El mercado del jueves en Beas2 fue instituido por Juana I de Castilla, en Valladolid, el 12 de julio de 1513, a través de una concesión en la que se hace merced y da licencia para celebrar un mercado franco, libre de alcabalas todos los jueves del año desde el amanecer hasta el anochecer; por los muchos y leales servicios que había hecho la villa de Beas a la corona. El lugar elegido para su celebración fue la Plaza Consistorial, y pasó a denominarse desde entonces Plaza del Mercado.RGS 1513-7-143

La cédula otorgaba permiso a cualquier vecino o forastero para que vendiese o comprase cualquier género de mercadería. Eso supuso para la villa de Beas ser el centro neurálgico y comercial de toda la comarca de la Sierra de Segura, así como de otros pueblos colindantes, ya que, hasta la fecha era el único mercado que se celebraba semanalmente con carácter oficial en la zona.

La estructura antigua de la Plaza del Mercado se remodeló, lo que se conoce actualmente como Paseo, esto ocurrió a raíz de la inundación que sufrió gran parte del casco urbano tras el desbordamiento y posterior riada del río Beas en 1955, la ubicación del mercado se trasladó a la recién construida Avenida del Mercado.La voz de la Villa. Año IV, n º V. Pág. 32. (Véase bibliografía)La voz de Sierra de Segura. Cincuenta aniversario de las riadas en la población. Enero 2006. Nº 15. Año III. Pág. 13 (Véase bibliografía)

Contexto histórico

thumb|250px|Portalillos junto a la Plaza Nueva donde durante algunos siglos se celebraba Mercado antes de la concesión por Juana I. thumb|250px|Vista del Paseo de Beas, donde se han sucedido varios nombres: Paseo del Mercado, Paseo del Generalísimo y actualmente Paseo de la Constitución.Lugar elegido para celebrar el Mercado del jueves hasta el último tercio del . thumb|200px|Juana I de Castilla

La actividad de Juana I de Castilla en el verano de 1513 fue muy intensa; su padre, el rey Fernando el Católico, por esas fechas asume otras responsabilidades de la Corte, como los prolegómenos de la conquista de Navarra.(Esarte, 2001. Págs: 159 162) Dejó a su hija otros cargos, no menos importantes, como nombramientos y mercedes para Canarias. También presidió una Junta en Valladolid. La propia reina emitió las Leyes de Valladolid con fecha 28 de julio de 1513.

Desde Valladolid, entre todo ese trasiego, la reina mandó a su secretario Lope de Conchillos redactar la cédula de concesión de un mercado franco para la villa de Beas, tomando razón de la misma Francisco de los Cobos. Resaltando entre otras cosas los leales servicios que ofreció la villa en otro tiempo:

Leales servicios de la villa de Beas

En el último capítulo de las relaciones, dice así:

Por lo que Juana I de Castilla se refería a estos acontecimientos en que estuvieron vinculados los vecinos de Beas. La buena diplomacia, y la amistad que unía a Miguel Pérez de Almazán con la reina, fue el detonante para tal concesión, además de los propios intereses del Comendador respecto a Beas.

Encomienda de Beas En la encomienda de Beas, los derechos de la jurisdicción, las carnicerías, los monopolios, diversos censos inmuebles y raíces, estaban reservados al comendador. La principal partida la constituían los diezmos, en especial los del ganado, el cáñamo y el lino, duplicando su valor en 1525; el maestre solo se llevaba el pedido. La iglesia se reedificó en 1495, estando dedicada a Nuestra Señora de Gracia, y las seis ermitas existentes estaban bajo la advocación de San Sebastián y Santa Rufina, San Juan, San Agustín, Santa María y San Miguel. Hubo un monasterio de franciscanos y un convento de Clarisas. En 1468, llegó a tener cuatro mil habitantes, ocupando el tercer lugar en importancia de toda la Provincia, siendo la mejor villa, después de Ocaña, pero en años posteriores empezó a perder población; solo en 1575 logró recuperar el tope inicial. El número de Caballeros de premia era el mayor de las actuales localidades giennenses, solo en pugna con Siles, lo que se corresponde con el número posterior de hidalgos. Sin embargo, la mayoría de la población era pobre, y solo unos pocos privilegiados superaban los 7000 ducados de cuantía. Existía la encomienda al menos desde 1329. Cuatro importantes linajes se sucedieron en ella: Valderrábanos, Enríquez, Almazán y Suárez de Figueroa.

Comendadores La posición privilegiada que ocupó Miguel Pérez de Almazán en la Corte y la confianza que gozó de los reyes, le otorgó el favor de la concesión de un mercado franco para la villa de Beas de la que era comendador. Eso supuso el incremento del comercio agrícola y ganadero, y en especial de la industria textil, que comenzaba a despuntar con la fabricación de paños y la manufactura del lino y el cáñamo, lo que representaba unos pingües beneficios que llevó a posicionar la encomienda de Beas como una de las más principales de la Orden de Santiago dentro del Campo de Montiel.(Véase: La Orden de Santiago en el siglo XV: la provincia de Castilla, (1997). Porras Arboleda, Pedro A.).

Con fecha 6 de noviembre de 1510 Juana I de Castilla dio una Real Provisión que hace merced a Miguel Pérez de Almazán del oficio de fundidor y marcador del oro de la isla de La Española, quien delegó esa a su vez esa tarea en Miguel de Pasamonte.Oficio dado a personas de confianza del entorno real con el fin de controlar el oro, la plata y otros metales que llegaban al puerto de Indias en Sevilla. La persona que ostentaba dicho cargo delegaba a su vez en otra que ejercía la función de veedor de las minas y estaba presente en la fundición y marcado del oro y la plata, así como en la posterior carga del mineral en los barcos. Asimismo el 20 del mismo mes se dio orden a Diego Colón para la entrega de los aparejos y pertrechos para la fundición.ES.41091.AGI/22.15.412//INDIFERENTE,418,L.2,F.152R-153R. Ese título era de carácter hereditario, y no fue hasta el 11 de abril de 1540 cuando Carlos V se lo transmitió a Juan Pérez de Almazán.ES.41091.AGI/22.15.412//INDIFERENTE,418,L.2,F.151R-152R.ES.41091.AGI/28.7.4//PATRONATO,278,N.2,R.212 Dicho cargo también lo ostentó desde 1527 Francisco de los Cobos. thumb|125px|Blasón de los Figueroa. A la muerte de Almazán en abril de 1514, su mujer, Gracia de Albión y sus dos hijos, Miguel y Juan, cayeron en el olvido, pues el rey murió en 1516, y no fue hasta que su nieto Carlos V reconoció la valía de Almazán y se preocupó del único hijo que quedaba, Juan, al que le otorgó la encomienda de Beas en 1525 que la mantuvo hasta su muerte en 1547. Año en que el rey entregó la encomienda a la casa de Feria, a su titular Gómez Suárez de Figueroa.

Cuando le fue concedida la encomienda de Beas a Gómez Suárez de Figueroa, esta ocupaba un modesto lugar dentro del conjunto de la Orden de Santiago, con unos ingresos alrededor de 2558 ducados. En la provisión de la entrega de la encomienda por Carlos V se hace mención a la media anata, que consistía en gastar en obras, reparaciones y mejoras de edificios y propiedades la mitad de las rentas de la encomienda por dos años tras quedar vacante esta. Dentro de las rentas, estaban los diezmos del cereal, del ganado lanar y caprino y los del cáñamo y lino, entre los principales.ADM Feria, leg. 59

Contexto económico

Una vez que se reconquistó Granada y unificado el territorio castellano, ya sin enemigos, las Órdenes Militares dejaron de ser necesarias, lo que supuso su declive y conllevó a la transferencia de sus cuantiosos bienes acumulados durante la reconquista a la autoridad real, así las tierras, villas, lugares y castillos pasaron a formar parte de la Corona, y con ello la nobleza tuvo que someterse al poder real. Las Órdenes llegaron a ser una institución honorífica, y una vez incorporados los Maestrazgos a la Corona, se creó el Consejo de las Órdenes Militares, concediendo el rey en ocasiones los bienes de las encomiendas o señoríos de la Orden de Santiago, como fue el caso de Beas.

El descubrimiento del Nuevo Mundo repercutió también con la entrada de nuevos cultivos que se adaptaron bien al clima y al terreno, y con ello un cambio de hábitos alimenticios con la introducción de nuevos productos como el tomate, maíz, tabaco, etc, que en pocos años se integraron plenamente en las costumbres cotidianas. No ocurrió lo mismo con la patata, que no empezó a consumirse hasta el .

Beas desde su reconquista en el estuvo regida por el Fuero de Cuenca, que otorgaba una serie de privilegios regulados por unos derechos y exenciones para facilitar la llegada de nuevos pobladores, con repartimientos de tierras quedando estos libres de cargas e impuestos mientras tuviesen casa habitada, a excepción del pago en los arreglos de murallas. Todo ello acompañado de carta puebla, fuero juzgo y mero et mixto imperio para que los nuevos moradores se sintiesen protegidos en un territorio de frontera como era entonces Beas.

El fuero también amparaba el derecho de propiedad de la tierra y regulaba precios y salarios, así como pesos y medidas. Poco a poco se fueron creando gremios artesanales y de comerciantes, como panaderos, taberneros, especieros y carniceros entre otros, son los que se encargan de la venta de productos básicos. Dos siglos más tarde el panorama solo se ve afectado a los vendedores de textiles, ejemplo claro son los tributos pagados de la alcabala de viento, así el forastero pagaría un maravedí por cada vara de tela vendida. El fue testigo de un espectacular fenómeno económico llegando a todos los rincones de Castilla.

Los productos

thumb|Mercado de abastos, situado junto donde se hace el mercado los jueves. Beas, a mediados del , era un municipio con una sólida estructura económica, donde además de la agricultura y la ganadería, tenía mucha importancia la industria manufacturera, principalmente el sector del textil, así lo atestiguan la cantidad de molinos, batanes y aceñas que había en la villa en esa época. El lino y del cáñamo eran los dos productos esenciales en la economía de Beas, y su cultivo sustentaba una importante industria textil, que empleaba batanes, telares, tendederos, etc, en la fabricación de paños, telas y otros productos como los tintes, resultando a su vez un prolífero negocio. El curtido de pieles empleando en su elaboración el zumaque y el tanino, extraído de la corteza de algunos árboles, lo que viene a llamarse la tenería, y se usaba el cuero para hacer odres, aljabas, botas, sandalias, aderezos para los animales de labor, etc. Todo ello suponía un importante comercio acompañado de importantes ingresos.

Los principales productos que se comercializaban aparte del lino y del cáñamo, fueron el trigo, la cebada, el centeno, escaña y avena, que se iban rotando en la tierra. En el ya existían cuatro hornos de pan: el de El Mercado, Arrabal, Repullete y el de La Morería.

Los frutales y las huertas o cañamares (que también se les llama así), eran cuantiosos gracias a la buena vega con tierra fértil y abundancia de agua; se criaban productos hortofrutícolas de excelente calidad, aunque poco a poco han ido dando paso al olivar o se han abandonado, quedando en la actualidad poco terreno cultivado que no sea olivar, lo que provocó un fuerte retroceso a partir del en la industria pañera a causa de la falta de tierras y de pastos. Otros productos que se elaboraban eran el queso, lana, vino, miel, cera, enjambres, etc. Respecto al ganado, becerros, bueyes, caballos, yeguas, potricos y borricos; ganado lanar y cabrío, pollos y lechones, etc.