Marietta de Veintemilla Marconi (Guayaquil, 8 de septiembre de 1858 - Quito, 11 de marzo de 1907) fue una política, escritora y terrateniente ecuatoriana de finales del , conocida popularmente como "la Generalita". Como sobrina del presidente Ignacio de Veintemilla fue también primera dama de la nación y encargada del poder supremo en los periodos de ausencia de su tío. Marietta se convirtió en la mujer que mayor poder ha tenido en la historia de Ecuador, símbolo del movimiento feminista de inicios del y gran planificadora urbana de la ciudad de Quito, a la que amó entrañablemente a pesar de no ser el lugar que la vio nacer.

Biografía Marietta nació el 8 de septiembre de 1858 a bordo de un barco que se acercaba al puerto de Guayaquil por el Golfo , trayendo de regreso a sus padres que habían vivido un tiempo en Perú. Hija del Gral. José de Veintemilla Villacís y la cantante Marietta Marconi Ferretti (italiana), estaba emparentada con las familias más acomodadas del puerto y también algunas de la capital. Su madre murió cuando ella tenía cuatro años de edad, viéndose su padre imposibilitado de brindarle el tiempo necesario para su educación debido a su carrera militar, la envió a un prestigioso internado de la ciudad de Quito llamado "Sagrados Corazones", donde Marietta aprendió a leer, escribir y algunas labores propias de las señoritas de sociedad. A pesar de las vicisitudes económicas que atravesaba su padre, Marietta accedió a una beca del gobierno gracias a la intervención de Rosa Ascázubi Matheu, emparentada con los Veintimilla y que era esposa del presidente García Moreno.

En 1869 quedó huérfana de padre, debido a que este fue fusilado por órdenes del presidente Gabriel García Moreno tras una insurrección en su contra; su hermano menor José Ignacio debió huir del país, perseguido por el ejército con órdenes de también darle muerte a pesar de ser solo un niño. Entonces su tío, Ignacio de Veintemilla, se hizo cargo de ella en adelante, brindándole todos los cuidados y cariño que nunca pudo darle a sus propios hijos debido a sus muertes prematuras. Cuando alcanzó la edad casamentera, se había convertido en una de las mujeres más hermosas de la ciudad, que se complementaba con una graciosa personalidad, aguda inteligencia y elegante porte.

Llegada a Carondelet En septiembre de 1876 su tío es proclamado Jefe Supremo de la República por un grupo revolucionario de Guayaquil, para después de un encuentro militar en Galte ante las tropas del presidente Antonio Borrero, entrar triunfante en la ciudad de Quito. Marietta apenas había terminado los estudios cuando se instaló junto a sus tíos en el Palacio de Carondelet, en donde empezó a brillar con luz propia ante la sociedad quiteña. Sus tías, si bien eran buenas mujeres, solo conocían de santos, religión y milagros; mientras que Marietta se interesaba en las letras, el arte y la política. Fue considerada la primera dama pues esas eran las funciones que tenía en Palacio, se encargaba de la servidumbre, organizaba bailes y banquetes y siempre estaba junto a su tío para recibir altas dignidades extranjeras.

Marietta convirtió a Carondelet en una réplica de las cortes reales de Europa, llenando sus salones con los más distinguidos personajes de la sociedad quiteña de la época; se rodeaba de filósofos, sabios, poetas y artistas que se deleitaban con buena música, amenas charlas y el buen gusto de la joven. Cuando pasó por Quito la baronesa de Wilson le dedicó un hermoso poema. La condesa Emilia Pardo Bazán también la elogió desde España en un artículo.

Se convirtió en ícono femenino de la época, llegando a cambiar la costumbre de las damas de vestir pesados trajes negros para sus salidas, sustituyéndolos por las telas de vivos colores de origen francés e inglés que tanto gustaban a Marietta. De la misma manera influyó para que las mujeres abandonaran la costumbre de pasear siempre acompañadas por el hombre de la casa, por primera vez los domingos por la tarde el parque La Alameda, refaccionado bajo el ojo crítico y sobrio de la misma Marietta, estaba lleno de aristócratas mujeres acompañadas entre sí, pero libres del vigilante masculino.

Recibió clases de piano del famoso profesor Aparicio Córdova, quien además le enseñó a cantar con una voz modulada. Cada 8 de septiembre celebraba su cumpleaños y el triunfo de la revolución que había puesto a su tío al frente del gobierno con una misa solemne en la Catedral de Quito, un paseo militar por las calles del centro y un gran baile con cena en los salones de Carondelet. Estudió francés y llegó a dominarlo, fue amiga de sabios de la talla del ascensionista Edward Whymper, del geógrafo Franz Theodor Wolf y del botánico Luis Sodiro. Monseñor Nonceni la trataba de hija y paisana y el gran poeta Nicolás Augusto González componía obras dramáticas para que se representaran en el Teatro Nacional Sucre, que Marietta acababa de inaugurar trayendo compañías de canto y arte dramático de Lima.

Vida amorosa A pesar del enorme celo que su tío y su hermano menor, José Ignacio, tenían con la joven Marietta, y de lo cuidadosos que fueron de los pocos hombres que permitieron que la cortejaran, la muchacha tuvo una turbulenta aventura con un hombre casado antes de su trágico y fugaz matrimonio.

La alegría juvenil de Marietta inundaba el Palacio de Carondelet, gustando especialmente de las fiestas de carnaval. Fue precisamente durante esa festividad de 1879 cuando se rompió una pierna en un arranque de algarabía y terminó enamorada del médico que la atendió, un atractivo hombre casado de nombre Fidel Castillo, que no le fue ajeno a sus encantos a pesar de su condición civil. El tío de Marietta se enteró del amorío y mandó apresar a Castillo, quien estuvo recluso 24 días e iba a ser capado por orden de Veintimilla, pero finalmente no ocurrió y fue liberado por la intercesión de la esposa de este, amiga del Presidente. Marietta y Castillo nunca más se volvieron a ver. En mayo de 1881 contrajo matrimonio con Antonio de Lapierre y Cucalón, un apuesto hombre de 28 años que había enviudado de una hija del general José María Urbina. La ceremonia religiosa se ofició en la iglesia de Pomasqui, y la recepción en la Hacienda Tajamar, propiedad de los Veintimilla en el mismo sector. El novio, que era hijo del Ministro de Francia en Ecuador y nieto de los condes de Laglio Guille, fue enviado a Guayaquil para hacerse cargo de la Dirección de Aduanas, dejando a Marietta embarazada en el Palacio de Carondelet. El niño, de nombre Antonio, murió de gastroenteritis a los pocos meses de nacido, y Lapierre le siguió a la tumba, víctima de una ola de fiebre amarilla que asoló el puerto principal.

Desde entonces Marietta se refugió en la política y la historia del país, dejando a un lado los temas del corazón. Muchos hombres la pretendieron después, pero además de la cortesía de recibirlos y quizá un poco de coqueteo, la joven no mostró ningún interés particular en nadie. Su último gran amor fue un atractivo poeta peruano de nombre Carlos Germán de Amézaga, director de la revista limeña Prisma, a quien conoció durante su exilio en la capital peruana. Juntos vivieron un cálido romance a pesar de que él era cuatro años menor que Marietta.

Vida política Jefa de gobierno thumb|right|Marieta de Veintimilla alrededor de 1883, en su último año como Primera Dama de la República del Ecuador.|200px Después de la repentina muerte de su fugaz esposo e hijo, Marietta se refugió en la política; su tío Ignacio se dedicó a la buena vida en Guayaquil, dejando oficialmente a la joven al frente del gobierno desde Quito. Marietta se apoyó en el Primer Designado, Leopoldo Salvador, y en el ministro de Guerra y Marina, Cornelio Escipión Vernaza. Se acostumbró a pasar revisión a la tropa y a levantarles el ánimo con sendos discursos motivadores que le ganaron el aprecio y respeto de los soldados. Con el tiempo se acostumbraron a que una mujer estuviese al frente del gobierno y comenzaron a llamarle "la generalita". También era llamada "Mayasquerita", nombre con el que la honraban los bravos “pupos de la raya” o soldados de la provincia del Carchi, que es por donde corre el río Mayasquer.

Cornelio Escipión Vernaza se rebeló contra los Veintemilla y pactó con los conservadores para proclamar una dictadura a su propio nombre en la madrugada del 26 de marzo de 1882. Marietta impidió el acto con un golpe de audacia, pues al ver a los batallones formados, bajó sola a la Plaza Grande y convenciendo a la tropa hizo que ésta gritara a favor del general Veintemilla y por supuesto, también a favor de su "Generalita". Esa misma noche ordenó el arresto de Vernaza, lo destituyó y lo afrentó de manera muy ruda, asumió el Poder Ejecutivo y la Jefatura Máxima del Ejército; mientras tanto su tío se había proclamado Dictador en Guayaquil.

Una época de revueltas y guerrillas empezó a lo largo Ecuador, Eloy Alfaro en la costa, Ezequiel Landázuri por el norte y Francisco Javier Salazar y José María Sarastí en la sierra centro. Finalmente Quito fue cercada por los «Restauradores» el 9 de enero de 1883, pero Marietta no se dio por vencida y organizó ella sola una defensa de la ciudad, capítulo que la inmortalizó para siempre en la historia del Ecuador. Con su revólver en mano y sorteando las balas se dio modos para animar a su reducida pero fiel tropa; casi había logrado vencer a los soldados de Salazar y Sarasti que tenían cercado el Palacio de Carondelet, cuando la lluvia paró momentáneamente la batalla y dio tiempo a la llegada de Landázuri con un contingente de hombres nuevos que decidirían la batalla en favor de los opositores.

Prisión y exilio Con el gobierno de Veintemilla oficialmente derrotado el 10 de enero, Marietta fue trasladada a un cuarto dentro del edificio del Municipio, custodiada por cinco soldados que con el pasar de los días se enamoraron de ella y le concedían ciertos privilegios, llegando hasta a llevarle una serenata. Cuando las autoridades del nuevo gobierno se enteraron de ello entraron en cólera y cambiaron la guardia. A los pocos días fue trasladada a la cárcel pública, el recorrido de seis cuadras lo hizo con una admirable elegancia, la gente que se agolpó a las calles la miraba en un profundo silencio, casi melancólico; el gobierno se dio cuenta de inmediato que a pesar de todo la joven era un verdadero peligro por el respeto que se había ganado entre el pueblo. En la prisión enfermó de angina y fue atendida por el doctor Teodoro Donoso. Durante su encierro se dedicó a la lectura y siempre era visitada por sus amigos y admiradores, entre ellos el ministro Hamilton de Inglaterra y el ministro Pierret de Francia junto con su esposa.

El 2 de septiembre de 1884 le fue concedida la libertad y aceptó el asilo del conde de Boutaud, jefe de la embajada francesa, y se trasladó a vivir en su casa. Por varios meses la casa de Boutaud fue el centro de la sociedad quiteña que acudía a visitar a Marietta, esto incomodó nuevamente al gobierno que ordenó la confiscación de todos los bienes de la familia Veintimilla y el exilio no solo de la joven sino de su hermano y sus tías. El mismo día en que fue emitida la orden de expatriación, Marietta decidió dar una muestra pública de su temple, y salió a dar un paseo vespertino por el parque La Alameda, por el que tanto había trabajado años atrás; tras una larga caminata seguida de un numeroso cortejo espontáneo de amigos y simpatizantes, se sentó en una de las bancas con su amiga Dolores Jaramillo para luego regresar a la embajada a preparar su viaje. La noche previa a su viaje, el pueblo de Quito le ofreció una serenata de despedida, y el día en que partió a Guayaquil para tomar el barco que la llevaría a Perú, mucha gente salió a los balcones agitando pañuelos blancos a su paso. Tras una vergonzosa y nada accidental escena promovida por el Gobernador del Guayas, causada por una deuda que su difunto esposo había dejado en la Aduana, pudo tomar finalmente el Islay con rumbo a Lima.