mismo hacen poco después el Reino de Aragón y el Reino de Mallorca. Y casi al mismo tiempo, en 1706, un ejército aliado alcanza Madrid desde Portugal y Carlos III entra en la ciudad por primera vez, donde recibe la adhesión de no pocos nobles y funcionarios. Sin embargo, la mayoría de Castilla se mantiene fiel a Felipe V y Carlos III tiene que abandonar la capital.

La insurrección austracista del Reino de Valencia

Cuando comienza la Guerra de Sucesión, el Reino de Valencia permanece fiel a Felipe V y colabora en la defensa de la Monarquía. De hecho la ciudad de Valencia y la Generalidad Valenciana armaron a su costa un tercio de 600 hombres que pusieron a disposición del rey, pero este los envió a Cádiz para defenderla de los ataques de la flota angloholandesa, dejando desguarnecido el reino, lo que facilitará el triunfo de la insurrección austracista de 1705.

thumb|left|Juan Bautista Basset y Ramos, general austracista y líder de los maulets.

En 1703 hizo acto de presencia por primera vez la flota angloholandesa en las costas valencianas al mando del almirante Schovell siendo recibida calurosamente en Altea, en la comarca de la Marina. Al año siguiente se presentó de nuevo la flota que se dirigía a Barcelona para desembarcar tropas aliadas que apoyaran la insurrección austracista catalana, que finalmente no se produjo. Otra de las misiones de la flota mandada por el almirante inglés George Rooke y por el príncipe de Hesse-Darmstadt era desembarcar en la comarca de la Marina agentes austracistas con la misión de contactar y organizar a los partidarios del Archiduque. En esta labor propagandística y de agitación destacó Joan Baptista Basset, un militar valenciano que había estado al servicio de Carlos II y del emperador austríaco, que supo aprovechar el malestar campesino de las comarcas centrales valencianas —que se había manifestado diez años antes en la Segunda Germanía de 1693— prometiendo el fin del pago de los odiados derechos señoriales si apoyaban la causa del Archiduque. Otra de las promesas de Basset fue que algunas poblaciones dejaran de ser de señorío para pasar a ser villas de realengo bajo la jurisdicción directa del rey. Así Basset encabezó el sector más radical de los austracistas, cuyos miembros serían conocidos con el nombre de maulets. La mayoría de sus integrantes eran campesinos que anteponían a la causa dinástica la lucha antiseñorial —lo que provocaría que la mayor parte de la nobleza valenciana se alineara del lado borbónico, recibiendo el nombre de botiflers—. Por otro lado, los agentes austracistas llevaban una carta firmada por el Archiduque en la que exhortaba a los valencianos a luchar por «rescatar su patria de la servidumbre a que se ve reducida», pero en ella no se hacía referencia a ninguna promesa de exención del pago de los derechos señoriales.

Cuando en agosto de 1705 la flota anglo-holandesa se presentó por tercera vez ante las costas valencianas —se dirigía de nuevo a Barcelona con el propio Archiduque a bordo para encabezar la rebelión austracista que se había extendido en Cataluña en cumplimiento del Pacto de Génova y que en octubre acabaría triunfando— tropas aliadas desembarcaron en Altea el día 10, después de un intento fallido de tomar el puerto de Alicante, y dos días después los campesinos alzados en armas por Joan Baptista Basset tomaban Denia y proclamaban allí al archiduque Carlos como rey con el título de «Carlos III».

Ante las noticias que llegaban de la Marina el virrey de Valencia el marqués de Villagarcía pidió a Felipe V el envío de tropas, pero este consideró prioritaria la defensa de Cataluña, donde se acababa de producir el desembarco aliado, y solo envió un pequeño regimiento integrado únicamente por catalanes al mando de Rafael Nebot. Un duro golpe para la causa felipista fue la toma de Tortosa a finales de septiembre por la flota aliada, lo que facilitó que surgiera un segundo foco austracista en el norte del reino, en Vinaroz, aunque el golpe definitivo fue que el regimiento de Nebot se uniera a las fuerzas comandadas por Basset. Así fueron ocupando sucesivamente Oliva, Gandía, Játiva y Alcira, lo que les dejó libre el camino hacia Valencia. Esta se rindió finalmente, sin apenas resistencia, el 16 de diciembre de 1705, no sin antes haber huido de ella las autoridades reales y los felipistas más destacados —dos meses antes Barcelona también había sido tomada por los austracistas—. Según la historiadora Carme Pérez Aparicio, la reacción de los habitantes de Valencia ante la llegada del ejército comandado por Basset y Nebot fue de «una alegría indescriptible. Desde que tuvieron noticias de la llegada de los austracistas el pueblo se amotinó y exigió la entrega de la ciudad. Compañías armadas de los gremios, que habían sido distribuidas por las murallas en previsión de posibles contingencias, no usaron las armas ya que, según [el cronista felipista] Miñana, la mayor parte eran partidarios del archiduque y su intervención se limitó a aplaudir la entrada de Basset y de Nebot. [...] Los presos, entre los que había partidarios del archiduque, se amotinaron y fueron excarcelados, mientras se encendían hogueras durante toda la noche por la ciudad como señal de alegría».

La ciudad de Alicante cayó en manos austracistas unos meses después, el , por lo que al final de ese año todo el Reino de Valencia estaba en manos de los austracistas, a excepción de Peñíscola y la Hoya de Castalla.

Los factores que explican el triunfo del austracismo

¿Por qué el Reino de Valencia pasó de la aceptación de Felipe V a la adhesión al archiduque Carlos, aunque hubiera sectores importantes que se mantuvieron fieles a la causa borbónica? Tradicionalmente se ha respondido a esta pregunta aludiendo al supuesto temor que se tenía en Valencia a que Felipe V, siguiendo la tradición «centralista» de la monarquía francesa, quisiera acabar con las leyes e instituciones propias, frente al archiduque Carlos que, siguiendo la tradición «pactista» de los Habsburgo, las respetaría. Sin embargo, algunos historiadores han señalado otros dos factores: el primero, la existencia de un sentimiento antifrancés debido a la rivalidad, que venía de muy atrás, entre Francia y la Corona de Aragón, y que se había visto agravada por las guerras sostenidas en el último tercio del , que culminaron con el feroz bombardeo de Alicante de 1691 —que fue seguido de motines populares contra los franceses residentes en el Reino— y por las ventajas concedidas por Felipe V a los comerciantes galos, que prácticamente monopolizaron el comercio valenciano y que permitieron la entrada de productos franceses que competían con la producción propia, especialmente los textiles de seda —y la consiguiente prohibición de comerciar con Inglaterra y Holanda, lo que perjudicaba la exportación de productos valencianos, como almendras, pasas, vino y lana—; el segundo, el conflicto antiseñorial de 1693 en las comarcas centrales del reino conocido como la Segunda Germanía, que fue utilizado hábilmente por Basset en favor de la causa austracista cuando ofreció la abolición de los derechos señoriales si los campesinos se alzaban en apoyo del Archiduque.

Sin embargo, según el historiador Enrique Giménez López, estos factores no explican suficientemente la insurrección austracista en el reino. «La causa que, a nuestro criterio —afirma Giménez López—, provocó que estos sentimientos difusos [antiborbónico, antifrancés y antiseñorial] cristalizaran en un movimiento a favor del Archiduque fue la exhibición de fuerza que las potencias favorables a Don Carlos hicieron en la costa valenciana entre 1703 y 1705».