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Ian Shapiro es catedrático de ciencias políticas y Director de la fundación Henry R. Luce del Centro MacMillan en la Universidad de Yale.
Se le conoce principalmente por participar en debates sobre teoría de la democracia y por sus métodos para investigar las ciencias sociales. En lo que se refiere a teoría de la democracia, opina que el valor de la democracia viene dado principalmente por su potencial para limitar la dominación y no tanto, como habitualmente se asume, por el hecho de que funcione como sistema de participación, representación o agregación de preferencias. En debates sobre los métodos científicos de las ciencias sociales, se le conoce por su rechazo a las aproximaciones prevalentes, guiadas, bien por las teorías, bien por los métodos, y por abrazar una aproximación que, partiendo de cada problema, adecua el método al estudio de ese problema en vez de a la inversa.
Biografía y carrera
Nacido en Johannesburgo, Sudáfrica el 29 de septiembre de 1956, Shapiro es el más joven de cuatro hermanos. Fue educado en la escuela San Stithians en Johannesburgo (1963-68), la escuela San Albans en Pretoria (1969) y el primer instituto multirracial de Sudáfrica, la escuela Woodmead en Rivonia (1970-72). A la edad de 16 años emigró al Reino Unido donde completó los niveles "O" y "A" en la escuela Abbotsholme en Derbyshire (1972-75). Estos años de niñez y juventud ocurrieron durante la Guerra de la frontera de Sudáfrica y, debido a que el servicio militar de Sudáfrica era obligatorio, habría implicado su colaboración con el régimen del "apartheid". Shapiro decidió permanecer en el Reino Unido y estudiar Filosofía y Política en la Universidad de Bristol, recibiendo su Bachelor of Science con honores en 1978.
Tras la obtención de su grado, volvió a emigrar, esta vez a los Estados Unidos de América, y se matriculó en el programa de doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Yale, donde obtuvo su Maestría en 1980 y un Doctorado, con distinción, en 1983 por su Tesis doctoral titulada “La evolución de los derechos en el pensamiento político liberal: una explicación realista," que ganó el premio Leo Strauss concedido por la Asociación de Ciencias Políticas Americanas en 1985. En Yale, Shapiro estudió con el importante teórico del pluralismo y la democracia, Robert Dahl, aunque su trabajo muestra influencia de Douglas Rae y Michael Walzer, quienes fueron consejeros externos de su tesis. Tras la publicación de su tesis, Shapiro continuó en la Escuela de Derecho de Yale, obteniendo el Juris Doctor en 1987. Entonces fue admitido como profesor ayudante en el departamento de Ciencias Políticas y, posteriormente, promovido a la categoría de profesor titular en 1992, obteniendo una plaza de profesor William R. Kenan, Jr. en el año 2000 y la cátedra Sterling de Ciencias Políticas de Yale en el año 2005.
Actualmente, Shapiro es director de la Fundación Henry R. Luce del Centro MacMillan en la Universidad de Yale. En el año 2000 fue elegido para la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, en el año 2008 para la American Philosophical Society, y para el Council on Foreign Relations en 2009.
En el pasado, ha sido miembro de la Carnegie Corporation, la Fundación Guggenheim y el Centro para Estudios Avanzados en las Ciencias del Comportamiento. También ha sido profesor invitado en la Universidad de Ciudad del Cabo, en la Facultad Nuffield en Oxford y en la Universidad Keio en Tokio.
Trabajo académico
Primeros trabajos
Los primeros trabajos de Shapiro exploran la existencia de estructuras adecuadas para el estudio de la Política. Esta exploración se pueden encontrar en libros como La evolución de los derechos en la teoría liberal (1986), Crítica política (1990) y Un lugar para la democracia (1996), donde Shapiro se alinea con las teorías liberales, comunitarias y democráticas que dominaban la política del momento.
En La evolución de los derechos en la teoría liberal (1986), Shapiro examinó los cambios en las bases del pensamiento político liberal en lo tocante a los derechos individuales, cambios ocurridos desde el en adelante. La obra se plantea las siguientes cuestiones: ¿porqué se consolidan los modos particulares de hablar sobre los derechos durante la revolución inglesa del ?; ¿cómo y porqué han cambiado de la forma en la que lo han hecho?; y ¿cómo estos cambios animan y restringen a la política hoy día? Shapiro traza los orígenes del pensamiento político liberal a través de cuatro etapas principales, asociados a transformaciones económicas y sociales importantes, estas etapas son denominadas por Shapiro: transicional, clásica, neoclásica y keinesana. Cada una es explorada haciendo referencia a un teórico emblemático: Thomas Hobbes, John Locke, Robert Nozick y John Rawls.
Shapiro se muestra escéptico respecto de lo que afirman los postmodernistas, como Richard Rorty, al indicar que nuestros compromisos intelectuales son contingentes y, por ello, sujetos a apoyo voluntario y a revisión; Shapiro argumenta que “muchas de las creencias filosóficas más básicas son una parte esencial de las prácticas sociales que apoyamos a diario sin pensar en ello. Para dichas prácticas sociales, esas creencias son un requisito no trivial y ello genera una limitación importante respecto de los cambios que podemos esperar razonablemente en el sistema de creencias… Por ello es necesario que tengamos mucho más en cuenta las circunstancias actuales, cómo han llegado a ser lo que son y cómo influyen en nuestros propios sistemas de valores y acciones, si queremos discutir de forma seria en busca de valores significativamente diferentes en el mundo político contemporáneo”.
Shapiro argumenta que “la visión liberal de los derechos evolucionó mediante procesos de cambios que fueron muy condicionados por la evoluación de los mercados capitalistas y sirvió funcionalmente a éstos”. Los cambios en los marcos conceptuales epistemológicos de los siglos XVII al XX demostraron cómo funciona este tipo de adaptación. Por ejemplo, debido a que sus principios epistémicos todavía no están contaminados por el escepticismo de Hume, Hobbes y Locke fueron capaces de asuir que cada uno de nosotros, como agente autónomo, optaría por un conjunto de derechos compatible con un conjunto de derechos ‘objetivamente correcto’, siendo estos el equivalente a una moral universal. Después de Hume, esta posición no se puede continuar asumiendo. Shapiro indica que los intentos para adaptar la forma en la que hablamos acerca de los derechos en estas condiciones posteriores a Hume llevan a veces a la incoherencia. Posteriores teóricos de los derechos como Nozick y Rawls tratan de resolver dicha incoherencia mediante la asunción de principios económicos (para Nozick, neoclásicos, para Rawls, keinesianos). Estos principios ofrecen un punto de amarre aparentemente objetivo para motivo subjetivos. Shapiro termina indicando que “las principales razones para la tenacidad de la concepción liberal de los derechos individuales, su visión libertaria negativa de la sustancia de los derechos, su visión del consentimiento individual como la base legitimadora de los derechos, y su concepción esencialmente pluralista y utilitaria del propósito al que sirven dichos derechos, en sus diversas formulaciones, se han combinado para expresar una visión de la política que es requerida por las prácticas del mercado y legitimada por éstas”.
En su obra Crítica política, Shapiro continúa explorando el tema de la gestión de la desatada objetividad moderna. En ella, Sharpiro de embarca en el estudio de marcos conceptuales para la política articulados en oposición al fundacionalismo neokantiano de Rawls, incluyendo los trabajos contrarios al fundacionalismo publicados por Richard Rorty, J.G.A. Pocock, Michael Walzer, Alasdair MacIntyre y Allan Bloom. Estos pensadores han intentado fundar la moral en variaciones de los conceptos de la convención, la tradición y la intersubjetividad. En esencia, esperan justificar las afirmaciones éticas y políticas mediante el contexto, tomando prestado el análisis epistémico holista de W.V.O. Quine. En última instancia, Shapiro critica estos intentos porque “caen en la falacia de identificar un tipo incorrecto de argumento fundamental con cualquier intento de ofrecer unos fundamentos adecuados a nuestras creencias”. En vez de las alternativas fallidas (fundacionalismo y contextualismo), Shapiro recomienda una tercera vía, que él denomina “naturalismo crítico,” una vía que descansa en una adhesión a una suerte de realismo pragmático. Derivando su análisis a partir de una postura aristotélica, Shapiro construye un objetivo para la política en la noción de vida auténtica e integrada.
En El lugar de la democracia, Shapiro recoge una serie de ensayos que juntos completan la crítica y las bases de su teoría de la democracia. En él, explora la cuestión de cómo “las vías de mocráticas para hacer las cosas pueden conjuntarse con otros valores humanos para dar mejor forma a la manera en la que la gente persigue los objetivos colectivos”. Para ello, Shapiro de dedica a estudiar una serie de aproximaciones al estudio de la política democrática. Estas incluyen la teoría de la elección pública, la teoría económica del contrato, el fundacionalismo neokantiano y las aproximaciones neoschumpeterianas basadas en el interés (en este último caso, con un interés particular en la aplicación a la transición sudafricana hacia la democracia posterior al apartheid). La principal preocupación de Shapiro es desarrollar una ética política práctica que, partiendo de las personas y las instituciones tal y como son, permita imaginar cómo podrían haber sido. Con esa perspectiva en mente, en este libro comienza a esbozar las líneas maestras de su teoría de la justicia democrática. Si seguimos la línea argumental de Michael Walzer en Esferas de justicia, Shapiro defiende una aproximación “semi-contextual” al estudio y búsqueda de la justicia que varía con el tiempo y con las diferentes situaciones de interacción social en el ser humano.
En estos primeros libros, principalmente críticos, Shapiro explora la relación que existe entre la justicia y la democracia, y entre éstas y las realidades de la política y los medios prácticos para resolver la aparición de injusticias. En su siguiente libro, Justicia democrática (1999), que algunos académicos sitúan entre los cuatro o cinco libros más importantes desde la Teoría de la justicia de Rawls, Shapiro comienza a articular de forma sistemática y con madurez constructiva su teoría de la democracia.
Teoría de la Justicia y la democracia