El Frente Popular fue una coalición electoral española creada en enero de 1936 por los principales partidos de izquierda. El 16 de febrero consiguió ganar las últimas elecciones de la Segunda República antes del golpe de Estado que desencadenaría la guerra civil. El Frente Popular no se presentó en Cataluña, donde una coalición equivalente llamada Front d'Esquerres, formada en torno a Esquerra Republicana de Catalunya, tomó su lugar. En Valencia también tomó el nombre de Front d'Esquerres.
El Frente Popular no formó grupo parlamentario, sino que se articuló en diversas minorías parlamentarias correspondientes a cada uno de sus integrantes; ni formó gobierno como tal, ya que este estuvo compuesto, hasta bien entrada la guerra civil, únicamente por los partidos republicanos de izquierda, bajo la presidencia, sucesivamente, de Manuel Azaña (que dejó la presidencia del Consejo para hacerse cargo de la Presidencia de la República en mayo de 1936), Santiago Casares Quiroga y José Giral. Con la constitución del primer gobierno de Francisco Largo Caballero en septiembre de 1936, y hasta el final de la guerra, los gobiernos de la República estuvieron integrados por representantes de los principales partidos del Frente Popular y del Front d'Esquerres, así como, en diversos periodos, de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Los meses del gobierno en paz del Frente Popular —de febrero a julio de 1936— constituyen uno de los periodos de la historia de España que más atención han recibido y más controversias han suscitado. Muy frecuentemente el periodo ha sido presentado como el «prólogo» de la guerra civil, lo que conduce a la idea de que esta fue «inevitable». Sin embargo, la historiografía más reciente ha apostado por hacer un relato crítico del período cuestionando tanto su leyenda negra, generada por los vencedores en la guerra, como la leyenda rosa creada por los derrotados. En ese sentido, José Luis Ledesma ha afirmado que «la primera mitad de 1936 no fue ni un inevitable e imparable descenso a los infiernos ni solo una arcádica edad de oro de las reformas y la democracia».
La formación de la coalición de la izquierda encabezada por Manuel Azaña El renacimiento de Manuel Azaña como líder de la izquierda
thumb|Manuel Azaña, líder indiscutible de la coalición de izquierdas que acabaría ganando las elecciones de febrero de 1936. El término Frente Popular no figuró en el programa de la coalición firmado el 15 de enero de 1936 y nunca fue del agrado de Manuel Azaña, que se resistió a utilizarlo durante la campaña electoral. Tras su detención por los sucesos de la Revolución de octubre de 1934, Manuel Azaña se convirtió en un «mártir político» y en un símbolo para la izquierda. «Azaña, perseguido, se elevaba a figura simbólica de los oprimidos, adquiriendo una popularidad que nunca había tenido hasta entonces. En efecto, a partir de la primavera de 1935 se comenzó a asistir a un fenómeno impensable hasta algún tiempo antes. El hombre más representativo del primer bienio republicano, el exjefe de Gobierno que en las elecciones de 1933 había visto casi desaparecer su partido de las Cortes... fue empujado por un amplio y creciente movimiento popular a asumir el papel de líder indiscutido de una nueva alianza de las izquierdas. [...] La persecución manifiesta y mezquina de la que había sido objeto aquel hombre eminente e inofensivo acabó movilizando un amplio proceso de identificación a través del cual cualquiera que fuese perseguido, o compadeciera a los que lo eran, se sentía representado por él».
Nada más ser puesto en libertad el 28 de diciembre de 1934 Azaña reunió en su domicilio de Madrid a los dirigentes de su partido, que ahora se llamaba Izquierda Republicana al fusionarse Acción Republicana el año anterior con el Partido Radical-Socialista “independiente" de Marcelino Domingo y la ORGA de Santiago Casares Quiroga, para plantearles la necesidad de recuperar la alianza con los socialistas de cara a una futura contienda electoral y no repetir el error de noviembre de 1933 (haberse presentado por separado, lo que, según Azaña, habría dado el triunfo a las derechas). El 16 de enero de 1935 Azaña escribió una primera carta al líder socialista Indalecio Prieto, que había conseguido escapar a Francia, en la que le decía que «una gran parte del porvenir depende de ustedes, los socialistas, y de las organizaciones obreras, y de que acertemos a combinar una táctica que nos permita esperar la formación de una fuerza política tan poderosa como para ganar la primera batalla política que se nos presente».
En abril de 1935 Azaña alcanzó un pacto de «Conjunción Republicana» entre su propio partido, Izquierda Republicana, la Unión Republicana de Diego Martínez Barrio, que se había escindido en 1934 del Partido Republicano Radical de Lerroux, y el Partido Nacional Republicano de Felipe Sánchez Román. El 13 de abril los tres partidos hicieron pública una nota en la que pedían el total restablecimiento de las garantías constitucionales y el fin de la represión por la Revolución de Octubre. La nota acababa con la reclamación de la formación de una «coalición de izquierdas» y el anuncio de una puesta en común de «puntos programáticos y de táctica conducentes a elaborar las bases de una acción futura». Pocos días después, el 20 de abril, Azaña le enviaba una nueva carta al socialista Prieto, que continuaba exiliado, en la que le pedía conocer «los puntos de vista de ustedes» con vistas a acordar un programa común. En la carta también le manifestaba su oposición a la inclusión del PCE en la posible coalición de izquierdas: «¿A dónde podemos ir nosotros, ni ustedes, con los comunistas? La coalición con los socialistas para una obra realizada desde el poder por los republicanos es legítima, normal y deseable. [...] Con los comunistas no sucede lo mismo. Y además, electoralmente, sin aportar número de votos apreciables, espantarían a los electores y desnaturalizarían, en perjuicio nuestro, el carácter de la coalición». En una carta anterior Prieto ya le había manifestado a Azaña su rechazo a la idea de formar un «bloque obrero» defendida por Francisco Largo Caballero, el líder del sector radical de los socialistas, y que juzgaba «indispensable la inclusión en tal alianza de elementos republicanos».
Tras producirse la entrada en el gobierno en mayo de 1935 de más ministros de la CEDA (con su líder José María Gil Robles al frente) Azaña recorrió el país dando tres mítines multitudinarios «en campo abierto»: el del campo de Mestalla (Valencia), el 26 de mayo —la demanda de localidades había sido tan grande que los organizadores se habían visto obligados a buscar un lugar más amplio que la plaza de toros de Valencia donde inicialmente iba a hablar Azaña; «por primera vez en la historia del país el mitin hubo de celebrarse en un estadio..., si bien el acceso era de pago, se llenó hasta la bandera»—; el de Baracaldo (Vizcaya), el 14 de julio —en el que Azaña mandó un «afectuoso saludo de compañero y de republicano» al bilbaíno Indalecio Prieto que continuaba exiliado, «esperando que algún día, y no tardando, esté con vosotros y podáis rendirle el testimonio de vuestra amistad»—; y el de Comillas (Madrid), el 20 de octubre. El último mitin, celebrado en un descampado del barrio madrileño de Comillas, fue el más importante y el más multitudinario (se le llamó el mitin «de los 400 000», aunque la cifra parece exagerada). Acudieron personas de todos los puntos de España desbordando todas las previsiones (las 40 000 sillas que se habían dispuesto resultaron completamente insuficientes). Hasta el PCE hizo un llamamiento para que la gente asistiera: «Todos al mitin de Azaña». El socialista caballerista Luis Araquistáin afirmó que no existía «en Europa un político capaz de que casi medio millón de personas se reúnan espontáneamente para oírle y además paguen la entrada». Por su parte el secretario general del PCE José Díaz dijo que la crítica que había hecho Azaña al gobierno radical-cedista había sido «magistral, demoledora», aunque le reprochó que no hubiera hablado de «fascismo». «Los llamados "discursos en campo abierto" llevaron la estrella de Azaña a su máximo esplendor en el firmamento de la izquierda... Los discursos de Azaña, llenos de puntualizaciones, elegantes, a veces agudos, eran más adecuados para ser apreciados en las Cortes... sin embargo, fueron escuchados con fervor e interrumpidos por aplausos entusiastas, como demostración del hecho de que, al margen de sus contenidos específicos, había una incontenible voluntad de revancha entre los oyentes, que encontraban su mejor expresión en las palabras de Azaña, el cual se les presentaba como el líder capaz de satisfacerla». En los mítines Azaña había manifestado posiciones de total intransigencia en su crítica a los gobiernos radical-cedistas y en la reivindicación de su actuación durante el primer bienio.
Azaña se abstuvo de criticar a los socialistas y a los nacionalistas catalanes por la Revolución de Octubre, cuya actuación desaprobaba. «Él, tan pródigo en denuncias en sus declaraciones públicas de las traiciones a la democracia perpetradas por la coalición de centro-derecha, evitó denunciar aquellas —de hecho, mucho más graves— cometidas por las fuerzas de la izquierda. Es evidente que, si lo hubiera hecho, su popularidad habría caído en picado y, cualquiera que fuesen los objetivos que quería perseguir —también el de una mayor democratización futura de los españoles—, no podía renunciar a aquella popularidad». Sin embargo, una vez consolidado su liderazgo en la izquierda, Azaña ya pudo señalar a la democracia como el principal objetivo y expresar un juicio negativo sobre la conducta pasada —y de las intenciones— de sus aliados del movimiento obrero. Así lo hizo en el mitin de Baracaldo:
La oferta a los socialistas y el nacimiento de la coalición de izquierdas thumb|Indalecio Prieto, líder del sector centrista del PSOE. Fue el principal impulsor del acuerdo de los socialistas con los republicanos de izquierda, logrando vencer la resistencia de Francisco Largo Caballero, máximo dirigente de la «izquierda socialista». A mediados de noviembre de 1935 Azaña hizo la oferta al PSOE de formar una coalición electoral en base al acuerdo de conjunción de las fuerzas de la izquierda republicana (en aquellos momentos la mayoría de los integrantes de la ejecutiva del PSOE se encontraban en la cárcel por la Revolución de Octubre de 1934). Mientras que el sector socialista encabezado por Indalecio Prieto ya hacía tiempo que estaba de acuerdo con la propuesta en cuya gestación el líder centrista había participado activamente, el sector encabezado por Francisco Largo Caballero se mostró reticente al principio pues seguía defendiendo la formación de un «frente obrero» en el que no tenían cabida las fuerzas «burguesas». Largo Caballero solo acabaría aceptando el pacto tras reforzarse la parte «obrera» de la coalición con la inclusión del Partido Comunista de España (PCE) en la misma, lo que motivó la salida de la "Conjunción Republicana" del partido de Felipe Sánchez Román. El PCE, por su parte, había variado su posición respecto de los socialistas (a los que hasta entonces había considerado como «enemigos» de la revolución) tras el VII Congreso de la III Internacional celebrado en Moscú en el verano de 1935, donde Stalin había lanzado la nueva consigna de formar "frentes antifascistas", abandonando la hasta entonces dominante tesis del «socialfascismo». El argumento principal que esgrimió Largo Caballero para variar su posición y aceptar a regañadientes la coalición con los republicanos de izquierda fue la amnistía de los condenados por los sucesos de la Revolución de Octubre de 1934. En la reunión del Comité Nacional de la UGT del 11 de diciembre dijo: «aun suponiendo que estos señores [los republicanos] no aceptasen más que la amnistía, no habría más remedio que ir a la coalición».