La unificación alemana fue un proceso histórico que tuvo lugar en la segunda mitad del en Europa Central y que culminó con la creación del Imperio alemán el 18 de enero de 1871 reuniendo diversos Estados hasta entonces independientes, como Prusia, Baviera o Sajonia.
Antes de la formación de un Estado nacional unificado, el territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de 39 Estados. Entre ellos destacaban, por su importancia económica y política, el Imperio austríaco y el Reino de Prusia.
Antecedentes La situación alemana tras 1834
thumb|izquierda|Revolución liberal de 1848 en Berlín, los rebeldes utilizan ya como colores alemanes al negro, rojo y amarillo thumb|Mapa 1: Confederación Germánica (1815-1866). Mapa 2: Confederación Alemana del Norte (1867-1871). Mapa 3: Imperio alemán (1871-1918). Desde principios del , tras las guerras napoleónicas, fue extendiéndose entre los aristócratas la idea de unificar las distintas organizaciones políticas herederas del Sacro Imperio Romano Germánico en un solo estado alemán. Un paso importante en este proceso fue la formación de un mercado único en la región. A ello contribuyeron, tanto los junkers, la aristocracia terrateniente prusiana, como la burguesía industrial de la cuenca del Ruhr.
En 1834, se creó una unificación aduanera que sumó a Prusia a otros Estados alemanes previamente asociados en esta materia. Sin embargo, debido a las diferencias entre Austria y Prusia, el proceso de unificación política no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del . Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad de grupos nacionalistas que alentaban la formación de un único estado para todos los alemanes ante la crónica debilidad de los pequeños Estados germanos entonces existentes. Sin embargo, el liberalismo era una gran amenaza para las intenciones monárquicas de Austria y Prusia, por lo que en Europa se crearon alianzas para el control gubernamental de cada nación:
La Santa Alianza. El tratado fue firmado el 26 de septiembre de 1815 por el emperador Francisco I de Austria, el rey Federico Guillermo III de Prusia y el zar Alejandro I de Rusia, que fue su principal promotor. Aunque el acuerdo era un acto político para evitar que las ideas liberales se expandieran por Europa, la redacción del tratado contenía una declaración de carácter puramente religioso. Tras la caída de Napoleón, los tres monarcas declaraban su firme resolución de seguir como única guía para la futura administración interior y exterior de sus Estados los principios de la religión cristiana: justicia, caridad y paz.Holy Alliance, Catholic Encyclopedia A este acuerdo se unieron después otros reinos europeos.
La Cuádruple Alianza. Formada por los miembros de la Santa Alianza más Inglaterra. Su principal promotor fue el primer ministro británico Castlereagh. Renovó el acuerdo de 1813 por el que las potencias se habían comprometido a derrotar a Napoleón y cambiaba su objetivo al mantenimiento, incluso por la fuerza, de las transformaciones operadas en Europa por el Congreso de Viena e impedir la implantación del liberalismo en cualquier estado europeo.
La Quíntuple Alianza. Surgió en 1818 durante el Congreso de Aquisgrán, cuando Francia, que había recuperado su monarquía, fue admitida como potencia europea por las que formaban la Cuádruple Alianza. Su principal promotor fue Metternich y su principal objetivo era terminar con cualquier movimiento liberal que pudiera perjudicar al sistema monárquico, intentando que las ideas liberales herederas de la Revolución francesa quedaran pronto olvidadas, incluso por la fuerza. Esto proporcionaba a los aliados la capacidad de intervenir en cualquier nación europea si se consideraba necesario.
Prusia y Austria eran muy distintas en los aspectos económicos, sociales y políticos. Austria estaba configurada como un imperio centralista y autoritario que gobernaba un territorio habitado por diferentes pueblos —eslavos, alemanes, húngaros, rumanos e italianos— con distintas lenguas, religiones y costumbres. Esta situación motivó frecuentes sublevaciones nacionalistas contra la monarquía austriaca. La población prusiana, sin embargo, era mucho más homogénea.
En lo económico, Austria no contaba con una burguesía poderosa capaz de lograr un desarrollo industrial propio. El mantenimiento de un ejército y una administración que garantizasen la unidad imperial le creó graves dificultades financieras. Prusia, en cambio, experimentó un desarrollo económico muy intenso en su parte occidental que la convirtió en el referente del crecimiento industrial de los territorios alemanes. El aumento de la producción de acero, carbón y hierro en la segunda mitad del así lo demostró.
Todo ello, unido a la revolución de los medios de transporte y de las comunicaciones —ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafos— posibilitó la formación de un activo mercado económico y trajo consigo otras consecuencias: la consolidación de una burguesía industrial, aliada de los terratenientes junkers, y el predominio en su gobierno de las ideas liberales, que buscaban la formación definitiva de un Estado nacional.
La Confederación Germánica miniaturadeimagen|derecha|Bandera de guerra de la Confederación. Fue una unión establecida en 1815 por el Congreso de Viena que agrupó a 39 Estados alemanes en una confederación de Estados soberanos bajo la presidencia de la Casa de Austria, para reemplazar al extinto Sacro Imperio Romano Germánico destruido por Napoleón.
La Confederación no suponía ninguna concesión al creciente nacionalismo alemán, ya que estaba bajo el control de la nobleza y de las casas reales, ajenas al liberalismo nacionalista. Esto se reflejaba en su dieta, que no era un parlamento de representantes elegidos por el pueblo, sino un congreso de delegados nombrados por los gobiernos de los estados. La Dieta tenía su sede en Fráncfort del Meno, y fue su única entidad central; aunque en 1834 se creó la Unión Aduanera de Alemania y, con ello, un mercado interno unitario para la mayoría de los Estados.
El estallido de la Revolución alemana de 1848-1849 y el entusiasmo popular producido por ella mostró que, tarde o temprano, los diversos estados alemanes (39 en total) quedarían unificados en un solo Estado, pero estaba aún por definirse si tal proyecto sería dirigido por Prusia o por Austria, dando inicio al Dualismo Alemán.
La Confederación solo funcionó cuando coincidían las posiciones de Austria y Prusia, cuya confrontación condujo finalmente a la guerra de las Siete Semanas. Tras el triunfo prusiano, la Confederación Germánica quedó disuelta y fue sustituida en el año 1867 por la Confederación Alemana del Norte.
Dos potencias contrapuestas: Prusia y Austria miniaturadeimagen|derecha|Bandera del Imperio austríaco Austria La situación geográfica de Austria era la del sur de Europa Central, ocupando la zona de los Alpes y gobernando varios territorios no germanos (norte de Italia, Eslovenia, Hungría, extremo sur de Polonia), su único acceso marítimo era al Adriático (de escasa relevancia económica) y de ahí de modo indirecto al Mediterráneo. La familia que ocupaba el trono era la de los Habsburgo-Lorena, que había transformado Austria en imperio en 1806, tras la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico, lo cual confirmaba además la notable expansión territorial austriaca desde 1683. Francisco José I de Habsburgo-Lorena era el emperador de Austria en ese tiempo y el primer ministro era el destacado diplomático Klemens von Metternich, sincero conservador, partidario aún del Antiguo Régimen y horrorizado por toda posibilidad que las ideas de la Revolución francesa se expandieran de nuevo por Europa. Austria estaba gobernada por una monarquía centralista y autoritaria, a pesar de las notables diferencias entre los pueblos sujetos al Imperio. Después de la derrota y exilio de Napoleón, Austria experimentó un periodo de crecimiento económico y prosperidad. Su población de ascendió a 37,5 millones de habitantes en 1843. También se produjo una expansión urbana y la población de Viena alcanzó los 400.000 habitantes. Durante la era Metternich, el Imperio austriaco también mantuvo una economía estable y alcanzó un presupuesto casi equilibrado, a pesar de tener un importante déficit tras las guerras napoleónicas.
miniaturadeimagen|derecha|Bandera del Reino de Prusia Prusia La posición geográfica de Prusia era la del noreste de la actual Alemania, teniendo su base en las regiones de Prusia propiamente dicha, Brandemburgo, Pomerania, y Silesia, controlando casi toda la orilla sur del mar Báltico, su expansión territorial hacia el oeste tras el Congreso de Viena le daba además acceso al mar del Norte y al lucrativo comercio internacional de dicho espacio marítimo. La familia que ocupaba el trono en Prusia era la de los Hohenzollern, que había elevado Prusia a la categoría de reino en 1701. Guillermo I de Alemania era el rey de Prusia y desde 1862 el primer ministro era Otto von Bismarck, llamado el Canciller de Hierro. Precisamente Bismarck había ya admitido la necesidad de unificar a los diversos Estados alemanes en un solo país con instituciones sólidas, eliminando particularismos locales, y con una economía lo bastante fuerte para subsistir y tornarse en gran potencia europea. Para ello, Bismarck concebía que la unidad de Alemania debía ocurrir sólo bajo la guía del Reino de Prusia, el estado más poderoso y avanzado. El sistema de gobierno prusiano era la monarquía parlamentaria, aunque por sufragio censitario, y evitando el otorgamiento de mayores libertades a los súbditos, por lo cual distaba de ser una democracia. Prusia experimentó un desarrollo económico considerable desde el inicio de la Revolución Industrial, convirtiéndose en el centro industrial más poderoso de Europa continental. Prusia impulsó la industria del acero, carbón y hierro. Sus comunicaciones por ferrocarril crecieron, por lo que pudieron formar un mercado económico activo con el resto de estados alemanes.
Hubo dos propuestas para unificar los Estados y estas fueron:
La Pequeña Alemania, la cual estaría formada por Prusia y mantendría un sistema de gobierno igual al de Prusia. La Gran Alemania, la cual estaría formada también por Austria.
Antecedentes económicos miniaturadeimagen|derecha|Unión aduanera alemana (Zollverein). Las principales causas económicas fueron:
La Revolución Industrial hizo que se extendieran la industria y el comercio, por lo que las economías de los estados que la experimentaron se desarrollaran mejor que las de los que no. La influencia del desarrollo industrial favoreció el comercio internacional a estados que disponían de manufacturas y controlaban al mismo tiempo fuentes de materia prima. Gracias a la Cuenca del Ruhr, rica en carbón y hierro, Prusia mantuvo un activo desarrollo industrial y logró exportar sus manufacturas exitosamente por el Mar del Norte. Sin mayores industrias propias, Austria aún dependía de la agricultura (basada en las tierras de Hungría y Transilvania) y poseía un mediano desarrollo industrial, además ocurrido en tierras no germanas bajo su dominio: Bohemia y Moravia. La escasez de materias primas como hierro y carbón lastraban el desarrollo de la industria austriaca.