Juan de Lugo y Quiroga S.J. (Madrid, 25 de noviembre de 1583 - Roma, 20 de agosto de 1660). jesuita e importante teólogo español, fue un representante de la segunda escolástica en el contexto del barroco romano.
Biografía Tercer hijo de Juan de Lugo, jurado y procurador en Cortes por Sevilla, y de Teresa de Pisa y Quiroga, era hermano de Francisco de Lugo, S.J. también teólogo notable, y primo de José Antonio González de Salas, editor de las obras de Francisco de Quevedo. Estudió gramática, retórica y artes en el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, donde a los trece años defendió en acto público toda la lógica. En 1599 y 1601-1603, estudió en Salamanca cánones y leyes.
Hecho el noviciado en Villagarcía de Campos y Valladolid, fue enviado (principios 1605) para cursar la filosofía a Pamplona, donde defendió bajo la presidencia de Bernabé Matute el acto general de filosofía. Estudió teología (1607-1611) en Salamanca, bajo profesores como Juan de Chacón, Pedro Hurtado de Mendoza, Juan de Salas y Pedro de Arrúbal, a quien dedica grandes elogios en sus escritos. Al fin del tercer año defendió el «acto menor», y al año siguiente, defendió el «acto mayor».
A principios noviembre 1611, fue a Medina del Campo a suplir en la lectura de filosofía a Gerónimo de Lazárraga y tuvo como discípulo a Rodrigo de Arriaga. Hacia marzo de 1612 suplió unos meses en Monforte de Lemos al P. Alonso Vázquez en el segundo curso de filosofía, y regresó a Medina del Campo para explicar algunas cuestiones de metafísica. En curso 1612-1613, empezó en León el trienio completo de filosofía hasta 1615, en que marchó a Salamanca como suplente de teología. En 1616, comenzó por el tratado De Eucharistia su magisterio teológico en Valladolid.
Llamado a Roma el 10 de marzo de 1621 por el General de la Orden, enseñó teología en el Collegio Romano hasta 1643. Desempeñó un importante papel en la congregación particular que estableció (1642) Urbano VIII para que dictaminase sobre el empleo de las rentas del Papa. Fue creado cardenal en 1643, con el título de S. Esteban en MonteCelio. Participó en el cónclave de 1644, en el que fue elegido Inocencio X. Cambió al título de S. Balbina, en 1644. Participó en el cónclave de 1655 (Alejandro VII). Fue Camarlengo del Sacro Colegio. Al morir según su deseo, fue enterrado en la Iglesia del Gesù cerca de la tumba del fundador de la orden San Ignacio de Loyola, para que “su corazón descansara donde estaba su tesoro”, como está escrito en su epitafio.
Interesado en ciencia y medicina, Lugo propició la introducción, en Roma desde las Américas de la quinina, conocida como Cortex peruvianus, como tratamiento médico.
Pensamiento Juan de Lugo está considerado como uno de los teólogos más insignes de la Compañía de Jesús. Posee gran sutileza en sus razonamientos, compulsa y somete a profundo examen las diversas opiniones y expone la propia con claridad eximia. Busca la concisión, pero sin que el problema pierda profundidad y claridad y sin omitir nada que pueda conducir positivamente a su esclarecimiento o solución. Evita la excesiva insistencia en puntos que no merecen un riguroso examen, o disquisiciones inútiles. En la investigación de buena parte de problemas filosóficos y teológicos, Lugo viene a constituir el punto medio de conciliación y equilibrio entre Francisco Suárez y Gabriel Vásquez, cuyas doctrinas repercuten en él y por él son tamizadas y refundidas. Imprime a su investigación un sello netamente personal y se preocupa por renovar la filosofía y teología escolásticas, señalando con prudente audacia caminos nuevos y originales, como en la doctrina del objeto formal de la fe, de la subsistencia creada, de la unión hipostática, del misterio eucarístico, de la solución al problema filósofico del continuo material, etc. Es especialmente juicioso en materias morales. Entre su teología dogmática y moral existe una conexión intrínseca de fundamento a fundado. Su tratado De iustitia et iure es quizá su obra más célebre y pasa por ser una de las obras maestras y clásicas.
En su obra De Iustitia et Iure (1642), Juan de Lugo profundizó en la tradición de la segunda escolástica sobre el precio justo (la búsqueda del precio objetivo). El cardenal sostenía que, aunque existe un valor objetivo y perfecto en el orden divino —el llamado pretium iustum mathematicum o precio justo matemático—, este no es cognoscible para el entendimiento humano limitado, sino solo para Dios. Para Lugo, el hombre no puede acceder a ese "verdadero precio" absoluto, aunque existe; por lo tanto, la justicia en los intercambios debe regirse por lo que llama la estimatio communis o estimación común, el precio de mercado. Este valor social no emana de las cualidades intrínsecas de los bienes, sino de la utilidad subjetiva y la necesidad de los individuos en comunidad. Al considerar que la intervención estatal suele ignorar la complejidad de estos factores que solo Dios conoce, Lugo argumentó a favor de la libertad de precios y la no interferencia del gobierno, sintetizando su postura en la célebre sentencia: “Pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum” (El precio justo matemático solo es conocido por Dios).
Obras
De Incarnatione Domini (1633 ). De sacramentis in genere (1633 ). De Venerabili Eucharistiae Sacramento et de sacrosancto Missae sacrificio (1636 ). De Virtute et Sacramento poenitentiae, de Suffragiis et Indulgentiis (1638). De justitia et jure (1642). De virtuto fidei divinae (1646). Responsorum morialum libri sex (1651). De Deo, de Angelis, de Actibus humanis et de Gratia (1716).
Referencias
Enlaces externos Juan de Lugo en el Archivo histórico de la Pontificia Universidad Gregoriana Página del cardenal en fiu.edu.
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