Grigori Yákovlevich Sokólnikov (en ruso: Григо́рий Я́ковлевич Соко́льников; en ucraniano: Григорій Якович Сокольников) (Romní, Sumy, Ucrania, -Verjneuralsk, Cheliábinsk, 21 de mayo de 1939) fue un economista, periodista, político, abogado y diplomático soviético.
Militancia marxista revolucionaria Nació en 1888 en la provincia de Poltava, en cuyo ferrocarril trabajaba su padre, médico. La familia era judía y Sokólnikov sufrió cierta persecución en el gimnasio moscovita al que asistió.
Durante su época de estudiante ingresó en unos círculos marxistas y en 1905 se unió a los bolcheviques moscovitas, con diecisiete años. Se lo nombró jefe de los grupos de juventudes bolcheviques de la ciudad y participó en la fallida revuelta de diciembre de 1905, durante la revolución. Junto con Nikolái Bujarin, organizó una conferencia de juventudes moscovitas en 1906 y otra nacional en 1907. Fue apresado a finales de ese año y deportado de por vida por el gobierno zarista; estuvo preso hasta 1909. Se fugó de Siberia y se trasladó a Europa occidental. Pasó en el exilio de 1909 a 1917. Marchó a París y estudió en La Sorbona, donde se graduó en Economía y Derecho. Se doctoró en economía. Muy activo en los círculos marxistas del exilio ruso, en los últimos años antes del comienzo de la guerra mundial abogó por la reconciliación de las distintas corrientes del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Al estallar la I Guerra Mundial, se destacó en el ala izquierda de la Segunda Internacional que rechazó apoyar a cualquiera de los bandos —internacionalistas— y denunció la guerra como enfrentamiento entre imperialistas y publicó junto con Trotski y Mártov el periódico internacionalista Nashe Slovo (Nuestra Palabra).
Fue uno de los bolcheviques que regresó a Rusia con Lenin en abril de 1917, tras la Revolución de Febrero. Trabajó primero en el comité del partido de la región de Moscú y en el de la propia ciudad y en el VI Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ingresó en el Comité Central. Se dedicó principalmente a la tarea de redactor de las publicaciones más importantes del partido, junto con Stalin y Vladímir Miliutin. Junto con Lev Kámenev, participó en las fallidas negociaciones Vikzhel para formar un Gobierno socialista de unidad tras la Revolución de Octubre. Fue elegido diputado de la efímera Asamblea Constituyente Rusa y dirigió a la agrupación bolchevique de la institución junto con Bujarin. En diciembre de 1917, ingresó en la presidencia colegiada (presidium) del Vesenja. Defendió con decisión la posición de Lenin de poner fin a la guerra con Alemania y fue el jefe de la delegación rusa que firmó el tratado de paz de Brest Litovsk, en marzo de 1918.
Guerra civil Sokólnikov, en el centro con camisa blanca, junto a otros miembros de la Comisión para el Turquestán, en el otoño de 1920.|miniatura|izquierda Desempeñó un papel destacado en la guerra civil, con importantes cargos en diversos frentes. Fue al mismo tiempo integrante del Consejo Supremo de la Economía Nacional que organizó la nacionalización de la banca, que se realizó entre finales de 1917 y 1918. Desde mediados de 1918, fue miembro del consejo militar revolucionario de los ejércitos segundo, octavo, noveno y decimotercero. Trotski alabó su labor de comisario político en el VII Congreso del partido que se celebró en 1919. En agosto de 1920, fue designado comandante del frente de Turquestán y de la misión soviética en la región. Contribuyó notablemente a la derrota de los basmachís y en la conquista comunista del Asia central.
En 1921, al igual que Bujarin, respaldó a Trotski en los debates sobre el papel de los sindicatos en la recuperación económica que se iba a acometer una vez terminada la guerra civil. Contrario a la posición de la Oposición Obrera, abogaba porque el partido controlase los sindicatos. Ese mismo año, enfermó, y pasó varios meses sin realizar tareas oficiales, hasta final de año, cuando Lenin le encargó la gestión de la Comisaría de Finanzas.
Dirección de la economía soviética: comisario de Finanzas
Director de la economía nacional Terminada la guerra civil y con la Nueva Política Económica (NPE) en marcha, su talento se desplazó de lleno a la construcción de las bases económicas soviéticas. Sokólnikov fue un defensor acérrimo de la NPE que creía en un largo periodo de transición económica en el que el Estado controlaría las claves de la economía sin eliminar por completo el comercio y los intereses privados. En su opinión, la expansión del sector público debía realizarse lentamente para garantizar una mayor eficiencia económica.
Fue comisario de Finanzas desde comienzos de 1922 a 1926. Por sugerencia de Lenin, ingresó en la dirección de la comisaría a finales de noviembre de 1921 y asumió oficialmente el cargo de comisario en diciembre de 1922, tras el cese de Nikolái Krestinski, pero dominó el ministerio desde el comienzo. En enero de 1922, se lo nombró vicecomisario; para entonces Krestinski servía ya de representante soviético en Alemania.
Para sustituir al ausente Krestinski, el politburó propuso que se formase un triunvirato compuesto por Yevgeni Preobrazhenski (que se convirtió en su oponente ya que postulaba ideas totalmente contrarias), el economista graduado en Estados Unidos Aleksandr Krasnoschiókov, quien luego pasó a ser jefe del Banco Industrial (Prombank), y Sokólnikov. Pese al recelo de Preobrazhenski y Sokólnikov, que rechazaron la solución, el politburó la impuso. Terminó ejerciendo de forma única el cargo cuando la visión de Preobrazhenski fue descartada y se aprobaron sus propuestas: la nueva política financiera estableció un sistema monetario firme, la estructuración de un presupuesto sano con impuestos monetarios progresivos y el fortalecimiento de las actividades bancarias y de crédito del Estado.
Sokólnikov defendió el modelo de comunismo de guerra como necesario para ganar la guerra, pero lo tildó de inadecuado para el periodo de posguerra. Abogó por la adopción de la NPE, que representaba una variante de capitalismo estatal: trataba de emplear los métodos capitalistas para impulsar la revolución. Como otros partidarios de la NPE, creía que el aspecto crucial de la economía soviética era la agricultura, base de la industria y fuente principal tanto del comercio exterior como de los ingresos del Estado. Según él, todo intento de desarrollo industrial dependía de la mejora de la situación de la agricultura y del aumento de su bajísima productividad y sería necesariamente lento.
Comercio exterior Sokólnikov, durante su periodo al frente de la Comisaría soviética de Finanzas.|miniatura|izquierda Desde finales de 1921, destacó como el principal paladín de la corriente que en la dirección soviética abogaba por tratar de recuperar la economía mediante el empleo de inversiones, maquinaria y tecnología extranjeras. Repudió con firmeza la autarquía y propugnó el aumento del comercio exterior. Defendió con ardor y con el respaldo de la mayoría de los mandatarios soviéticos que la recuperación europea dependía de las materias primas soviéticas y que esto haría que la Rusia soviética pudiese obtener empréstitos e inversiones a cambio de ellas. Sus principales rivales fueron Trotski, escéptico acerca de la dependencia europea de Rusia y temeroso de las condiciones que los capitalistas europeos podrían exigir a cambio de establecer tratos con los soviéticos y Larin. El XI congreso del partido que se celebró en marzo de 1922 aprobó el análisis de Sokólnikov, que ingresó en el comité central.
La catastrófica cosecha de 1921, el convencimiento de que solo a cambio de productos industriales se podría lograr que el campesinado aumentase la producción agrícola y la seguridad de que la industria rusa no podría conseguirlo rápidamente le hizo abogar porque se aumentase la importación de productos industriales de consumo, mediante la creación de empresas mixtas con capital extranjero. Importó también grano para suplir las malas cosechas, tanto en 1921 como en años posteriores, pese a la oposición de Lenin. La exportación de grano a cambio de bienes de consumo debía impulsar también la producción agrícola. La Comisaría de Comercio Exterior, que presidía Leonid Krasin y no había conseguido reavivar el comercio exterior, perdió el monopolio de este. Los ingresos arancelarios del nuevo comercio debían servir además para aumentar las reservas de divisas para poder crear una moneda ligada al patrón oro, uno de los objetivos principales de Sokólnikov. Sokólnikov sostenía además que esta era necesaria para facilitar los intercambios comerciales con Europa. Aunque era partidario del control estatal del comercio exterior, rehusaba el monopolio exterior de este.
Para animar a los capitalistas europeos a invertir y a la vez reducir los gastos estatales rusos, propuso que se permitiese la cesión de las fábricas paradas que se sostenían con subsidios del Estado, aunque la propiedad de estas seguiría siendo estatal. Los intentos de obtener financiación occidental mediante el reconocimiento de las deudas contraídas durante el periodo zarista e incluso la devolución de algunas propiedades terminaron fracasando en la Conferencia de Génova, pese al interés inicial de los británicos, por el rechazo de franceses y belgas, opuestos a hacer concesiones. El Tratado de Rapallo con Alemania resultó insuficiente para satisfacer las esperanzas soviéticas, ya que esta carecía de los medios para cubrir las necesidades rusas.
Estabilización monetaria
Desde antes de la guerra, el gobierno zarista venía aumentando las emisiones de dinero, que se incrementaron durante el conflicto mundial y luego durante la guerra civil, cuando el gobierno revolucionario acudió a la misma fórmula para sufragar las operaciones militares. En el informe que presentó en el X congreso del partido, alertó de que el Estado casi carecía de ingresos y costeaba sus gastos (el 98 %) mediante la emisión de moneda sin aval alguno. Sokólnikov consideró que la economía de paz no podía soportar la inflación extrema a la que se había llegado, la cual afectaba gravemente las condiciones de vida de los trabajadores. Relacionó las reformas con la necesidad de consolidar la revolución rusa, de modo que el proletariado europeo pudiera evitar otra guerra mundial o adelantar la revolución internacional. Sokólnikov recomendó cesar la impresión de dinero, reducir el presupuesto estatal, descentralizar la recaudación y la gestión de parte de los impuestos e imponer tributos a aquellos que se beneficiaban de la nueva política económica.