thumb|España y sus territorios en África durante la Segunda República (1931-1939) thumb|El portahidroaviones Dédalo en 1920. thumb|El submarino C-3 y el buque de rescate de submarinos Kanguro en la base naval de Cartagena. Este submarino, fue hundido por el submarino alemán U-34 en 1936. thumb|right|Crucero ligero Blas de Lezo, hundido en un accidente en 1932. thumb|Destructor de la clase Churruca Alcalá Galiano en 1931. La Marina de Guerra de la República Española fue el brazo naval de las Fuerzas Armadas de la República Española durante la Segunda República española, el gobierno establecido en España entre el 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939.

Historia Del mismo modo que los otros dos brazos de las Fuerzas Armadas de la República Española, en la historia de la Marina de Guerra de la República se distinguen dos fases claramente diferenciadas: La Segunda República española en paz, desde la declaración de la República el hasta el Golpe de Estado de julio de 1936, durante la cual ya se produjo un primer intento de golpe de Estado militar en agosto de 1932 encabezado por el general Sanjurjo, que aprovechó el descontento de ciertos sectores militares con la Reforma militar de Azaña, y que fracasó. La guerra civil española, durante la cual la mayoría de la flota permaneció leal al gobierno de la República, después de que las tripulaciones se amotinaran contra sus mandos, que estaban comprometidos con el golpe, y formaran comités. Solamente el 5% de los oficiales de alta graduación se mantuvo fiel a la República, lo que constituirá uno de sus mayores problemas.

La Segunda República en paz (1931-1936) La República heredó la marina de guerra reconstruida durante el reinado de Alfonso XIII tras el desastre del 98 en que España perdió las colonias Cuba, Puerto Rico y Filipinas. A comienzos de la década de 1930 algunos oficiales jóvenes veían la institución como demasiado ineficaz. Algunos protestaron por los elevados costes y la falta de recursos durante la guerra del Rif y tenían la visión de una fuerza naval más pequeña, moderna y más adecuada a las necesidades del país.

No obstante, los oficiales de mayor rango de la marina se sentían cómodos con el sistema clásico, disfrutando de los beneficios y el prestigio que les proporcionaba la Armada. La vida de los altos cargos de la Armada Española era, en general, más agradable que la de los oficiales del Ejército y la Fuerza Aérea, ya que a menudo incluía la pertenencia a algún club náutico, con regatas, cenas de gala y bailes. Por este motivo las altas instancias de la Armada, veían con malos ojos las reformas introducidas por Manuel Azaña, el nuevo ministro de la guerra republicano, en los primeros meses del nuevo gobierno. El objetivo de Azaña era modernizar las Fuerzas Armadas españolas y reducir los gastos del Estado en las postrimerías de la Gran Depresión,. El nombramiento de Santiago Casares Quiroga, un civil sin experiencia naval, como ministro de la Marina no fue bien recibido por los oficiales de la marina de guerra, que en privado lo despreciaban y lo hacían objeto de sus burlas.Archivo general de la Guerra Civil Española (AGGCE), Legajo 3, Expediente 11, Documento 28

Con el fin de congraciarse con los principales oficiales de la Armada, el Gobierno de la República promovió a altos cargos a hombres como Ángel Rizo Bayona, al que se le otorgó el cargo de representar al Estado en la compañía Trasmediterránea y al ingeniero naval Alfredo Díaz Cal, quien fue promovido al puesto de Director de Navegación. Sin embargo, la falta de tacto de Azaña en el trato con los oficiales más conservadores de la Armada española estableció una profunda desconfianza entre la mayoría de los que tenían altos puestos en la Armada y el nuevo gobierno. Las medidas de reforma de las instituciones militares, como la revocación de la ley de jurisdicciones de 1906, se impusieron desde el primer mes de la República. Entre éstas cabe destacar la reforma del sistema de ascensos, la reducción de las fuerzas armadas mediante la disolución de las unidades ineficientes,Decreto de 22 de abril de 1931 de la Segunda República Española la reducción del número de altos mandos militaresDecreto de 25 de abril de 1931 de la Segunda República Española y la sustitución del Consejo Supremo de Guerra y de Marina, cuyas funciones fueron asumidas por la Sala militar del Tribunal Supremo,Decreto de 11 de mayo de 1931 de la Segunda República Española entre otras medidas.

En 1935 la Unión Militar Española (UME), una organización militar secreta de oficiales profascistas españoles pertenecientes a las Fuerzas Armadas republicanas había extendido su influencia entre los oficiales españoles y comenzó a mostrar una abierta hostilidad hacia la República Española. Con el fin de combatir y neutralizar este movimiento, Eugenio Rodríguez Sierra, un oficial de la marina de guerra republicana de España, jugó un papel decisivo en la fundación de la Unión Militar Antifascista (UMA), grupo que más tarde se fusionó con la Unión Militar Republicana (UMR), otro grupo clandestino de objetivos similares que había sido fundada en el Ejército en 1929. Tras la fusión de ambas organizaciones, se creó la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA), que tuvo gran influencia entre los marinos de menor graduación, oponiéndolos así a la ideología conservadora de los jefes y oficiales del Cuerpo General.

El golpe de Estado de julio de 1936 en la Armada

Cuando en abril de 1936 el general Mola se hizo cargo de la dirección de la conspiración militar para derribar el gobierno del Frente Popular recabó la colaboración de la Armada que concretó más tarde en unas Instrucciones para las fuerzas de la Armada de 20 de junio. En estas se especificaba que la misión de la Armada sería el dominio de las bases navales de Ferrol y Cádiz, la vigilancia de la costa norte, especialmente Asturias (incluido el bombardeo de la cuenca minera), y la colaboración en la sublevación de Marruecos. Pero en algunos barcos miembros de los cuerpos auxiliares (como los radiotelegrafistas) y de suboficiales y marinería habían formado comités para vigilar las actividades sospechosas de los oficiales del Cuerpo General. Estos comités en algunos casos mantenían vínculos con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA).

thumb|left|Destructor de la clase Churruca Sánchez Barcáiztegui, c.1930. En la tarde del viernes 17 de julio se recibieron en la central radiotelegráfica del Estado Mayor de la Marina en Madrid las primeras noticias de que se había iniciado la sublevación militar en Marruecos. El oficial tercero del Cuerpo de Auxiliares Radiotelegráficos que estaba en ese momento de guardia en la central era Benjamín Balboa López, afiliado a la UMRA, y cuando se recibió en Madrid en la madrugada del sábado 18 de julio el telegrama de felicitación del general Franco a los sublevados de Melilla Balboa informó directamente al ayudante del ministro Giral y se negó a obedecer la orden del jefe de la central radiotelegráfica de que comunicara el mensaje de Franco a las guarniciones y lo arrestó. Balboa a continuación contactó con todos los buques de la Armada y a los radiotelegrafistas de los mismos les informó de que sus oficiales podían estar a punto de sublevarse contra el gobierno y les animó a amotinarse.

La misma madrugada del sábado 18 de julio el ministro de Marina José Giral ordenó que todos los buques de la flota se dirigieran hacia la zona del estrecho de Gibraltar para que cañonearan las posiciones de los sublevados en Marruecos e impidieran el paso de cualquier transporte de tropas que intentara llegar a la península. Sin embargo, los comandantes de los destructores Almirante Valdés, Sánchez Barcáiztegui y Churruca se pasaron al bando sublevado, pero las dotaciones de los destructores se amotinaron y arrestaron a sus oficiales que se habían sublevado, ejemplo que fue seguido por las dotaciones de los guardacostas Uad-Lucus y Uad-Muluya y el cañonero Laya (mientras que los guardacostas Dato y Uad-Kert se sumaban a la sublevación entrando en Ceuta, así como el torpedero T-19). Lo mismo sucedió en los destructores Alsedo, José Luis Díez y Alcalá Galiano, y en el acorazado Jaime I y en los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes, que habían zarpado de la base de Ferrol en dirección al Estrecho de Gibraltar. Por su parte el crucero Méndez Núñez, recibió la orden de volver a la colonia de Guinea Ecuatorial de donde había zarpado y allí su comandante fue destituido del mando y desembarcado junto con otros oficiales, volviendo más tarde a España. También se amotinaron las dotaciones de los submarinos Isaac Peral C-1, C-3, C-4 y B-1 cuando sospecharon de la actitud de sus oficiales. Los mandos del C-6 fueron arrestados cuando atracaron en Málaga. Los otros siete submarinos también quedaron del lado gubernamental cuando fracasó la sublevación en las bases navales de Cartagena y Mahón.

En la base naval de Cartagena la sublevación tampoco triunfó porque a los mandos navales les faltó decisión y porque el general Toribio Martínez Cabrera, gobernador militar de Cartagena, se mantuvo leal al gobierno, así como el jefe de la cercana base aérea de Los Alcázares. Así el destructor Lazaga, que estaba allí anclado, y los seis destructores que estaban en fase de construcción quedaron del lado gubernamental, con lo que toda la flotilla de destructores, excepto uno (el Velasco que se encontraba en Ferrol), quedó del lado gubernamental, además de cuatro torpederos y un guardacostas, junto con varios barcos auxiliares. En la base de Mahón hubo un intento de sublevación que fue sofocado y las dotaciones de los submarinos que tenían allí su base se amotinaron contra sus oficiales que pretendían rebelarse.

En cambio en las bases navales de Cádiz y de Ferrol la sublevación triunfó. En la primera gracias a las tropas de regulares traídas desde Ceuta por el destructor Churruca antes de que su dotación se amotinara y gracias también a la decidida actuación de los jefes conjurados en la base y del gobernador militar de Cádiz, el general José López Pinto, que impidieron cualquier intento de sublevación de los obreros de los astilleros o de la marinería. Al controlar la base los sublevados tenían en su poder el crucero República, que estaba sometido a grandes reparaciones, por lo que no entraría en servicio hasta 1938, los cañoneros Cánovas y Lauria, después de aplastar el amotinamiento de su tripulación, y dos guardacostas, el Alcázar y el Larache, que no se amotinaron. En la base naval de Ferrol la dotación del crucero Almirante Cervera se amotinó pero no consiguió sacar el buque del dique seco, y finalmente el bombardeo de la aviación naval de la base de Marín que se había sublevado hizo que el barco se rindiera. También se amotinó la dotación del acorazado España, asimismo en dique seco, pero como el tercer buque que se hallaba en la base, el destructor Velasco, no se amotinó, no les quedó más opción que la rendición después de que fuera dominada la rebelión del Almirante Cervera. Así fue como la base y los tres buques de importancia que había en ella se unieron a la sublevación.

Así pues, el intento de hacerse con la fuerza naval por parte del bando sublevado fracasó principalmente debido a que el mensaje llamando a la rebelión contra la república no fue enviado codificado, como debía haberse enviado, desde Ciudad Lineal a los oficiales al mando de los buques. A un joven radiotelegrafista naval, Benjamín Balboa, le fue posteriormente otorgado el mérito de la filtración. Como resultado, muchas de las tripulaciones de las unidades navales, fueron alertadas y tomaron el control de sus buques amotinándose contra los oficiales golpistas.F Esto provocó que la mayoría de la flota permaneciese fiel a la República, sin embargo la mayoría de los oficiales con más experiencia fueron encarcelados o ejecutados al considerárseles afectos a los sublevados, lo que hizo perder efectividad a las fuerzas navales gubernamentales.