La Regenta es la primera novela de Leopoldo Alas «Clarín», publicada en dos tomos en 1884 y 1885. En palabras de su autor, «fue escrita o artículos sueltos» que «según iba escribiendo iba mandando al editor». Gran parte de la crítica la ha considerado la obra cumbre de Clarín y de la novela española del , la segunda de la literatura española y uno de los máximos exponentes del naturalismo y del realismo. Asimismo, la crítica ha venido señalando, desde el momento de su publicación, los vínculos entre La Regenta y Madame Bovary (1857), del escritor francés Gustave Flaubert.
La novela, cuya acción transcurre en Vetusta, una ciudad provinciana española tras cuyo nombre enmascaró Clarín a la capital asturiana, Oviedo, solo pudo ser publicada en Barcelona (Daniel Cortezo y Cía.), ya que constituyó un verdadero escándalo en su momento, sobre todo en Oviedo, donde el obispo de la ciudad, Ramón Martínez Vigil, publicó en su contra una pastoral que mereció una réplica de Clarín.
La novela narra la historia de Ana Ozores, una joven y bella mujer atrapada en un matrimonio sin amor con el regente de la ciudad de Vetusta, un hombre mayor y severo. A pesar de su aparente respetabilidad, Ana sufre una intensa agitación emocional y espiritual, luchando con sus deseos y una creciente sensación de aislamiento. Se convierte en el objeto de deseo de dos hombres: el carismático y moralmente ambiguo Don Álvaro, y el devoto pero reprimido sacerdote Fermín de Pas. Atrapada entre estas influencias conflictivas, el conflicto interno de Ana se intensifica, llevándola a una crisis de fe e identidad. La novela explora temas de presión social, represión, hipocresía y las tensiones entre los deseos personales y las expectativas públicas, ofreciendo una aguda crítica del tejido moral y religioso de la sociedad española.
En su argumento se basó la versión cinematográfica homónima de 1974 dirigida por Gonzalo Suárez y protagonizada por Emma Penella. De 1995 data la serie para televisión homónima, dirigida por Fernando Méndez Leite, con Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez como protagonistas.
Género Tradicionalmente, se ha adscrito la novela al género naturalista; sin embargo, no se adecúa plenamente a los cánones de esta corriente. Comparada con la obra de Zola o Maupassant, se echan de menos algunos aspectos que caracterizan al naturalismo ortodoxo. Entre ellos destaca el quebrantamiento del dogma de la total objetividad, pese a que el autor se esfuerza en permanecer oculto en ocasiones en que, quizá obedeciendo a un impulso irresistible, la voz del narrador se dirige directamente al lector.
miniatura|Escultura dedicada a «la Regenta» en la plaza de la catedral de Oviedo.
En su artículo «Del naturalismo», aparecido en La Diana en 1882, Clarín hace una defensa moderada y ecléctica de la obra de Émile Zola, negando las bases científicas del nuevo movimiento —el positivismo— y haciendo elogio de los sentimientos. En otros artículos, Clarín centra su visión del naturalismo en el determinismo:
En La Regenta, el determinismo viene marcado por la presión de la ciudad sobre los personajes principales. De esta manera, la obra de Alas significa una aplicación estricta del naturalismo en la narrativa. Las salvedades teóricas que el propio Clarín hace —referentes a un cierto espiritualismo, que, al mismo tiempo, se critica— se encuentran en sus escritos teóricos. La Regenta es una aplicación racional y consciente de estas concepciones, que suponen a su vez un análisis racional de la realidad. Clarín era más naturalista de lo que creía.
Argumento En la ciudad de provincias de Vetusta, vive Ana Ozores, una mujer de noble linaje venido a menos, casada con don Víctor Quintanar, regente de la Audiencia, de quien recibe el apelativo de «La Regenta». El matrimonio de Ana con don Víctor fue una unión de conveniencia; ella, mucho más joven que su esposo, lo considera más un amigo y protector que un verdadero compañero de vida. Su existencia transcurre entre la soledad y el tedio, marcada por la frustración de no haber sido madre y el anhelo de algo más elevado y desconocido. Su marido, por su parte, aunque sin quererlo, no le presta la atención adecuada y no comprende sus necesidades, prefiriendo la caza a ella. Los conflictos internos de Ana y su fragilidad la llevan a una morbosa exaltación mística hacia el joven vicario de la diócesis, don Fermín, quien siente cierta atracción física hacia la mujer, que sin embargo ella no corresponde. Al mismo tiempo, la bella y sensual protagonista cede a las tentaciones del confidente de su marido, don Álvaro Mesía, conocido como el Don Juan de Vetusta. Su relación permanece en secreto hasta que la criada de Ana, Petra, revela la traición a Don Víctor. El ex regente decide entonces desafiar a duelo al traidor, pero inesperadamente sale derrotado. La novela termina con la descripción de Ana: consumida por el remordimiento y la postración espiritual y física, está destinada a la muerte social.
Clarín utiliza Vetusta como símbolo de la vulgaridad, la ignorancia y el fariseísmo de la sociedad de provincias. Ana Ozores, por su parte, es un personaje marcado por el bovarismo, aquella patología del alma que denota insatisfacción crónica con la realidad que la rodea. Desde otro ángulo, Ana representa el idealismo torturado, que sucumbe lentamente ante la hipocresía de su entorno. En este contexto de tensiones, el autor construye un despiadado retrato de la vida provinciana española, centrado en sus clases dominantes, durante la Restauración de finales del .
La Regenta es, indudablemente, la obra maestra de Clarín y una de las novelas más significativas de la literatura española. En ella, se retrata con minuciosa precisión la vida en Vetusta, una ciudad de provincias tras cuyo nombre se esconde Oviedo. A través de Vetusta, Clarín critica con ironía todos los estratos sociales: la aristocracia decadente, el clero corrupto, las damas hipócritas y los partidos políticos. Todo ello configura una atmósfera social asfixiante y opresiva, contra la que Ana Ozores se enfrenta. Su carácter sensible y soñador la empuja hacia el refugio del misticismo, pero pronto se ve decepcionada por su confesor, el canónigo Fermín de Pas, quien intenta aprovecharse de ella. Ante la traición de sus ideales religiosos, Ana busca consuelo en los brazos de Álvaro Mesía, un mediocre seductor, cuya relación amorosa no resultará más que un pálido reflejo de los ideales románticos que ella persigue.
En el choque entre Ana y Vetusta, la protagonista termina vencida y marginada, presa de la presión social y moral que ejerce sobre ella la sociedad. Esta presión, que aplasta a Ana, es uno de los aspectos que acercan la novela a las teorías naturalistas, donde el entorno social juega un papel determinante en el destino de los personajes. La Regenta es, así, tanto un retrato de la hipocresía y mediocridad de una ciudad de provincias, como una profunda reflexión sobre la fragilidad del idealismo frente a una sociedad implacable.
Estructuras La Regenta tiene un comienzo irregular y complejo in medias res y se estructura en dos partes, que corresponden a un desigual periodo de tiempo. Cada capítulo goza de unidad y de autonomía dentro de un conjunto perfectamente ensamblado. Sin embargo, esta perfecta organización interna no es fruto de una lenta elaboración, sino de un agitado y rapidísimo proceso de escritura, en el que el escritor se olvidaba a veces «hasta de los nombres de algunos personajes», según confesó él mismo.
Primera parte Los quince primeros capítulos de la novela se desarrollan durante tres días; en ellos se presentan los personajes, se explican y narran sus antecedentes y se describe Vetusta. Esta primera parte presenta un tipo de narración similar al cuadro de costumbres: la sacristía, el círculo cultural, la mansión de los Vegallana, la morada de los Ozores, el obispado, la casa del magistral, etc.
Segunda parte Los quince últimos capítulos finales de la obra comprenden tres años de la historia y en ellos tiene lugar verdaderamente el desarrollo de la trama narrativa.
Personajes En cuanto cuadro de costumbres, en La Regenta aparecen más de cien personajes. En el momento de la aparición de la obra, para muchos ovetenses supuso un entretenimiento apasionante la identificación de su entorno próximo con los personajes puestos en pie por Clarín. Este, en un artículo publicado en El Imparcial en 1895, reafirmó algunas de estas suposiciones:
Su amigo Adolfo Posada ratificó sus palabras. Mientras que los personajes principales (Ana Ozores y el Magistral) fueron creaciones íntegras de Clarín,
Debido a la abundancia de personajes, no se puede hacer un análisis crítico de todos ellos, pero sí de los cuatro en torno a los cuales gira la historia principal:
Ana Ozores miniatura|Ana Ozores.
Ana es la protagonista titular de la narración. Su función en la novela es clara y consiste en la oscilación de lo uno que pasa a lo otro. Se establece en este personaje la metamorfosis o transustanciación del carácter, es decir, que de una posición inicial, el misticismo, pasa a la aparentemente opuesta, el erotismo. Este erotismo, patente desde el inicio de la historia, es una de las características principales de la novela, y una de las causas de que resultase tan polémica en su tiempo. En cuanto a su carácter, Ana es una mujer que vive exaltada y presa de constantes crisis nerviosas producto de sus recuerdos. La añoranza de la madre y los intentos por suplir su ausencia, la malicia y malos tratos del aya y su amante, la ausencia del padre, la soledad, la educación despótica a la que estuvo sometida; además de las respuestas que Ana elabora frente a las dificultades que le pone la vida es lo que conforma los factores deterministas que configuran su carácter vehemente. Se entrega a las lecturas de las Confesiones de san Agustín, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, Chateaubriand y otros textos religiosos que enriquecen su visión del mundo y la incitan a escribir, pero su inquietud literaria se ve frustrada por los convencionalismos ortodoxos del medio social, que ven mal que una mujer sea literata. Siente frustración respecto de la maternidad, vive en la reclusión de la castidad: ya que su marido no logra verla como mujer, sino como a una hija. Ante este panorama, Ana busca en la religión un medio de purificación espiritual y de sublimizar sus necesidades sexuales y reproductivas.
Según Yvan Lissorgues, autor del prólogo a la edición francesa, la palabra «regenta» estaba ya en desuso en la época de publicación del libro. «Regenta» era la esposa del regente, es decir, del presidente del tribunal regional. Este autor considera que, al elegir este título, Clarín no solo indica que Ana Ozores ha de ser el centro y el fin de la novela —indicación, por otro lado, necesaria, debido al universo casi infinito de personajes y retratos que cruzan la historia—, sino también una crítica a una sociedad aristocrática atrasada, conservadora y beata. Al elegir el tratamiento en vez del propio nombre de la protagonista, Clarín la ensalza, la convierte desde el principio en un ser puro que lucha contra la ruin villa de Vetusta.
Fermín de Pas miniatura|Fermín de Pas y Petra.