George Lowther Steer (East London, 22 de noviembre de 1909-India, 25 de diciembre de 1944) fue un periodista británico nacido en Sudáfrica. Estuvo como corresponsal en la guerra de Abisinia (1935-1936) y en la guerra civil española (1936-1939). Durante ese tiempo trabajó para el periódico The Times y sus relatos de primera mano alertaron a las naciones sobre los crímenes de guerra cometidos por los italianos en Etiopía y los alemanes en España. Su artículo sobre el bombardeo de Guernica dio la vuelta al mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial fue oficial del Ejército británico en los servicios de inteligencia y de «guerra psicológica». Su último destino fue la campaña de Birmania, donde murió víctima de un accidente cuando su todoterreno se salió de la carretera.
Biografía
Inicios George Steer nació en 1909 en East London, Sudáfrica, en el seno de una familia liberal. Su padre, Bernard Steer, era el gerente del periódico local Daily Dispatch. Estudió en el Reino Unido como becario distinguido en el Winchester College y después en el Chirst Church de la Universidad de Oxford, donde se graduó en 1932 con todos los honores posibles en lengua y literatura clásicas. Regresó a Sudáfrica donde trabajó como periodista de sucesos y de béisbol en el Cape Agnus de Ciudad del Cabo. Después volvió al Reino Unido para trabajar en la delegación en Londres del Yorkshire Post. Entre 1933 y 1935 fue el responsable de The London Letter que, según el historiador Paul Preston, «era una mezcla de reportajes, chismorreos, curiosidades y reseñas teatrales y de otra naturaleza enviadas a Yorkshire». En enero de 1935 su periódico lo envió a cubrir el referéndum del Sarre en el que finalmente la región decidió incorporarse a la Alemania nazi.
Corresponsal en la guerra de Abisinia (1935-1936) Convencido de la inminente invasión italiana de Etiopía, Steer consiguió que The Times lo contratara como enviado especial a Addis Abeba, a donde llegó a finales de junio de 1935 vía Djibuti, en la Somalia francesa. Instalado en el Hotel Imperial, en donde se alojarían otros corresponsales extranjeros (entre ellos el australiano Noel Monks, con quien coincidiría en España), enseguida comenzó a aprender el idioma local, el amárico, y llegó a entrevistar personalmente al emperador de Etiopía Haile Selassie, lo que nadie había conseguido hasta entonces, probablemente como resultado de la simpatía que mostró por la causa de los etíopes. Fue el principio de una estrecha relación personal que duraría hasta la muerte de Steer en 1944 (Selassie, exiliado en Londres, sería el padrino de su hijo). De hecho, Steer tuvo acceso al Estado Mayor etíope durante la guerra de Abisinia, como la bautizó la Italia fascista. Antes de la invasión italiana, que comenzó a principios de octubre de 1935, Steer ya había advertido que «a menos que la Sociedad de Naciones se espabile y detenga a Mussolini, va a haber una matanza. Esta gente todavía vive en la era de las lanzas. Es todo lo que tienen: lanzas». thumb|El emperador etíope Haile Selassie en su exilio de Londres (junio de 1936). La fotografía fue tomada en la Legación de su país y en ella aparece acompañado por el embajador (a su izquierda) y un nutrido grupo de personas etíopes y británicas.
Terminada la guerra con la victoria italiana y la conversión de Etiopía en la colonia de Abisinia, Steer escribió el libro Caesar in Abyssinia en el que pretendía «mostrar la fuerza y el ánimo de los ejércitos etíopes enviados a combatir contra una gran potencia europea. Mis conclusiones son que no tenían artillería ni aviación, una patética proporción de armas automáticas, fusiles y munición para dos días de batalla moderna. He visto una nación infantil gobernada por un hombre noble e inteligente, masacrada casi antes de haber empezado a respirar». «Llegué aquí siendo joven, me marché mayor y me juré que jamás podría perdonar ni olvidar», escribió también en el libro.
En sus crónicas para The Times había descrito las atrocidades cometidas por los italianos, como el uso de gas mostaza. Por eso, cuando las tropas de Mussolini ocuparon Addis Abeba el 5 de mayo de 1936, Steer fue expulsado de Abisinia, acusado de «espionaje y propaganda antiitaliana» para los servicios secretos británicos y de haber transportado máscaras de gas para las tropas etíopes, además de haber colaborado en la voladura de una carretera (poco antes de la llegada de los italianos a la capital etíope su residencia había sido saqueada y había sido acogido por la familia del embajador británico sir Sidney Barton). Por otro lado, su simpatía por los etíopes le granjeó la enemistad de Evelyn Waugh, corresponsal del diario británico profascista Daily Mail y ferozmente proitaliano (en una carta le llegó a escribir a una amiga: «Cada día odio más a los etíopes. ¡Válgame Dios! Son asquerosos y espero que los italianos los gaseen hasta que les salga el gas por el culo»). No fue nada extraño, pues, que Waugh, que había ambicionado el puesto de Steer en The Times, escribiera una reseña negativa de su libro.
Pocos días antes de su expulsión Steer se había casado en la Legación británica de Addis Abeba con la también corresponsal en Etiopía, del periódico francés Le Journal, Margarita Trinidad de Herrero y Hasset, nacida en Francia de madre inglesa y padre español. Era una de las poquísimas mujeres corresponsales que cubría la invasión italiana de Etiopía. Pasaron la luna de miel en la propia Legación, mientras la ciudad era saqueada por bandas de maleantes hasta la entrada de las tropas italianas.
Corresponsal en la guerra civil española (1936-1937) Poco después de volver a Londres con su esposa, The Times lo envió a España para que cubriera la guerra civil que había comenzado en julio de 1936. El 8 de agosto llegó a la frontera franco-española y desde allí envió sus primeras crónicas que versaron sobre la toma de Irún por el bando sublevado y sobre los miles de refugiados que pasaron a Francia. A mediados de septiembre se dirigió en coche a Burgos, capital oficiosa de la zona controlada por los sublevados. Allí constató la dura represión que se estaba aplicando y también testiguó el levantamiento del asedio del Alcázar de Toledo por las tropas del general Franco. Poco después se le permitió ir al frente de Madrid junto con el resto de los corresponsales siguiendo un recorrido guiado, pero a finales de 1936 lo expulsaron de la «zona nacional» al considerarlo, según escribió un periodista británico, «una persona peligrosa en vista de su actuación en Abisinia... y de sus artículos sobre España». Lo cierto era que se acababa de publicar en Gran Bretaña su libro Caesar in Abyssinia en el que denunciaba las atrocidades de los italianos, cuyo Corpo Truppe Volontarie (CTV) enviado por Mussolini combatía al lado de los rebeldes. El propio Steer le dijo a un oficial de la inteligencia británica que su expulsión se debió a la «influencia italiana» y que «su libro le había creado mala fama entre ellos». thumb|El lehendakari del Gobierno de Euskadi José Antonio Aguirre en el exilio francés (abril de 1939). Tras la ocupación alemana de Francia en junio de 1940 George Steer, gran admirador de Aguirre, intentará, sin éxito, que el Gobierno británico le permita exiliarse en Londres y evitar así ser capturado por la Gestapo y entregado a Franco. En un periplo con muchas vicisitudes Aguirre logrará escapar a América. Tras su expulsión Steer siguió informando sobre la guerra, ahora desde el lado republicano. Se trasladó a la zona norte, que había quedado aislada del resto del territorio que permanecía fiel a la República. Llegó a Bilbao en enero de 1937 y enseguida se identificó con los vascos, quienes para Steer, según Paul Preston, «acabaron por simbolizar los mejores rasgos de la lucha contra el fascismo». También se declaró un gran admirador del lehendakari José Antonio Aguirre. Pero al final del mes de enero tuvo que volver precipitadamente a Londres tras recibir la noticia de que su esposa estaba gravemente enferma. Cuando llegó ya había muerto como consecuencia de un parto prematuro (el bebé tampoco sobrevivió). Regresó al País Vasco y enterró a su esposa en Biarritz el 2 de abril.
El 31 de marzo de 1937 los sublevados, al mando del general Mola, habían lanzado la ofensiva sobre Vizcaya —ese mismo día tenía lugar el bombardeo de Durango que causó 258 víctimas civiles— y Steer, de vuelta en Bilbao, no se limitó a informar, sino que hizo gestiones para que el gobierno británico ayudara a paliar la crisis humanitaria que estaba provocando el bloqueo naval de la Armada franquista. De hecho, tuvo un papel destacado en lograr que la Royal Navy escoltara a los barcos mercantes británicos para que pudieran entrar en la ría de Bilbao, tras asegurar que los dragaminas vascos habían limpiado de minas los accesos. El 20 de abril llegó el primer barco, el S.S. Seven Seas Spray que, según Paul Preston, «fue vitoreado mientras recorría con aire triunfal los catorce kilómetros de la ría del Nervión que conducían a Bilbao».
thumb|Monumento en Guernica a George Steer que estuvo en la localidad tras el bombardeo —donde recogió las carcasas de tres bombas incendiarias alemanas— y desmintió la versión franquista de que la destrucción de Guernica había sido obra de los «rojos». El 26 de abril Steer se encontraba en Bilbao y en cuanto le llegó la noticia del bombardeo de Guernica se desplazó a esta localidad junto con otros tres corresponsales. Como ha relatado Michael Alpert,
El artículo de Steer, junto con los del resto de corresponsales, sirvió para refutar la acusación de los «nacionales» de que la destrucción de Guernica había sido obra de los propios republicanos. Llevaba por título The tragedy of Guernica y en opinión de Herbert Southworth, citado por Paul Preston, fue «acaso el reportaje más importante enviado por un reportero durante la Guerra Civil». En el artículo Steer señalaba que se trataba de un nuevo tipo de guerra y posiblemente eso es lo que explicaría que el suyo tuviera un impacto mucho mayor que aquellos escritos por otros reporteros. Eso fue precisamente lo que destacó al día siguiente el editorial de The New York Times en el que se condenaba «el ánimo incendiario generalizado y el asesinato masivo cometido por los aviones rebeldes de origen alemán».
thumb|left| Artículo de George Steer publicado en The Times (y en The New York Times) el 28 de abril de 1937 con el título "La tragedia de Guernica. Una ciudad destruida por un ataque aéreo. El relato de un testigo presencial".
El diario francés comunista L'Humanité publicó el 29 de abril el artículo de Steer. Uno de los lectores fue el pintor Pablo Picasso, que estaba trabajando en el cuadro que le había encargado el gobierno de la República para exhibirlo en el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937. Según Paul Preston, «antes de la destrucción de Guernica, su serie de bocetos preliminares estaba dedicada a la relación entre el artista y su modelo en el estudio. El 1 de mayo abandonó este proyecto, profundamente afectado por las noticias del bombardeo, y comenzó a trabajar en lo que acabaría por convertirse en su cuadro más famoso»: el Guernica.