Se habla de la relación entre la ciencia y la religión para indicar los estudios y discusiones que surgen a la hora de establecer relaciones y de deslindar ámbitos de estudio entre lo que es propio de la fe y de las religiones, y lo que es de la ciencia en sus distintas ramificaciones.

La relación entre religión y ciencia ha sido sujeto de estudio desde la antigüedad, por parte de filósofos, teólogos, científicos y otros autores. Según algunos, se caracterizaría como relación conflictiva, otros la describen como armónica, y otros proponen que sería de baja interacción.

Historia En los mundos antiguo y medieval no se tenían concepciones que se asemejaran a las concepciones modernas de la "ciencia" o de la "religión".

Las obras de Aristóteles influenciaron profundamente a la filosofía natural de la Edad Media. Muchas de sus posturas filosóficas acerca de la eternidad del universo y el papel de Dios en el mundo contradecían a las doctrinas de las religiones monoteístas. Sin embargo, filósofos islámicos, judíos y cristianos intentaron reconciliar su filosofía con sus respectivas religiones. Durante la Edad Media, los teólogos cristianos utilizaban argumentos de las posturas de Aristóteles para responder preguntas sobre la naturaleza y la divinidad. Durante los siglos y , la Iglesia católica reafirmó la autoridad de Aristóteles, aceptando la razón dentro del ámbito de la fe a causa de la aparición de nuevas ramas de la ciencia. Como respuesta, algunos pensadores relacionados con la revolución científica, señalaron las diferencias entre el pensamiento Aristotélico y el cristianismo. No obstante, las obras de Aristóteles jugaron un papel importante en la institucionalización, sistematización y expansión del concepto de razón que en la cristiandad se consideraba subordinada a la revelación, que contenía la verdad última y cuya verdad no podía ser cuestionada.[Roberts, Jon (2011). "10. Science and Religion". In Shank, MIchael; Numbers, Ronald; Harrison, Peter (eds.). Wrestling with Nature : From Omens to Science. Chicago: University of Chicago Press. pp. 254, 258, 259, 260. ISBN 978-0226317830]

El desarrollo de las ciencias (especialmente la filosofía natural) en Europa occidental durante la Edad Media, tiene un origen importante en las obras de los árabes que se tradujeron a composiciones en griego y latín. En las universidades medievales, las facultades de filosofía natural y teología estaban separadas, y las facultades de filosofía a menudo no permitían que las discusiones relacionadas con temas teológicos se llevaran a cabo. La filosofía natural era considerada un área de estudio esencial por derecho propio y se consideraba necesaria para casi todas las áreas de estudio. Era un campo independiente, separado de la teología, que disfrutaba de una gran cantidad de libertad intelectual siempre y cuando estuviera delimitado al mundo natural. En general, hubo un apoyo religioso para las ciencias naturales a fines de la Edad Media y un reconocimiento de que era un elemento importante del aprendizaje.[Grant, Edward (2007). A History of Natural Philosophy: From the Ancient World to the Nineteenth Century. Cambridge: Cambridge University Press. ISBN 978-0-521-68957-1]

La Edad Media sentó las bases de los avances en la ciencia durante el Renacimiento. Para 1630, la antigua autoridad de la literatura y la filosofía clásica, así como su necesidad, comenzó a erosionarse. Con el éxito absoluto de la ciencia y el avance constante del racionalismo, el individualismo científico ganó prestigio. Junto con los inventos de este período, especialmente la imprenta de Johannes Gutenberg que permitió la difusión de la Biblia en los idiomas distintos al latín. Esto permitió que más personas leyeran y aprendieran de las Escrituras, lo que condujo al movimiento evangélico.[Grant, E. (1990, December 12). Science and Religion in the Middle Ages. Speech presented at "Science and Religion in the Middle Ages," in Harvard University, Cambridge]

Revolución científica

La importancia de este período en las discusiones de ciencia y religión se debe en gran parte a las causas proporcionadas por la teoría copernicana en general (que desafió el pronunciamiento de que la tierra no se movía), y por la defensa de la teoría de Galileo en particular. En segundo lugar, solo después del darwinismo, la revolución copernicana y el asunto de Galileo se consideran con demasiada frecuencia como una demostración clara e irrefutable de que la ciencia y la religión simplemente no se mezclan, y que eran incompatibles entre sí. Este punto de vista solo se aceptó a fines del , cuando la ciencia se convirtió, no en un arma para ser utilizada contra la religión, sino en un campo de batalla, sobre el cual lucharon tanto los religiosos como los secularistas.[Szalay, Jessie (June 29, 2016). "The Renaissance: The 'Rebirth' of Science & Culture". www.livescience.com]

Galileo Galilei (1564-1642) difundió en sus escritos la teoría heliocéntrica de Copérnico según la cual la Tierra gira alrededor del Sol, y no al contrario. La Inquisición condenó estas ideas por oponerse abiertamente a las enseñanzas de la Escritura. En efecto, un pasaje bíblico narra cómo el caudillo hebreo Josué ordenó al Sol detenerse. A causa de esto, Galileo fue confinado, bajo custodia, en su villa de Arcetri hasta 1633. De allí pasó a Florencia, donde, ya ciego, siguió trabajando hasta su muerte en sus escritos.

Respecto a la teoría darwinista, que habla de la evolución de las especies, chocaba frontalmente con el relato bíblico según el cual es Dios quien crea las especies. En consecuencia, la doctrina católica condenó la teoría darwinista, sobre todo la que incluía la evolución ininterrumpida desde el simio al hombre. Fue en esta época, cuando empezaron las fuertes contradicciones entre ciencia y religión católica, puesto que la primera estaba avanzando a causa de nuevos descubrimientos, la segunda mantenía una interpretación literal de la Biblia en la comprensión del ser humano, el mundo y la naturaleza.

Periodo moderno

En el , los fundadores de la Royal Society mantuvieron en gran medida puntos de vista religiosos convencionales y ortodoxos, y varios de ellos eran prominentes miembros de la Iglesia. Los problemas teológicos que tenían el potencial de ser divisivos, generalmente se excluían de las discusiones formales de la Sociedad. La participación clerical en la Royal Society se mantuvo alta hasta mediados del , cuando la ciencia se profesionalizó más.[Frank Turner, 'The Victorian Conflict between Science and Religion: A Professional Dimension', Isis, 49 (1978) 356–76.] Albert Einstein apoyó la compatibilidad de algunas interpretaciones de la religión con la ciencia. En "Ciencia, filosofía y religión, un simposio" publicado por la Conferencia sobre Ciencia, Filosofía y Religión en su relación con el estilo de vida democrático, Inc., Nueva York en 1941, Einstein declaró:

Según esta interpretación, los conocidos conflictos entre religión y ciencia en el pasado deben atribuirse a una interpretación errónea de la situación que se ha descrito. De este modo, Einstein expresa puntos de vista contrarios al naturalismo ético. Entre los científicos modernos destacados que son ateos se incluyen el biólogo evolutivo Richard Dawkins y el físico ganador del Premio Nobel Steven Weinberg. Entre los científicos prominentes que defienden las creencias religiosas se incluyen el físico ganador del Premio Nobel y miembro de la Iglesia de Cristo Unida Charles Townes, el cristiano evangélico y exdirector del Proyecto Genoma Humano Francis Collins, y el climatólogo John T. Houghton.[Science 15 August 1997: Vol. 277. no. 5328, pp. 890–93; "Scientific Community: Science and God: A Warming Trend?" Gregg Easterbrook doi:10.1126/science.277.5328.890]

Perspectivas Incompatibilidad

La mayoría de los filósofos y científicos contemporáneos opinan que la ciencia moderna y la religión persiguen el conocimiento del universo usando diferentes metodologías, en alguna medida u otra. El desacuerdo yace principalmente sobre cuáles son las implicaciones de la diferencia. Es decir, si son compatibles a la vez que distintas.

La postura de incompatibilidad reconoce tales diferencias. Los métodos de las religiones (como podrían ser la fe, el dogma, la revelación, la tradición y la autoridad) son diametralmente opuestos a, y rechazados por, la epistemología de la ciencia (que exalta la inferencia deductiva y empírica); y concluye que por lo tanto llevan a formar creencias incompatibles. Esta tesis es defendida por científicos como Jerry Coyne, Sean Carroll, Richard Dawkins, Steven Weinberg, Carl Sagan, Marvin Minsky, Neil deGrasse Tyson y Juan Luis Arsuaga; o filósofos como Peter Boghossian y Bertrand Russell.

Al otro lado de la controversia, la incompatibilidad también tiene apoyo entre la población religiosa más conservadora; donde el literalismo, la preservación de la pureza de la tradición y la inerrancia de los textos sagrados han jugado un papel importante en el rechazo a la ciencia. Si bien no toda la oposición a la ciencia es producto de la ortodoxia religiosa; casos que sí lo son en el mundo contemporáneo incluyen la oposición a la biología evolutiva, cosmología y geología; la oposición a la investigación con células madre embrionarias, o el uso de tecnología de control de natalidad. A esto el neurocientífico y filósofo Sam Harris ha dicho que las interpretaciones religiosas fundamentalistas suelen superar en honestidad y consistencia a las moderadas, si bien son también las más incompatibles con la ciencia.

Tesis del conflicto histórico

Casos trágicos como el de Galileo Galilei y Giordano Bruno, asociados al surgimiento de la revolución científica, llevaron a académicos del y como John William Draper a postular una tesis de conflicto histórico permanente. Mientras que la tesis es popular entre el público general, va perdiendo relevancia entre historiadores contemporáneos de la ciencia. Esto se debe a que el problema de demarcación es una preocupación filosófica relativamente reciente. La antropología muestra que durante la mayor parte del tiempo las sociedades humanas no distinguieron entre religión y ciencia. Históricamente, las innovaciones científicas y técnicas previas a la Revolución Científica fueron logradas a través de sociedades organizadas por tradiciones religiosas. Luego gran parte del método científico fue innovado por académicos islámicos, y posteriormente por cristianos. El hinduismo aceptó la razón y el empirismo, indicando que la ciencia ofrece un legítimo pero incompleto conocimiento del mundo. El pensamiento confucionista ha mantenido diferentes puntos sobre la ciencia a través de la historia. La mayoría de los budistas actuales ven la ciencia como complementario a sus creencias.

Diálogo

Otros científicos e intelectuales contemporáneos — como Kenneth R. Miller, Francis Collins, Francisco J. Ayala, George Coyne y los asociados a la Fundación John Templeton — mantienen que el conflicto es ilusorio; o bien que la ciencia y la fe se apoyan mutuamente. Para muchos detractores del conflicto, la ciencia ha de ser vista como confirmación de las afirmaciones hechas por la fe (como los milagros). Por ejemplo, el teólogo y matemático Johnn Lennox ha intentado racionalizar la palabra creadora del Génesis con el "lenguaje del ADN"; y hacer corresponder las hipótesis inflacionarias con la doctrina de creación ex nihilo presente en la tradición judeocristiana. Al mismo tiempo, distintas confesiones como el hinduismo y el budismo proveen sus propias hipótesis ad hoc para tomar crédito por los mismos avances científicos.