El cónclave de 2013 fue el proceso electoral mediante el cual el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio resultó electo papa y tomó el nombre de Francisco. Este evento, celebrado en la Capilla Sixtina entre el 12 y 13 de marzo, fue convocado tras la renuncia de Benedicto XVI el 28 de febrero. La elección se definió al quinto escrutinio y contó con la participación de ciento quince cardenales electores.

El cónclave estuvo marcado por la inusual renuncia de Benedicto XVI, anunciada el 11 de febrero de 2013. Su pontificado de ocho años, iniciado en 2005, se había centrado en la reconciliación interna de la Iglesia católica, pero se vio marcado por graves escándalos como el caso de las filtraciones, también conocido como Vatileaks, las acusaciones de pederastia contra varios prelados y las sospechas sobre la gestión financiera vaticana. Alegando un deterioro de su salud, el papa decidió renunciar al ministerio petrino en un acto sin precedentes desde el . Al convertirse en papa emérito, Benedicto XVI dejó a su sucesor la tarea de afrontar estos complejos desafíos. No obstante, antes de su retiro, reguló la organización del cónclave a través del motu proprio Normas Nonnullas, una disposición que flexibilizaba el plazo de convocatoria y reforzaba las medidas de secretismo y clausura del proceso.

Mientras la prensa mundial especulaba sobre los posibles papables y el camarlengo Tarcisio Bertone asumía la administración ordinaria del Vaticano, las diez congregaciones generales previas al cónclave —presididas por el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano— permitieron a más de ciento cincuenta cardenales evaluar la situación de la Iglesia. A través de 161 intervenciones, los purpurados abordaron cuestiones como la reforma de la Curia Romana y la evangelización y perfilaron las características que debía reunir el nuevo pontífice. Fue en este foro donde el cardenal Jorge Mario Bergoglio pronunció un discurso que destacó entre los presentes y que, tras la elección, se consideró determinante para obtener el respaldo de los electores.

El proceso se desarrolló según lo establecido en la constitución apostólica Universi Dominici gregis. Tanto la Capilla Sixtina, sede de los escrutinios, como la residencia Santa Marta, lugar de alojamiento, fueron acondicionadas para garantizar estricto secreto y la clausura de los electores. Al iniciar la sede vacante, 117 cardenales tenían menos de ochenta años y, por tanto, el derecho y la obligación de participar en la elección. Sin embargo, los cardenales Darmaatmadja (arzobispo emérito de Yakarta) y O'Brien (arzobispo emérito de Saint Andrews y Edimburgo) declinaron asistir —el primero por motivos de salud, el segundo tras haber renunciado a su arzobispado—, por lo que el número definitivo de electores se fijó en 115. La primera votación tuvo lugar el 12 de marzo de 2013. Al día siguiente, tras otros cuatro escrutinios, el proceso concluyó con la tradicional fumata blanca y el anuncio del Habemus papam, mediante el cual se proclamó la elección del cardenal argentino Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco.

Antecedentes

Renuncia de Benedicto XVI

izquierda|miniaturadeimagen|200x200px|Benedicto XVI durante una audiencia general en el Vaticano, el 16 de enero de 2013, unas semanas antes de su renuncia. Elegido durante el cónclave de 2005, el papa Benedicto XVI anunció el 11 de febrero de 2013 su renuncia, la cual se haría efectiva el 28 de febrero a las 20:00 horas (hora de Roma). Explicó que había reflexionado sobre esta decisión durante meses, a medida que su «fuerza de espíritu y de cuerpo» se debilitaba debido a su «edad avanzada», de 85 años, y afirmó: «he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado». Fue el primer pontífice en renunciar al cargo desde Gregorio XII, en 1415, durante el Cisma de Occidente. Cuando aún era cardenal, declaró en 2002, en referencia a Juan Pablo II, que «si el papa constatara que ya no puede cumplir en absoluto con sus funciones, entonces ciertamente renunciaría». Años más tarde añadió que tenía «el derecho [e incluso] el deber de retirarse […] si ya no puede asumir la carga de su ministerio». Esta decisión se ajustó, además, al derecho canónico de la Iglesia, concretamente al canon 332, párrafo 2.

Debido al carácter casi inédito de una renuncia en la historia del papado, una comisión presentó conclusiones sobre sus consecuencias prácticas. Se determinó que el papa dimisionario sería denominado «Su Santidad Benedicto XVI, papa emérito» (o pontífice romano emérito). Vestiría una sotana blanca sencilla sin la muceta —una corta esclavina roja sin mangas que cubre los hombros y que simboliza la función pontificia—, y usaría zapatos de color marrón, en lugar del tradicional rojo. El anillo del Pescador, que representa a san Pedro arrojando la red junto a Cristo, fue solemnemente inutilizado por el camarlengo ante los cardenales, del mismo modo que se hace tras la muerte de un papa. Benedicto XVI también descartó la posibilidad de participar personalmente en el cónclave y prefirió retirarse a la oración, como un simple peregrino, «oculto al mundo».

A medida que se aproximaba el inicio del cónclave, se multiplicaron las especulaciones sobre otros posibles motivos más reservados de su renuncia al «ministerio petrino». Entre ellas se mencionó una reciente intervención quirúrgica relacionada con su marcapasos o, como señaló el diario italiano La Repubblica, motivos vinculados al escándalo Vatileaks, el cual sugería la existencia de un presunto «lobby gay» en el Vaticano. Sin embargo, posteriormente el portavoz de la Santa Sede desmintió esta última afirmación. Para el historiador Yves Chiron, se trató, por tanto, de un papa agotado, y no desanimado, que renunció a una responsabilidad cuyo ritmo, impuesto por la atención pastoral de la Iglesia, ya no podía asumir.

Últimos días del pontificado de Benedicto XVI Pocos días antes de que la renuncia del papa se hiciera efectiva, fracasó un último intento de acuerdo de la comisión Ecclesia Dei con los lefebvristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X; el Vaticano indicó entonces que este asunto, seguido muy de cerca por el propio Benedicto XVI, sería transmitido al futuro sumo pontífice.

Durante sus últimas apariciones públicas, el papa llamó a un «verdadero renacimiento de la Iglesia» al afirmar que «todos sus miembros deben renovarse y reorientarse decididamente hacia Dios, renunciando al orgullo y al egoísmo». En un discurso ante varios centenares de miembros del clero romano, expuso su interpretación del Concilio Vaticano II y denunció la lectura que, a su juicio, habían hecho los medios de comunicación, a la que consideró errónea por reducirlo a una «lucha de poder entre facciones de la Iglesia». Asimismo, recibió a los papables Angelo Bagnasco y Angelo Scola, junto con los obispos de Liguria y Lombardía, durante las dos últimas visitas ad limina de su pontificado. En audiencias privadas, recibió también al presidente del Consejo de Ministros, Mario Monti, así como al presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, y a su esposa, Clio Maria Bittoni.

Como acto final de su pontificado, Benedicto XVI promulgó el motu proprio Normas Nonnullas, fechado el 22 de febrero y hecho público el 25, en el que precisó diversos aspectos relativos a la organización del cónclave. El texto tenía como objetivo permitir a los cardenales convocarlo antes del 15 de marzo, de modo que su sucesor dispusiera del tiempo necesario para preparar las celebraciones de Pascua.

Durante el inicio de la primera semana de Cuaresma, como cada año, el papa se abstuvo de toda audiencia y actividad pública y participó en los ejercicios espirituales de la Curia romana, dirigidos en 2013 por el cardenal Gianfranco Ravasi, también citado entre los papables. Al término de este retiro espiritual, Ravasi recibió un homenaje por parte de Benedicto XVI.

El último ángelus del pontificado, celebrado el 24 de febrero, fue seguido por una multitud de más de 100000 fieles reunidos en la plaza de San Pedro. La 384ª y última audiencia papal —celebrada el 27 de febrero de 2013, ante 150000 personas, sin ceremonia particular pero en presencia de casi todos los cardenales del mundo a punto de entrar en cónclave—, sirvió como marco para un discurso de despedida en el que evocó las «aguas agitadas de su pontificado». Al día siguiente recibió a 143 cardenales de la Curia y de todo el mundo en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. Allí declaró: «entre ustedes se encuentra el próximo papa, a quien prometo deferencia y obediencia incondicionales», y llamó a la unidad de la Iglesia, entendida «como un cuerpo vivo» en transformación. Tras una última aparición pública, partió a bordo de un helicóptero blanco de la Fuerza Aérea Italiana hacia la residencia de verano de los papas en Castel Gandolfo, donde permanecería dos meses, mientras se realizaban las obras de renovación del monasterio Mater Ecclesiae. Lo acompañaron su secretario particular, Georg Gänswein; el regente de la Casa Pontificia, Leonardo Sapienza; su médico personal, Patrizio Polisca; y cuatro laicos del movimiento Comunión y Liberación.

A las 20:00 horas del 28 de febrero de 2013, los guardias suizos apostados en la residencia pontificia de Castel Gandolfo cerraron las puertas y se retiraron, por lo que la seguridad del recinto quedó a cargo de la policía municipal. Al mismo tiempo, se colocaron sellos en los apartamentos papales del Palacio Apostólico del Vaticano, conforme a un protocolo minucioso, bajo la supervisión del cardenal Tarcisio Bertone, quien, en su calidad de camarlengo, asumió la férula petrina y quedó encargado de constatar jurídicamente la vacancia de la Sede Apostólica.

Preconclave

Organización del cónclave

Reglas de la Sede Vacante y de las congregaciones generales

El procedimiento de elección del papa está definido por la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996, y modificada posteriormente por el motu proprio de Benedicto XVI del 11 de junio de 2007 y por el del 22 de febrero de 2013.

A partir de la vacancia de la Sede Apostólica (sede vacante), las actividades de los dicasterios quedan suspendidas y el Colegio Cardenalicio, integrado por cardenales electores y no electores, es convocado por su decano, Angelo Sodano. Este se reúne en congregaciones generales, encargadas de preparar el cónclave, fijar la fecha de su apertura y gestionar los asuntos ordinarios, sin poder adoptar decisiones cuya validez exceda el período de vacancia. El 1 de marzo de 2013 se envió la convocatoria a los cardenales para la primera congregación general, celebrada el lunes 4 de marzo de 2013 a las 9:30, en el aula del Sínodo, con capacidad para 250 personas, situada en el complejo Nervi. Esta sesión reunió a 142 cardenales, de los cuales 103 eran electores, y en ella se constituyó, por sorteo y por un período de tres días, la llamada «congregación particular», encargada de la gestión de los asuntos ordinarios junto al camarlengo Tarcisio Bertone. Esta congregación estuvo integrada por Giovanni Battista Re, del orden de los obispos; Crescenzio Sepe, del orden de los presbíteros; y Franc Rodé, del orden de los diáconos.