Los combates de Cagayán, conocidos en japonés como la , fueron una serie de enfrentamientos militares de 1582 entre la Armada Española de Filipinas, al mando del capitán Juan Pablo de Carrión, y una flota de piratas wakō, liderada por el japonés Tay Fusa. Las batallas tuvieron lugar en las proximidades del río Cagayán como respuesta a los saqueos piratas de las costas de Luzón, y se saldaron con victoria española.

El suceso fue otro de una serie de enfrentamientos entre soldados ibéricos y piratas japoneses y chinos, el primero de los cuales se había dado en la Batalla de la bahía de Fukuda de 1565, protagonizada por la marina portuguesa. Como en todos ellos, dio la victoria a los occidentales la ciencia militar ibérica, basada en el uso de arcabuceros, piqueros y rodeleros y en potentes embarcaciones y fortificaciones.

Los combates de Cagayán son una fuente de controversia y deliberación desde su popularización en el siglo XXI. Se les describe usualmente como un choque entre samuráis japoneses y soldados de los tercios españoles, dos fuerzas combatientes de gran consideración en la cultura popular, a pesar de que la verdadera batalla no la libraron ni samuráis ni tercios estrictamente hablando: se trató de piratas panasiáticos, aunque nutridos de rōnin o samuráis descarriados, contra soldados novohispanos, la mayoría de ellos mestizos e indígenas de Tlaxcala, aunque de nuevo, entrenados en las armas y tácticas de los tercios. También participaron auxiliares filipinos en el lado hispánico.Manzo Carreño, (2019). "Tercios y samuráis: la batalla de los peces-lagarto". Revista Ejército n.º 940

La batalla tampoco fue la primera ni la mayor ocasión en que las Filipinas españolas se enfrentaron a japoneses, contándose antes la Batalla de Manila de 1574, en la que una gran coalición de piratas chinos y japoneses, con tácticas samurái mejor definidas, trató de tomar la ciudad antes de ser repelida por los españoles y sus súbditos regionales.

Trasfondo Los piratas japoneses habían rondado la isla de Luzón, núcleo de las Filipinas hispánicas, desde antes de la propia conquista española.Tremml-Werner, B. (2022). "Persistent Piracy in Philippine Waters: Metropolitan Discourses about Chinese, Dutch, Japanese, and Moro Coastal Threats, 1570–1800". Piracy in World History, 2025 Routledge, Chapman & Hall, Incorporated Ya en 1574, habían participado en el gran ejército pirata sino-japonés de Limahon, que trató de expulsar a los españoles de Manila antes de ser derrotados en el asedio resultante.

Tanto chinos como japoneses formaban parte de los llamados wakō o wokou, unos piratas muy activos en las costas de China desde el inicio de la Dinastía Ming (1368-1644). Aunque los wokou incluían varias nacionalidades, la presencia de japoneses era muy nutrida en ellos debido a que las islas españolas que tenían fama en Japón de ser ricas en oro.Emilio Sola: Historia de un desencuentro. Ehspaña y Japón, 1580-1614, p. 24. Las rutas comerciales del galeón de Manila hac también supusieron factor de atracción para la presencia japonesa.

Los japoneses esencialmente alternaban entre la piratería y el comercio franco con las Filipinas según vieran oportunidad para una u otro, Sus mercaderes eran bienvenidos en la Manila hispana, igual que los mercaderes hispánicos comerciaban en Japón.José Eugenio Borao Mateo, "La colonia de japoneses en Manila en el marco de las relaciones de Filipinas y Japón en los siglos XVI y XVII" Los nipones solían intercambiar oro por plata en Luzón, especialmente en las actuales provincias de Cagayán, Gran Manila y Pangasinán (concretamente la zona de Lingayén).Del Rey y Canales, op. cit. p. 184.

En 1580, sin embargo, las autoridades de Manila recibieron informe de que piratas japoneses habían construido un asentamiento cerca de Aparri, en Cagayán, en el extremo norte de la isla. Los nipones utilizaban este fuerte, que los españoles denominaron Puerto de Japón, para comerciar con armas y oro y asaltar las villas nativas cercanas. El año siguiente, el gobernador general español, Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, ordenó al capitán Juan Pablo de Carrión que encontrara y acabara con la amenaza.

Fuerzas enfrentadas Japoneses thumb|190px|Rōnin o samurái sin amo. Dibujo de 1869. La flota wako de Puerto de Japón se componía al parecer de 18 juncos. Historiadores japoneses informan de que el lugar estaba guarnecido por 600 combatientes. que fuentes españolas elevan a más de 1000. Iban equipados con armas de fuego a la europea provistas por los portugueses, aunque también llevaban probablemente algún número de arcabuces japoneses tanegashima. Las fuentes también les describen armados con grandes sables a dos manos, que el historiador Stephen Turnbull identifica con las espadas japonesas de tipo nodachi o nagamaki.

Aunque los wokou incluían tanto japoneses como chinos, malayos y coreanos, el nombre de su caudillo sugiere que los japoneses lideraban la flota, ya que "Tay Fusa" se trata probablemente de la transliteración de Taifu-san o Taifu-sama, siendo taifu (大夫, dàfū en chino) una palabra usada para referirse a los comandantes o señores feudales. Se cree que su verdadero nombre era Sukezaemon Naya, un potentado que más tarde se convertiría en mercader de las propias Filipinas bajo otra identidad.

Hispanos La fuerza española era liderada por Juan Pablo de Carrión, veterano capitán de la Armada de 70 años de edad, que poseía una honda experiencia militar en las Filipinas y el mar de la China. Carrión alistó y compuso una flota de siete embarcaciones de guerra: la galera capitana, el navío o nao pequeña San Yusepe y cinco fragatas traídas desde Vigán.Del Rey y Canales, op. cit. p. 186.

A bordo de las naves, aparte de los tripulantes, iban cuarenta soldados, la mayor parte de ellos novohispanos nacidos en Nueva España, hoy México. Se trataba de criollos, mestizos e indígenas de origen tlaxcalteca, veteranos de la Guerra Chichimeca, y experimentados además en las mismas exploraciones en el Pacífico y las guerras de la región. Sólo un puñado de ellos habrían combatido en las guerras de Europa, pero todos estaban bien entrenados en las armas ibéricas y las tácticas de los tercios. También embarcó un grupo de guerreros filipinos de las tribus tagalas, pampangas y bisayas, aunque Carrión los consideraba menos fiables.

Combates La primera acción se llevó a cabo en el mar de la China Meridional, donde Carrión avistó un buque de guerra japonés y, valiéndose de la superioridad técnica de su propio navío, de construcción occidental, lo cañoneó con facilidad hasta obligarlo a retirarse.Del Rey y Canales, op. cit. p. 185.

Batalla naval

Al pasar por el cabo Bojeador, la flota avistó un gran junco japonés que acababa de arrasar la costa y saquear a los habitantes. La galera Capitana se adelantó entonces para interceptarlo, a pesar de que el barco japonés era de mayor tamaño y cargaba más combatientes. Tras alcanzarlo, la Capitana lanzó unas ráfagas de artillería para romper el mástil del junco, y a continuación Carrión y los hispanos abordaron el barco. Sin embargo, el junco resultó contener más de 200 combatientes con corazas y picas, con lo que consiguieron detener el avance de los españoles y repeler el asalto. Los piratas contaban además con cerca de 6o arcabuceros que dispararon a la galera desde el castillo de su barco.

La situación se torció para la Armada hasta el punto de que los españoles debieron retroceder y los piratas realizaron su propio abordaje a la cubierta de la galera. Con el objetivo de recuperar la iniciativa, los soldados de Carrión establecieron una posición defensiva en la popa y formaron una barrera, con los piqueros delante y arcabuceros y mosqueteros detrás. Carrión cortó entonces la driza de la vela mayor, que cayó atravesada sobre el combés, creando una trinchera adicional tras la que parapetarse.Del Rey y Canales, op. cit. p. 187. Les ayudó en este propósito no sólo su formación y su maestría con las armas de fuego, sino también la mayor robustez de sus armaduras en comparación con sus adversarios.Del Rey y Canales, op. cit. p. 192. De este modo, consiguieron recuperar el terreno mediante descargas de arcabucería y cargas cuerpo a cuerpo, volviendo a hacer recular a los piratas en dirección al junco.

Coincidiendo con este contraataque llegó el San Yusepe, que disparó una andanada contra el barco japonés y acabó con los tiradores que aún hostigaban a la Capitana. Al comprender que la batalla estaba perdida, los piratas abandonaron el junco y saltaron al agua para intentar llegar a nado a la costa, con el resultado de que muchos se ahogaron por culpa de sus armaduras, que no por ser más ligeras eran menos farragosas para nadar. Los españoles contaban también con las primeras bajas, entre ellas el capitán de la galera, Pedro Lucas, y la Capitana estaba dañada y hacía agua.

Desembarco thumb|Río Cagayán. Una vez recompuesta, la flotilla española continuó hasta la embocadura del río Tajo (nombre del río Grande de Cagayán), que Carrión exploró con la Capitana. Dentro del río halló una flotilla pirata de dieciocho sampanes pequeños que acababan de saquear una aldea costera. Los piratas le atacaron, pero fueron derrotados, muriendo 200 de ellos y un presunto hijo de Tay Fusa. Carrión avistó poco después Puerto de Japón, que calcularon defendido por cerca de un millar de enemigos con mucha artillería. El San Yusepe no pudo seguir al resto de la flotilla, ya que su capitán, Luis Callejo, ordenó dar la vuelta por una falsa alarma, momento en que la nao golpeó un bajío y quedó sin ancla. Mientras tanto, Carrión ordenó desembarcar, erigir fortificaciones a la vista de los enemigos y armarlas con la artillería de la foltilla.

Los dos ejércitos emprendieron negociaciones. Los mensajeros de Tay Fusa argumentaron que los españoles eran ladrones como ellos mismos, y que los piratas no sólo habían llegado primero, sino que lo habían hecho por orden del rey de los japoneses. Tay Fusa dijo a través de ellos que abandonaría la isla si Carrión le pagaba una gran indemnización en oro, para así compensar las pérdidas que sufrirían de tener que abandonar sus operaciones locales, pero Carrión respondió con una rotunda negativa.

El historiador japonés Keiji Igawa recoge una versión en la cual no hubo más combates, sino que Tay Fusa huyó de Luzón intimidado por la respuesta de Carrión: que los españoles estaban allí para proteger a los nativos y recuperar el oro que Tay Fusa había robado, que podían traer 600 soldados más contra él si quería guerra, y que sus compañeros piratas probablemente se amotinarían y le matarían si intentaba luchar contra los hispánicos.Igawa, K. (2010). "At the crossroads. Limahon and Wako in Sixteenth Century Philippines". Hong Kong University Press. Elusive Pirates, Pervasive Smugglers: Violence and Clandestine Trade in the Greater China Seas. Sin embargo, otro historiador japonés, Seiichi Iwao, coincide con las fuentes españolas en que hubo combate.

Batalla terrestre thumb|400px|Piqueros españoles. Rotas las negociaciones, los japoneses decidieron atacar las posiciones terrestres españolas con 600 combatientes, amparándose en su superioridad numérica. Los hispánicos les derrotaron en tres asaltos, aprovechando la seguridad de sus fortificaciones para diezmarles con voleas de arcabucería y artillería.