El Combate de San Pedro se produjo el 7 de junio de 1807 en el marco de las invasiones británicas al Río de la Plata. En la batalla los británicos derrotaron al cuerpo expedicionario enviado desde Buenos Aires para auxiliar a la campaña de la Banda Oriental en su lucha contra el invasor.

Antecedentes thumb|Samuel Auchmuty. Tras la captura de Montevideo en la segunda invasión inglesa al Río de la Plata, el virrey Rafael de Sobremonte y las tropas que aún lo seguían continuaron inactivos a corta distancia de la plaza tomada, hasta que su deposición y detención a instancias del Cabildo de Buenos Aires hizo desaparecer aún esa tenue amenaza. Quedaba sin embargo en pie la posibilidad de una expedición desde Buenos Aires, por lo que en marzo de 1807 el general Samuel Auchmuty encomendó al coronel de Highlanders Denis Pack que con un destacamento ocupara Colonia del Sacramento, puesto fortificado de 2800 habitantes que era considerado el punto más amenazado de la costa oriental.

Las tropas embarcaron en Montevideo el 9 de marzo pero debido al mal tiempo los transportes navales zarparon recién el día 13 rumbo a la Colonia, escoltados por el HMS Pheasant. Arribaron a Colonia en la tarde del 15 de marzo, desembarcándose un destacamento de rifleros con bandera de parlamento, que descubrió que el comandante de la plaza Ramón del Pino se había retirado a la campaña con las milicias de caballería renunciando a defender la posición por la falta de artillería.

El 16 de marzo de 1807 Pack ocupó sin resistencia el puesto con más de mil hombres. Según algunos autores su división estaba compuesta de 6 compañías del Regimiento n.º 40 de Infantería (mayor Campbell) y cuatro compañías ligeras (tres del regimiento 95 y un escuadrón del 9 de Dragones) al mando del mayor William Trotter. Otras fuentes indican que contaba con las seis compañías del Regimiento 40.º de Infantería, pero que las cuatro compañías del Batallón Ligero eran compañías de cazadores de los regimientos 38.º, 40.º, 47.º y 87.º, a las que se agregaban las tres compañías del segundo batallón del Regimiento n.º 95 de Infantería (Rifleros) comandadas por el mayor Thomas Christopher Gardner. Finalmente, fuentes británicas incluyen algunos hombres del Regimiento n.º 71 Highlanders, la unidad de Pack, que habían escapado de la captura tras la reconquista de Buenos Aires.

Mientras Pack destacaba unidades de 200 y 300 hombres en lugares estratégicos y fortalecía las defensas con "caballos de frisa",Guesas vigas erizada de hojas de armas blancas destinadas a dificultar una carga de caballería. del Pino estableció su campamento a orillas del arroyo El Colla y destacó en partidas de guerrillas a los Voluntarios de Caballería de la Colonia al mando de Pedro Manuel García para hostigar las comunicaciones terrestres entre Colonia y Montevideo.

A fines de ese mes consiguió llegar a Buenos Aires el coronel Francisco Javier de Elío, nombrado en España comandante general de la Campaña Oriental que había escapado de «Montevideo disfrazado y dice que toda la tropa que tienen los ingleses no vale nada; que con sólo dos mil hombres escogidos se atreve a todos ellos».

La Junta de Guerra del 2 de abril decidió entonces reunir una fuerza de 500 hombres de infantería que se reclutaría entre las milicias voluntarias creadas en la ciudad en 1806 tras la reconquista, principalmente del Regimiento de Patricios, más los voluntarios que pudieran ofrecerse, los que al mando de Elío y apoyados por cuatro cañones y 2 obuses, debía cruzar a la Banda Oriental con el fin de hostigar a los británicos y evitar que controlaran la campaña. A esos fines se le autorizaba a Elío a asumir el mando de todas las partidas de voluntarios o dispersos del ejército de Sobremonte que permanecieran en armas, a disponer de las caballadas que encontrara en las estancias reales, y a considerar botín de guerra toda mercadería inglesa que se capturara distribuyendo su valor entre sus tropas.

Además del botín, como incentivo el Cabildo de Buenos Aires aseguró que velaría por las familias de los caídos y ofreció una recompensa de 4000 pesos fuertes para el que capturara al teniente coronel Pack por perjuro.

Se destinaron para los gastos operativos de la expedición 12000 pesos. El responsable sería Antonio Isla, Oficial de Contaduría del Ejército, hasta que efectuado el cruce se haría cargo Rafael Pérez del Puerto, funcionario de la Real Hacienda residente en la Capilla de Mercedes que había sido designado Ministro de la Expedición.

left|thumb|100px|Oficial de Patricios (1807). thumb|right|120px|Oficial de Arribeños. El número de los efectivos finalmente reunidos para el denominado “Ejército en operaciones en la Banda Oriental del Río de la Plata” varía según los autores: desde 900 o 1000 hasta 1500 hombres (aunque este sea probablemente el número al momento del ataque). Las tropas estaban organizados de la siguiente manera:

Comandante: coronel Francisco Javier de Elío Segundo Jefe: capitán de fragata José Corvera Jefe de la Flota: capitán de fragata Juan Gutiérrez de la Concha Batallón de Arribeños: 2 compañías con un total de 120 hombres al mando del teniente Agustín Marquéz. Batallón de Castas: 2 compañías de granaderos al mando del capitán Agustín José Sosa con 120 hombres y 2 compañías de fusileros con similares efectivos. Servía como agregado el capitán Juan Bautista RaymondJean Baptiste Raymond, corsario francés. Regimiento de Patricios: 1.ª compañía del Primer Batallón a órdenes del capitán Martín Medrano, con 61 hombres. Tercio de Miñones de Cataluña: 7.ª y 8.ª compañía con los capitanes José Grau y Juan Santos de Irigoyen con 200 hombres. Blandengues de Buenos Aires: un destacamento de 10 hombres al mando del alférez de la Peña. Regimiento "Fijo" de Dragones de Buenos Aires: una compañía reducida al mando del capitán Nolasco Solano con 42 hombres. Cuerpo de Voluntarios Artilleros de la Unión: 4 cañones de a 6 libras y 2 obuses de 6 pulgadas.

El 9 de abril el capitán de fragata Juan Gutiérrez de la Concha dispuso de las embarcaciones de tráfico necesarias para el transporte y las de guerra disponibles como escolta de la expedición.

El 12 de abril de 1807 se produjo el embarque de las tropas, que zarparon en la mañana del 13 de abril y arribaron al anochecer del día 16 en Las Higueritas (actual Nueva Palmira). Tras finalizar el desembarco de los víveres y las tropas, al día siguiente iniciaron su marcha a pie y con el auxilio de sólo catorce carretas (se preveía contar con 56 transportes) hacia la población de Las Víboras donde dejaron parte del parque, para el 18 de abril ubicarse en la Calera de las Huérfanas. Tras aumentar sus fuerzas con dispersos de Sobremonte hasta remontar 1500 hombres, inició su aproximación a Colonia.

Combate de Colonia del Sacramento

Después de cuatro días de marcha, el 21 de abril Elío arribó con su ejército a las inmediaciones del Real de San Carlos, donde dejó la artillería con una escolta y a las 22:00 horas del 21 de abril Elío inició el avance con sus tropas por cañadas y desfiladeros alejados del camino que une el Real de San Carlos con la Colonia confiando en encontrar dormida a la guarnición.

Aunque avanzó «con la más torpe precipitación, sin adelantar espías, sin ocultar el grueso de nuestra gente, sin saber explorar el campo enemigo, y en una palabra, sin la más mínima precaución», las tropas de vanguardia consiguieron infiltrarse entre las líneas enemigas pero «…en el momento en que estaban listos para el asalto, a un miñón se le disparó el arma, con lo que perdieron el efecto sorpresa.».

Los españoles tuvieron en la acción ocho muertos, entre 8 y 16 heridos y varios prisioneros, mientras que los británicos tuvieron un soldado muerto y heridos el mayor William Trotter, el capitán Willgrass y un cabo.

Reorganización de las fuerzas españolas Pese a la falta de persecución, los atacantes se retiraron hasta la estancia de Calera de Las Huérfanas, distante 70 kilómetros.

El 23 de abril Elío comunicó a Buenos Aires el fracaso y su desánimo por la falta de valor y disciplina en sus soldados, y solicitó urgentes refuerzos. Entre los que permanecieron con él y los desertores capturados por las partidas, sólo había reunido 450 hombres. Desconfiando de sus oficiales, anunció que apenas hubiera buques disponibles la mayoría regresaría a Buenos Aires y que él permanecería a la espera de los refuerzos escoltado solo por 40 marineros y algunos Miñones.

El anuncio sólo sirvió para promover la indisciplina. Durante el consejo de guerra seguido a un Patricio por herir con su bayoneta a un oficial y a dos soldados de su cuerpo, Elío cayó en la cuenta de que la mayoría de sus hombres, sin bien contaban con experiencia de combate urbano, eran una milicia voluntaria de ciudadanos y jamás habían recibido instrucción sobre disciplina militar ni se consideraban particularmente sujetos a ella. Elío ordenó entonces se leyera el reglamento a sus tropas, en especial a los Miñones a quienes consideraba sediciosos.

Al recibir las noticias la Real Audiencia en Buenos Aires, se reunió la Junta de Guerra y el 25 de abril, dispuso acceder a enviar los refuerzos solicitado y ordenó que debían marchar a la Banda Oriental un escuadrón de los Húsares de Pueyrredón, tropas del Regimiento de Patricios, de la Marina Real y del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, el Fijo, a las órdenes del capitán José Píriz.

El 2 de mayo Elío recibió la confirmación del envío de refuerzos y lo comunicó a sus oficiales. En la junta Juan Bautista Raymond solicitó dejar el mando de los Miñones por considerar que dirigía un «Batallón de Ingratos, que con ningunas razones podía entusiasmarlos» y era incapaz de motivarlos a luchar. Elío mismo se dirigió a los milicianos de dicho cuerpo (en su mayoría franceses e italianos, con algunos irlandeses y alemanes desertores de los británicos), quienes le confirmaron de su decisión de no continuar en la expedición por considerarse ofendidos de que se les atribuyera el fracaso del ataque a Colonia.

Con 30 miñones, los únicos en obedecerlo, Elío formó una Compañía de Cazadores Extranjeros que puso al mando de Carlos Laforett, e hizo desarmar al resto de la unidad. Asimismo, considerando que reforzaría la disciplina, nombró oficiales y sargentos blancos en las compañías de Castas, lo que generó nuevos descontentos.

Ese mismo día envió a la Real Audiencia de Buenos Aires un «Oficio sobre indisciplina y creación del Cuerpo de Cazadores Extranjeros» donde tras citar el pedido de reubicación de Raymond, relató que «fui a hablar a los Miñones, y después de hacerles ver que V. A. no quería a ninguno de la Expon. que el que no sea capaz de defender a su Rey aquí, no lo era en ninguna parte, el deshonor que les resultaría de presentarse huyendo del peligro, cuando otros cuerpos venían voluntariamente»

Aunque finalmente desistió de su idea de colocar oficiales y sargentos blancos en las compañías de Pardos, al menos, hasta la llegada del nuevo contingente de tropas el 5 de mayo las compañías de Castas solicitaron formalmente el traslado a Buenos Aires. Elío los hizo encerrar y apuntar con dos piezas de artillería cargadas con metralla. Presas del pánico los milicianos se arrojaron a tierra disculpándose y jurando obediencia absoluta a su comandante. Un cronista de la época relataría que «después de exponerlos a los más inútiles sacrificios, los trataba públicamente de ineptos y cobardes, llegando hasta el extremo, cuando el descalabro de la Colonia, de desarmar varios trozos de estas tropas, formadas del vecindario de Buenos Aires, encerrándolos en un patio del cuartel general de La Calera de las Huérfanas y abocándoles dos obuses con orden de disparar al más leve movimiento».