La inmigración italiana en Costa Rica se refiere a uno de los movimientos migratorios más numerosos e importantes que recibió históricamente la República de Costa Rica, pues se encuentra solo por detrás de la española y arriba de la afroantillana. Los ítalocostarricenses son una de las mayores colectividades de origen europeo en el país, incluso superando a ciertos grupos étnicos de la nación como a los amerindios, y solo por detrás de los hispanocostarricenses. La comunidad itálica de Costa Rica es la más numerosa de América Central y el Caribe, y —pese a su relativo pequeño tamaño en comparación con otros asentamientos latinoamericanos— es una de las que más peso cultural y demográfico tiene en América.
Durante la segunda mitad del y hasta bien entrado el arribaron oleadas de inmigrantes de todas las regiones de Italia. Sin embargo, en los primeros contingentes la mayoría de los italianos procedían de regiones del Septentrión en especial de Lombardía, mientras que de 1900 en adelante, estos inmigrantes provenían primordialmente del sur, en particular de Calabria y Sicilia.
La inmigración itálica en el país, junto con la de españoles y jamaiquinos, formó parte esencial de la consolidación del Estado actual e identidad cultural del país. Hoy en día, se encuentran diversas conexiones importantes con la cultura italiana en términos idiomáticos, gastronómicos y sociales. Existiendo —además— en la genealogía costarricense multitud de apellidos y linajes italianos.
Comunidad ítalocostarricense thumb|right|300px|El Teatro Nacional en San José fue hecho, durante el clímax inmigratorio, por el ingeniero italiano Cristoforo Molinari en 1897. Tiene una enorme semejanza con La Scala de Milán. Actualmente, la población de origen italiano es la segunda más importante en Costa Rica (luego de la española), pues supera el medio millón de personas. Siendo la más grande de Centroamérica y una de las que mayor proporción tiene en América. Incluso, en la actualidad la comunidad italiana presente en el país es de las colectividades europeas más importantes, pues roza las 2000 personas y se encuentra solo detrás de los españoles y británicos.
La migración tuvo su auge a finales del y se extendió durante casi todo el . En 1887, uno de los años con mayor afluencia inmigratoria, los italianos representaron —junto con españoles y jamaiquinos— la mayor colectividad asentada en el país, disminuyendo luego con el aumento porcentual de otras corrientes de inmigrantes. Los efectos de la llegada de los italianos al nuevo país fueron primordiales para el establecimiento de la actual Nación y sociedad costarricense, observándose multitud de conexiones culturales entre ambos pueblos, aún en la actualidad.
Aunque las proyecciones más optimistas cifran que alrededor de 20.000 italianos se asentaron en el país (siendo casi la mitad calabreses), fue Costa Rica una de las naciones donde tuvieron mayor peso demográfico y social. Estos ingresaron en oleadas de varios cientos o miles desde la década de 1880 hasta la colonización de San Vito, siendo el destino ístmico preferido de la migración transoceánica italiana durante ese periodo y hasta la actualidad, al igual que Estados Unidos en Norteamérica o Brasil, Argentina y Uruguay en Suramérica.
Historia
Debido a su papel tan importante para el país es complejo resumir la historia de la inmigración italiana en Costa Rica. Sin embargo, se considera que inició durante el Imperio español, de manera discontinua, y prácticamente se terminó algunos años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se concretaron diversos proyectos de colonización en la Zona Sur. De esta manera se distinguen cuatro periodos, de acuerdo con la académica italo-costarricense Rita Bariatti: Una emigración individual de la época colonial hasta la segunda mitad del . Una corriente de emigración en masa en la década de 1880. La emigración todavía cuantiosa pero reducida, entre 1889 y 1950. La colonización de San Vito en Coto Brus, entre 1951 y 1968. thumb|Puerto Limón, en la provincia homónima, fue uno de los principales puntos de entrada de inmigrantes al país, no solamente italianos sino de todo el mundo. thumb|Por su parte, fue San José la ciudad que más inmigrantes recibió, entre ellos los italianos.
Por otro lado, las motivaciones de los italianos para cruzar el Atlántico y radicar en América fueron desde la posibilidad de negocios y mejoras económicas, hasta causas tan disímiles como el éxodo por la guerra, el hambre y la pobreza o la contratación masiva para trabajar en el nuevo continente. Los inmigrantes itálicos que entraron a Costa Rica lo hicieron motivados por una o varias de las causas anteriores.
La inmigración aislada e individual: 1502 - 1880
El genovés Cristoforo Colombo fue el descubridor de Costa Rica en su cuarto viaje hecho en 1502. En las décadas sucesivas lo siguieron unos pocos genoveses.
Durante la época colonial del país, la pobre y austral provincia costarricense perteneciente a la Capitanía General de Guatemala no representaba un destino atractivo para inmigrantes de casi ningún país europeo. Mucho menos de Italia, que se encontraba sumida entre enfrentamientos de franceses, españoles y suizos; y dividida en multitud de pequeños estados. Aun así se registraba la entrada de algunas pocas decenas de itálicos a Costa Rica, por lo que durante este periodo el flujo migratorio sería esporádico, es decir: una migración aislada, ocasional y cuantitativamente poco importante y que, sin embargo, por esas mismas propiedades no deja de ser importante como fenómeno social.
Por otro lado y ya en el ; cuando el Congreso de Viena disolvió al Reino de Italia en 1815 y Costa Rica se independizó del Imperio español en 1821, la situación migratoria seguía siendo esporádica, pese a que los nuevos gobiernos del país eran claramente favorables respecto a la inmigración europea. Ya en 1850 el gobierno de Juan Rafael Mora Porras había creado la Junta Protectora de las Colonias; y desde 1821 hasta la década de 1860 fracasaron, por mala planificación, cuatro importantes proyectos de colonización privada de ingleses, franceses y alemanes. A esos inmigrantes no se les había dicho lo principal: que la ubicación de las colonias se encontraba en lugares lejanos y sin caminos de acceso.
Pero no todos los inmigrantes europeos aspiraban a la colonización. En un estudio del contexto costarricense, entre 1800 y 1850, se ha señalado que el aporte del inmigrante europeo fue significativo para la transformación socioeconómica del país y que la importancia de ese inmigrante, generalmente mercader individual, fue esencialmente cualitativa.
Luego, el comienzo de la construcción del Ferrocarril al Atlántico conllevó el empleo de un sinnúmero de brazos, que la siempre reducida población costarricense no podía proporcionar. En 1873 se trajeron al país 653 chinos y el maltrato que recibieron provocó una rebelión en 1874. Para ese año también trabajaban en el tren unos mil negros procedentes de Jamaica. Pero lo que se deseaba era atraer inmigrantes europeos y la construcción de la línea férrea al Caribe sería la causa ideal para conseguirlo.
La inmigración masiva: 1880 - 1960
Fue en este lapso de casi un siglo que la inmigración italiana se tornó en un fenómeno verdaderamente importante para el país, y perdió su estatus esporádico. Ahora, la migración tendría importancia no solamente cualitativa, sino cuantitativa, y representaría un relevante crisol humano y social para todo aspecto de la nueva República de Costa Rica.
El ferrocarril al Atlántico: 1886 - 1889
La falta de mano de obra causó que Minor Keith —a quien el gobierno costarricense contrató la construcción del ferrocarril al Atlántico— empleara a casi 2000 hombres italianos, ya que estos eran considerados una fuerza laboral más atractiva de acuerdo a factores económicos y cánones etnocéntricos de la época.
En el contexto general de la inmigración italiana en Costa Rica, destaca especialmente la corriente migratoria masiva de los años 1887 y 1888, por varias razones de índole cuantitativa y cualitativa. Primeramente, sobresale lo cuantioso de esa inmigración, al llegar a casi millar y medio de individuos. Luego resaltan otros aspectos: que los inmigrantes eran oriundos de una misma provincia del norte de Italia (o bien de lugares muy aledaños a ella), que habían firmado un contrato para trabajar en la construcción del ferrocarril al Atlántico, que protagonizaron la famosa "huelga de los italianos" y que, en fin, sentaron las bases para que se constituyera en el país una comunidad italiana consistente.
El movimiento campesino llamado La Boje, que sacudió a la provincia de Mantua (región de Lombardía) en 1885 fue una de las causas del éxodo desde el norte de Italia. Y es exactamente desde esa provincia que se contrató la mayoría de los emigrantes italianos que vinieron a Costa Rica, entre 1887 y 1888, para trabajar en la finalización del ferrocarril al Atlántico. Fueron dos grandes expediciones de trabajadores: primero, en noviembre de 1887 salió desde Génova el vapor Australia con 756 trabajadores a bordo. Luego, el 23 de marzo de 1888, se firmó en Ostiglia (pequeña ciudad de la provincia de Mantua) un contrato entre un representante del empresario ferrocarrilero Minor C. Keith y un representante de un numeroso grupo de trabajadores; a mediados de abril salía el vapor Elisa Anna con 800 inmigrantes, superando ya el millar y medio de trabajadores itálicos en la línea férrea.Texto de vínculo , Inmigracion en Costa Rica.
Luego, en octubre de 1888, los trabajadores italianos alojados en la zona del Reventazon promovieron una huelga tan masiva como lo había sido su inmigración, y la primera manifestación de este tipo acaecida en el país. El descontento de los trabajadores italianos estalló el día 20 del mismo mes, cuando todos abandonaron sus campamentos y huyeron hacia Cartago. Terminada la construcción del ferrocarril y la "huelga de los italianos", más de la mitad de los migrantes itálicos contratados por Minor Keith deciden radicarse en Costa Rica y se dispersan por todo el país, principalmente en San José y Limón, el resto parte de nuevo a Italia.
La inmigración italiana a finales de los , heredó al país el Teatro Nacional, parte de la vía férrea entre el Atlántico y el Pacífico, la primera huelga laboral que fue organizada por trabajadores italianos y una inconmensurable influencia socioeconómica, cultural, arquitectónica e incluso industrial. Finalmente, sería el fin de la inmigración masiva lombarda, y el inicio del asentamiento aún más numeroso de calabreses, ambas corrientes inmigratorias servirán para poder sentar una verdadera, sólida y cuantiosa comunidad ítalocostarricense.
La época floreciente: 1890 - 1939 thumb|Inauguración del mausoleo de la Società Italiana di Mutuo Soccorso en el Cementerio General de la República.
Según el censo de 1892 había cerca de 700 italianos en Costa Rica; sin embargo unos 10.000 habitantes de esta pequeña nación tenían ya entonces raíces italianas, siendo uno de los porcentajes más altos del continente. En esos años fueron fundadas las primeras asociaciones italianas y una de ellas fue la Società Filantropica Italiana, creada para proteger a los italianos pobres. thumb|El Teatro Nacional se edificó durante este periodo y con una destacable influencia italiana, pues había inmigrantes enlistados en la construcción del mismo.
En la primera década del empezó a ocurrir en Costa Rica (que tenía solamente 300.000 habitantes, de los cuales más de 3.000 eran italianos) una importante emigración desde Calabria, principalmente de la ciudad de Morano Calabro. En esos años Costa Rica se consolidó como la nación favorita de la emigración italiana en la América Central, pues son cerca de 7.000 calabreses los que entrarían a Costa Rica durante los inicios del siglo.