Juan María Vianney (Dardilly, 8 de mayo de 1786-Ars-sur-Formans, 4 de agosto de 1859), conocido como el Santo Cura de Ars, fue un presbítero francés proclamado patrón de los sacerdotes católicos, especialmente de los que tienen cura de almas (párrocos).

Juan María Vianney cuando a la edad de 20 años recibió el sacramento de la Confirmación eligió a San Juan Bautista, como su santo patrono. A partir de entonces firmó como Juan María Bautista, o Juan Bautista María, y durante toda su vida el Bautista fue uno de sus santos favoritos.

Su humildad, su predicación, su discernimiento y saber espontáneos, y su capacidad para generar el arrepentimiento de los penitentes por los males cometidos fueron proverbiales. Administrador del sacramento de la penitencia durante cuatro décadas a razón de más de diez horas diarias, llegó a hacerlo entre dieciséis y dieciocho horas por día durante trece años, desde 1830 hasta que enfermó en 1843. Se lo considera uno de los grandes confesores de todos los tiempos. De él escribió Juan Pablo II:

Biografía

Sus primeros años

Nació en Dardilly, al noroeste de Lyon, Francia. Hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze, fue el tercero de seis hermanos, de una familia campesina.

Después de una breve estadía en la escuela comunal, en 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan María fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecieron haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, acotados a un poco de aritmética, historia, y geografía. Encontró el aprendizaje excesivamente difícil, especialmente el estudio del latín. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, más tarde primer obispo de Dubuque, le ayudaba con sus lecciones de latín. Como otros muchos seminaristas, hizo una peregrinación al santuario de San Juan Francisco Régis en Lalouvesc (1806). Ese mismo año fue dispensado del servicio militar en su calidad de aspirante al sacerdocio.

Sin embargo, fue llamado a filas en 1809, y el 26 de octubre, el joven recluta ingresó al cuartel de Lyon para ser enviado al ejército napoleónico que invadía España, vía Roanne.

El 6 de enero de 1810, Juan María desertó, y con la identidad de Jerónimo Vincent, se ocultó en los bosques del Forez, en los alrededores de Noes. Liberado del servicio militar y de su situación irregular por el enrolamiento anticipado de su hermano menor, el desertor regresó en octubre de 1810 a casa del párroco Balley. Recibió la tonsura el 28 de mayo siguiente.

Seminario y ordenación sacerdotal Ingresó finalmente al Seminario Menor de Verriéres a los 26 años, para cursar filosofía en francés pues su «debilidad -en los estudios- es extrema». Allí fue compañero de curso de otro santo, Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas.

El 13 de agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por monseñor Simon, obispo de Grenoble. Fue enviado a Ecully como ayudante de monseñor Don Balley, quien había sido el primero en reconocer y animar la vocación de Vianney. Don Balley ya había intercedido por él ante los examinadores cuando Juan María fue expulsado del Seminario Mayor por no ser considerado idóneo para los estudios de preparación al ministerio sacerdotal. Don Balley asumió toda la responsabilidad por él, y fue su modelo tanto como su preceptor y protector.

La parroquia de Ars En febrero de 1818, tras la muerte de Don Balley, Vianney fue enviado como clérigo a Ars, una aldea no muy lejana a Lyon. Ars no tuvo la categoría de parroquia hasta 1821; hasta entonces Vianney fue solo vicario de Ars, sometido a la autoridad del párroco de la vecina aldea de Misérieux. Ars era entonces «el último pueblo de la diócesis», con alrededor de 250 habitantes, mayormente de condición humilde. La casa del cura tenía cinco habitaciones amuebladas por Mademoiselle d'Ars, pero de todo ese moblaje, Vianney solo se quedó con una cama, dos mesas viejas, un aparador, unas pocas sillas y una sartén. El resto lo devolvió a Mademoiselle d'Ars.

thumb|Cocina de Juan María Vianney.|izquierda

Fue en el ejercicio de las funciones sacerdotales en esta remota aldea francesa en las que se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas llegaron a ser tan populares, que se daban todos los días en la iglesia ante grandes multitudes. thumb|Vista de la localidad de Ars, con la Basílica en la que se venera el cuerpo de san Juan María. Aunque tuvo éxito, "La Providencia" tuvo que ser cedida en 1847 porque Juan María pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Así, aunque se aseguró el futuro de esa institución tan querida por él, vivió la cesión con dolor. El apostolado de Vianney en Ars le ocasionó no pocos sufrimientos. Al principio hubo de soportar las calumnias de algunos parroquianos,Furiosos por la interrupción de sus placeres, los borrachos de los cabarés lo atacaron. Hicieron correr la voz de que la palidez del cura no se debía al ascetismo sino a la práctica del vicio. De noche cantaban canciones lascivas bajo su ventana. Salpicaban su puerta con inmundicias y decían que era el padre del hijo de una prostituta. Los rumores llegaron a oídos del obispo, quien se vio obligado a enviar al cura de Trévoux para realizar averiguaciones. Aunque las calumnias fueron desmentidas, el cura de Ars sufrió mucho. y luego las difamaciones de los sacerdotes de las poblaciones cercanas.Las difamaciones llegaron incluso al despacho del obispo. Un sacerdote le dijo a monseñor Devie: «Al cura de Ars se lo considera bastante ignorante». Afortunadamente el cura de Ars contó con el apoyo del prelado, quien respondió: «No sé si es o no instruido, pero lo que sí sé es que está iluminado por el Espíritu Santo».

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países.

Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque «las almas le esperaban allí». Desde 1830 hasta que enfermó en 1843, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesonario, sin ayuda siquiera de un teniente cura, que recién le fue asignado en 1843, luego de haber enfermado gravemente y de apenas salvarse de la muerte. Incluso después de su enfermedad, continuó con su régimen de vida sumamente austero y sus confesiones. Su consejo era buscado por obispos, presbíteros, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, aristócratas y plebeyos, damas de sociedad, intelectuales y labriegos, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban el pueblo con la finalidad de ver al cura de Ars y oír su enseñanza cotidiana.

thumb|Cuerpo incorrupto de san Juan María Vianney en la basílica de Ars.|izquierda

Murió el 4 de agosto de 1859. Sus restos mortales se conservan incorruptos en el santuario de Ars, el pequeño lugar al que dedicó su vida como presbítero y donde falleció.

Notas de la espiritualidad de Vianney thumb|180px|Escultura que representa a Juan María Vianney, el cura de Ars, realizada por Emilien Cabuchet en 1867. Joseph Toccanier, auxiliar de Vianney, pidió a Cabuchet que hiciera un retrato de su maestro. En 1858, el artista realizó un pequeño busto en cera. Después de la muerte de Vianney, Cabuchet esculpió esta, su obra más famosa, en la que representa a Vianney orando de rodillas. thumb|180px|Estatua que representa a Juan María Vianney, en la iglesia de Sermentizon, en Puy-de-Dôme, Francia.|izquierda

Su humildad

Durante casi todo el período de tiempo vivido en Ars, Juan María Vianney experimentó una profunda crisis, derivada en buena medida de considerarse a sí mismo incapaz y no idóneo para el ministerio pastoral. Deseaba retirarse en soledad. Era tan humilde que no se percataba de su propia humildad, y casi se hundía en la preocupación ante la idea de que jamás en la Historia de la Iglesia se había canonizado a un sacerdote parroquial.

Vianney hacía caso omiso del comportamiento de muchos peregrinos y parroquianos que ya en vida lo consideraron un santo, o de vulgares coleccionistas de reliquias que llegaban a recortar trozos de su sotana mientras él pasaba entre la muchedumbre, o que robaban su breviario o catecismo para tener algo de él.

Y aún en el último año de vida, cuando en la festividad de Corpus Christi, se sintió demasiado débil para transportar la eucaristía en procesión para su adoración, y solo pudo sostener la custodia para bendecir a la gente, lloraba mientras se preguntaba:

La humildad, el amor y la fidelidad por su misión en la cotidianidad y simplicidad diarias fueron el esqueleto de su vocación. Y si bien recibió honores, los rechazó sistemáticamente. La cruz de la Legión de Honor que se le otorgara fue vista en público por primera vez cuando se la colocó en su ataúd.

Su discernimiento Fueron muchos, entre quienes se arrodillaron en el confesonario de Ars, los que aseguraron que Juan María Vianney parecía saber todo de ellos sin conocerlos. Resulta difícil desestimar esto, por el elevado número y variedad de esos testimonios. A modo de ilustración, se toman dos ejemplos citados por su historiador Francis Trochu y reproducidos por Antonio Royo Marín:

Parecía que Vianney conocía a quien tuviese delante, y ciertamente no por haber tenido relación anteriormente, o por haber recibido información previa, ni mucho menos por telepatía. Se considera que la única explicación posible del conjunto es que supiese «leer las conciencias», escrutar el interior del ser humano, e incluso enderezar su camino en el discernimiento vocacional y espiritual.

En su artículo "¿Cómo responde la Iglesia al suicidio?" Shaun McAfee hace referencia a un incidente descrito en el libro Cure of Ars:

Sus sermones En 1845, el Cura de Ars confió sus sermones compuestos entre los años 1818 y 1827 al presbítero Adrien Colomb de Gast a fin de publicarlos en una librería de Lyon, con la previa y severa aprobación eclesiástica. Los hermanos del instituto canónico «Cinq Plaies» descifraron y transcribieron los sermones. Hoy solo se conservan 85 cuadernos que contienen 113 sermones enumerados en tal orden por el mismo santo. 81 cuadernos fueron llevados a la casa madre de las Canónicas Regulares de la Inmaculada Concepción. Al costado de este cofre se puso el sermón sobre los muertos en un cuadro con doble cristal. El sermón sobre los Macabeos fue llevado al Vaticano. El sermón sobre los deberes de los padres para con sus hijos fue confiado al arzobispo de Lyon. Los sermones 101 al 112 parecen haber sido destinados a los retiros, mientras que existen incluso dos o tres sermones para el mismo domingo o fiesta de guardar.

Reconocimiento de la Iglesia católica y legado thumb|La basílica de Ars, situada en Ars-sur-Formans, alberga las reliquias del santo. El 3 de octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado venerable por Pío IX y beatificado el 8 de enero de 1905. El papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial. En 1925 el papa Pío XI lo canonizó. Su memoria litúrgica en el rito romano se celebra el 4 de agosto, ocasión en que se celebra además el día del párroco. Antes de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, su celebración tenía lugar el 8 de agosto.