Juan Roa Sierra (Bogotá, 4 de noviembre de 1921-Bogotá, 9 de abril de 1948) fue un albañil colombiano, conocido por ser el supuesto autor material del magnicidio del líder político colombiano Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948 en el centro de Bogotá.
Fue linchado brutalmente por la muchedumbre y su cadáver desnudo fue arrastrado por la calle después del asesinato, lo que dio inicio al episodio local conocido como el Bogotazo, y llamado a escala nacional como el 9 de abril. Su prematura muerte dejó muchas dudas con respecto a los verdaderos responsables del crimen.
Antecedentes familiares Juan Roa Sierra tenía 26 años de edad. Sus padres fueron Encarnación Sierra (de 52 años de edad) y Rafael Roa, quien había muerto en 1927 de una enfermedad de los bronquios (posiblemente silicosis), contraída como resultado de su trabajo como tallador. Entre otros trabajos, Rafael Roa fue uno de los responsables de esculpir el frontispicio del Palacio de Justicia. Rafael y Encarnación habían contraído matrimonio 35 años antes, en 1913. Gaitán era el héroe político de doña Encarnación. Ella estaba preparando su ropa de luto por la muerte del caudillo liberal en su casa, cuando se enteró por la radio de que el asesino era su hijo, según expresara el escritor Gabriel García Márquez en su autobiografía "Vivir para contarla".
De la unión de Rafael y Encarnación nacieron 14 hijos, en Bogotá; dos antes del matrimonio (Rafael y Luis) y el resto después (Gabriel, Amelia, María del Carmen {fallecida}, María Luisa {fallecida}, Cecilia {fallecida}, Leonor {fallecida}, Leonor {la segunda, fallecida}, Vicente, Eduardo, José {fallecido}, un pequeño no bautizado, también fallecido y Juan). Murieron las seis niñas y dos niños. Sobrevivieron seis varones. Juan era el menor de estos.
Situación económica Los hermanos sólo asistieron alrededor de tres años a la escuela primaria, pues los recursos económicos de la familia eran muy limitados. Juan Roa fue bautizado en la iglesia del Barrio Egipto, en Bogotá. Había vivido por largo tiempo en el barrio Ricaurte, en la Calle 17 Sur N.º 16-52. Su hermano Eduardo era conductor de taxi para la compañía Taxi Roxi. Luis tenía a su cargo un vehículo del consulado alemán. Rafael trabajaba en un matadero de cerdos y corderos. Vicente era también chófer en un vehículo de una empresa. Gabriel solía trabajar para la fábrica La Leona (La Popular), aunque posteriormente fue internado en la clínica de Sibaté debido a desórdenes mentales.
Juan, lo mismo que Luis, había sido empleado de la embajada alemana, inicialmente como portero y luego como muchacho de oficina, hasta que el establecimiento diplomático tuvo que cerrar y abandonar el país debido a la guerra. Luego trabajó reencauchando llantas en una vulcanizadora de la que era propietario en compañía de su hermano Luis cerca de la Estación de la Sabana (estación central del tren) que pronto debió ser cerrada por falta de dinero. Finalmente anduvo cesante. Durante sus últimos días había estado empeñado en la búsqueda de trabajo y entre otras cosas estaba buscando dinero para pagarse un curso de conducción.
No estaba casado, pero sí había sostenido relaciones durante tres años, desde octubre de 1944, con una mujer separada, María de Jesús Forero, a quien conocía desde que eran niños cuando ambos vivían en el barrio Ricaurte. Tuvieron una hija. Su unión marital terminó en junio de 1947 ya que Juan estaba en una mala situación económica y María no quería tener más hijos. A partir de entonces, se fue a vivir con su madre, quien le daba algo de dinero y alimentación. Sin embargo la amistad entre María de Jesús y él continuó. En vida, Juan siempre le recordaba que iba a encontrar un trabajo para suplir las necesidades de ella y su hija. Ella lo llamaba mentiroso porque no aparecía con ayuda alguna. Como parte de su búsqueda de empleo escribió una carta al presidente de la República, Mariano Ospina Pérez, como le había sugerido el mismo Jorge Eliécer Gaitán en una de las entrevistas personales que le concedió. En la carta le solicita una cita "para exponerle el ferviente deseo que me anima de serle útil a mi Patria mediante la instrucción y el estudio". En ella indica que su dirección era Calle Octava N.º 30-65, que en realidad era la dirección de su querida Maruja (María de Jesús), quien fue la que recibió la respuesta de la Presidencia de la República fechada el 2 de junio de 1947. La dirección real de Juan Roa en ese momento, es decir la de su madre, debió ser Calle Octava N.º 30-73, según indica uno de los documentos encontrados en su pantalón, justo al lado de la casa de María de Jesús.
Sus familiares y amigos lo describían como un hombre en exceso reservado y tranquilo, no muy deseoso de trabajar, que migraba de trabajo en trabajo. Sin embargo, aunque estuvo desempleado durante un buen tiempo antes del asesinato, había enviado una carta escrita de su puño y letra al presidente con ese propósito, consiguió cartas de referencia que lo acreditaban como un buen sujeto, tramitó un certificado judicial que acreditaba unos antecedentes limpios, e hizo no pocas visitas a la oficina de Jorge Eliécer Gaitán con el fin de cambiar su suerte.
Cambios en la personalidad El informe de la investigación de Scotland Yard presenta a Juan Roa como un hombre poseído por delirios de grandeza, ensimismado y algo distraído. Se puede inferir del reporte que este comportamiento pudo haberse agravado, e incluso debió comenzar desde que empezó a visitar, 18 meses antes del asesinato, a un individuo alemán de nombre Johan Umland Gerd que leía la suerte y que fue quien lo vinculó al Rosacrucismo. Umland Gerd había llegado a Colombia doce años antes, estaba casado con una mujer colombiana y enseñaba quiromancia desde 1939. Según el testimonio de Gerd, él mismo lo inició en el Rosacrucismo cerca de un año antes. Juan se había afiliado a la sociedad A.M.O.R.C. con sede en San José de California con el número “Juan Roa 81816-S”. Dijo, además, que no le había notado a Juan signos de desequilibrio según el estudio de sus manos (método que él aplicaba al margen del rosacrucismo, por creencias personales), pero sí cómo se abstraía o se ausentaba mentalmente.
El quiromántico parece haber ejercido bastante influencia sobre Juan Roa desde la primera visita. Sin embargo, el informe de Scotland Yard no muestra que hubo una investigación enfocada hacia él o que hayan escudriñado su vida. La madre de Juan Roa lo notó inmediatamente y después de la primera visita al quiromántico se empezó a preocupar, al punto que fue a visitar al psíquico para reclamarle que su hijo había empezado a descuidar su trabajo y a imaginarse que él era Jiménez de Quesada, el fundador de Bogotá. Ella fue quien le dijo al quiromántico que Roa estaba visitando la oficina de Jorge Eliécer Gaitán con el fin de conseguir trabajo. Parece razonable creer que a partir de esas visitas al taumaturgo Juan haya empezado a creer que debía ser alguien más importante y ocupar un puesto de mayor prominencia. En presencia de su madre, el quiromántico hizo un análisis de la mano de Juan y "recuerdo que le dijo que él debería trabajar como en mecánica, pero no como obrero, sino como director". En la carta al presidente le pedía ayuda para estudiar, y según Gerd la madre de Juan le manifestó que éste había solicitado a Gaitán una beca para estudiar abogacía. Después de haberse creído la reencarnación de un personaje importante de la historia colombiana, decía que "no servía para hacer trabajos en baldosín ni para reencauchar, sino para alguna cosa grande". Alguna vez le comentó a Luis Enrique Rincón, uno de los que le ayudó a conseguir el arma, que contactaría a Gaitán para solicitarle un puesto en el Concejo de Bogotá.
Con el tiempo María de Jesús fue restándole todavía más credibilidad debido a que lo encontraba cada vez más cerrado y ensimismado. Mencionó que después de un experimento quiromántico frente a un espejo, Juan Roa empezó a creer que era la reencarnación de Francisco de Paula Santander y que un día lo vio con un corte del periódico El Tiempo en el que aparecía el retrato del general Santander. Ella sabía que frecuentaba al quiromántico porque en varias ocasiones llegaba con las manos marcadas con lápiz rojo y azul. Este detalle debió haber sido descuidado en el análisis del crimen, pues esos dos colores son los que tradicionalmente se usan para representar los dos partidos políticos tradicionales de Colombia. Jorge Eliécer Gaitán pertenecía al Partido Liberal, el rojo, a pesar de que su ideario disentía bastante de las premisas liberales tradicionales.
Su hermano Vicente declaró que Juan le decía que Gaitán era un gran hombre y que era un segundo Simón Bolívar. Bolívar y Santander fueron líderes que trabajaron juntos por la independencia de Colombia; con todo, en el momento de buscar el modelo de gobierno, se distanciaron profundamente. Había tres facciones: la primera estaba dirigida por el general, Francisco de Paula Santander, vicepresidente de la República de Colombia (Gran Colombia: Venezuela, Nueva Granada, Quito), que defendía una concepción federalista del gobierno; la segunda, capitaneada por el propio Simón Bolívar, abogaba por un gobierno fuerte centralista; y, por último, una tercera, la de los independientes, en la que militaban Joaquín Mosquera y los indefinidos. El ambiente entre los dos próceres se enrareció bastante al punto que hubo un intento de asesinato contra El Libertador el 28 de septiembre de 1828, orquestado por un ala militarista encabezada por el coronel venezolano Pedro Carujo, que deseaba acabar por las armas la "dictadura" de Bolívar, tras abolir la constitución de 1821. Santander fue culpado injustamente como planificador y fue condenado a muerte, luego de un juicio sumario que violó sus derechos a la defensa y el debido proceso. De hecho y sin que él lo supiera, salvó su vida una semana antes, en la población de Soacha, al detener a Carujo quien estaba por asesinarlo. Finalmente El Libertador conmutó su pena por el destierro (no sin antes pasar por las mazmorras de la prisión de Bocachica, en Cartagena) luego de la intercesión de Sucre y Nicolasa Ibáñez entre otros, que le mostraron el error garrafal que estaba por cometer. Al final, en una carta personal a Urdaneta (desde Barranquilla, 1830) le manifiesta su arrepentimiento y reconoce que el no haberse compuesto con Santander, nos perdió a todos.
Eduardo lo había visto con varias publicaciones rosacrucistas, y en particular con un libro grande titulado algo así como 'Dioses atómicos'. Tal libro existe y fue supuestamente escrito por un V.M. Moria. Su título en inglés es 'The Dayspring of Youth'.
Ocho meses antes del asesinato su madre lo notó algo más extraño y pensativo, y evitaba tomar el tema del rosacrucismo para que no se volviera todavía más callado. María de Jesús lo llamaba 'mentiroso' porque “tenía ideas que le caminaban por la cabeza, como raras que muchas veces me asustaba. Porque era hombre de poco equilibrio en sus pensamientos, tanto que yo un día bien convencida se lo dije con entera sinceridad, que él, Juan Roa, estaba como para irse a Sibaté”. En otra oportunidad ella lo vio abrir una carta y al leerla dijo todo entusiasmado “Me llegó el grado, voy a ser pastor”.