Guido Caprotti Pacchetti (Monza, 5 de octubre de 1887-Valmaseda, 5 de septiembre de 1966) fue un pintor italiano que, tras viajes alrededor de toda Europa, llega por casualidad a Ávila en 1916. Es aquí donde desarrolla la mayor parte de su obra. Debido a su éxito alrededor del mundo, recibió numerosos premios entre los que destacan el título de “Hijo Adoptivo” de la ciudad de Ávila o la medalla de oro de la Exposición Nacional de Bellas Artes de la Academia de Brera en Milán.

Biografía Guido Caprotti Pacchetti nace en Monza el 5 de octubre de 1887, siendo el más joven de los tres hijos varones del matrimonio entre Gerardo Caprotti y Claudia Pacchetti.

Inicios Tras crecer en un ambiente artístico por la amistad de su padre con el famoso compositor Giuseppe Verdi, y el parentesco con el pintor Giovanni Boldini, comienza su trayectoria artística en su ciudad natal.

Monza, llena de monumentos y recuerdos medievales, jugó un papel importante en su carrera e, incluso desde sus inicios, el joven pintor se hacía llamar “Guido Caprotti da Monza”.

Siendo todavía un niño, comienza a familiarizarse con los colores y la forma de combinarlos. Después, se desplaza a Milán donde comienza su formación artística iniciando sus estudios en arquitectura. Sin embargo, pronto es descubierto por Mosè Bianchi (1840-1909), uno de los autores de la escuela monzesa. En esta circunstancia, Caprotti abandona sus estudios de arquitectura para inscribirse en la Academia de Brera que forma parte de los centros de enseñanza más importantes de Italia. En esta academia contó con profesores de la talla de Cesare Tallone (1853-1919), uno de los principales representantes del naturalismo lombardo. El joven Caprotti se consideraba su discípulo predilecto.

En estos primeros años, el artista comenzaba ya a dar muestras de su gran sensibilidad artística, lo que le lleva a representar ante todo figuras humanas, sin dejar de lado los paisajes. Aunque esta época fue algo difícil, Caprotti conoció a Anselmo Bucci, uno de los fundadores en 1922 del movimiento “Novecento” que pronto se convirtió en su amigo del alma.

En 1908, Caprotti obtiene el diploma de profesor de dibujo que le capacita para la enseñanza. Es en este momento cuando su maestro Cesare Tallone le propone ser suplente en sus clases, dentro de la propia academia. Una propuesta que Caprotti, siempre caracterizado por un alma inquieta, rechaza.

A los 23 años obtuvo consecutivamente tres triunfos: el premio de la Fundación Bozzi-Caimi por su cuadro titulado La Supersite (La superviviente); el galardón “Francisco Hayez” y el “Premio de Roma”, dividido en dos modalidades (retrato y desnudo) que le concedía una beca para un viaje de estudios de dos años a esa ciudad. Curiosamente, Caprotti fue el único que consiguió vencer en ambas categorías de forma simultánea.

En 1911 obtiene la Medalla de Plata en la Exposición de Turín, y al año siguiente la Medalla de Oro de la Exposición Nacional de Bellas Artes de la academia de Brera en Milán, de la que después fue nombrado Socio Honorario.

Dos años más tarde, Caprotti celebra su primera exposición personal con un éxito rotundo, ya que en apenas dos días se vendió la totalidad de las obras expuestas (un total de cincuenta entre cuadros y dibujos). Algo que para otro artista habría sido un halago, a Caprotti le hace sentir insatisfecho y comienza a desconfiar del éxito fácil, poniéndose como objetivo de su carrera la humildad, la sinceridad y el esfuerzo diario.

Formación en París Para aumentar sus influencias y visión del mundo comienza una serie de viajes por el extranjero que desembocan en París, lugar donde continuó su formación artística. Allí, rodeado de un ambiente bohemio, entra en contacto con nuevas tendencias y conoce a artistas de talla mundial como Renoir, Degas y Rodin, entre otros.

A partir de este momento, las obras del pintor italiano se vuelven más elegantes y sugestivas, especialmente en los retratos femeninos.

Así pues, su pintura se llena de influencias internacionales, sobre todo del movimiento postimpresionista y del divisionismo que por aquella época estaba tan aceptando en Francia e Italia.

Viajes por Europa En estos años comienza ya a cosechar éxitos y es invitado a exponer en algunas capitales europeas, lo que le permite viajar por Bélgica, Inglaterra o Alemania. Además, se dedicó a pintar principalmente paisajes en Rusia durante un año.

Pronto es conocido fuera de Italia, exponiendo en los más prestigioso Salones de la época en 1914-1916. Durante la Primera Guerra Mundial prosigue sus viajes, desembocando en España, donde visita ciudades como Toledo, Segovia, Burgos, Murcia, Elche y finalmente Ávila.

Llegada a Ávila Esta última parada fue fruto de la casualidad, pues el pintor italiano tenía como objetivo llegar hasta el Museo del Prado de Madrid para cumplir un encargo de un pintor parisino. Sin embargo, el tren en el que viajaba se vio bloqueado por una intensa nevada al llegar a Ávila, lo que obligó a los viajeros a esperar tres días para poder reanudar el viaje.

Caprotti decide visitar la ciudad amurallada y es entonces cuando, enamorado del silencio y la tranquilidad reinante en la ciudad, decide prolongar su estancia de unos pocos días hasta el año 1936, cuando estalla la Guerra Civil y debe abandonar Ávila. Según sus propias palabras:

“Una gran nevada paró el tren(…) Entré pues en Ávila. Y al llegar ante una muralla espectacularmente nevada… la luz me llenó los ojos y el alma… En la noche esplendorosa de Plenilunio, bajo un arco de la muralla, un hombre cantaba (…) Me dijeron era un “sereno” y decidí quedarme en Ávila… esa impresión ha influido en toda mi vida dedicada principalmente a ensalzar esta tierra que tanta raigambre ha cogido en mi corazón…”

Residencia en Ávila Una vez asentado en la ciudad amurallada fue acogido con simpatía por sus habitantes y pronto el alcalde de la localidad le autoriza trabajar en el viejo edificio del Alcázar, ya desaparecido. Se trataba de un antiguo palacio que había sido ocupado anteriormente por pintores de la talla de Sorolla, Zuloaga o Eduardo Chicharro. thumb|Palacio de Superunda-Caprotti en la capital abulense Allí, Caprotti elabora su primer gran cuadro de temática abulense, titulado “Los ojos de la noche”. La obra representa a un grupo de serenos saliendo de un arco de la muralla nevado (el arco de San Vicente), mientras anochece.

Este cuadro fue expuesto en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1917, aunque fue motivo de polémica por el tratamiento lumínico y cromático que había sido utilizado. Sin embargo, la mayoría de los críticos reconocieron el acierto en la interpretación del ambiente castellano por parte de un pintor extranjero.

A partir de entonces, Caprotti pasa la mayor parte del tiempo en su estudio trabajando.

De esta forma, el pintor italiano va cambiando la orientación de su pintura, movido por la tranquilidad y el sosiego abulenses. Poco a poco deja de lado el postimpresionismo y la exaltación cromática, para pasar a una pintura que refleja el ambiente castellano.

El 23 de abril de 1918, impulsado por sus amigos, monta su primera exposición individual en España, que es inaugurada por la infanta Isabel. En ella muestra sus pinturas sobre las diferentes ciudades españolas que había visitado. Un total de 49 lienzos y 9 dibujos entre los que destaca “La voz de las tinieblas” (o “El sereno”).

Debido al éxito de esta exposición personal, la ciudad de Ávila le hace entrega del título de “Hijo adoptivo” ese mismo año. Esta distinción fue siempre la más valorada por el pintor italiano.

Incorporación a la vida artística española Con el paso de los años, Caprotti fue empapándose del ambiente social y cultural de España. En el verano de 1919, contaba también con un domicilio y taller en Madrid, aunque continúa residiendo en Ávila.

En este tiempo, visita otras ciudades españolas como Barcelona y sigue enviando obras a los Salones de París, Londres o Nueva York.

En 1920, contrae matrimonio con Laura de la Torre. La joven, de familia adinerada, hija del arquitecto Félix de la Torre y de Laura Hernández, había estudiado en Alemania e Inglaterra y se dedicaba al arte de las miniaturas. Juntos tienen tres hijos: primero una niña Laura y, después, los gemelos Oscar y Edgar, quien llegaría a ser jugador de baloncesto del Real Madrid en los años cuarenta, y llegaría a debutar en la selección española en 1948. A partir de entonces el pintor reparte sus días entre Ávila, Madrid y la villa vizcaína de Valmaseda.

El pintor italiano continúa acumulando méritos y premios por todo el mundo, además de seguir exponiendo sus obras en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes o el Salón de Otoño de Madrid, del que sería nombrado Socio de Honor unos años después. El 26 de febrero de 1920 fue nombrado por Alfonso XIII comendador de la Orden de Isabel la Católica.

También frecuentó su ciudad natal en múltiples ocasiones, entre las que destaca la del 26 de septiembre de 1924, cuando fue nombrado el rey Víctor Manuel III comendador de la Orden de la Corona de Italia, y después de unos años fue ascendido a gran oficial de la misma Orden.

Además de haberse convertido en embajador del arte italiano en España, también mantiene relaciones artísticas con Francia, siendo delegado de ese país en algunas exposiciones internacionales.

Tras llevar a cabo algunos retratos de personajes importantes como Miguel de Unamuno (1864-1936), en 1930 el matrimonio Caprotti adquirió el Palacio de los Superunda, la que fue su residencia a partir de entonces. La vivienda, cercana a la que fue la Casa de Santa Teresa, había sido un albergue militar, por lo que Caprotti tuvo que utilizar sus conocimientos de arquitectura para restaurarla y rehabilitarla.

Incorporado a la vida abulense, siguió vinculado a su país en el tiempo del gobierno fascista. Incluso hizo entrega al embajador italiano de sus anillos de bodas, una placa de oro y dos medallas del mismo metal para contribuir en la construcción de un monumento en memoria de los muertos de la Primera Guerra Mundial.

Caprotti continuó viajando por toda España, sin perder el ánimo por retratar a todas las gentes que encontraba. Fruto de uno de esos viajes, el 26 de diciembre de 1935 sufrió un accidente automovilístico cerca del pueblo de Cabezón de la Sal, en el que resultó levemente herido.

Guerra Civil El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid y le obligó a un accidentado exilio.

El ejército del bando nacional dispuso de su casa en Ávila, mientras que su estudio en Madrid fue saqueado por tropas republicanas que lo acusaban de “pintor italiano fascista”. El estudio fue finalmente bombardeado por la aviación franquista, aunque los hombres del Ejército Popular salvaron algunos de sus óleos. Caprotti, que nunca había pertenecido a ningún partido político, sino que se consideraba simplemente un artista, vio como incluso su finca en Vizcaya era devastada por los milicianos.

Después de la guerra vuelve a Ávila con su familia, recuperando la normalidad en su trabajo. Más de cien de sus cuadros fueron destruidos o vendidos durante la guerra, e incluso descubre que un individuo llamado “Targel” los vende como suyos tras haber sustituido la firma del pintor.

A partir de 1940, después de haber restaurado de nuevo su casa, sigue viviendo en su palacio de Ávila, pasando el verano en Vizcaya y, los meses más crudos del invierno, se traslada a Madrid. También continúan sus viajes por Europa y sus exposiciones, impartiendo conferencias o participando incluso en actos de exaltación patriótica en España.