El Castillo de Fénis, situado en la comuna homónima en la margen derecha del río Dora Baltea, el principal del valle de Aosta (Italia), se considera una de las más notables fortalezas de esta región. Excepcional por su arquitectura escenográfica, con numerosas torres y una doble cinta de muralla almenada que rodea el edificio central, representa perfectamente el arquetipo de castillo robusto y fantasioso, y se convirtió en una de las principales atracciones turísticas del valle.

A diferencia de otras fortalezas de la región, como las de Verrès y Ussel, construidas en la cima de un promontorio rocoso para mejorar su defensa, el castillo de Fénis se encuentra en un lugar privado de defensas naturales. Esto hace pensar que su principal función era la de ser la prestigiosa sede administrativa de la familia noble de la región, los Challant-Fénis, y que incluso la doble muralla, tenía una función ostentosa, con el fin de impresionar e intimidar a la población. De hecho, no ha sufrido nunca, que se sepa, ataques ni asedios. Sin embargo, el castillo de Fénis posee excelentes muestras de las técnicas defensivas de la época. Y su función residencial viene resaltada por frescos de mérito que aún permanecen en el patio y la capilla.

Algunos autores ven diseminados en el señorío un todo de símbolos e, incluso, un viaje iniciático en el camino de acceso a la casa, a saber, que son siete las cámaras en cada planta, siete las torres internas y siete las puertas que se debe cruzar para acceder al patio interior. «Ël castel ëd Fén-is... mità na ca fòrt, mità ca 'd vilegiadura...», tal como podían describirlo sus contemporáneos, fue pieza clave en el control del territorio hasta que «Da la sconda mità dël sécol ch'a fa XV a j'ancamin-a për ël castel un perìod ëd decadensa, e a finiss për esse bandonà».«El castillo de Fénis... mitad casa fuerte, mitad casa residencial... Desde la segunda mitad del siglo que hace XV se inició un periodo de decadencia para el castillo, y acabó siendo abandonado».

Historia del castillo thumb|right|Vista por el lado este. Al inicio del segundo milenio ya se levantaron torres macizas en el Valle de Aosta. Entre los siglos - se construyeron simples y robustos castillos, en los siglos - se crearon complejas fortificaciones, las que dieron paso a una arquitectura de propósitos más refinados en el , para ser usada como lugar de residencia cortesana.

Los orígenes inciertos de este centro, la primera mención es de mediados del , el periodo de máximo esplendor durante los últimos tres cuartos del y la primera parte del , el posterior abandono y la recuperación en los siglos , y , son hitos que marcan su desarrollo.

Orígenes thumb|left|Vista de pájaro del castillo. La ubicación del castillo en la cima de un montículo rodeado de prados hace pensar que puede haber sido construido sobre una villa romana. Pero, a diferencia del vecino castillo de Issogne, donde la hipótesis quedó confirmada por los restos de muros de una edificación de época romana, en los basamentos de Fénis aún no se encontraron pruebas de esta teoría.

El señorío probablemente ya perteneció a los vizcondes de Aosta antes del . El castillo fue documentado por primera vez en un escrito de 1242, en el cual un castrum Fenitii se menciona como propiedad del vizconde de Aosta, Gotofredo II di Challant, y de sus hermanos. En ese momento, la fortaleza probablemente solo estaba formada por la torre situada al sur de la torre cuadrada, un cuerpo habitable central y una cinta de muralla.

Aimone y Bonifacio La mayor parte de la construcción que se observa hoy en día se realizó entre el 1320 y el 1420. Aimone di Challant heredó el castillo de Fénis de su abuelo Ebal Magno en 1337«Ebalo I de Challant murió en 1323 nombrando como herederos a los cuatro hijos menores y dos nietos, Ebalo II y Aimone, hijos de su primogénito muerto unos años anteriores. Esto ocasionó una disputa familiar que sólo terminó en 1337 cuando los hijos de Ebal concedieron a sus sobrinos, Aimone y Ebalo II, los feudos de Fénis y de Ussel y Saint-Marcel respectivamente.» y, en 1340, comenzó una primera etapa constructiva, edificando un cuerpo habitable central en forma pentagonal –que probablemente englobara edificaciones preexistentes– y la cinta de muralla externa.

thumb|right|A la izquierda la torre más antigua y a la derecha la torre circular. En comparación con el aspecto actual, en los tiempos de Aimone carecía aún la torre meridional y el interior era muy diferente. El patio central era mucho más ancho y sin la escalera de piedra, flanqueado por el norte y por el sur de dos largos cuerpos de fábrica que acababan contra el muro occidental. También debía faltar la segunda planta del edificio.

Una reanudación de las obras se acometió por Bonifacio I di Challant, hijo de Aimone, que heredó la señoría del padre en 1387. Después de haber ostentado el cargo de inspector de fortificaciones en la corte de los Saboya, Bonifacio inició en 1392 una nueva campaña edificatoria en la casa para adaptarla a los nuevos estándares de la vida cortesana. Durante esta etapa se reajustaron los planes del cuerpo central y se construyeron unos desvanes. Además, se construyó un nuevo cuerpo de fábrica al ponente que dio el aspecto actual al patio interior, con dos pisos de galerías de madera y la escalinata semicircular de piedra. El castillo alcanzó su máximo esplendor durante la tenencia de Bonifacio I, y a él se deben los frescos del patio interior y de la capilla, encargados al pintor piamontés Giacomo jaqueira, maestro del gótico internacional, ejecutados entre 1414 y 1430.

Los años de declive Con la muerte de Bonifacio I en 1426, se inició una fase en la que, debido a la pérdida de perspicacia política y de prestigio de los sucesores del linaje Challant-Fénis y la consiguiente caída económica de la familia, se evidenció un estancamiento constructivo con respecto al señorío. De hecho, entre los siglos y no se documentan obras importantes en el edificio, aparte de algunas intervenciones decorativas. El sucesor, Bonifacio II se limitó a encargar al pintor Giacomino da Ivrea los frescos del lado oriental del patio, sin añadir ninguna modificación significativa en el castillo. Tras él, durante cerca de doscientos cincuenta años, no se erigieron nuevas construcciones y las únicas intervenciones notables fueron algunos frescos en el patio y en uno de los almacenes del lado sur, pintados en el siglo XVII.

thumb|left|Lado oeste del castillo. En 1705, con el fallecimiento de Antonio Gaspare Felice, último miembro del linaje Challant-Fénis, el castillo pasa a la rama Challant Châtillon, en especial al primo del difunto, Giorgio Francesco, el cual tuvo que venderlo por 90.000 liras al conde Baldassarre Saluzzo di Paesana en 1716 para hacer frente a ingentes deudas, en gran parte causadas por el proceso testamentario.A la ruina de la familia contribuyó el proceso jurídico, de más de un siglo, relativo a la asignación de la herencia de Renato di Challant. Cuando murió en 1565 sin hijos varones, el conde dejó sus bienes a su hija Isabella y su marido Giovanni Federico Madruzzo. Esto, sin embargo, iba en contra de los principios de la Ley Sálica –que no permite la transmisión de la herencia por vía femenina– y los primos de Isabella intentaron una causa contra ella y, después, contra sus descendientes. El proceso terminó en 1669, cuando Carretto di Balestrini, heredero de Isabella y Giovanni Federico, tuvo que restituir el título de conde de Challant y los bienes asociados a Francesco Gerolamo di Challant Châtillon, padre de Giorgio Francesco, que entonces había contraído ingentes deudas debido a los costes procesales. El castillo se vio privado incluso de las mínimas actuaciones de mantenimiento.

Con ello, el castillo inició un período de decadencia y de frecuentes cambios de propiedad. Los Saluzzo di Paesana mantuvieron la posesión hasta 1798, cuando la casa fue vendida a Pietro Gaspare Anserma, cuya familia la conservó hasta 1863, para su reventa a Michele Baldassarre Rosset de Quart. Durante este tiempo, que duró un siglo y medio, el edificio permaneció deshabitado, el mobiliario fue expoliado y las diversas dependencias se utilizaron como granja, pajares y establos para el ganado.

Recuperación decimonónica El 3 de septiembre de 1895, Giuseppe Rosset, cónsul italiano en Odessa e hijo de Michele Baldassarre, cedió el señorío de Fénis al Estado Italiano por 15.000 lirasAndré Zanotto: p. 26 gracias a las gestiones de Alfredo de Andrade (Lisboa, 1839 - Génova, 1915). De Andrade, pintor portugués naturalizado italiano, con un alto cargo en la administración italiana en el departamento de monumentos de Piamonte y Liguria desde 1886, apasionado buscador y recuperador de edificaciones antiguas y de la memoria histórica valldostana, intentaba adquirir la fortaleza de Fénis hacía años.

thumb|right|El patio interior del castillo en un grabado decimonónico de Celestino Turletti. En agosto de 1865 de Andrade había visitado el señorío de Fénis por primera vez. Parece que le impresionó, ya que regresó en 1882 buscando inspiración para su participación en la Exposición Internacional de Turín del año 1884.En principio el leit motiv para la construcción del burgo medieval de Turín era el patio interior del castillo de Fénis, y esto condicionó la estructura, obligatoriamente anillada, de toda la nueva edificación. También son copias en la recreación: la cruz quatrecentesca de Ramolivaz, instalada en un camino de acceso al castillo, y utilizada como señal de entrada al borgo; la terminación de los enrejados de las ventanas; las decoraciones de las vigas. Así, el castillo sirvió de modelo para el Borgo Medievale di Torino, una reproducción bastante fiel de una pequeña villa medieval tardío construida para el evento.

Tras la inauguración, el interés de Andrade por el castillo no disminuyó: regresó varias veces entre 1884 y 1888, y salió con dibujos, relieves y bocetos. Es probablemente durante este periodo que pensó en comprar el castillo, y en 1890 comenzó los tratos con Rosset, el propietario, que se acabaron en 1895.

En 1897, dos años después de la adquisición tal como estipulaba el contrato para dar tiempo al traslado de la granja alojada en el interior de la fortificación, de Andrade, como director del Ufficio Regionale por la Conservazione dei Monumenti del Piemonte, della Liguria e della Valle de Aosta, tomó posesión del edificio y comenzó su recuperación. En 1898 se instaló un pararrayos en una torre. Ya en el 1889 de Andrade, siguiendo los principios de Viollet-le-Duc, inició una primera temporada de obras en el castillo que continuó hasta 1920 bajo la supervisión del mismo de Andrade y del ingeniero Cesare Berte (Turín, 1866 - Turín, 1941) y, a continuación, de G. Seglie.

El objetivo de esta campaña, ceñida a criterios de respeto hacia la estructura original, se centró especialmente en detener la degradación del castillo. Berte emprendió varias intervenciones: la construcción de un nuevo camino de acceso al castillo por el lado del levante con márgenes de piedra seca, aseguramiento de los muros inestables, canalizaciones para aguas pluviales, restauración de techos (incluyendo los de la gran torre de la cinta de muralla externa, el de la torre cuadrada occidental, el del salón de la capilla y el de la torre circular), restauración de pisos y de marcos de ventanas. A finales del segundo decenio del , de Andrade, enfermo, se retiró y Seglie se hizo cargo de las obras. En 1920, con todos los techos y murallas recuperados de la degradación, se da por finalizada la primera fase, condicionada por la falta de fondos económicos disponibles.